Veamos un caso concreto de involución humana, a pesar de los prejuicios y sentimientos encontrados que puedan tener algunos Lectores, a quienes pido las disculpas que la Naturaleza no pide cuando hace las cosas y nos tenemos que atener a ella duela lo que duela: Un caso muy evidente de involución, es la del mogólico (Síndrome de Dawn o Trisomía del Par 21). Parece que Darwin no quiso ver los dos que había entre sus parientes cercanos, por eso no vio que el "Eslabón perdido" estaba muy cerca de él y no entre los huesos prehistóricos de homínidos bastante difíciles de reconstruir. No vamos a negar que fue un valiente viajero, pero su valentía se desmerece ante sus plagios, en especial a su colega Alfred Wallace, de cuyas cartas se valía para seguir su búsqueda y hacer sus "descubrimientos".
De la obra remitida a Inglaterra por A. Wallace desde Australia en 1858, "On The Tendency of Varieties to Depart Indefinite-ly from the Original Type", Darwin plagió su "On the Origin of Species by Means of Natural Selection", conocida en español como "El Origen de las Especies", pero Wallace fue más honesto y reconoció en 1910, que se había equivocado en el enfoque, admitiendo que todo indicaba que su teoría era correcta sólo si se la miraba toda al revés, es decir como procesos involutivos, -por adaptación obligada, por distorsión o por manipulaciones genéticas ancestrales - no evolutivos.
A fin de evitar susceptibilidades de los neófitos, no vamos a entrar en todas las causas profundas que pueden llevar a un Alma a encarnar con una deficiencia genética tan grande como el Síndrome de Dawn, pero cabe comentar que algunas veces se trata de una cuestión puramente estadística, más que un "karma específico", porque vivimos en medio de los riesgos de una especie de "lotería demiúrgica".
El problema de los mogólicos, una vez llegados a esa condición, no radica tanto en las causas que lo han llevado a encarnar con esa deficiencia, sino más en cómo salir de esa situación involutiva. En una civilización como la nuestra, donde la educación esotérica (que debiera ser la instrucción primaria) ya es nula para la generalidad, más lo es para las personas que han caído en este tipo de desgracias genéticas. Pero para los que tengan individuos con este problema en su familia, es bueno saber que tienen una alternativa de reorientación para volver a encarnar
como humanos genéticamente completos, aprovechando la experiencia que se tiene en ese estado tan lamentable.
Si a un mogólico se le deja seguir sus impulsos naturales, sin ninguna guía ni educación adecuada, su próxima reencarnación difícilmente (por no decir imposible) será en el Reino Humano. Todas las tendencias están a favor de mantenerse en una condición que más cuadra con los simios que con los hombres, por lo tanto pasaría a engrosar -si no hay extinción- la raza correspondiente entre los simios, que también están perfectamente determinadas en correspondencias involutivas humanas, aunque hilar más fino en este asunto nos llevaría muy lejos de los objetivos de este libro.
Un mogólico, aún en los grados más profundos de deficiencia intelectual, puede comprender lo que se le dice, especialmente si su educación se realiza con mucho Amor familiar e inclusión social armónica. Por lo tanto es posible enseñarle las mismas cuestiones esotéricas que a los humanos que no tienen su problema genético. Y francamente, creo que a un mogólico bien tratado le costará menos aprender las cosas fundamentales de la vida y la evolución, que lo que le costará a un "sabio", de esos que tienen el cerebro repleto de preconceptos, dogmas religiosos y pseudocientíficos.
Como bien comprendió Alfred Wallace antes de morir, la mayor parte de la Humanidad tiene -como colectivo, a menos que revierta las causas- su destino asegurado entre las ramas de los árboles. La minoría que se interesa por temas trascendentales, que busca comprender las causas profundas de todas las cosas, tiene una tendencia bien diferente, pero para lograr realmente una reorientación evolutiva constante, que implica "nadar contra la corriente", necesita tomarse estas cuestiones con absoluta seriedad y determinación, no como algo meramente "interesante".
