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3. Practising Pharmacists

3.6 Technology Requirements

“Max Scheler, al hablar sobre emociones, distingue entre emociones en cuanto “reacciones” y emociones en cuanto “actos”, que el hombre los vive separadamente. Las reacciones emocionales carecen de intencionalidad, resultando estados o procesos pasivos que el Yo se contrae a vivir, padecer o gozar; mientras, los actos emocionales son intencionales y tienen por tanto un “SENTIDO”, pues la persona toma parte en su generación, es decir, se dirige o a la captación, o intuición de “VALORES”: lo bello, lo bueno, lo justo, lo santo, etc., o a preferir o postergar valores en su rango; o al amor u odio”78.

Respecto a los sentimientos superiores que Scheler llama espirituales, ser refiere al hombre como persona, esto es, al ser que en lo íntimo de nosotros está interesado en la realización de los valores.

En anteriores párrafos, citamos a Emmanuel Levinas, “el más grande metafísico actual de inspiración personalista, y quien plantea la relación prójimo-masas humanas en la perspectiva de una filosofía intersubjetiva o dialogal, o también “el humanismo del

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otro”. Esta tendencia se ilumina con la palabra y el amor.

Dijimos, que la palabra no sólo es un medio de comunicación sino también sirve como un medio de personalización, claramente dada en la estructura dialógica interpersonal de la existencia; pues el hombre no descubre su propio Yo sin la llamada del otro. Por ello en “la celebración de la palabra” de los actos religiosos, se tiene la llamada de Dios a nuestro Yo, y nos mejora cualitativamente.

También se ilumina el diálogo con el otro con el amor, y cuya fenomenología nos conduce a decir: “yo necesito de los otros para ser yo mismo. No puedo realizarme como la persona que tengo que llegar a Ser, yo no recibo de los demás su respeto, su estima, su admiración, su AMOR, su reconocimiento y su compañía”79.

Pues, para la propia valoración se necesita la valoración de otros; para descubrirme, mirarme en el espejo de los demás.

Por eso con acierto nos dice el teólogo Schillebeecks: “el hombre no descubre lo que tiene en lo más profundo en sí mismo para dar a los otros, para

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escucharles, prestar atención a su vida, situarme en su punto de vista, servirles, ayudarles a ser más libres y a crecer por sí mismos. El amar al otro me arranca de la propia subjetividad, desata mis fuerzas creadoras y las pone al servicio del reconocimiento de los demás”80

“El hombre como una estructura abierta pone de manifiesto dos dimensiones; su menesterosidad y su dadivosidad, pues el hombre es un ser indigente y un ser oferente”81.

Cuando hablamos del amor, más que del “amor-deseo” (aspecto posesivo) hablamos del “amor-don”, del aspecto oblativo del amor.

En la agapología cristiana, se advierte y discrimina la polisemia de la palabra amor, ya que puede referirse al amor de la patria, al amor al trabajo, al amor entre padres e hijos, al amor al prójimo, el amor a Dios. Por ello, se distingue entre Eros (amor entre hombre y mujer), ágape (amor que da un bien sin buscar nada), y la plúlia (amor de amistad).

Por el Eros, el cristianismo ha sido criticado por Friedrich Nietzsche, quien sostuvo que el cristianismo, “había dado de beber al EROS un veneno, el cual,

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Carta Encíclica.- Deus Caritas Est. Op. Cit. Pág. 9

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aunque no le llevó a la muerte, le hizo degenera en vicio”82. En efecto, la Iglesia se opuso porque resultó siendo una prostitución “sagrada” que se daba en muchos templos y se celebrada como fuerza divina, como comunión con la divinidad; para luego, exigir disciplina y purificación., esto es, sanearlo por la dignidad del hombre así, “el amor es ocuparse del otro y preocuparse por el otro. Ya no se busca a si mismo, sumirse en la embriaguez de la felicidad, sino que ansía más bien el bien del amado: se convierte en renuncia, está dispuesto al sacrificio, más aun lo busca”83

En el amor ágape libera al Eros, no anulándolo sino clasificándolo y descubriendo el verdadero valor de la persona amada; es decir, el Eros como término para el amor “mundano” y ágape como denominación del amor fundado en la Fe y plasmadas por ella. El primero es amor “ascendente”, y como el segundo es amor “descendente”. En el debate filosófico-teológica, se radicalizó estás distinciones; pero lo típicamente cristiano sería el amor descendente, oblativo es el Eros, el ágape precisamente; pero para la cultura no cristiana es el Eros o el amor ascendente, vehemente y posesivo.

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García ampudia Lupe.- Op. Cit. Pág. 34

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Puede afirmarse que el Eros de Dios para con el hombre es a la vez ágape; pues, no sólo porque se da del todo gratuitamente, sin ningún mérito anterior, sino también porque es amor que perdona. Así, el amor apasionado de Dios por su pueblo, por el hombre, es a la vez un amor que perdona.

De este amor que se describe, como novedad, se conoció con Cristo, y se dijo: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”; pues, “Dios es amor, y quien permanece en Dios y Dios en él” (I Jn 4, 16)84.

Hemos creído en el amor de Dios”: así puede expresar el cristiano la opción fundamental de su vida. Pues, no se comienza a ser cristiano por una decisión ética (¿Kant?) o una gran idea (Hegel), sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona queda un horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.

3.2.3.3. Sustento científico de la palabra y del amor cristiano

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