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Table 4: Nested Logit Estimates of the Coefficient on Number of Plans Conditional

En realidad, el actual antisovietismo maoísta se fue gestando desde los primeros años de la revolución china. Las ideas de Mao Tze Dong sobre el carácter de la revolución china, su estrategia y táctica, se oponían a las orientaciones dadas por la Internacional Comunista. Para Mao la contradicción fundamental del mundo, en aquel período, no era la existente entre la URSS y el imperialismo, representado

por el fascismo, sino la contradicción entre China y el Japón. Leal a esta concep- ción, pretendía que la Unión Soviética debía actuar de acuerdo a los objetivos perseguidos por los dirigentes chinos en su lucha contra la ocupación japonesa y el Kuomintang; sin tener en cuenta que éste, en esa etapa, era también víctima de la agresión nipona. «La Unión Soviética no es un país aislado, y no puede des- entenderse de los sucesos en el Lejano Oriente... La lucha contra el imperialismo nipón es una tarea mundial, y la Unión Soviética, como parte del mundo no po- drá permanecer neutral en ella», expresó Mao Tze Dong a E. Snow en 1936. Y de acuerdo a este planteamiento, Pekín hacia esfuerzos por enfrentar a la URSS, no sólo contra el Japón, sino también contra el propio Kuomintang.

Es bien sabido que en la propaganda china, Mao Tze Dong, figura como el crea- dor de la táctica del frente único. La práctica, los hechos históricos, sin embargo, presentan al líder chino como su cerrado opositor. No quería ver la necesidad de cohesionar a todas las fuerzas capaces de luchar contra el fascismo. Esto ocurría después del VII Congreso de la Internacional Comunista, que aprobó una línea de frente único para aislar al fascismo y evitar el desencadenamiento de la II Guerra Mundial.

La difícil situación que vivía China y las exigencias del propio pueblo chino, plan- teaban la necesidad de aglutinar a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas, para oponer resistencia y luchar contra la ocupación japonesa. Pero he aquí que Mao se empecinó en conducir al PCCh por un rumbo sectario, dando espaldas a las directivas del Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Este punto no ha sido suficientemente aclarado en nuestro medio, y la historiografía maoísta lo ha falsificado totalmente, repitiendo las mentiras divulgadas por periodistas e his- toriadores burgueses. Tanto burgueses como maoístas, en efecto, hablan de una cierta complicidad de Stalin con el Kuomintang; de un Stalin opuesto a la «línea revolucionaria de Mao Tze Dong» y de una «traición» de la URSS a la revolución china. Remitámonos a los hechos. El año de 1937 la Unión Soviética concluyó un tratado de no agresión con el Gobierno Central de China, como consecuencia del cual empezó a prestar al pueblo chino la ayuda necesaria en su lucha contra los ocupantes japoneses. Este apoyo efectivo y desinteresado prestado a la China ocupada por el Japón, fue recibido con agrado por el pueblo chino, y permitió que el movimiento de resistencia se ampliara y vigorizara enormemente. No debe olvidarse que en la lucha contra el eje Roma—Berlín—Tokio, China representada por el Gobierno Central, estaba alineada con las fuerzas antifascistas. ¿Cuál fue la posición de Mao Tze Dong y su grupo ante la suscripción del tratado de no agresión por la URSS y el Gobierno Central de China? Poniendo en primer lugar

las contradicciones existentes entre el PCCh y el Kuomintang en esos momentos, y en segundo lugar el antagonismo chino-japonés, la dirigencia maoísta no esta- ba de acuerdo con la ayuda prestada por la URSS al Kuomintang, cuyas tropas soportaban el peso principal de la guerra contra el Japón. Esto no podía significar otra cosa que colocar en segundo plano la lucha anti japonesa y oponerse a la política de frente único anti japonés. Interpretando antojadizamente este período histórico, posteriormente, el maoísmo divulgó una serie de especies calumniosas en torno a una supuesta falta de ayuda de la URSS y Stalin en persona a la revo- lución china.

A mediados del año 1942, cuando la situación de las tropas soviéticas en el frente era sumamente difícil, Mao y sus auxiliares exigían al gobierno de la URSS envíos inmediatos de armas en cantidad. No querían comprender que esas armas las ne- cesitaba con más urgencia que nunca el Ejército Soviético; pedían insistentemente que se les entregue, no para enfrentarse al Ejército Japonés sino para desatar con- flictos contra el Kuomintang.

Pese al apoyo político y la ayuda en armas y dinero que la Internacional Comunis- ta prestó al PCCh, Mao Tze Dong adoptó una posición oportunista e inconsecuente, en los momentos más difíciles de la agresión hitleriana contra la URSS. En los días críticos de 1941-1942, cuando en cuestión de pocas horas el Japón podía tomar la decisión de atacar a la Unión Soviética, Mao Tze Dong y su grupo se las arreglaron para que el Octavo Ejército abandonara sus proyectados planes de acciones combativas contra las tropas japonesas que se encontraban en las fron- teras soviéticas.

Cuando rusos, bielorusos, y demás pueblos de la URSS, entregaban sus vidas en el extenso frente de guerra, rechazando a los invasores fascistas, Mao Tze Dong cre- yó llegado el momento de realizar una purga cruel dentro del PCCh, persiguiendo con saña a los llamados «dogmáticos» que no eran otros que los comunistas leales al Comintern, a quienes les colgó el sambenito de «moscovitas».

Durante el período de las acciones armadas del Ejército Soviético contra la ocu- pación de la Manchuria por los japoneses, volvió a aparecer el oportunismo y deslealtad de Mao Tze Dong. Un testigo, que presenció los ajetreos de la dirigencia china en esos momentos, refiere que los líderes del PCCh se encontraban confun- didos y no sabían qué hacer. Su descontento por las acciones del mando soviético era evidente. Ellos esperaban «que el golpe de las tropas soviéticas y mongolas se dirigirían contra Mongolia Interior y si no hacia Pautou y Kuihoui, por lo menos hacia Kalgan. Todos estos planes fracasaron. El Ejército Rojo golpeaba a partir de consideraciones militares: la derrota total del enemigo con el mínimo de pérdidas.

La dirección del Partido Comunista Chino considera que la URSS traicionó los in- tereses del PCCh y de sus fuerzas armadas al escoger como teatro de sus acciones militares a Manchuria. No terminan las quejas en este sentido» (15).

Es de gran importancia el restablecimiento de la verdad histórica con relación al curso seguido por la revolución china, especialmente en las décadas del 30 y 40, porque son etapas en que aflora con fuerza el social chovinismo de la dirigencia maoísta. De otro lado, las relaciones chino-soviéticas de esos años han sido ter- giversadas burdamente, tanto por los propios maoístas como por los escritores e historiadores reaccionarios.

Para el movimiento revolucionario proletario mundial, de hecho ha adquirido sin- gular importancia el estudio de la revolución china y la historia del PCCh, por lo mismo que la sociología burguesa, utiliza el maoísmo y la experiencia china para oponerlos al marxismo-leninismo y a la experiencia de los bolcheviques, desprestigiando el socialismo científico y calumniando al Movimiento Comunista Internacional.

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