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Ensayo sobre el Edipo en Colono*

Iídipo, trámelo como un dios sil principio del

Edipo Rey

, aparece al himl dc la obra como la mancilla que contamina la ciudad dc Tebas. De vnpbundo miserable y ciego ni principio del

Edipo en Colono

, de su­ plicante de las Eumenides y del rey dc Atenas, Tcseo, pasa a ser el hués­ ped y bienhechor de la ciudad dc Sófocles, el guía

ibtígemon

, 1542) que w dirige hacia su tumba de héroe, tras haber vencido sucesivamente a < Jv on te, quien intenta que vuelva a Tebas, y a las súplicas dc Polinices, n decir, después de haber roto los lazos que todavía le unían a la

polis

itr lebas, de la que Creonte es tirano, y al

otkos

de los Labdácidas. Se ha escrito mucho sobre esta inversión ejemplar, pero compleja,1 y m» pretendo aportar perspectivas revolucionarías, cn todo caso algunas

“ lNihlicado cn Metis, η" 1,1986.

I Ijk pJjynas que presento sujuf provienen de seminarios que Jalan dc hacc más i r .punco añus. Ln aquel tiempo fierre CilinRcr fue un oyente particular eficaz. Desde •wtmu c% iiiin sido objeto de exposiciones en Dctfos. el 9 de abril de 19H4, cn donde, tfra·

. m« .« Vj Andréadis, fui huésped del Centro Europeo dc Cultura, en el mes dc ma- ».· cu Puduj, donde fui invitado ul Instituto dc «riefio por Ü . Lun^-o y G . Scrra. Desde ««iuiu ι-s be tenido ocasión de discutir dc estos problemas durante los seminarios da· •U c i» l5rtiscU*i, en li« Países Bajos (cn varias universidades), cn N u b les, Catania, Tel·

166

M I T O Y T K A C J K O I A ΓΝ' t ,A O t U X l A A í l T í Ü U A . 1!

precisiones nuevas. Plantean!· tres problemas, cuya relación me esforza­ ré en mostrar. ¿Cómo se señala y qué significa la oposición de las dos ciudades, Tebas y Atenas, cnire las que camina el vagabundo, abando­ nando la primera para encontrar en la segunda cl asilo y la muerte? ¿Cuál es. por otra parte, el estatus religioso, jurídico y político que ad­ quiere Edipo en Atenas, mientras está con vida y después de su muerte.·' Finalm ente ¿cóm o se señala en el espacio escénico del teatro, y en el espacio representado directamente o indirectamente, la mutación del héroe?

Los griegos inventaron la actividad política, se trata de un asunto muy oído. Comprendamos estas palabras en un sentido muy preciso:'1 cl mundo humano es habitualmcnte conflictivo y la actividad política con

Λνΐν y Lille. Q u e todos mis oyentes, ya fueran ¿probadores o críticos, reciban aquí un agradecim iento cordial, y rnuy en especial J , H ollad;, J . Brem m cr, H. C.ohen y P. Jud· i de La C om be. Λ estos norabres añado cl cíe mi viejo amigo 15. Bravo, quien lia s o w n di) mi te x to λ un>t profunda crítica. Ni siquiera intentaré dar un resumen d e la inmeitv · bibliografía sobre d V.d:po a i Colono. H e tenido d gusto de encontrarm e en terrene. Ιλ

m iliar con c) capítulo que Cli. Segal ha consagrado a esta tragedia en su libro Ir.:;;· an d Civilization; An Interpretation o f Sophocles. C am bridge. M ass., 1931. págv *<· •íüS. D eb o m ucho a J . Jo n e s . On Aristotle and G reek Tragedy, Londres. 1962, p.<;

21 4 -2 )5 , a H. K nox, The Hcrotc Temper; Studies its Sophoclcan Tra¿edy, Cam luid, 1964; «Sophocles and ihe Polis», Entréneos d éla F on Jjiion i¡ardí. \ andoeuvres (»«·* bra. 1 9 8 5 ;Sopbocle, pipa. 1-32; Introducción a O edipca Cotor.e. e nSopbocle. the V ».

