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TABLE 2.3: ROBUSTNESS CHECKS ON RESPONSIVENESS MODELS

ANALYSIS AND RESULTS

TABLE 2.3: ROBUSTNESS CHECKS ON RESPONSIVENESS MODELS

Las reales exequias de Carlos III de España en Lima y México

Que reconociéndose en su

Real Persona al Sucesor legítimo en el trono, se dieran en esta Capital por su Excelencia las Ordenes convenientes, para que así en ella, como en la extensión del

Virreynato, se vistiesen los Lutos, y se celebrasen las Honras, Exequias Fúnebres, y sufragios, según en semejantes casos se acostumbra, por el descanso eterno del Monarca difunto1.

Introducción

El 12 de Mayo de 1789 llegaba a Lima una Real Cédula desde Madrid, anunciando la muerte de Carlos III y ordenando la disposición inmediata de los “protocolos” y guiones ante tal acontecimiento. Similar fue lo acontecido el 12 de Marzo de 1789 en México2, donde el Virrey leía, junto a otras autoridades, la Real Cédula emitida

por Carlos IV que confirmaba la muerte del Rey y “mandaba se vistiesen sus vasa- llos luto riguroso por seis meses, haciéndose las honras y sufragios acostumbra- dos en tales casos, con moderación, y sin falta lo preciso para la solemnidad”3. El

luto, las honras, las exequias y sufragios fúnebres son la expresión representativa de la muerte desde un universo simbólico que construye, que confirma y re-crea el orden social, sus jerarquías y las figuraciones reales “post-mortem”, específi- camente, del Rey Carlos III “El Sabio”4. En este sentido, las Reales Exequias del

1 Juan Rico, Reales exequias que por el fallecimiento del señor Carlos III, Rey de España y Las Indias, mandó a celebrar en la ciudad de Lima, capital de Perú, el Excelentísimo Señor Don Teodoro de Croix, del Orden Teutónico, Coronel del Regimiento de Reales Guardias Walonas, Teniente General de los Rea- les Exércitos, Virrey Gobernador y Capitán General de las Provincias de Perú y Chile, Superintendente General de Real Hacienda y Presidente de la Real Audiencia de esta capital, Lima, Imprenta Real de los

Niños Expósitos, 1789, p. 4-5.

2 Cuando me refiero a México hablo de la capital virreinal de Nueva España, hoy México D.F.

3 Reales exequias celebradas en la Santa Iglesia Catedral de México por el alma de Señor Don Carlos III, Rey de España y de las Indias en los días 26 y 27 de Mayo de 1789, México, Imprenta de D. Phelipe

de Zúñiga y Ontiveros, 1789, p. 1.

4 Manuel Martín i Pico, Carlos el Sabio: elogio fúnebre que en las[...] exequias que celebró a la[...] memoria de[...] Carlos III la insigne villa de Castellón de la Plana el día 8 de junio de 1789[...], Barce-

barroco hispanoamericano cumplen funciones representacionales (teatralidad5)

del orden político-discursivo6, de la relación entre figura-Rey y Rey-sujeto y el

discurso de la muerte.

En el Barroco, la muerte era entendida como un espectáculo público que recuer- da lo frágil de la existencia (memento mori), un recuerdo constante para seguir

una vida apegada al dogma (especialmente el de la Iglesia post tridentina: “vivir en policía”) y como una presencia inevitable y funesta en la sociedad7. De esta

guadaña tampoco escapaba la figura del Rey (cuerpo biológico-alegoría)8, así lo

demuestran las Reales exequias de Carlos III, en donde el dolor, el luto y el senti- miento de pérdida se hacen patente en todo el espacio gobernado por el monarca, en el plano físico como en el metafórico.

A partir de lo planteado cabe preguntarse: ¿Quién era Carlos III para la sociedad de Lima y de México? ¿Qué representa Carlos III en los núcleos virreinales? ¿Se podría afirmar que la alegoría real post-mortem era similar o igual en todos los

rincones del imperio español?

Las Reales Exequias y oraciones fúnebres dedicadas a Carlos III9 tanto en Lima

como en México muestran claras diferencias sobre la visión que tenían del “go- bernante” (figuración política-Rey) y del Rey-sujeto (particularmente, de Carlos III) después de su fallecimiento.

Por lo tanto, en este trabajo se intentará mostrar la alegoría contextualizada

post-mortem de Carlos III, como un “Rey muerto”, en Lima y Ciudad de México.

5 Para el caso de la teatralidad y su compleja construcción teórica, desde las ciencias sociales y las artes, véase: Thamer Arana, “El concepto de teatralidad”, Revista Artes, Universidad de Antioquía, N° 13,

2007, pp. 79-89.

6 José Antonio Maravall, La cultura del barroco. Análisis de una estructura histórica, Barcelona, Ariel, 1975; Jaime, Valenzuela, Liturgias del poder: Celebraciones públicas y estrategias persuasivas en Chile colonial (1609-1709), Santiago, Centro de Investigaciones Barros Arana, Lom Ediciones, 2013.

7 Fernando, Martínez Gil, Muerte y sociedad en la España de los Asturias, Cuenca, Ediciones de la Uni-

versidad de Castilla-La Mancha, 2000; Philippe Ariès, El hombre ante la muerte, Madrid, Taurus Edi-

ciones, 1983.

8 Jaime Valenzuela, Op, cit., 2001, p. 106; Alejandra Osorio, El Rey en Lima: El simulacro real y el ejercicio del poder en la Lima del diecisiete, Documento de Trabajo N° 140, Serie Historia N° 27, Lima, IEP, 2004.

9 Documentos que describen detallada e hiperbólicamente lo acontecido, es decir, la muerte de Carlos III. Según Bonet Correa, este tipo de documentos son una fuente inagotable para acceder a ritos y ce- remonias, ya que en su escritura exagerada y descriptiva se intenta dar la máxima representación del fenómeno en cuestión. Es por esto que el estudio se centra en lo que intenta decirnos y describirnos, y no en las prácticas sociales dadas por hecho, siendo éste un análisis desde el pensamiento alegórico y su expresión teatralizada. Véase: Antonio Bonet, Fiesta poder y arquitectura: aproximaciones al ba- rroco español, Madrid, Ediciones Akal, 1990, pp. 8-9.

Entendiendo que esta diferencia contempla dos factores: saber quién era Carlos III para los dos núcleos virreinales, en función de su biografía y las “Relaciones”

post-mortem, y las adaptaciones contextuales de esta figura, mediante tópicos ta-

les como: Memento Mori y el Rey-santo.