Mis papás me pusieron Juan Nicolás en honor a mi tío ‘Juancho’ quien murió poco después de que yo naciera. Mi mamá fue la única hija de ‘Conchita’ y ‘El Papi’ que por algún tiempo se planteó ser música como él. Por supuesto, yo crecí escuchando la música de mi abuelo, la música colombiana, y lo que algunos llaman músicas CIAM17. Quizás por eso, y por la posibilidad de usar una piscina cercana, ir a Medellín a visitar al abuelo era un suceso importantísimo de mi infancia. En mi biblioteca, desde hace unos años tengo su ‘Taitapuro de plata’ y según recuerdo, siempre he tenido un par de fotos suyas: una de él muy joven, con ropa elegante sosteniendo una guitarra, y la otra de él mayor caminando frente a un telón, también vestido elegantemente. Hay una tercera foto, pero no está en la biblioteca, es una foto en la que el abuelo está tocando su guitarra, ya con la bala de oxígeno cerca, y yo, en chanclas y overol me acerco a tocar las cuerdas. Supongo que es una escena que se repite a menudo, los bebés hacen eso, acercarse a reconocer el mundo que van descubriendo, y ese día yo estaba descubriendo a mi abuelo el músico, que no sólo sonaba en el equipo de sonido de la sala, sino que sonaba con su guitarra en la sala de su casa de Medellín que, por cierto, quedaba al otro lado de la calle donde estaba la piscina.
17 Músicas Caribe-ibero americanas
Figura 12 ‘El Papi’ Tovar y Juan Nicolas Gonzalez Tovar en Medellín
32 En Medellín, para ‘Conchita’ y ‘El Papi’ las cosas se estabilizaron, no sólo respecto a
su salud y su calidad de vida. Luisa, mi tía cuenta que:
Él ya tenía reconocimiento cuando llegó a Medellín. Por alguna situación que se dio, yo trabajo con la hija del maestro León Cardona, ella era la profesora de música en un preescolar donde yo trabajaba y algún día estábamos haciendo algo y puso un casete de Cuatro Palos, [...] yo escucho que ellos están tocando Luz y Sombra y yo le digo - ¡Ay, esa es la canción de mi papá! cuando llego a la casa, le cuento a mi papá… Yo tengo muy presente que solo en ese momento, ese día, pude apreciar musicalmente lo que era esa obra de mi papá. El caso es que yo llego muy entusiasmada a contarle a mi papá y a decirle que tenemos que ir a visitar al maestro León Cardona y mi papá se emociona porque nosotros éramos desconocidos, recién llegados, en Medellín. Entonces yo lo contacto con el maestro León Cardona, lo contacto con Fabio Bernal, que era el director de Funmúsica18, y ellos sí sabían quién era mi papá, y lo valoraban, decían - ¿cómo así que ‘el Papi’ está en Medellín?. Así que empiezan a involucrarlo en muchas tertulias y en muchas cosas. Ese es un momento grandioso para mi papá.
En esa ciudad, el abuelo siguió componiendo, dibujando, tocando ocasionalmente e incluso estudiando. En 1997 se inscribe en la Corporación Universitaria Adventista (UNAC) para estudiar piano, y entretanto trabaja en la fundación Batuta en su programa de iniciación musical, además, su llegada a la ciudad de Medellín lo acerca a Funmúsica. Gracias a esto, participa de nuevo en los festivales, sobre todo antioqueños, como público y eventualmente como compositor con alguna obra instrumental. “Medellín fue una época muy bonita porque nos abrían las puertas en todos los eventos y lo recibían con saludos muy cordiales... Él se sentía muy reconocido, es decir, Antioquia hizo lo que quizás no hizo el Huila”, comenta Luisa. Sin embargo, Huila brindó sus más altos honores a ‘El Papi’ Tovar, le confiere, por ejemplo, a través de la Fundación por la Huilensidad, ‘la Orden de la Huilensidad’ “Por su brillante y ejemplar dedicación a la construcción de la cultura autóctona del Huila y pónesele [sic] a la juventud como ejemplo de vida y de labor creativa y fructífera en beneficio de la huilensidad”.
Pese a que la salud de los abuelos fue poniéndose cada vez más delicada, durante sus últimos años, ambos conservaban sus hábitos y costumbres. ‘El Papi’ dedicaba largas horas a leer el periódico como había hecho sagradamente toda su vida y a estudiar sus partituras en su escritorio pulcramente organizado, y por supuesto, eventualmente componía. “Escriba señor Tovar” le exigía la abuela quien siempre apoyó e impulsó su trabajo creativo y quien dedicaba religiosamente, parte de su día a la oración y a oír las misas por radio. Así pasaban sus días en el apartamento del Valle de Aburrá, acompañándose amorosamente en sus quehaceres diarios con algunos de sus hijos y nietos cerca, y siempre prestos a escuchar alguna de las ocurrencias, chistes e historias que acontecían en la casa a la que, de vez en cuando alguien llamaba preguntando por una cita odontológica. Mi tía Luisa, quien junto a mi primo Gustavo vivía con la pareja, recuerda que:
18 Fundación Musical de Colombia
33 El deterioro de mi mamá era mayor, tenía que levantarse mucho al baño y
sentía mucha pena porque decía que despertaba a mi papá. Entonces decidimos ponerles unas camas separadas que Bernardita les consiguió en Medellín... Recuerdo que hicimos toda una fiesta porque los íbamos a dejar en el mismo cuarto, pero con camas individuales y yo recuerdo que mi papá y mi mamá decían - ¿pero por qué nos van a separar las camas? Y pues, era para que mi mamá se pudiera levantar tranquila. Pero sucedió que desde la primera noche dormían cada uno en su cama, pero agarrados de la mano en el aire.
