• No results found

CONVERGED ?

6.2 Temperature

Los estudios de competitividad han evolucionado, ampliando su objeto de análisis de la empresa a los países (Porter 1990, Foro Económico Mundial), a los sectores productivos (Garay, 1998), a las regiones de un país (López, 1999) y a las regiones supranacionales.

Estos trabajos han seguido tres perspectivas de análisis principales: el enfoque de determinantes (Porter 1990), que busca identificar los factores y las acciones que influyen la competitividad según la entidad de referencia; el enfoque de estructura o

integran dinámicamente los sistemas productivos y el enfoque de medición, que se basa en la construcción de modelos de medición y comparación de la competitividad a cada nivel. Estos enfoques tienen connotaciones diversas según el nivel de análisis que se adopte, a saber: la empresa, el sector, la región, el país, etcétera.

El enfoque de determinantes responde a la necesidad de establecer las relaciones de causalidad y determinación de la competitividad. Como la competitividad es una noción de síntesis de múltiples factores, este enfoque tiene por objeto establecer el peso o importancia relativa de cada factor en el desarrollo de la competitividad a lo largo del tiempo. En la medida que la noción más común de competitividad está asociada con el crecimiento económico en el mercado, los trabajos que abordan este enfoque se enmarcan en lo que se conoce como la teoría económica del crecimiento (Sala y Martin, 2000). Una limitación de este enfoque consiste en que tiende a privilegiar las variables económicas, como acumulación de capital físico, humano, investigación y desarrollo tecnológico, sobre las variables sociales e institucionales. El enfoque sistémico se basa principalmente en el estudio de las condiciones estructurales que determinan la competitividad. En primer término, identifica los sistemas que conforman y condicionan las potencialidades de la estructura económica regional. En segundo lugar, pone en evidencia las interrelaciones dinámicas entre los sistemas y elementos con la estructura. Y en tercer lugar, define las orientaciones estratégicas de fortalecimiento estructural para el mejoramiento de la competitividad en la región.

El enfoque de medición busca básicamente cuantificar los diversos aspectos que se relacionan directa o indirectamente con la competitividad. Este enfoque responde al doble objetivo de servir para comparaciones y orientar las acciones estratégicas que determinan su evolución en el tiempo. Está basado en datos sobre dos tipos de factores: por un lado, aquellos que revelan la competitividad de conformidad con los criterios establecidos, por ejemplo de producción, internacionalización, calidad de vida; y segundo, aquellos que informan sobre los elementos que determinan la

competitividad, como acumulación de capacidades de producción en factores físicos y humanos, externalidades y condiciones institucionales. Una limitación del enfoque de medición consiste en considerar a los factores de competitividad por separado sin contemplar las interacciones que los articulan.

En síntesis, la competitividad (empresarial, local, regional, nacional y/o supranacional) está relacionada con diferentes aspectos que inciden en el crecimiento económico, en el bienestar y en la sostenibilidad del desarrollo. De acuerdo con esta perspectiva analítica la competitividad está asociada con los siguientes factores:

a) Condiciones de entrada: dotación de factores, oferta ambiental y espacial, localización y niveles de acumulación de capital.

b) Condiciones de competencia: estructuras de mercado, nivel de exposición al mercado internacional, eficiencia y gestión empresarial (formación de costos y de precios, calidad de la oferta y la demanda).

c) Condiciones de transformación productiva: capacidad de generación y adopción sistémica de las nuevas tecnologías, especialmente tecnologías de conocimiento e información, para lo cual resultan decisivos los niveles de educación, investigación y desarrollo, la capacidad de las estructuras de trabajo y empresariales de adoptar las nuevas tecnologías (flexibilidad y experiencia), etc. d) Condiciones de sostenibilidad: sostenibilidad en el uso de los factores (recursos

naturales, medio ambiente), pero también sostenibilidad económica (en la capacidad financiera, en la organización social y política, en el sistema institucional, etc.) en relación con las necesidades y demandas de las próximas generaciones.

e) Condiciones de integración y cohesión social: capacidad para construir socialmente proyectos compartidos de futuro a partir de la pertenencia ciudadana a una ciudad, región o nación. Esto es, capacidad de aprovechamiento competitivo, en un contexto de globalización, de las especificidades de lo local, regional o nacional, tales como tradiciones, habilidades, destrezas, cultura,

fortaleza de las instituciones, calidad del gobierno, calidad de vida, seguridad, paisaje, herencia arquitectónica, natural y biológica etc.

f) Condiciones internas de negociación: en otro sentido, la competitividad se asocia a la capacidad de crear espacios de participación y acuerdos sociales básicos entre los diferentes grupos de interés (incluyendo las relaciones capital trabajo en las empresas), para el logro de metas compartidas de progreso y modernidad (acuerdos y compromisos institucionales).

g) Condiciones de desarrollo: nivel y calidad de vida, condiciones de equidad en la distribución del ingreso, calidad y nivel del empleo, etc., es decir, capacidad de crecer con calidad.

Al interiorizar las diversas corrientes teóricas podemos notar la inmensa riqueza que existe para tratar el tema de la internacionalización y competitividad, pero para esta investigación es importante puntualizar aquellas que de manera más directa ayudarán a fortalecer la base teórica del tema de la competitividad de las unidades productivas agrícolas, puesto que la forma en la que éstas organizan sus factores productivos en función de los nuevos escenarios plantean oportunidades y desafíos que requieren de elementos teóricos puntuales.

Después de analizar los principales enfoques para evaluar la competitividad, salta a la vista un común denominador que permite concluir que, sin importar desde qué perspectiva se estudie, el desempeño competitivo depende de la capacidad de innovar que tenga la sociedad.

La palabra competitividad deriva de la palabra latina que significa “involucramiento en una rivalidad empresarial de los mercados”. La competitividad es un concepto multidimensional en los niveles nacional, regional, industrial y empresarial.

La competitividad a nivel empresarial significa la habilidad para proveer productos y servicios en forma más efectiva y eficiente que sus competidores más relevantes (Blunsk, 2006).

Existen diferentes definiciones de competitividad, pero para esta investigación en particular se define competitividad de manera sistémica, ya que no solo se analizan las características de la empresa, sino las condiciones y dimensiones del marco competitivo externo caracterizado por los aspectos sociales y ambientales en el cual se desarrollan estas Pymes, por lo que en esta investigación se entenderá como competitividad la capacidad de acceso que tienen las empresas de incrementar su participación en los mercados tanto nacional como internacional con el apoyo de los actores sociales que participan dentro de un contexto de desarrollo competitivo territorial, puesto que en estas zonas rurales la capacidad que tienen las personas para construir su propio desarrollo es muy particular pero que sin dudas está presente.

Related documents