In-Depth Review of “Processes” Related Clusters
6.3 Team-Level Processes: Interactions in ETs
El 2 de febrero de 1851 a las diez de la noche, según consta en su acta de nacimiento65, nació José Guadalupe Posada en la ciudad de Aguascalientes. Era hijo de Germán Posada, de oficio panadero, y de Petra Aguilar. Tuvieron seis hijos, de los cuales el cuarto fue José Guadalupe. Desde muy pequeño le gustó dibujar. De 1873
61Véase C. Lomnitz, Idea de la muerte en México, p. 360.
62 Eduardo del Río, Posada, el novio de la muerte, Grijalbo, México, 1996, p. 8. 63 Ibídem, p. 9.
64 La Catrina de Posada en realidad no es La Catrina; su nombre real es La Calavera garbancera. Los
garbanceros o las garbanceras eran los indígenas que querían ser como los españoles, y no como indígenas. El popular símbolo de la muerte, La Catrina, no fue bautizada por su creador, José Guadalupe Posada, asegura Agustín Sánchez González, investigador del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap). Señala que no es que Rivera le haya cambiado el nombre, sino que cuando se hizo el primer libro de Posada, en los años 20, Rivera observó la obra del grabador y se le ocurrió llamarla La Catrina y la dibujó con vestimenta en el mural Sueño de una
tarde dominical en la Alameda Central. “Normalmente se le atribuye a Posada su nombre y vestimenta, y
eso se debe a la ignorancia de los críticos y de la sociedad. La creación de Posada solo fue la cabeza y el busto”, señaló el especialista, que agrega que fue Rivera el que marcó la pauta en términos estéticos de lo que era nacionalismo y lo que no, “es decir, marcó lo que debiera ser mexicano. Las tehuanas no eran un símbolo nacional, sin embargo, bastó con que lo dijera Rivera para que se convirtiera en un icono nacional. Entonces, cuando Rivera rescata a La Catrina le pone nombre; gráficamente Diego palomeó lo que es bueno y lo que es malo en la cultura mexicana”. El Financiero en línea, martes 3 de febrero de 2009. Fuente: http://renegadosensutinta.blogspot.com/2009/02/quien-bautizo-la-catrina-
de-posadadiego.html, junio de 2009.
hasta 1887 trabajó y dirigió una escuela en la ciudad de León, en el estado de Guanajuato. Después de aprender el oficio de grabador en el taller litográfico de don Trinidad Pedroza, se trasladó a la capital mexicana en 1887. Se casó con María de Jesús Vela. En 1876 Trinidad Pedroza le había vendido su taller de Aguascalientes, pero lo perdió con la “terrible inundación de 1888. La peor del siglo”.66 Entonces vuelve a la ciudad de México y se instala en la calle de Moneda, en el centro de la ciudad. Nadie conoce al hombre de provincia y nadie le compra sus grabados, excepto don Irineo Paz, abuelo del poeta Octavio Paz, que enseguida percibe su talento y lo contrata para ilustrar La Patria Ilustrada junto a José María Villasana, otro de los mejores caricaturistas de aquella época. Con buril y directamente en láminas de cinc, Posada comienza a cincelar su propio mito, pues su obra conforma su biografía. De su vida privada poco se sabe; sólo existen dos fotografías que lograron captar a Posada, una en la que está con su hijo y otra en la que aparece fuera de su taller de la calle de Moneda, junto a la iglesia de Santa Inés. Su hijo murió prematuramente, por lo que la descendencia quedó truncada.
Por la misma época conoce a Manuel Manilla, el padre de las calaveras. Éste, solidario, lo presenta a Antonio Vanegas Arrollo, su editor, con quien Posada desarrollará su gran obra.67 Comienza a trabajar a sueldo desde el primer día hasta que muere en 1913. Trabajó ilustrando distintos diarios: Argos, La Patria, El Ahuizote y El
hijo del Ahuizote. Estos diarios y las hojas volanderas de color, de tradición española,
llamadas en Méjico “corridos”, llegaban a los lugares más apartados de la República68. De cualquier forma, México está unido a la muerte, y nunca como en aquella época. “Si hay un país que conoce íntimamente la muerte, que se duerme con ella y se levanta con ella, ese es México. […] Incluso en México la muerte no tiene salida”, dijo José Saramago en una entrevista.69
66Ibídem, p. 28.
