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Weyerhaeuser creó una empresa mixta, un joint-venture, junto a Chevron Corporation (petrolera N° 3 en el mundo). La empresa se llama Catchlight Energy y está dedicada al desarrollo de la producción de biocombustibles de 2ª generación.

Cada una de estas empresas hace lo que sabe hacer, Weyerhaeuser se encarga de la materia prima, Catchlight Energy de convertirla en biocombustible y Chevron de entregarlo al mercado norteamericano por medio de sus puntos de venta, de la comercialización del producto final. La empresa Catchlight Energy, se instalaría en el país, aunque su ubicación no está aún definida.

Se entraría a un circuito de producción a nivel global Chevron – Weyerhaeuser mucho más grande, donde la producción lograda aquí representa el 5-10% del total que se produce a nivel mundial.

De la parte tecnológica está enfocada la casa matriz en EE.UU. en conjunto con otras empresas y aquí en Uruguay la parte industrial, ya entendiendo los volúmenes que se pretenden producir y la escala a la que se apunta. La empresa ya se encuentra en un 80-90% de certeza de lo que pueden producir, lo que resta definir es la parte logística, de cómo llegar a esa producción y cómo entrar al mercado.

Los procesos de análisis del potencial biológico de los cultivos, análisis de la tecnología, infraestructura, logística, mercados y costos, se esperan estén concluidos a fines de 2009.

Según datos aportados por la empresa, la base para sostener una producción a gran escala serían unas 16.000 hectáreas (40.000 acres) plantadas de materia prima, ya sea sorgo o árboles.

Para todos los biocombustibles de 2ª generación es necesario mejorar aún más la tecnología para lograr los niveles de producción y costos que compitan a nivel mundial.

Se estiman inversiones en planta de escala mundial de biocombustibles de 2ª generación de entre 300 y 500 millones de dólares y se manejan cifras de producción

de entre 400 y 600 millones de litros al año, esto es, aproximadamente entre 400 y 600 mil m3 anuales.

Se trata de plantas con capacidad de producción de 50 a 100 millones de galones anuales (190 a 380 millones de litros), que serán utilizadas para el procesamiento de los materiales lignocelulósicos. Son plantas de escala mundial, se busca competir con los precios internacionales. Toda la producción estará destinada a la exportación, aunque no descartan la posibilidad de futuros acuerdos con ANCAP, pero independientemente de que surjan, la política y estrategia de la empresa está enfocada hacia el exterior, principalmente, por que en Uruguay no hay mercado para estos volúmenes manejados.

Se instalarán en una primera etapa, plantas con capacidad de entre 5 y 20 millones de galones, que serían plantas piloto, antes de llegar a la escala industrial antes mencionada. Se trata de tecnologías que se pueden traer a Uruguay en el corto plazo que funcionan en base a la materia prima con la que cuentan actualmente, pero que no alcanzan para competir a nivel mundial, pero si a nivel regional (sur de Brasil y parte de Argentina).

Estos pasos intermedios, cuentan con una dinámica diferente, económica y también desde el punto de vista manejo de la materia prima y los recursos naturales. Apuntan también a otro tipo de mercados. La empresa espera que se produzcan cambios en el mercado interno y que en un plazo de 10 años se tenga acceso a tecnologías de tipo flex-fuel y de esta manera, aprovechar este tipo de plantas para abastecer el mercado interno.

Este volumen de producción piloto, de 5 a 20 millones de galones se podría estar alcanzando en un periodo de 3 a 5 años. La empresa Chevron está analizando la tecnología y las inversiones para hacerlo.

Por el lado del sorgo dulce, se está manejando alcanzar una escala de entre 15 y 30 millones de galones (57 a 114 millones de litros). Se trata de proyectos separados, fundamentalmente por la diferencia en la tecnología utilizada, pero que se complementan.

El proceso del sorgo tiene dos etapas, por un lado se procesa el jugo para obtener etanol a través de la fermentación, pero lo que queda es el bagazo, que es material lignocelulósico y si se puede aprovechar se alcanzarían volúmenes mayores, por ejemplo si se obtienen 8 millones de galones con el jugo, incluyendo el bagazo, se alcanzarían de 10 a 12 millones de galones.

Este residuo se junta al resto del material lignocelulósico, no es un proceso fácil, pero si se cuenta con la tecnología adecuada para hacerlo, es posible. El proceso logra el máximo aprovechamiento de los residuos y el producto final puede ser tanto etanol como crudo pesado, liviano o biodiesel.

De las 62.000 hectáreas de bosques plantados, se pretenden alcanzar las 120.000 hectáreas. Con este volumen de madera que puede entrar al proceso y sumado a la otra parte del proyecto, con sorgo dulce (8.000 hectáreas), se lograría el volumen estimado de entre 400 y 600 millones de litros, logrando estándares de calidad internacionales, fundamentalmente americanos, contemplados en las normas UNIT uruguayas.

Estos proyectos, sumados al resto de los negocios de la empresa y a su actividad principal, la forestal, logran un nivel de competitividad muy bueno.

Los desafíos que enfrena la multinacional a corto plazo son los aspectos logísticos derivados del manejo de los grandes volúmenes de combustibles que se pretende manejar, lo que puede transformarse en un factor que pueda atentar contra la competitividad a la que apunta.

Esto se debe fundamentalmente a la falta de infraestructura con la que cuenta el país, debido a que se trata de un país que no está estructurado para exportar combustibles. Se trata de un factor importante a tener en cuenta a corto plazo, en donde se manejan varias opciones y por tanto importantes desembolsos en tal sentido. Las decisiones a tomar van desde la posible ubicación de las plantas hasta los medios que se utilizarán para el almacenaje y traslado del combustible producido.

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