Lo más evidente en la cubierta inclinada es el material de cubrición, bien sean tejas, pizarras, materiales asfálticos, fibrocemento o metales. Podrá ser, generalmente, observados con facilidad.
Se verificarán dos cuestiones principales: si el material de que esta fabricado el elemento de cubrición es adecuado y mantiene las propiedades que lo hacen idóneo, o si, por el contrario, ha perdido parte de sus características originales e incluso resulta inservible. Mas adelante se detallará la patología mas frecuentes en los materiales de cubrición.
La otra cuestión a comprobar es que la colocación o disposición de los elementos de cubrición sea correcta, o si han sufrido roturas, desplazamientos, etc. Cuando así ocurra se deberá prestar atención a la estabilidad de los elementos afectados y evaluar en qué medida pueden afectar a la seguridad de las personas y la del propio inmueble.
2. Soporte:
Deberá comprobarse el estado del soporte bajo el material de cubrición y generalmente oculto por este.
Como antes se mencionaba, las tipologías de cubiertas son previsibles en función de la época de construcción o renovación de la cubierta. Comprobando además la estructura del edificio, se puede determinar si se trata de soporte de madera o de
hormigón. Si se tratase de la primera, deberá hacerse un esfuerzo por reconocerlo. Para ello se retirará, cuando sea posible, una cata del material de cubrición y se comprobará el estado del soporte. La patología más frecuente de este elemento de cubierta se definirán en el capítulo venidero.
3. Recogida y conducción de aguas:
La función principal de la cubierta es la evacuación de las aguas que se vierten sobre el edificio, al exterior del mismo, de forma conveniente. Para conseguir realizar esta función son fundamentales los medios de recogida y conducción de las aguas. En las cubiertas inclinadas se generaliza el uso de canalones colgados en aleros y construidos en metal o plástico y las limahoyas y limatesas, generalmente resueltos con planchas metálicas (zinc, plomo ó cobre). También es relativamente frecuente en esta zona el uso de desviadores y recogedores intermedios, sobre todo en los faldones de gran longitud.
Todos estos elementos de conducción de aguas deben ser objeto de detallada inspección. Se deberá comprobar la estanqueidad del propio canalón, la pendiente de éste hacia los puntos de vertido, la unión entre el canalón y la membrana, y la compatibilidad de materiales de los elementos que entronquen con ellos, o los sustenten.
Se cotejará la sección suficiente del canalón o pesebre, para la superficie de recogida de agua, y el solape con los faldones por encima de la posible línea de desbordamiento en periodo de máxima lluvia, cuando estén embebidos en ellos. En los canalones fuera de faldones de cubierta se comprobará la existencia en número suficiente y buen estado de las fijaciones, que eviten deformaciones excesivas que puedan provocar desbordamientos.
4. Puntos singulares:
Finalmente toda cubierta tendrá sus particularidades y puntos singulares que requerirán de una correcta inspección por ser los lugares donde se pierde la continuidad del sistema y por consiguiente aumenta el riesgo de pérdida de estanqueidad.
Generalmente consisten, estos elementos y puntos singulares, en taladros en la cubierta, para funciones de ventilación o iluminación: por ejemplo luceros, tragaluces, buhardas, ventanas de cubierta, etc. En otros casos se trata de pasos de instalaciones, como chimeneas, ventilaciones y shunts.
En los perímetros se verificarán los encuentros y juntas con medianeras, paramentos verticales, cubiertas planas contiguas y otros tipos de encuentro que presente la cubierta a inspeccionar. Además al ser lugar adecuado por su altura, frecuentemente se instalan en la cubierta equipos de recepción de señales y éstos se anclan y atirantan sobre la propia cubierta, siendo necesaria la inspección y verificación de su estado y la afección a la cubierta.
Las instalaciones del edificio, como cuartos de máquinas de elevadores, equipos de climatización y otras, suelen enclavarse en muchas ocasiones sobre la cubierta. Cuando así sea serán también lugar ineludible de inspección y evaluación.
A caballo entre la Fachada, la Estructura y la propia Cubierta, el elemento de alero, por su singularidad, deberá ser verificado en la inspección de la cubierta, dado que concurren en este elemento circunstancias que lo hacen más susceptible de padecer alguna patología, por su doble exposición y por ser el punto bajo al que llegarán inevitablemente las aguas mal conducidas.
Se comprobará la continuidad del material de cubrición con el resto del faldón no volado y la estabilidad y ausencia de deformaciones u otra lesiones. A su vez será
comprobada la existencia de los necesarios goterones y vuelos suficientes de los aleros que eviten el deterioro del mismo y sobre todo de la fachada.
Cuando se haya realizado la inspección de la cubierta, se habrá tenido conocimiento del estado en que ésta se encuentra y podrá ser evaluado el riesgo de desprendimiento de alguna de sus partes. Si éste existe, se deberán tomar las medidas de intervención inmediata, o urgente que se consideren necesarias para salvaguardar la seguridad de las personas.
En ocasiones, por su buena apariencia, los elementos de la cubierta no muestran lesiones concretas o defectos, pero por el riesgo que conlleva su desprendimiento desde la altura, y generalmente a la vía publica, el Técnico Inspector deberá evaluar el comportamiento en circunstancias adversas como vientos fuertes, granizo o nieve y lluvias intensas, anticipando las posibles afecciones y señalando las precauciones a tomar.
B. Cubiertas planas.