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La “condición de la eventualidad” cobra real importancia a la hora de comprender la

naturaleza de los repertorios de acción de la FETRAPI dentro del mundo portuario. Como señalamos en el capítulo anterior, la federación la constituyen casi exclusivamente trabajadores eventuales. Es decir, no hay contrato, no hay jefes, no hay relación laboral permanente, la empresa no está obligada a negociar colectivamente.

Si bien se podría estudiar la condición del trabajador eventual desde diferentes perspectivas: desde una lectura jurídica45, desde una lectura psicosocial, de cómo afecta la precariedad laboral la vida del trabajador, entre otras. Lo que nos importa a nosotros es la que vincula la eventualidad y la organización social de los trabajadores, el sindicato. En otras palabras, nos interesa detallar las consecuencias de la eventualidad en la forma que adquiere la organización sindical. Veremos cómo esto se vuelve un aspecto clave a la hora de comprender la naturaleza de la protesta portuaria de los trabajadores eventuales.

3.3.1 Eventualidad y disciplina sindical

Las observaciones en terreno nos arrojaron que existen diferencias “disciplinarias”

entre los trabajadores portuarios contratados y los eventuales, lo que marcaría gravitantemente las visiones sobre sus propios derechos, su capacidad de organizarse y la forma que adquiere la protesta laboral. Los primeros sería menos violentos, propenso al diálogo y tendrían directa vinculación con sus jefe, mientras que los segundos, serían los violentos, problemáticos y con una fuerte vinculación a sus sindicatos. En las palabras de un entrevistado de la FETRAPI:

Los de la ITI son compañeros que nacieron dentro de la empresa, entonces al nacer dentro de la empresa tienen como un cierto apego, ósea, más consideraciones y la empresa ve esto, entonces la empresa que es lo que hace: comprar o incentivar o capacitar o como se le puede llamar a eso, entonces la gente va solamente por el diálogo, solamente por la conversación entonces cuando uno quiere imponer una lucha o cualquier tipo o algún movimiento radical dentro de esta movilización ellos se ofuscan o dicen que hay que ir por diálogo (Marcos, 2014, entrevista).

La relación directa con los jefes condiciona la manera en cómo enfrentan las relaciones laborales aquellos trabajadores. En ese sentido nos llamó la atención la capacidad de la empresa de gestionar medidas de control sobre sus trabajadores no solamente dando los espacios para el diálogo y la mediación, sino, también, para influir en la percepción que los contratados tienen sobre sus compañeros eventuales. En varias de las entrevistas informales durante el terreno, quedó de manifiesto la percepción que los trabajadores contratados tienen sobre los eventuales, a quiénes los tildan de desordenados, indisciplinados y propensos a las malas prácticas dentro de las faenas portuarias (robos

y “choreo”)46. No es coincidencia que prevalezca la misma imagen en las altas esferas de las empresas navieras, específicamente a nivel gerencial. En efecto, en una reunión post- terremoto el día 24 de Abril, el gerente de operación de la ITI nos señaló el miedo que sentía de permitir a los trabajadores de la FETRAPI trabajar en su recinto portuario, precisamente, porque percibía a estos trabajadores como conflictivos, irrespetuosos de ciertos procedimiento y propensos al conflicto.

Esta falta de disciplinamiento es atribuida por los trabajadores al tipo de vínculo laboral que se establece entre eventuales y los jefes. En palabras de un ex

dirigente sindical: “como no nos cuidan, nosotros tampoco les merecemos respeto. Nosotros no tenemos relación ninguna.” En la misma línea, un trabajador reflexiona y

señala precisamente ésta relación sobre la condición de eventuales y la relación con los jefes:

Nos hace mirar desde otra perspectiva […] porque el trabajador

eventual no nos regimos por contrato, a nosotros nadie nos controla, al no controlarnos nosotros tenemos la potestad de nosotros mismo y al tenernos a nosotros mismos te puedes enojar con alguien de la empresa, ni te conocen y podemos seguir trabajando. Antes teníamos más empleadores, así que si una empresa no estaba, te ibas a la otra no había compromiso en sí con el empleador, nosotros trabajamos y prestamos un servicio. Cero respeto. No ves a tu jefe todos los días. (David,

2014, entrevista).

Los trabajadores contratados a diferencias de los eventuales acceden permanentemente a los turnos, en cambio, para los eventuales la única forma de acceder constantemente al trabajo portuario es por medio del ingreso a un sindicato. Es ésta la organización que tiene la potestad de designar los trabajadores que irán en las cuadrillas por turno en el puerto. La nombrada en ese sentido toma importancia porque se vuelve un mecanismo de control del sindicato sobre el trabajador, puesto que de éste depende la asignación de un puesto de trabajo. El sindicato es un espacio que está lejos de los jefes, de la disciplina del patrón, un mundo de sociabilización independiente de la empresa. La federación que agrupa a estos sindicatos representa el espacio donde los trabajadores más antiguos enseñan a los jóvenes a trabajar, los sentidos de las luchas pasadas, de los

46 En una reunión en las afueras de la I.T.I el día 25 de Abril del 2014, los dirigentes de las tres federaciones del puerto de Iquique se reunieron informalmente para discutir la posibilidad de abrir el puerto privado a los trabajadores eventuales afectados por el terremoto, con el objetivo de que éstos pudieran trabajar sus barcos en ese recinto. Sin embargo, debido a las acusaciones mutuas que se hicieron las federaciones sobre la forma en cómo procedían sindicalmente y la forma de trabajar, no fue posible llegar a un acuerdo.

derechos que se han ganado, de las reivindicaciones históricas. Les enseñan cómo deben

comportarse en el trabajo, que “no tiene que dejarse pisotear” (Javier, entrevista, 2014).