Thehsn PL-.s, 198-1, p.igc. 2 5 5 -2 7 7 . L a consuha. in extremis, de! com entario de J 11

met beck, The Pby.i o f Sophocles, V il, Leyden, I9 S 4 . no me lia aportado gran cosa. 1 m i las síntesis más recientes sobre Sófocles que h e consultado, señalaré ante io d o la d. t* P. Vim nington-lngw m . Sophocles. A» Interpretation, Cam bridge. I9 S 0 . páiy*.24S . t ·,

3 3 5 -3 4 0 ; Λ. M achín, Coherence e l ccntinsuté dar.s le thcJtrc dcSopbocle.Qu-A'Xí·. I " l p i p . l0 5 -l4 V y 4 0 5 -4 3 5 ; V. Di Benedetto, Λ'λ/oc/c, Florencia, l9 S 3 .p á g s .2 l7 -2 4 7 .y /

but not least, para algunas fórmulas luminosas, pág. 3ü; d folleto de R. G . Λ. Hum*

Sophocles, publicado com o núm ero 16 de los Nc:v Surveys ι·ι the Classics de (W < . .· .·

fiarte, O xford , 1984. Salvo advertencia y exceptuando algunos detalles ortogr.di. >'■ 1 texto priego e s e l de R. D . Dawc (Tcubner, Leipzig, 1979); la trad ucción. m n Jslu .n l »· algunos casos, es la d e P. M azon. A gradezco a D enise Fourgons la ayuda que »¡·· I prestado en la puesta a punto d e este estudio, y a Maud Sissung la amistad de la m" 1 dado prueba una vez más.

2. Véase M . 1. Vinky, Politics in the Ancient World. Cam bridge, 1985 Urad . ■ 2:7nJcimcHln d é la política. B arcelona, ( .ríiira, 1986K y C . Ampolo, l¿¡pníitt.a π *

EDM'O 1;NTKI: DOS U l ' D A i r a [. ..] 167

MStc en objetivar esos conflictos sin esperar anularlos. La

decisión

polí­ tica cn sí no es tomada por un ¡efe soberano que habla en nombre de «ma divinidad, ni siquiera, cn términos generales, por un consenso más n menos unánime (del que a pesar de todo existen algunos ejemplos). %ino por la mayoría. Ahora bien, un hecho notable es que si, desde Solón V U istenes, Atenas iue el lugar del que emergió la actividad política, pa­ teco que Ja literatura ática ha tenido casi tanto cuidado en disimular es­ ta realidad como genio tuvo la ciudad para hacerla nacer. Pensemos por i jemplo en lo siguiente: estamos informados a la vez por las fuentes his­ tóricas y por los materiales de documentación — que, por lo demás, es· t jii lejos de coincidir exactamente-— sobre los enfrentamientos indivi­ duales entre líderes políticos que el ostracismo resuelve restableciendo la paz cívica. También estamos informados sobre los grandes debates en I·*' que se enfrenran, un la

Ecdesia,

opciones decisivas: matar o no a los •K- Mit llene, ir o no a Sicilia, problemas tan importantes como lo han si- • I.p ara las democracias modernas, los de saber si había que mandar un I "Hitbrc a la luna o instalar los cohetes Pershing en Europa. Pero no es- • míos informados, fuera del caso particular del ostracismo, sobre las p licio n es cn las batallas electorales.

^. aun así, el registro del ostracismo, tal como lo han constituido las . - <u aciones del Cerámico, es diferente del que podría deducirse de los •'i'U'iiadores dc la ciudad. Pensemos cn estos dos hombres, Menón, hi- • «ir Mcnoclidés, y Calíxcno, hijo de Aristónimo (posiblemente un Ale· • "tuda), presentes con frecuencia en los cascos descubiertos por los

«■ •l»ii ñU>gos americanos, desconocidos en la tradición histórica.* Ui*j litárnoslo: no sabemos nada sobre las batallas electorales y cn es* · - I KiniMste con Roma es brutal. Ni siquiera sabemos si realmente Sillín (utailas electorales.

