Arte de vivir que se funda ya no en una búsqueda de la libertad absoluta, sino en las pequeñas libertades intersticiales, relativas, empíricas y vividas en el día a día.
Michel Maffesoli
En este punto abordamos el cambio en torno a la concepción y vivencia del tiempoque estaría produciéndose en los grupos que conforman las nuevas socialidades. Ligado a lo local, lo próximo; y a lo próximo, lo presente.
Frente a formas institucionales deliberadamente diagramadas, or- ganizadas y especificadas en organigramas, estatutos y formatos claros y coherentes, en función de objetivos, fines y propósitos igualmente in- teligibles a alcanzar en tiempos venideros, las nuevas comunidades se caracterizan por la realización intensa en el acto mismo, en la pulsión por estar-juntos. Propone Maffesoli: “lo que prevalece es menos el ob- jetivo por alcanzar que el estar-juntos” (1990: 167). Se observa así cierto abandono a la autoridad cultural que constituyó (constituye todavía) la acentuación del futuro en la tríada temporal, que impregna el gran pro- yecto moderno del progreso; y la cada vez mayor valoración del presente,
del aquí y el ahora.
Como indica E. Lander, el proyecto de la modernidad implica la consagración del supuesto de la existencia de un metarrelato universal que llevaría a todas las culturas y a los pueblos desde lo primitivo, lo tradicional, a lo moderno, considerado el estadio superior que garanti- zaría el bienestar y el desarrollo social. De esta forma, la norma ‘univer- sal’ señalaría el único futuro posiblede todas las otras culturas (2003). Este discurso del progreso, ligado a la idea de una carrera basada en la ambición permanente de mayor productivismo, suponía/supone la meta de un futuro siempre lejos del alcance de las manos.
Este modelo social ha demostrado numerosos signos de fracaso en nuestras sociedades. Sus promesas de progreso y bienestar, incumplidas para las mayorías, han empezado a ser des-creídas por los grupos socia- les; lo mismo sucede con la esperanza puesta en el tiempo futuro.
En consecuencia, los sujetos asisten a una migración de su adhesión de aquel discurso sobre un mañana por-venir a la vivencia plena del pre-
sente. Es este el nudo central de otra obra de Maffesoli, titulada El ins- tante eterno(2001), donde el autor muestra maneras otras de sensibili- dad en relación al tiempo que, en su hipótesis, están manifestándose actualmente y que evidencian, por ejemplo, cierta tendencia hacia la
lentitudy la intensidad:
El tiempo se inmoviliza o, al menos, se lentifica. En efecto, la marca del drama moderno, bajo sus diversas modulaciones, fue la velocidad. (…) En cambio, hoy vemos despuntar un elogio de la lentitud, incluso de la pereza. La vida no es sino una concatenación de instantes inmó- viles, de instantes eternos de los cuales hay que poder sacar el máximo goce (2001: 10).
En este sentido, hay una revalorización de lo que esantes que lo que debería sero lo que podría ser. La tendencia general de estas socia- lidades está atenta a la disposición del momento, que concuerda con
captar las múltiples oportunidades del presenteen la vida corriente. Se trata de una conciencia constante, una presencia física e implicada en lo que es en este momento y en este lugar: la vida cotidiana.
Así, en contraposición a la moral judeo-cristiana y a las teorías fun- dadas en el sentido de la historia (divina o profana), que orientan la ac- ción en función de un tiempo y de una promesa venideros8, las
tendencias que privilegian el presente se abocan con desenfreno a tomar de la vida lo que ofrece, como bien describe Maffesoli: “hacer uso de los goces del presente, llevando una vida audaz, intrépida, una vida atra- vesada por la frescura del instante eterno en cuanto a lo que este último tiene de provisorio, de precario y, por tanto, de intenso” (2001: 30).
Se asiste al pasaje de un tiempo monocromo, lineal, mensurable, rápido, predecible, el del proyecto, a un tiempo policromo, presentistay que escapa, a decir del autor, al “utilitarismo del cómputo burgués” (Maffesoli, 2001: 11). Un deslizamiento desde la impronta que carac- teriza a la cosmovisión occidental que domina a la modernidad –del orden de la exterioridad y la ex-tensión hacia un futuro en progresión– a la impronta de la in-tensiónpropia de oriente, caracterizada por lo in- manente, la lentitud, la casi suspensión del movimiento.
Ahora bien ¿a qué se debe este cambio de sensibilidad en relación al tiempo? Plantea Maffesoli que en la actualidad se está produciendo una aceptación de la fatalidad, del destinoque hay que asumir y afrontar (2001). Esta tendencia pareciera basarse en la idea de que si ya no hay
un futuro esperanzador hacia el cual proyectar la vida, entonces con- viene tomar de ella lo que se nos brinda en cada momento.