67 “Si es indiscutible lo que dijo Auguste Renoir: que la obra de arte se caracteriza por ser indefinible e
inimitable, podemos decir que la obra de Posada es la obra de arte por excelencia. Ninguno imitará a Posada: ninguno definirá a Posada. Su obra, su forma, es toda la plástica: por su contenido, es toda la vida. Cosas que no pueden encerrarse dentro de la miserable gaveta de una definición. Diego Rivera”. (Citamos por E. del Río, Posada, el novio de la muerte, p. 11).
68 “Romances impresos en hojas volantes, adornados con ilustraciones al texto, se recibían desde hacía
mucho en Méjico, procedentes de España; en el Museo Nacional se conservan algunos romances españoles, fechados en 1736. Estos impresos españoles sirvieron de modelo a los mexicanos, quienes crearon ‘el corrido’, o sea, una modalidad del romance, que se canta con un ritmo especial”. Justino Fernández, El arte Moderno en México. (Citamos por Luis Seoane, José Guadalupe Posada. Las
calaveras y otros grabados, Nova, Buenos Aires, p. 8).
Muere Manilla en 1895 y Posada se coloca como el primer grabador de México. Su trabajo es rico en técnicas y trazos que imitan el grabado europeo. Vanegas Arroyo, el poeta oaxaqueño Constancio Suárez y José Guadalupe Posada conforman un trío que crea en México un nuevo tipo de periodismo que llega a las clases populares a través de las hojas “de papel volando”, que costaban un centavo y anunciaban los sucesos más notables.70
Inmerso en la vida porfiriana con su oropel y sus excesos, Posada no era ajeno a la tragedia del hambre del pueblo, la explotación del campesino, la brutalidad de la policía y el ejército, y la farsa electoral; todo quedó patentado en su obra. En él converge la imagen del indio –representada por sus trazos burdos y por ende, no apta para figurar en los pasquines de moda– y la civilidad simbolizada en su trabajo desarrollado con planchas de metal de técnica importada.
Posada plasmaba imágenes a las que la fotografía no tenía acceso. Fue un grabador preciso y contundente, como ahora puede ser una cámara digital con la que podemos retratar la realidad en toda su efervescencia y retocarla hasta exacerbar su realidad. Posada no necesitó de retoques, simplemente plasmaba en un lienzo un corpus completo de la realidad mexicana signada por momentos críticos con los que ha estado sembrada su historia. En sus imágenes podemos ver la denuncia en volantes de los campos de concentración en Oaxaca, reseñas de motines populares que denuncian el hambre, brotes organizados contra el partido porfirista, ya desde entonces afiliado al Partido Revolucionario Institucional, y los mítines anti-reeleccionistas de Madero.
Todo esto fue posible por un antagonismo ancestral: los grupos indígenas vivían en eterna batalla por dominar el uno al otro. Dos culturas antagónicas convergían en México; por un lado, una que intentaba imponerse sobre los significados de la vida cotidiana; por otro, la que se resistía a la dominación. El gobierno calificaba de bandidos a los que se oponían a los abusos de los encargados de imponer el orden, y Posada los convertía en héroes o enemigos del sistema. Las calaveras comenzaron a circular para enjuiciar a las figuras públicas y al régimen. Eran la contraparte de la muerte solemne y dolorosa. Eran un coqueteo de la muerte descarnada y la broma. Si el mexica mexicano, habitante de la tierra de Anáhuac ya estaba muerto de antaño, qué más daba vestir su cotidianidad de muerte. Posada plasma el horror de la gente del pueblo y comienza a vestirlo de gala. Dejó a un lado los exordios y se adelantó a la pena
70Después de 1900, Posada adoptó la técnica de la zincografía. Se inspiró en los litógrafos de la revista La
de una manera magistral: en lugar de compadecerse del pueblo, lo vistió de fiesta con una asombrosa creatividad. Es un grabador que parece reproducir el antiguo tema de
vanitas71:
“Nos ossos que aqui estamos pelos vossos esperamos [Los huesos que aquí estamos por los vuestros esperamos]”.72