1 J - diÜcultades con las que tropezó Pericles después de los prime* • li.tu so s dc la guerra del Peloponeso no constituyen sino una ex- •

I

aparente. ¿Q ué dice de hecho Tucídides? «Ln el orden político, I ii. nirm es se dejaron convencer por sus razonamientos» (δημ οσιά i·· > ηιΐς λό γ υ ιςά ν επ είθυ ν το ); pero ricos y miembros del

demos,

por •« · . diferentes y de orden económico, se agruparon contra él «y no

• ■· 1 ... ... a su común irritación hasta que le impusieron una *· · ’- < IW o ñ u s tarde, por uno de esos cambios radicales que las ma-

·« · · · tunibran a dar, le eligieron de nuevo estratega y le confiaron la

168

M ITO Y Τ!ΙΛ(>Π)(Α I N Ι.Λ GStr.CIA AN'TlUt’A. II

dirección dc todos los asuntos políticos {...] I'u c el conjunto dc la Ciu­ dad (ή ξυ μ π α σ α π ό λις) [es decir, Ια clase dc los ricos y la popular! quien 1c consideró como el más digno para esta lunción».·1

Elíptico com o de costum bre, Tucídides no prccisa si la carrera tic Perides cumo estratega fue interrumpida o no por el proceso que sufrió y la consiguiente condena. Fl pueblo cn sí, en el más amplio sentido del término, no está dividido políticamente. D e forma sucesiva está contra Perides y fusionado con sus elecciones políticas y estratégicas. Plutar­ co5 cree poder ser más preciso, pero me temo que, más que de una ver­ dadera información, se trata de una amplificación retórica/1 Tras haber mencionado el ultimo discurso del que Tucídides (II, 60-6-4) pretende transmitir lo esencial, añade: «Los atenienses, convertidos así cn due­ ños dc la situación, tom aron sus votos cn armas contra él (τίχς ψήφους λ α β υ ν τα ς επ’ α υ τό ν ε ις τ α ς χ είρ α ς), le quitaron su magistratura de- estratego y le infligieron una mulla. Sin embargo, la ciudad había expe­ rimentado entre tanto el valor de los otros estrategos y oradores en la dirección dc la guerra y se dio cuenta dc que ninguno de ellos estaba a la altura dc su cargo [...]. Además, la ciudad añoraba a Perides. Se le llamó a la tribuna y al

siratvgvion.

[...] til pueblo le presentó excusas, él aceptó dirigir de nuevo los asuntos de estado y, al ser nombrado estra­ tego, pidió la derogación dc la ley referente a los bastardos...». El rela­ to incluye sin duda más detalles que el de Tucídides y es la única fuen­ te sobre la pérdida sufrida por Pericles dc sus funciones de estratego. Pero esas excusas presentadas por el pueblo a Pericles son sospechosas, quteá más romanas que griegas, y de todas formas ningún elemento re­ fleja aquí una campaña electoral.

Tampoco sabemos si llegaron a existir listas políticamente homogé­ neas de candidatos. No está en modo alguno establecido que Sófocles, estratego junto a Pericles cn el momento de la expedición de Samas (440) — se trata incluso de la única lista completa de estrategos que po­ seemos— , fuera miembro del mismo grupo político que Pericles y es conocido, por poner un ejem plo bastante más tardío, que Esquines y Demóstcncs formaron parte dc la misma embajada enviada a Filipo.

4. Tucídidcs, II, 65» 2*4; lie mod¡fic;K!o cn v.kíos pumos b traducción dc J .D c l ln milly

5. P endes, 3 5 .4 -6 . 37.

6. No propongo tal cosa como repb Rcncral. pero dclu* considerase el escepticis­ mo du l;ii»!cy, VolitLi, op. d i.. p.íj^. 5Π-51.

Π Γ » ΙΓ Ο I .N 'T R i: D O S C l i r i M n r s l . . . ] 169

En Atenas, el debate político» la ludia política son presentados la m.iyoríit de las voccs no como la práctica normal de la ciudad democra­ t i c , sino cotno la

s/asis,

por emplear un Término cuyo sentido se des­ pliega sobre el espectro que va de la simple posición vertical a la guerra civil pasando por la facción política,7 con un marcado predominio dc l«»s sentidos peyorativos. N. Loraux lo ha entendido perfectamente: «La división, convertida en amenaza absoluta, se instala cn la ciudad enfer­ ma, desbarrada por el enfrentamiento de los ciudadanos entre sí [...]. ( ilaro que de la división dc opiniones al enfrentamiento sanguinario la distancia es considerable. Sin embargo, al dar ese paso, se está simple­ mente imitando n los griegos — al menos tal es la hipótesis— »/

¿A

los ¡griegos? No, y Nicole Loraux lo sabe m ejor que nadie. Todos los géne­ ros literarios no se sitúan en el mismo plano con respecto a este asunto, v diría de buena gana, para llegar por fin a mi teína, que la historia re­ conoce y rodea, dentro de determinados límites,'1 el conflicto político, i que la oración fúnebre lo anula,51 que la comedia lo torna irrisorio en su

misma esencia y que la tragedia lo destierra.