En sus últimos años de vida, el abuelo se vio rodeado de una familia que había hecho del reencuentro una fiesta y de una comunidad musical que no desperdiciaba ninguna ocasión para homenajearlo. En el año 2000, Luz Niyireth Alarcón incluyó El Camino Real en su disco
De norte a sur grabado en vivo “entre Bogotá, Medellín, Armenia, Leticia y Pereira en
Colombia y las ciudades mexicanas de Los Mochis, Culiacán y Mazatlán”; también incluyó
Tambores navideños en su producción del 2007 Navidad en América. Niyireth fue una gran
amiga y admiradora de ‘El Papi’ Tovar. En el año 2004, en la entrevista al abuelo que dirigía el también compositor, Jhon Jairo Torres de la Pava en el programa Un buen Rato, Niyireth expresa que:
Es muy difícil decir algo diferente a que el maestro Tovar es primero una persona adorable y para mí, más que una persona, es un personaje además. Yo me siento muy orgullosa de haberlo podido conocer y sobre todo de estar un poco cerca de su vida y de él [...] La primera vez que oí hablar de él yo tenía diez años, pues porque es supremamente conocido en el Huila,
34 es el personaje, en las fiestas se oye la música suya todo el tiempo. Es muy
conocido, muy respetado y muy querido por su persona como tal, y también por su música [...] Después tuve la oportunidad de saludarlo, de tomarme una foto con él y una vez que vine a cantar a Medellín, me enteré de que estaba viviendo acá, nos pudimos encontrar y ahí como que se formó la amistad.
En el 2006, el Senado de la República confirió al abuelo una ‘Mención de Reconocimiento’, aludiendo que el compositor “ha dado realce a nuestro país con su invaluable aporte al desarrollo de la música, demostrando, desde su niñez una gran afición por el arte y como fruto de su talento y de su consagrada formación, ha sido protagonista de la cultura de nuestro país”. Ese fue el último reconocimiento público que tuvo ‘El Papi’ Tovar en vida, tras una trayectoria admirable que forjó con la tenacidad del deseo de vivir por y para la música, y de trabajar incansablemente por la apropiación de las músicas autóctonas. Dentro de sus obras se encuentra, como era de esperarse, una considerable cantidad de música popular, que contrasta y enriquece el discurso de ‘lo folclórico’, concepto que resultaba transversal para el compositor. Esa fue, en últimas, su más grande preocupación, llevar nuestras músicas autóctonas al nivel de reconocimiento y difusión que tenían las demás músicas populares. Mi mamá, Lucero, lo resume con claridad:
Mi papá nos decía siempre que cada uno de los compositores e intérpretes de las músicas tradicionales constituyen el patrimonio inmaterial invaluable de nuestra historia, de una historia de sometimiento que a pesar de todo nunca pudo quitarnos el amor por un bambuco, una guabina o un pedacito de lo que pueda recordarnos de dónde venimos.
35 A inicios del 2006, mis papás y yo viajamos con urgencia a Medellín, ‘Conchita’ estaba hospitalizada. Yo empaqué mi quena esperando mostrarle al abuelo la última canción que había aprendido, debió ser Moliendo Café. Estaba emocionado, ir a Medellín fue siempre emocionante, pero mis papás en cambio estaban preocupados. Llegamos a la casa del abuelo y en la noche fuimos a la clínica, allí estaban la tía Bernardita y la tía Luisa, comentándole a mi mamá el estado de ambos, contándole también que ‘Conchita’ y ‘El Papi’ se enviaban cartas de amor con sus hijas para sentir que estaban aún juntos. Cuando tuve oportunidad me senté al lado de la cama de la abuela y toqué la canción completa dos veces, luego canté una canción a la virgen que aprendí en el colegio el año anterior. Nosotros nos devolvimos a Bogotá al terminar el fin de semana, el abuelo me prestó una flauta travesera de caña que tenía guardada y yo estuve todo el camino intentando hacerla sonar sin éxito. El 2 de mayo falleció mi abuela, de modo que mi mamá tuvo que volver a Medellín en un vuelo y mi papá y yo llegamos después en bus. Ese día el abuelo estaba tan triste que la llegada de su familia no supo alegrarlo como antaño, le costaba especialmente hablar y respirar. Esa vez no hablamos de música, no le conté que ya había estudiado todo el libro de ritmos que me había regalado dos años atrás y que estaba tocando mi primer bambuco en la quena. El 7 de febrero de 2007 el abuelo fue a reencontrarse con su amor, con su ‘Conchita’, el comentario que se escurría entre las ropas negras y las lágrimas de la familia era que, tras la muerte de mi abuela, mi abuelo tenía el corazón roto. ‘El Papi’ Tovar había muerto de amor.