[1747]
[...] (P)uesto que todas las facultades del alma dependen de la pro- pia organización del cerebro y de todo el cuerpo hasta el punto de que ellas no son más que esta misma organización, ¡ved aquí una máquina bien ilustrada! Pues bien, aunque solamente el hombre hubiese recibi- do como herencia la ley natural, ¿sería por ello menos máquina? Unas ruedas, algunos resortes más que en los animales más perfectos, el cere- bro proporcionalmente más cercano al corazón, y recibiendo también más sangre por la misma razón; en fin, ¿qué sé yo?, causas desconoci- das producirían esta conciencia delicada, tan fácil de herir, estos remor- dimientos que no son extraños a la materia como tampoco lo es el pen- samiento, y en una palabra, todas las diferencias que supongamos. ¿Bastaría la organización para [explicar] todo? Sí, una vez más. Puesto que el pensamiento se desarrolla visiblemente con los órganos, ¿por qué la materia de la que están hechos no sería también susceptible de tener remordimientos, una vez que ella ha adquirido con el tiempo la facul- tad de sentir?
El alma no es, pues, más que una palabra vacía de la que no se tie- ne idea y de la que una buena inteligencia no debe servirse más que para nombrar la parte que piensa en nosotros. Dado el más pequeño princi- pio de movimiento, los cuerpos animados tendrán todo lo que les hace falta para moverse, sentir, pensar, arrepentirse y conducirse, en una palabra, en lo físico y en lo moral [que depende de lo físico].
No suponemos nada. Los que crean que no han sido superadas todas las dificultades encontrarán experiencias que acabarán de satis- facerles:
1) Todas las carnes de los animales palpitan después de la muerte, tanto más tiempo cuanto más frío sea el animal y menos trans- pire. Las tortugas, lagartos, serpientes, etc., dan fe de ello. 2) Los músculos separados del cuerpo se contraen cuando se los
pincha.
3) Las entrañas conservan largo tiempo su movimiento peristáltico o vermicular.
4) Una simple inyección de agua caliente reanima el corazón y los músculos [...].
5) El corazón de la rana, sobre todo expuesto al sol, y todavía mejor, sobre una mesa o un plato caliente, se mueve durante una hora o más después de haber sido arrancado del cuerpo. ¿El movimiento parece perdido totalmente? No hay más que pin- char el corazón y este músculo late otra vez. Harvey ha hecho la misma observación sobre los sapos.
6) El canciller Bacon, autor de primer orden, habla en su (ISTORIA DELAVIDAYDELAMUERTE de un hombre convicto de traición, al que se abrió vivo para arrancarle el corazón y arrojarlo al fuego: este mismo músculo saltó perpendicularmente, primero a la altura de un pie y medio, y después, a medida que perdía fuer- zas, continuaba saltando cada vez a menos altura durante siete u ocho minutos.
7) Coged un pollito todavía en el huevo, arrancadle el corazón, observaréis los mismos fenómenos con poco más o menos las mismas circunstancias. El solo calor del aliento reanima a un animal a punto de perecer en la máquina neumática. [...] 8) La oruga, los gusanos, la araña, la mosca y la angula ofrecen, sin
duda, las mismas cosas a considerar, y el movimiento de las par- tes cortadas aumenta en el agua a causa del fuego que ésta con- tiene.
9) Un soldado borracho se llevó de un golpe de sable la cabeza de un pavo. Este animal continuó de pie, luego caminó, corrió; tro- pezando con una pared, se volvió, batió las alas al mismo tiem- po que continuó corriendo y por fin cayó. Extendido en tierra, todos los músculos de este pavo se agitaron todavía. Yo he visto esto y es fácil ver más o menos estos fenómenos en los gatos y perros pequeños a los que se ha cortado la cabeza.
10) Los pólipos hacen algo más que moverse después de su sección: se reproducen en ocho días en tantos animales como partes hayan sido cortadas. [...]
Hemos presentado muchos más hechos de los que son necesarios para probar de una manera incontestable que cada pequeña fibra, o parte de los cuerpos organizados, se mueve por un principio [que le es] propio y cuya acción no depende de los nervios, como sucede en los movimientos voluntarios, puesto que los movimientos en cuestión se realizan sin que las partes que los manifiestan tengan ninguna relación con la circulación.
[...]
¿Es necesario todavía más [...] para probar que el hombre no es más que un animal, o un ensamblaje de resortes, que se encajan los unos con los otros, sin que se pueda decir por qué punto del círculo humano ha comenzado la naturaleza? Si estos resortes difieren entre ellos no es más que por el lugar que ocupan y por algunos grados de fuerza, pero nunca por su naturaleza; y por consiguiente el alma no es más que un principio de movimiento o una parte material sensible del cerebro, que se puede mirar (sin temor a error) como un resorte principal de toda la máquina, que tiene influencia sobre todos los otros, e incluso parece haber sido hecho el primero, de manera que todos los otros no serían más que una emanación [...].
[LAMETTRIE, J. O., %LHOMBREM·QUINA.
Madrid: Alhambra, 1987 (pp. 85-88 y 95-96). Trad., J. L. Pérez Calvo.]