<{Qué significa esto? Simplemente lo siguiente: cuando la ciudad re· presentada es Atenas o un equivalente de Atenas, ya se irate dc la Argos ilc las

Snplicúutcs

de Esquilo, de la Atenas de las

Suplicantes

y los

Hcra·

(itJiis

de Eurípides o, finalmente, del

Udipo cn Colono,

el debate es en lierta forma anulado, la ciudad es representada com o Platón querrá que sea: una.

Un pasaje célebre de las

Suplicantes

de Esquilo proporciona una prueba magnífica dc que se trata de una elección. La decisión reference al asilo otorgado a las hijas de Dánao debe ser tomada por mayoría y la uirifeo pregunta:

7. «Λ 11 tiTcfi o f intensity ti crc erth rjcol hy the ipleiuiiJ Cret'k porttnjntcMiUOrJ

«l .injv», escribe Finlcv. Po!i!its. op. at., pjj;. 105.

S. K . Loraux. «L’oubli dans l.i este», /.<· temps de /.r reflexion, vol. I. I9B0. p jj> . .’ H 242

9. Véase Finlcv. P o/ifia. op. a ! . pigs. 54-55.

Ul. Λ mi modo J e ver. esto lo demuestra de ru n era dccisív.» N. Loraux. L'i/tra:· ¡'■••i d'Athéncs. Berlin y La H jy a Par». 1981, csp. p.i^s. 268*291. (3. Anipolo, cn su li· l»r»i liú d o anteriormente. n. 2. ha eons.iür.ido un capítulo a la nc£jctórt de la puÜtiea

1 4 0 5 5 1. pero habrá ijiir ir más lejos. L i np£ irión de la política no concierno tan

170

M ITO Y TfcACUMA i:N I-Λ G K IX IA A N T IC U A . II

603 *Ένισπε δ’ήμϊν, ποϊ κεκύρωται τέλος, δήμου κρατούσα χείρ οίτη πληΟυνεται

ί D inos h a su dónde llepa )j decisión tonu da y hacia dónde se in d in a h mayoría dc Jos iufrüpios cn el voto soberano dc) pueblo.)

Y la respuesta es:

605 “Έ δ ο ξεν Ά ργείοισιν ού διχορρόπο>ς.

(H an decidido los arpivos sin que hubiera un solo v o ta disidente...]

El decreto que convierte a las Danaides en metecos, tras haber hecho uso de la

pcithú,

dc la Persuasión, mediante «retóricos giros apropiados para persuadir a las masas» {δημηγόρους [...] ευπίθεΐς στροφ άς) ( 6 2 » ,“ ha sido aceptado por unanimidad,

pandemiai

(607)» ni siquiera ha tenido que intervenir el heraldo

[anca klctéros,

622). Sólo para el fu­ turo se concibe la posibilidad (613-614) de que un ciudadano de Argos pueda rechazar su ayuda a las víctimas.

Es cierto que existe una aparente excepción a la regla que propon­ go aquí. Al final de las

Eumónides

(752), el voto está dividido. Los figu­ rantes mudos que ocupan el puesto de jueces en el Areópagou dan una voz dc mayoría a las Enemigas de Orestes y es Atenea quien decide la absolución, expresando con su voto único y doble la unanimidad cívi­ ca. El debate abierto no ha tenido lugar sino entre divinidades, Apolo y las Erinías.

