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Chapter 5: Recommendations for Professional Practice

5.1 Teaching and learning

Uno de los aspectos más interesantes del liderazgo deportivo es, según indican los investigadores de las ciencias sociales, el hecho de que la aproximación a su estudio permite considerar el equipo deportivo como microsociedad que presenta analogías con la realidad social a nivel macro. Según Mata Verdejo (1997, 2001, 2002), el análisis de las funciones formales e informales que desempeñan los miembros de las sociedades deportivas puede dar claves sobre el comportamiento colectivo de diversas culturas y civilizaciones.

Pese a la escasez de estudios centrados en las funciones del deporte en la sociedad, una revisión reciente también revela cómo, desde tiempos antiguos, la construcción social y cultural del liderazgo en el deporte ha mantenido, guardando las variaciones históricas, unas funciones económicas, po- líticas y culturales adaptadas a las circunstancias sociales, temporales y geográficas (Moscoso Sánchez, 2005).

Este autor explica cómo a través del estudio sobre liderazgo deportivo se puede identificar la repro- ducción de ciertos modelos de liderazgo social y político. El autor muestra cómo se fueron sucediendo a lo largo de los siglos los modelos del líder guardián, caballero, intelectual y militar, para generar, tras la institucionalización del deporte en la época moderna, el perfil del líder maestro o entrenador. Este tipo ideal, entendido en sentido weberiano, se caracteriza por una motivación hacia el aprendizaje y una visión integradora sobre la identidad del grupo, y responde al tipo de liderazgo formal. Por otra parte, los deportistas destacados –los campeones o equipos olímpicos o nacionales– se constituyen como referentes a nivel social, tanto de sus compañeros o de las personas que quieren aprender o entrenar como de la sociedad en general, por lo que se podría decir que desempeñan un rol importante en la identidad, prestigio y cohesión social, además de unas funciones políticas y económicas desta- cadas (Moscoso Sánchez, 2005). Provenientes del campo de la antropología y sociología del deporte, estas reflexiones teóricas nos ayudan a contemplar la relevancia de los estudios sobre liderazgo de- portivo y sus analogías con la organización y estructura social.

También en base a este paralelismo, la literatura de especialidad destaca cómo el liderazgo en el deporte se planteó inicialmente, siguiendo la tradición clásica del paradigma organizacional, en base a dos dimensiones conceptuales: el carácter instrumental, orientado a la tarea, y otro social, orientado a la cohesión, buen clima grupal y satisfacción de los miembros del equipo (Torrado, 2012). Sin embargo, la especificidad del liderazgo deportivo hace especialmente difícil la separación entre estas dos dimensiones, lo que algunos autores han resuelto con la introducción de una tercera dimensión: la acción externa, entendida bien como relación con el entorno o imagen externa que transmite el líder (Kogler-Hill, 2001), bien como función del líder de ser portavoz o representante del grupo (Dupuis, Bloom y Loughead, 2006). En segundo lugar, otros autores describen, bajo la de- nominación de “integración de rol” (Rees, 1983; Rees y Segal, 1984; Kozub y Pease, 2001), la fa-

cultad de los líderes deportivos de combinar la orientación instrumental y la social, alcanzando pun- tuaciones máximas en ambas dimensiones.

Una segunda cuestión que identificamos en los estudios dedicados al liderazgo deportivo es la an- teriormente referida distinción entre liderazgo formal e informal. El liderazgo formal, el ejercido por el entrenador, ha suscitado mayor interés por parte de las ciencias sociales, mientras que liderazgo informal ha tenido que importar y adaptar sus herramientas de medición del liderazgo formal o del ámbito organizacional (Torrado, 2012).

Coincidiendo con las perspectivas teóricas sobre liderazgo en organizaciones y equipos de trabajo, los paradigmas explicativos del ámbito deportivo también se apoyaron, durante las décadas cen- trales del siglo XX, en las teorías de los rasgos universales y situacionales, para migrar, durante los años setenta, hacia explicaciones basadas en la evaluación de conductas de entrenadores (Ca- rron, 1988). En 1980, Challendurai revisaba los modelos conductuales, destacando el de Smith, Smoll y Hunt (1977) sobre el sistema de asesoramiento de los entrenadores deportivos o el modelo normativo de toma de decisiones de Challedurai y Haggerty (1978). A estas explicaciones, Challe- durai añadió el modelo multidimensional de liderazgo, que se fue consolidando como uno de los más conocidos y aplicados (Crespo, Balaguer, 1994).

El modelo multidimensional sobre liderazgo formal (Challedurai, 1978, 1990; Challedurai y Saleh, 1978) tiene la ventaja de ser especialmente diseñado para el ámbito deportivo (Hernández Mendo, 2005) y parte de explicar la eficiencia del entrenador en base a conseguir la congruencia de tres aspectos conductuales: comportamiento requerido, comportamiento real y comportamiento preferido por el equipo. Asociado a este modelo, Challedurai y cols. crearon también un instrumento específico de medición, denominado Escala de liderazgo en el deporte –Leadership Scale for Sports(Challe- durai y Saleh, 1980)–, que se estructura en cinco bloques centrados en medir: nivel de entrenamiento e instrucción, comportamiento democrático, comportamiento autocrático, apoyo social y feedback

positivo (Hernández Mendo 2005; Ruiz, 2007).