Las actuales razas de simios se corresponden con demasiada evidencia con las Razas Humanas, pero igual la cosa no es tan fácil de analizar desde el punto de vista técnico-genético como desde la observación antropológica basada en los fenotipos (estos son los rasgos externos de los sujetos de estudio. Los fenotipos son los caracteres genéticos "visibles", producto de genotipos o herencia genética y factores ambientales o caracteres dominantes específicos, mientras los genotipos pueden ser ocultos o no manifestados directamente).
Por lo tanto podemos hacer comparaciones muy válidas entre las razas de simios y las humanas, de lo que sacamos un impresionante cuadro involutivo cuando comprendemos que las Almas de esos
primates fueron Seres Humanos. No es absolutamente imposible aún para los simios, que son en realidad hombres animalizados, volver a ser humanos, pero ello requeriría de cierta "quietud" y armonía en el desarrollo psíquico y genético de toda la humanidad, así como de las condiciones naturales del planeta. Haría falta poner en ejecución un plan integral, a fin de evitar la procreación de las especies involutivas y su reinserción (por reencarnación) paulatina en la humanidad. Pero esto, como comprenderán los Lectores, resulta en extremo utópico, puesto que de una humanidad egoísta que se destruye a si misma, que abandona a mil millones de niños a su desgracia y hambre, nada puede esperarse en beneficio de los caídos más abajo en la escala genética.
En cuanto a otros animales, como el cerdo, ya hemos dicho que no es imposible una caída del Alma en forma directa, puesto que hay factores genéticos de identidad muy afines, asó como personas en tales niveles de degradación que son peores que los animales; pero son verdaderas excepciones. He conocido desde saprófitos hasta pederastas y zoófilos, pasando por una larga serie de características aberrantes entre estos dos extremos de la degeneración psíquica. Ciertamente hay personas que parecen haber nacido en el Reino Humano por accidente, en vez que por evolución, de modo que no puede tampoco descartarse que en el marco de las excepciones, un animal más o menos evolucionado encarne en el Reino Humano por afinidades psíquicas (o psicopáticas) con los humanos que tienen relaciones con ellos. No obstante, insisto en que se trata de excepciones y de ningún modo una perspectiva generalizada. Estas excepciones de animales que encarnen en humanos sin haber alcanzado el grado evolutivo adecuado, lo más probable es que volverán al Reino Animal, porque en vez de aprovechar el salto evolutivo accidental, se dejan llevar por sus instintos más bajos, constituyendo más una "animalidad" que una "personalidad".
Cabe comentar que las Almas que por primera vez encarnan en el Reino Humano siguiendo la línea evolutiva normal, suelen ser personas muy sensibles, casi sin experiencia innata en la sociedad civilizada y poco o ningún talento especial. Sin embargo se desarrollan muy bien en la selva. Muchos indígenas son precisamente encarnados allí, donde el Alma no encontrará las taras de la civilización del mercado y podrá comenzar su experiencia humana en armonía con los demás Reinos.
Esto no quiere decir que todos los aborígenes sean Almas
novatas como humanos. Por el contrario, conozco algunas tribus de gente muy reevolucionada, formada casi exclusivamente por personas que antes de morir han elegido no volver a nacer como “civilizados”. Así que los animales que por primera vez experimentar ser Humanos,
poseen entre cualquier aborigen no tecnificado, el mejor hábitat para emprender su aprendizaje en la Humanidad.
La humanidad mortal es -al menos en esta etapa civilizatoria- como un gran río; una triste e inmensa procesión de diez mil millones de Almas condenadas a ir descendiendo poco a poco. La gran mayoría, destinada a formar parte del subReino de los primates. Otra parte será aniquilada -como ya hemos visto- en el "Avitchi".
En la pequeñez mental de las vidas individuales, la mayor parte de las personas se asustan ante estas ideas, en vez de buscar comprenderlas para superarse y Trascender. El hombre mediocre se encuentra de pronto con que su vida es una pequeña balsa arrastrada por la poderosa corriente del Río de la Naturaleza, pero en vez de buscar salvarse de la caída en las cataratas, prefiere cerrar los ojos y rezar, imaginándose que con cuatro oraciones y comprando consuelo, ya está a salvo.