Pero sí, en los trágicos, Atenas no discute con Atenas, la

stasis

dis­ pone dc un lugar privilegiado que es Tebas, dc la que podría decirse que es una anticiudad.n Esto ocurre cn Esquilo con los

Siete,

cuyo prin­ cipio señala la

stasis

entre Eteocles y las mujeres y cuyo final, sea o no

11. Véase R: G . A. B u xton . Persuasion in G reek Tragedy. Λ StuJy o f Pa.’hr. Cam bridge, 19S2, especialm ente pÍR. 79: « Γογ the m om ent, political peiiho is suprem e».

12. Para una discusión sobre su núm ero y función, véase O . Taplin, l heStagrcraft o f Aeschylus. The DrátxJtic Use o f Exits a n J Entrances in G reek Trj& Jy, C >xford. 1977. p igs. 39 2 -3 9 5 .

I ) . H e t o m a d o e s t a i d e a d c U e n s e ñ a n z a o r a l d c K r n m a 1. Z e i d i n , q u i e n v j a p « i b l t c a r p r ó x i m a m e n t e u n e n s a y o s o b r e e s t e l e m a d e l q u e b e t e n i d o c o n o c i m i e n t o m a n d o e s t a s p á g i n a s e s t a b a n r e d a c t a d a s : m i e n t r a s t a m o , v é a s e ( f e J i t t k e S t g r t o f t h e S f :i ¡ U .

i:m ro e s t k i : o o sciu iM ors I...] 171

autentico, señala que, con la división del coro entre los partisanos de Antígona y los de Ismene, se ha pasado dc la guerra extranjera a la μυς* rra civil. Esto ocurre cn Eurípides con las

Suplicantes,

las

Fenicias, Hé­

meles

y, naturalmente, con las

Bacantes:

se podría mostrar que en esta obra la

stasis

se interna en el personaje central, el rey Pcnteo, desdobla­ do entre el hoplita y la mujer. Esto ocurre cn Sófocles, claro está, con las tres obras tebunas.

Para comprender en qué reside la cxcepcionalidad de 'lebas, fijada cn el papel de ciudad mala, basta, por ejemplo, con observar el destino trágico de Argos-Micenas. Como he dicho, en las

Suplicantes

dc Esqui­ lo es la ciudad-una, tanto como lo es Atenas cn la obra homónima de Eurípides. Por el contrario, en el

Agamenón

y

Las coi'forasy

al igual que rn la

Electra

dc Sófocles y en la de Eurípides, es Ια ciudad mal goberna­ da por una mujer. Pero al término del mal gobierno no queda la espe- unza del bueno. E l caso del

Orcstes

dc Eurípides es sorprendente en­ tre todas ellos. Verdadera réplica, a más dc medio siglo de distancia, de

\*\ Suplicantes

de Esquilo,14 esta obra nos presenta un juicio de Orcstes diferente del dc las

Euménides.

Orcstes y su hermana no son presenta­ das ante el Areópago, con los dioses y los hom bres confundidos, sino in te una Asamblea dc Argos que se parece cn cada rasgo a la de Atenas, \

i%\a

por los críticos de la democracia — estamos cn la primavera del 408.·'

Los oradores se suceden y se oponen unos a otros. El heraldo Talti- Iho mantiene un lenguaje doble. Diomedcs aboga por el exilio y «unos flpUudcn, gritando que tenía razón, pero otros le desaprueban» (901- 90¿l. Un «argívo sin serlo», un m ctcco que el escoliasta identifica con rl «demagogo» C leofonte, propone la lapidación (902-916), mientras que un paisano anónimo, uno dc esos

autourgoi

tan estimados por el Ifm am icn to político moderado dc finales de! siglo V,1* pide para Ores- ·· % una corona; y los

chrcstoi,

es decir los «díanos», los miembros de la • l.iH- superior, «le dieron la razón» (917-930). L a victoria fue para el de-

IA l\ii esta ob ra se describo una asam blea que reúne «cn el alto en que dicen que I *♦-·*» ine el prim ero que ai pueblo reunió para satisfacer a Εβίρίο·. (Ü71-873), dicho ·*· mu» m odo, cn el lup.ar de «rigen de la tlcm ocracia.

I * ·!·.«» mi momento d c profundo escepticism o para la vida dem ocrática y Ja fun- • *■ μ »ΙρΙλ rkkit n j cn Atenav», rcalv.j V. Di B o n eJt.n o en su cd ición d c la obra, Floren- -·· l’V-V pjjr. 17),

Víase R. Gousxetis, V.uríftJc vi A th en a , Ürusdas. l% 2 . págs. 556-559 y Cl.

