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La pobreza constituye una problemática de gran magnitud y complejidad, que implica múltiples relaciones entre diversos factores o aspectos (Duncan, Brooks-Gunn & Klebanov, 1994). Por ello, diversos autores han señalado la dificultad para definir de manera unánime el término pobreza y, en consecuencia, establecer una forma de operacionalizarla y de estimar su impacto en el desarrollo infantil. Esto resulta relevante ya que en función de cómo se defina la pobreza en tanto fenómeno, se determinarán las consecuencias de la misma en el desarrollo de los niños (Aber, Bennet, Conley & Li, 1997; Bradley & Corwyn, 2002; Segretin, Lipina y Petetta, 2009; Vinocur, 1999).

según el marco teórico, la manera de definirla varía. Desde la economía, la pobreza se define a partir de la insuficiencia de ingresos, pudiendo distinguirse entre una pobreza absoluta y una pobreza relativa (Aber et als., 1997; Vinocur, 1994). La primera, hace referencia al establecimiento de una línea de pobreza en base al acceso a una serie de bienes y servicios básicos, que permiten satisfacer ciertas necesidades determinadas cultural e históricamente. Según esta definición, el valor de la línea de pobreza puede variar entre las diferentes regiones y países del mundo y a través del tiempo también. La segunda, implica la distribución del ingreso en los hogares, teniendo en cuenta que, en diferentes momentos históricos e independientemente del acceso a ciertos bienes y servicios estipulados, siempre habrá sectores sociales con menos ingresos que otros. Estos sectores con menos ingresos son más pobres que el resto, y esto marca el carácter más o menos equitativo de la distribución de ingresos en una sociedad (Aber et als., 1997; Vinocur, 1999).

La pobreza puede ser considerada como un fenómeno social, cuya definición abarca diferentes perspectivas, tanto la referida al acceso a bienes materiales, como la concerniente a los bienes culturales. Desde este enfoque, la pobreza implica no sólo el acceso restringido a bienes materiales básicos de consumo y bienes culturales en una situación de creciente exclusión social, sino también, la consideración de que dichos bienes poseen una valoración cultural e histórica al igual que las situaciones de exclusión social, y que son los sujetos en sus relaciones los que definen estas situaciones, las autorizan y las sostienen (Aber et als., 1997; Vinocur, 1999).

Aber & y cols. (1997) estimaron que ser pobre puede significar diferentes cosas e identificaron, en la población norteamericana, dos grupos que

experimentan la pobreza de diferente manera: los pobres transitorios y los pobres persistentes. Los primeros, son aquellos que experimentan la pobreza de forma momentánea, pero luego de un lapso, logran salir de este grupo. Los segundos, son pobres por un largo período o durante toda la vida. En ambos casos, las fluctuaciones de los ingresos son las que determinarían que los individuos se sitúen en determinado grupo. Para conocer la dinámica de la pobreza, entonces, un criterio a considerar puede ser el longitudinal, referido al tiempo en que los sujetos se sitúan como pobres transitorios o persistentes según las fluctuaciones de sus ingresos o de su riqueza.

Sobre este último punto, se tuvieron en cuenta como criterios para definir la pobreza a los ingresos y a la riqueza. Los ingresos hacen referencia al dinero ganado por una familia durante un año, incluyendo las fluctuaciones del mismo. La riqueza, en cambio, representa los recursos disponibles en términos de dinero disponible, ahorros y bienes materiales extras (por ej. propiedades, automóviles, etc.). Pero, así como los ingresos anuales pueden sufrir fluctuaciones, la distribución de la riqueza puede ser despareja. La riqueza refleja, a largo plazo, diferencias geográficas en cuanto a las posibilidades de ahorrar y/o heredar bienes materiales. En general, las familias pobres suelen no disfrutar de herencias materiales que alivianen las presiones económicas, a lo cual se suman las fluctuaciones en los ingresos que pueden llegar a generarles deudas acumuladas (Aber & cols., 1997).

