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Technical details of Stripe integration

5.6 Challenges faced in the implementation process

5.6.5 Technical details of Stripe integration

Por Enrique Ruiz Alba

“Todo empezó cuando tres vaqueros a! servicio de Richie arreaban ganado por el rumbo de Dautillos. Fue entonces cuando hicieron el macabro hallazgo; el cuerpo calcinado de un desconocido. Los vaqueros colocaron una rama sobre el cadáver y me mandaron avisar. La tuve que hacer de representante social, como tantas veces, porque en Navolato no había Agencia del Ministerio Público.

El delegado Alejandro Armenta me dio la noticia, nos fuimos por el Dr. Burgueño al Centro de Salud y antes de salir a Dautillos nos comimos unos tacos, porque ya sabíamos que después de ver el cadáver no podríamos comer. Tú sabes, el hedor de carne humana es el más penetrante de todos cuantos hay en la tierra ...

A la sombra del fresco portal casero, Belem Torres, ¡el viejo y sabio Belem!. Hoy emérito, narra el presente episodio, uno de tantos en que figuró como actor principal en su prolongada y pintoresca carrera de funcionario público. Arrellanado en la oscilante poltrona, con su sempiterna sonrisa adornando su rostro arrugado como huella del tiempo, continúa su relato.

“Llegamos al lugar indicado y procedimos a realizar la investigación. Cerca del cuerpo carbonizado había unas huellas de llantas angostas, lo que me hizo deducir que el tipo aquel fue llevado en un carro chico hasta aquel lugar. “Cerca de esas huellas encontramos varios casquillos de balas, confirmando nuestras sospechas de que se trataba de un asesinato, pero además indicios sobre la arena de que la víctima fue arrastrada desde el sitio donde lo mataron hasta donde fue encontrado, para empaparlo de gasolina y prenderle fuego”.

JUSTICIA CON SE.NTIDO COMÚN

¿El clásico ajuste de cuentas entre narcos?..

“Realmente no pudimos deducir otra cosa. Se trataba de un hombre aniquilado por cierta “cosita”.

¿Lograron identificarlo?

“Fue sumamente difícil. Estaba carbonizado, la ropa tostada al igual que el calzado. El único indicio que se obtuvo en el momento era el encontrar pedazo de cuello de la camisa que no fue consumido por el fuego. La camisa era de marca “gringa”, fina, auténtica de Estados Unidos. Llegamos a la conclusión de que el asesino era un “gringo”.

Enterramos el cuerpo y le pusimos una cruz de mangle para identificar la tumba provisional. Yo le calculé al muertito entre 23 y 25 años. Levanté el acta y di aviso a Culiacán. Al día siguiente llegó una partida de judiciales comandada por un tipo al que apodaban el “Macho Prieto”, quien fanfarronamente aseguró que en tres días aclararían el caso, pero pasaron dos años y nada; el crimen seguía en el misterio y nadie reclamó el cadáver.

¿Se logró al fin el esclarecimiento?.

“Después de mucho tiempo. Resulta que un día llegaron unos norteamericanos buscando a un paisano, y me pidieron que les mostrara el expediente del difundito. Acudí a la Agencia del Ministerio Público en Culiacán y me fue proporcionado; entonces los tres “gringos” y algunos judiciales, entre ellos un amigo de Tijuana, me pidieron los acompañara hasta la rumba donde sepultamos el cadáver. ¡Cuál sería nuestra sorpresa al encontrar dos tumbas más junto a la que nosotros habíamos hecho!.

¿Otros dos asesinatos?.

“No, simplemente no observamos al enterrar al “gringo" que ya estaban aquellas tumbas, en una de las cuales, sabríamos después, estaba enterrada una niña que pereció ahogada y, en la otra, el padre de Crucíta Orduño, esa muchacha que fue Síndico de Altata y actualmente regidora en el Ayuntamiento de Navolato que encabeza Wulfrano García”.

