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Un primer aspecto para tener en cuenta es que la participación de los sectores populares es escasa o nula en la mayoría de los documentales, con excepción de Oiga Vea como ya se ha dicho. La mayoría de los testimonios presentes en el trabajo de Ospina y Mayolo provienen de habitantes del barrio el Guabal. El documental permite apreciar la brecha social y la segregación socio- espacial entre las clases altas y los sectores populares. Ahora bien, con respecto a la renovación urbana de Cali, no solo se realizó para responderle a las justas deportivas, sino también por los

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problemas que aquejaban al gobierno, debido a la intensa explosión demográfica en la ciudad. Durante la alcaldía de Holguín se promulgaba el plan “Cali, ciudad nueva”, conformado por conjunto de obras urbanísticas para la realización de los Panamericanos. En el reportaje Cali, ciudad nueva, Holguín explica a qué se debe la importancia del programa:

[…] comprende una serie de obras deportivas, urbanísticas y sociales que quedaran para el servicio de la comunidad y la recreación del pueblo entero. Fueron programadas y realizadas con el criterio de satisfacer, al menos parcialmente, una extensa gama de necesidades y llenas inmensas carencias de que adolecía la ciudad en distintos campos […]. (El País, 1971)

Se creó un programa de ampliación de servicios públicos que principalmente consistió en: 1) ampliación de la planta de acueducto del río Cauca y la construcción de la planta de bombeo de aguas negras del rio Cauca, 2) instalación de una red de teléfonos públicos en los barrios populares y 3) iluminación de las vías públicas. Por lo que se refiere al plan de interconexión de los barrios populares, fue fundamentalmente un plan vial en el cual se invirtieron cerca de 250 millones para la construcción de alrededor de 120 kilómetros de avenidas, de las cuales “un 99% de su extensión sobre barrios populares y periféricos de la ciudad” (Bonilla, 1971: 140).

Con estos programas, la visión institucional pretendía presentar una nueva ciudad orientada al mejoramiento de los sectores populares, en tránsito hacia su modernización a través de transformaciones urbanas. Pero, la realización de los Panamericanos partió y trascurrió a lo largo de un conflicto social, caracterizado por manifestaciones urbanas, estudiantiles y de un fuerte movimiento ciudadano. En el documental de Oiga Vea, para referirse a los Juegos, algunos

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habitantes del Guabal utilizan frases como: “una pura farsa” “perjuicio” y “Cali no estaba preparada para los Juegos Panamericanos” (Oiga Vea, 1971). Alcides Urbano, un poblador, relata como los Panamericanos significaron un perjuicio para el sector obrero:

Podemos decir que el asunto de los Juegos para el pueblo no le llega parte, puesto que eso es con plata para movilizarse, a nosotros como obreros que hemos sido nos han negado hasta un aumento que se debía haber hecho el mes de abril para acá, ni siquiera nos han pagado ese reajuste, no sabemos la convención en que quedo, el asunto de los Juegos nos ha embolatado todo eso, para el obrero ha sido un perjuicio. (Oiga Vea, 1971)

Esta imagen negativa que tienen las personas de los sectores populares sobre el evento deportivo es un aspecto constante en el trabajo de Ospina y Mayolo. En gran parte de las secuencias se resaltan los aspectos negativos por encima de los positivos, presentando las consecuencias que ha generado dicho evento. Igualmente, los habitantes señalan que se sienten aislados del evento deportivo, pues algunos consideran que el sector donde viven ha sido olvidado por el gobierno. Esto ha llevado a que consideren que los barrios populares son una parte distinta de la ciudad, que no hacen parte o que quedan por fuera de Cali.

Lo cierto es que 1/3 de la inversión de los Juegos Panamericanos fue financiado por el producto de impuestos durante cuatro años de actividad del Comité Organizador y los ingresos de las taquillas. La inversión de este comité fue 330 000 000 millones de pesos y solo 1% del presupuesto hizo parte de los aportes del gobierno nacional, departamental y municipal (Bonilla, 1971: 200). En Oiga Vea, cuando Luis Ospina interroga en la plaza de Caycedo a los comerciantes

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informales sobre el costo del evento panamericano, no existe consenso entre los entrevistados, pues, según algunas opiniones, el costo oscila entre cien y más de mil millones de pesos. Sin embargo, todos coincidieron en que el dinero proviene del pueblo colombiano. Los impuestos que pagaron los vallecaucanos fueron: 1) 10% de recargo en toda boleta de entrada a espectáculos públicos, después se generalizó a todo el país. 2) 0.10 centavos de recargo en toda cajetilla de cigarrillos nacionales. 3) 0.20 centavos de recargo en toda cajetilla de cigarrillos extranjeros. 4) 1.00 peso de recargo en cada botella de licor extranjero.

En conclusión, por más que la visión institucional pretendía presentar la inversión de los Juegos Panamericanos como un proyecto para el servicio de la comunidad, la recreación del pueblo y como un beneficio para los sectores populares, la mayoría de las personas de los barrios populares denuncian los problemas de legitimación que acarreaba el orden político y compartían un difuso sentimiento de exclusión. Dicho sentimiento fue un síntoma de la segregación socio- espacial y la brecha social, que dividía la ciudad en dos: una al occidente con mayores recursos y participación sociopolítica, y la otra en el oriente con precarios servicios domiciliarios y familias de bajos ingresos económicos (González, 2012: 8).

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