172

mito γ τι*λ<;ι:υΐΛ πνlac:ki.c:iaanticua, it

magogo y el partido popular. No es c!

nombre

ele Aleñas; sin embargo, no cabe ¡a menor duda de que es Atenas.

Pero hay que entenderlo correctam ente, la relación dc Tebas con Atenas no es ésta. Tebas no es un simple registro al que se puede trans­ cribir tanto la idealización dc Atenas como su caricatura salvaje. ¿Se de­ be a la prolongada hostilidad de vecindario que separaba a las dos ciu­ dades y que incluye, cn especial, una constitución de la liga beocia que aparece como réplica a las instituciones queridas por Clístcnes? En to ­ do caso, la Tebas trágica funciona como paradigma dc la ciudad dividi­ da. Se trata de una esencia, no de una existencia."

Veamos, pues, cómo se aplica este principio al

Edipo cu Colono.

Y planteémonos en principio esta simple pregunta: ¿quién gobierna en le ­ bas cuando Edipo llega a Atenas? El problema es formulado por Ismcne en términos de narración histórica. Al principio, poseídos por una

cris

sa­ na, sus hermanos rivalizan en ardor por «dejar el trono a Creóme l...] y evitar así mancillar Tebas» (367-369). Después surge la cris h i k e (372),' la rivalidad perversa, inseparable desde 1 lesíodo, de la primera, que triunfa y les opone conjuntamente a Creonte y a continuación entre sí, ya que el cadete, Eteocles, pretende triunfar sobre el primogénito. Polinices — el detalle de la primogcniiura es una invención de Sófocles— ’ quien

17. V éase P. L cv ciju c y P. VUÍ.il N aquet. G tn hhie l'ÁrhinU'», lfcsancon y París. 1964. p jjjü . 1 1 2 -U 3 .

18. Y por eso »u pienso, como B. Kr.ox cn &u libro celebre

Ot’Jipns ai

ϊϊν/νι, New i laven, 1957. que lidipo <en el

VJipo Rey)

sea una representación ele la audxi.i imperio! dc Atenas, al menos una representation consciente, y me oponte» a J. Dolían. «Philokta und Odtpus uuí Koloims». FcUscrn/t Gr,iw , Munich. 1973, pjf.s. 4 3 -62. quien se 56-57

\

cn el conflictu dc los dos hermanos, cn Tebas. una trasposición dc la í/osts .ateniense.

19. 1.a presencia d c lo crií h jCv cn el verso 372 im plica que hay que m antener cn el verso 367 el térm ino q u e T y ru h in . seguido p o r je b b , había corregido por m n Je b b consideraba que se hacía sentir la influencia del texto d ? 1 lestodo C¡r.ih;o·. 11 y

sifcS.h pero cn el sen tid o d e una alteración del texto ; véase su neta cn su edición o» mentado (Cam bridnc. 1899, reimpresión: H jk k c n , Amsterdam . !% 5 > , p ip s. 61-66.

20. Véase lo noto d e je b b . loe. cu , pág. 6 7 . Un Lis l-’atitijs d c liu rip id rt ( 7 1>, liten d e s recuerdo su derecho dc prim ogeniture. Polinices invoco «I suyo en el HJsfo cn (■ '

tono, en los v ciw » 1294 y 1422. M azon anota. a propósito del verso 1354 del UJipo tu Colono: nD e hecho Polinices nunca ho reinado cn Tcl\v>*>. ¿P ero que es el “lincho» cu < l pasíidode uno acción trágica? E n el nuevo Iraprncnto de LilJe (P. l.ille. 7 3 J. los do* hi i monos son presentados por su madre cotí igualdad de d erechos, sin que llegue a men c icn o rsv d derecho d e prim o^enitun, scf:ún el cual el podrr puÜticu pertenecí.·, a Ion> ck-s y la riqueza Ά Pulinices.

SD IIH J IJNTRi: l>(W C JCD AULS [ ...]

173

es expulsado, desterrado, y sc refugia en Argos desde donde dirige 1.1 guerra contra su propia ciudad (375-380). También él se encuentra entre