BELEM TORRES Y SÜS ANÉCDOTAS

¿Cómo precisaron la tumba que correspondía al “gringo”?

“Por simple deducción, medimos la distancia que mediaba entre el sitio donde vimos las huellas del carro en la primera investigación hasta el lugar de la sepultura, distancia que quedó consignada en el acta que levanté. Nuestro cálculo se vio corroborado con la aparición de partículas de arena quemada al remover la fosa para proceder a la exhumación. Allí estaban los restos del asesinado".

Don Belem hace una pausa para callar a unos nietos que retozaban en torno a lugar de la entrevista, logrando lo cual y con aires de satisfacción por haber impuesto su paterna autoridad, me habla sobre la identificación del cadáver.

“ Les pregunté a los gabachos que cómo iban a reconocer al difunto después de tanto tiempo de enterrado y dada la carbonización de que fue objeto, y su respuesta en español -lo hablaban muy bien- fue en el sentido de que la obtendrían a través de una placa metálica, un trabajo dental especial que le hicieron en vida y del cual traían la lámina fotográfica correspondiente. “Si la encontramos -dijeron- tendremos la pista para establecer su identidad, pero también el esclarecimiento del crimen”.

“Realizada la exhumación y en un ambiente fétido provocado por el rescate de los putrefactos restos, los gabachos tomaron la cabeza con asombrosa naturalidad y procedieron a lavarla, para enseguida examinarla minuciosamente. Sus cabezas se movieron en ademanes de asentimiento al descubrir la placa y confirmar con la fotografía que se trataba de la misma, por tanto el asesinado era el hombre que buscaban. Seguros de ello, me mostraron una fotografía del difuntito en la que estaba anotado su nombre, su dirección y fecha de nacimiento, y fíjate que atinada le pegue en cuanto a su edad, pues en el acta que levanté quedó asentado mi cálculo de que el occiso tendría entre 23 y 25 años, y resultó que exactamente contaba con 24 al morir”.

JUSTICIA CON SENTIDO COMÚN

¿Ahí concluyó el caso?

“No, de momento echaron la cabeza y demás restos en un costal para llevárselos a Estados Unidos a darles sepultura. Luego nos invitaron al médico legista y a mí a comer al restaurante de doña Loreto en Altata, fue en ese lugar donde doña Loreto nos informó que en una de las tumbas que encontramos estaba sepultado don Nabor Orduño, fallecido a causa de una accidente. Yo de plano no pude comer, me afectó bastante la exhumación y el olor putrefacto de carne humana”.

Quien pensaría que a resulta del caso que se narra, Belem Torres, habría de traspasar por vez primera en su vida las fro n te ra s m exicanas, y eso o cu rrió en circunstancias en un tanto extrañas como se verá enseguida.

A poco de haber regresado los extranjeros a su país, Belem recibió un llamado telefónico de Tijuana invitándole a pasear a los Estados Unidos con todos los gastos pagados. A los pocos días recibió de San Diego, California, en igual sentido, sólo que en ésta ocasión se le pidió que fuera acompañado del médico legista, es más, le fue ofrecido que vendrían en avión por ellos.

Pero dejemos que él continúe el relato. “Se trataba de gomero, de narcotraficantes, y lo que deseaban era que acudiéramos a una corte del vecino país para rendir declaración sobre el caso del “muertito", auerian nuestro testimonio no sé con qué fines, a lo mejor -pensé- trataban de cobrar algún seguro de vida o simplemente que las autoridades de aquel país tuvieran conocimiento oficial de la muerte de su paisano”.

“Yo la pensé, ¡caray!, Porque se trataba de narcos, pero me fui a Culiacán, a pedirle consejo al Presidente del Supremo Tribunal de Justicia, quien al calor de una taza de café que me invitó le platiqué la historia. Me dijo “La decisión es tuya, por mi no hay inconveniente, si quieres irte autorizo los días que sean necesarios”.

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