Al respecto, en nuestro país y en América Latina, se han diferenciado dos grupos de pobres: los pobres estructurales y los nuevos pobres (Minujin y Lopez, 1994; Vinocur, 1999). Los primeros, suelen poseer un escaso nivel de instrucción o escolarización y altas tasas de fecundidad. Residen en las zonas

periurbanas en condiciones de hacinamiento, en hábitats con déficits en cuanto a materiales de construcción y servicios básicos como agua potable y energía eléctrica. Tienen dificultado el acceso a los sistemas de salud y educación. La inserción en el mercado laboral suele ser inestable y precaria, lo cual dificulta el acceso a la seguridad social y a un ingreso seguro. Esta forma de caracterizar la pobreza se vincula con la categoría de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) elaborada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos –INDEC- (INDEC, 2001a; Minujin y Lopez, 1994; Vinocur, 1999).

En un modelo de desarrollo social y económico basado en el paradigma del progreso inherente a la modernidad, los pobres estructurales conformaban una herencia del pasado rural, una minoría que lentamente podría ser incorporada a la vida productiva y social plena a través de políticas de vivienda, educación y salud. Pero, con el paso del tiempo, esto no sucedió. La población de pobres estructurales no desapareció, y podría pensarse que las políticas implementadas fueron insuficientes para resolver el problema de forma estructural, dando lugar al surgimiento de una nueva forma de pobreza (Minujin y Lopez, 1994; Vinocur, 1999).

Los nuevos pobres, a diferencia de los anteriores, han sufrido un proceso de movilización social descendente. Habrían alcanzado un nivel de instrucción superior al de los primeros; residen en su mayoría en las zonas urbanas y periurbanas en viviendas sin déficits en cuanto a materiales de construcción y servicios básicos como agua potable y energía eléctrica. Tienen acceso a los sistemas de salud, seguridad social y educación; sus familias son más pequeñas. La inserción en el mercado laboral progresivamente se ha tornado inestable y precaria (Minujin y Lopez, 1994; Vinocur, 1999).

Minujin y Lopez (1994) señalaron que la combinación de dos criterios, la línea de pobreza y las NBI, es lo que permite diferenciar entre pobres estructurales y nuevos pobres o pauperizados. Los pobres estructurales poseen NBI, más allá de su nivel de ingresos; los nuevos pobres poseen ingresos inferiores al valor de la línea de pobreza pero poseen sus Necesidades Básicas Satisfechas (NBS). Cabe señalar, que el nivel de pobreza es siempre relativo e histórico porque surge de considerar que en una sociedad de mercado, el acceso a bienes y servicios está determinado por los ingresos disponibles en el hogar por parte de cada miembro. Además, el nivel básico se determina según pautas culturales y el nivel de desarrollo alcanzado por una sociedad (Aber & cols., 1997; Minujin y Lopez, 1994; Vinocur, 1999).

Entonces, como puede apreciarse, proponer una única definición de pobreza no parece posible; sin embargo, el aunar los factores referidos a la insuficiencia de ingresos y a las carencias culturales, permite arribar a una conceptualización en la que se la entienda como un fenómeno social. Desde esta perspectiva, lo que se entiende por pobreza, las formas de clasificarla y la valoración de los bienes materiales y culturales, son cuestiones definidas histórica y culturalmente. En este sentido, las clasificaciones de grupos humanos como pobres transitorios o persistentes, y como pobres estructurales o nuevos pobres, dan cuenta de que el fenómeno no se manifiesta de manera homogénea a nivel social. En el primer caso, los factores esenciales que permiten establecer la diferencia son el temporal y las fluctuaciones de ingresos; en el segundo caso, la distinción se hace en base a la insatisfacción de necesidades básicas. Cabe tener en cuenta que, en ambos casos, el acceso a la satisfacción de determinadas necesidades es definido social y

culturalmente, por tanto, es también en el marco de relaciones sociales en que se sostienen y autorizan las situaciones de pobreza en las que viven algunos sujetos. Así, la pobreza constituye una problemática social cuyo análisis parece requerir de la consideración de múltiples aspectos y perspectivas teóricas que exceden el marco del presente trabajo.

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