Vemos de esta manera la importancia de la disciplina del sindicato para los trabajadores eventuales. Para éstos el sindicato es el espacio organizativo que les da sentido a sus prácticas de lucha.

3.3.2 Eventualidad y conflicto

Por el régimen de contratación los trabajadores de la ITI acceden a diversos beneficios por medio de la negociación colectiva formal establecida por ley. Bajo ese contexto, la paralización y el conflicto se vuelven momentos particularmente complejos para ellos, especialmente cuando no están bajo los tiempos de ese tipo de negociación. A estos sindicatos les cuesta llegar a una paralización, plegándose sólo a las grandes movilizaciones cuando existen pactos de hecho con la Unión Portuaria de Chile como los acontecidos en las últimas huelgas del 2013 y de Enero 2014. En cambio, los trabajadores eventuales su única modalidad histórica de conseguir beneficios ha sido por la paralización y el conflicto. Para Rigoberto Sánchez, historiador Iquiqueño y ex seremi de gobierno bajo la presidencia de Ricardo Lagos (2000-2006), la lucha portuaria responde a un modo particular de ejercer la violencia, la cual está condicionada por la forma del trabajo, el tipo de sindicato y las redes de parentela que ahí se desenvuelven:

Hay un estilo de gestión sindical muy singular, que tiene que ver con las características del trabajo –estos son trabajadores eventuales- por una parte, tienen un alto componente de “unidad”

que probablemente tenga que ver con el tipo de faenas que desempeñan, estos turnos de tantas horas para atender una nave, que les exige un nivel concentración y coordinación para evitar accidentes, un trabajo riesgoso, probablemente esas características de las faenas, al mismo tiempo, el que es un sindicato que está constituida por muchas familias- los hijos, nieto sobrinos de- , le da a esta organización un sentido de Unidad muy poderoso, muy singular, que no se manifiesta en otros sectores del mundo sindical de Iquique (Rigoberto Sánchez, 2014, entrevista).

Las condiciones del trabajo eventual, del trabajo pesado y la centralidad del sindicato como espacio de disciplinamiento son factores que inciden en la forma en que explota el conflicto portuario. La precariedad que implica la eventualidad se vuelve, paradójicamente, un factor favorable a la hora de realizar una paralización: los trabajadores no pueden ser realmente despedidos o censurados en sus trabajos mientras

se encuentran movilizados, son “ libres” de paralizar lo que tengan que paralizar hasta conseguir lo que se han propuesto. Las condiciones del trabajador eventual favorecen la movilización. En palabras de uno de los dirigentes entrevistados:

Teníamos huelgas de 34 días, 35 días. Ahora los sindicatos están 5 días y están desesperado, como le paso a mejillones [Enero, 2014], cuánto tiempo estuvieron? y se desesperaron y comenzaron hacer estupideces, nosotros estamos preparados para eso, en FETRAPI ya sabemos cómo enfrentarlos, no nos desesperamos porque somos trabajadores eventuales y estamos acostumbrado a no recibir plata, perfectamente podemos estar 1 mes sin recibir plata, los viejos van para allá a tirar pala, a pintar cualquier cosa, estamos acostumbrado a eso. Pero un trabajador que está siempre acostumbrado, los de la ITI, a trabajar en un sector, se desesperan. Nosotros tenemos historia en la lucha sindical, somos ricos en ese sentido (David, 2014, entrevista).

3.3.3 Tradición y memoria de lucha

La FETRAPI ha construido su identidad en base a la historia de lucha que ha

protagonizado y lo “aguerridos” que son sus trabajadores. Este discurso identitario se ha

alimentado de los diversos conflictos que desde fines de los noventa comenzaron a azotar al puerto de Iquique y ha ido consolidándose con las victorias concretas tras estos episodios, especialmente, aquellas referidas a los salarios. Como señala un trabajador de

base: “nosotros vivimos muchas luchas, en las cuales nosotros estuvimos ahí

enfrentándonos y siempre salíamos victoriosos”. Los trabajadores ensalzan esa historia

de lucha aun cuando, muchas veces, no recuerdas las fechas exactas, las causas, lo que se ganó. Estas historias de lucha han generado lo que Rigoberto Sánchez llama una

“épica”, un discurso que:

Que se vuelve al mismo tiempo un mandato para los trabajadores, en el sentido de que hay un modo de abordar las diferencias, y ese modo es la movilización, la protesta, la paralización del puerto, la quema de neumático, grupos de choque, y se dieron a partir de eso: un nivel de organización para el enfrentamiento callejero (Sánchez, 2014, entrevista).

Esta tradición de lucha es señalada por los trabajadores como momentos en dónde todos

son un solo cuerpo, una sola organización. La “unión” es el elemento básico que genera

las condiciones organizativas, tanto en conflicto como en el trabajo diario.

Es demostrado con el terremoto, debido a la incapacidad mostrada por el Estado y por el gobierno regional, los trabajadores desplegaron una capacidad de agencia que los llevó a resolver en gran medida sus demandas inmediatas. Estas variables relacionadas al trabajo eventual, al trabajo pesado, a la centralidad del sindicato como espacio de

convergencia y disciplinatorio que educa en la tradición y memoria de lucha pasadas deben ser consideradas como factores condicionantes a la hora de comprender lo que iremos detallando en las siguientes páginas, el proceso de aprendizaje histórico de la FETRAPI, donde el diálogo se ha posicionado como práctica sindical en el conflicto laboral.

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