La cada vez más intensa sensación de desesperanza en torno al fu- turo a la que refiere Maffesoli está ligada al trabajo ideológico operado en torno a lo temporal en el capitalismo, que ha sido analizado –en Ar- gentina– por Adrián Scribano, Eugenia Boito y otros investigadores. Estos autores han caracterizado al fenómeno en términos de “coloniza- ción del futuro”. Esto es, la expropiación de la noción de futuroque deja a los sujetos con un sentimiento de precariedad y de brevedad de la vida.
Desde esta perspectiva, uno de los principales triunfos del capita- lismo radica en la eliminación de las expectativasde la gente hacia otros modos de vida posibles, que se expresa en las sensaciones de impotenciay
resignaciónque obstruyen un futuro en términos colectivos. La operación colonizadora del sistema se resume en la instalación generalizada de una idea de eterno tiempo circular, que envuelve en una especie de continui- dadpasado, presente y futuro, en un ‘siempre será así’ (Cervio, 2010), que oculta los cambios, las potencialidades y la complejidad de la historia. El futuro queda atado, preso de la monotonía del pasado y del presente. Como efecto de esto, el destino es aceptado así, sin más. De ahí el viraje de la atención hacia el presente, efectuado por las grupalidades.
Pero este viraje no supone que todo sea reproducción pasiva, simple aceptación y resignación de esta mirada domesticada del tiempo. Mu- chos colectivos sociales despliegan disputas en diversos frentes de acción contra el relato colonizador del futuro. Y en un plano micro, pueden observarse “prácticas intersticiales” (Scribano, 2012; Scribano, Maga- llanes y Boito, 2012) que efectúan ciertos ‘cortes’ en relación a la lógica dominante, mediante modalidades de gasto o derrochede tiempo. Y evi- dencian la posibilidad de vivencias diferentes. Este tipo de prácticas constituyen el eje de un nudo conceptual en este marco teórico que es desarrollado en páginas posteriores.
Como expresa Gabriela Vergara, el tiempo, en el sistema capitalista, adviene como un objeto a ser excesivamente controlado, medido y ‘ex- primido’, como una mercancía (2012)9. Por lo que el tiempo festivo es
tiempo desperdiciadopara la producción, para el trabajo. Es tiempo per- dido. Desde este ángulo, los haceres de preparación de una fiesta desti- nada a un ser querido son prácticas que no ‘cierran’ económicamente:
prima, valor final, daría como resultado un problema de productivi- dad, de eficacia. Si preguntásemos ¿cuál es la ganancia que se obtiene por tanto trabajo? ¿Qué es lo que queda a cambio de tantas horas y dedicación? Las respuestas serían instrumental y económicamente ne- gativas (Vergara, 2012: 79).
El gasto festivo demuestra, en este sentido, una inversión de la je- rarquía de la lógica dominante: tiempo, dinero y energías destinadas no para la producción de más mercancía, sino para estar y celebrar juntos. El tiempo que habitualmente se utiliza en producir para acumularse in- vierte y convierte –en circunstancias excepcionales– en una producción para el gasto, para un derrochede corta duración.
Se trata de prácticas intersticiales que –negando transitoriamente el poder de la mercancía– se apropian del tiempo tornándolo un tiempo- otro, un tiempo en el que la ley que lo ordena es la del afecto, la del re- conocimiento y valoración del otro/los otros. Y en estas operaciones de
reciprocidadque logran captar el potencial del presente y los huecos abiertos de lo instituido –usadosen provecho del grupo– reaparece, según Scribano, el futuro en tanto posibilidad, en tanto esperanza: “Es- perar en y con el otro los actos multifacéticos de intercambio en reci- procidad como pautas colectivas, implica re-inventar la esperanza en tanto experiencia del mañana” (2009).
Volviendo al planteo de las socialidades como nuevas formas de estar-juntos, las vivencias de tiempos ‘robados’ a la lógica del capital que acentúan el presente y que abren –prácticas amorosas mediante– posi- bles panoramas de futuro, se apropiande los espacios abiertos del lugar
(De Certeau). Estas acciones suponen tiempo que se cristaliza en espacio:
espacios-tiempos diferentes con lógicas propias.
Maffesoli considera en este sentido que es la in-tensiónde la socia- lidad la que posibilita este acceso a otros espacios-tiempos, en los que se mueve a sus anchas. Inestables y precarios, los mismos permiten, sin embargo, la expresión de otras lógicas y modalidades de acción y de re- lación, ligadas a la idea de ‘nosotros’. Observemos ahora las búsquedas de comunidad que suponen las socialidades.