La investigación sobre el papel del entrenador en los equipos deportivos ha generado varios con- ceptos, entre los cuales Hardy (1985) o Balaguer (1994) listan los de instructor técnico, maestro, motivador, juez, director-líder, administrador, relaciones públicas, asesor, amigo, padre o madre, científico, actor, político o estudiante. Por su parte, Carron (1988) define dos funciones del entre- nador, la de procurar la satisfacción de las demandas organizacionales y asegurar el cumplimiento de las necesidades y aspiraciones de todo el equipo.

Numerosos estudios empíricos reflejan la ventaja que supone para el equipo que los líderes tengan una conducta democrática y de reforzamiento positivo (Noce, 2013). Así mismo, existe evidencia sobre la relación positiva entre la eficiencia del liderazgo formal y la calidad del clima organizacional (Alves, 2000; Ruiz, 2007; Liukkonnen y Salminen, 1996). Sin embargo, Álvarez, Castillo y Falcó (2010) señalan una carencia de trabajos que estudien el liderazgo en el contexto del alto rendimiento de- portivo, lo que quizá se pueda deber a la complejidad de su análisis, que ya en 1979 anunciaba Burns.

Por otra parte, el liderazgo informal, también llamado entre iguales, se refiere al papel que desem- peña(n) cierto(s) miembro(s) del equipo sobre sus compañeros. Los estudios centrados en el liderazgo informal son más escasos en la bibliografía disponible (Torrado, 2012). Si bien estos trabajos se apoyan en una visión integradora del binomio clásico (orientación instrumental versusorientación social), observamos la especial atención de los autores hacia la dimensión social. En general, son cuatro los aspectos que se incluyen entre los aspectos sociales del liderazgo informal: apoyo social, influencia en la toma de decisiones, valores deportivos y empatía (Arce y cols., 2011; Torrado, 2009; Wright y Cote, 2003; Weiss y Stuntz, 2004).

En comparación con el liderazgo formal ejercido por el entrenador, Loughead y Hardy (2005) desta- caron el perfil más autoritario de los entrenadores y su motivación por la mejora del nivel de juego, mientras que los jugadores líderes muestran, según estos autores, un perfil más democrático, mayor apoyo social y más feedbackpositivo. Otra variable que se ha tenido en cuenta en el estudio del li- derazgo informal fue la posición en el campo. Según Gill y Perry (1984) y Lee, Coburn y Partridge (1983), una posición delantera en el campo podría conllevar una mayor capacidad de liderazgo y, a la vez, un líder informal se podría sentir más cómodo en una posición de juego más privilegiada. Una segunda cuestión diferencial en la literatura sobre liderazgo en el deporte, también heredada del ámbito organizacional y laboral, aunque puesta a debate en menor medida en el ámbito del de- porte (Álvarez, Castillo, Falcó, 2010), parte de la distinción entre liderazgo transaccional y transfor- macional (Bass, 1985). Las características del liderazgo transaccional parecen predominar en los equipos deportivos, sobre todo en aquellas especialidades deportivas con alta normativización, donde se hacen necesarias acciones correctivas técnicas y tácticas (Álvarez, Castillo, Falcó, 2010; Rowold, 2006). En estos casos, el estilo de liderazgo transaccional parece asociarse con la eficacia de los entrenadores (Beauchamp, Welch y Hulley, 2007; Charbonneau, Barling y Kelloway, 2001; Rowold, 2006; Zacharatos, Barling y Kelloway, 2000), cuya conducta tiene una importante función motivacional, inspiradora y social para el equipo (Gomes, Cruz y Sousa, 2006).

Por otra parte, el liderazgo transformacional también tiene una incidencia en el contexto deportivo (Antonakis y cols., 2003; Rowold, 2006), a medida que se ha mostrado que una actitud y comporta- miento transformacional de los líderes formales e informales incide en la adopción de conductas transformacionales por parte de los equipos (Zacharatos y cols., 2000). También Álvarez, Castillo, Falcó (2010) señalan que el liderazgo transformacional fomenta el esfuerzo, dedicación o adherencia al entrenamiento por parte de los deportistas, a la vez que aumenta su satisfacción y percepción positiva acerca de sus entrenadores.

Por tanto, ante la variedad de enfoques de estudio sobre el liderazgo deportivo, debemos tener pre- sente que pueden predominar ciertos aspectos y niveles de análisis sobre el liderazgo formal o entre iguales –dentro de los diferentes tipos y especialidades deportivas existentes, nivel de ren- dimiento considerado como meta, tamaños de los equipos, tipo de liderazgo ejercido, etc.–, con lo que obtendremos una amplia tipología del liderazgo deportivo y diversos resultados, a veces incluso con resultados contradictorios, sobre las funciones sociales, tanto internas como externas al equipo.