• No results found

Termination of FACT care

Chapter 5 : FACT in practice

5.8. Termination of FACT care

Yolanda tiene solo veinte años. A pesar de que no es de las más bellas o agraciadas, lo cierto es que tiene un enorme encanto que atrae las miradas de los chicos.

Es la reina de todas las fiestas y reuniones sociales. Los hace bailar al son de su música. Su felicidad, apertura y sensación de «ir sobrada» cautivan a todos los posibles pretendientes, que la ven como un ser inalcanzable.

Y es que, en su fuero interno es consciente de que ningún tío puede resistirse a ella. Sabe lo que tiene que hacer cuando decide que uno de ellos caerá en la red de su fascinante encanto.

Conoce todos los trucos para conseguirlo, como dice ella.

Sobre todo el que resulta infalible: dedicar todo su desdén, ignorancia supina e indiferencia a la persona que ella elige cada vez como diana.

Ángel es el pobre incauto que ha sido elegido hace poco. Como las demás víctimas depredadas por Yolanda, Ángel también pasa por varias etapas. Primero, siente extrañeza y desazón al verse relegado, ignorado y desairado a cada paso por ella. Se siente confuso, pues no ha hecho nada para merecer tamaños desprecios.

Yolanda habla con todos menos con él, se ríe con lo que cuentan sus amigos, mientras que cuando él habla mira a otro sitio aparentando aburrirse soberanamente. Varias veces ha comprobado que Yolanda bosteza tan pronto él toma la palabra.

Entonces crece la curiosidad de Ángel por Yolanda, una chica en la que apenas había reparado nunca y que, ahora, de repente le distingue a él con el «látigo de su indiferencia».

Ángel se pregunta el porqué de ese desdén y desinterés. Su curiosidad crece y le lleva a acercarse a ella para intentar saber el motivo que le lleva a portarse así con él.

Desea conocer por qué es maltratado.

Su curiosidad se transforma en enfado y resentimiento contra ella.

Sin embargo, cada vez que intenta establecer contacto con Yolanda por mail, teléfono o en persona, recibe un jarro de agua fría. Una mala cara, una mala contestación o simplemente el pasotismo y la indiferencia hacia él.

Ella nunca le contesta a sus requerimientos.

En Ángel crece la sospecha de que la mala actitud de Yolanda hacia él es algo que nace de su propia incapacidad para merecerla como amiga.

Durante innumerables noches se obsesiona pensando si ella es buena o mala persona.

Aunque Yolanda nunca le había gustado, se sorprende a sí mismo imaginándose saliendo con ella como pareja. La ve en un pedestal de divinidad al que él, pobre mortal, no puede acceder.

Al cabo de un tiempo, se siente enamorado de Yolanda. La sensación de enamoramiento crece en la misma medida en que ella le sigue dando cada vez más «caña», negándose a contestar a sus mensajes, verle o hablar con él.

Al cabo de pocas semanas, sus amigos y su familia creen que Ángel ha perdido el juicio. Ya no duerme por las noches, dándole vueltas en su mente al tema de su amor por Yolanda.

Ha «cortado» con la chica que era hasta ahora su novia porque todo este tema le ha trastornado mucho. Ya no le interesa nada ni nadie excepto la fatal Yolanda que sigue sin hacerle ni caso.

Ha abandonado incluso su trabajo porque dice que ya no está motivado.

Finalmente, al cabo de mucho pensarlo y de hablarlo con su más íntimo amigo, se decide a declarar su amor a Yolanda en persona e intentar dar un paso definitivo para que ella le acepte como pareja.

Yolanda se ríe de todo esto. Para ella no es más que un juego.

Ángel nunca le ha interesado sino como un cobaya más en su laboratorio. Le sirve para demostrarse a sí misma que puede conseguir a cualquier tipo que ella se proponga.

No es el primero que ha caído en sus redes. Ni será el último. Jugará a este juego con Ángel durante un tiempo más, mientras a ella le divierta o convenga, le cuenta a la única amiga que tiene, su psicóloga clínica. Después ya verá lo que hace con él.

Lo más probable es que, después de usado, del modo que ella vea conveniente para sus intereses, lo mismo que a los demás hombres-kleenex (así los llama Yolanda), deje tirado en la cuneta a Ángel.

Ángel pasará a ser un juguete roto más del capricho de la fatal Yolanda. Ha enloquecido por lo que él cree ser una pasión amorosa pura y está perdidamente desesperado por la posible pérdida de ese ser único y divino que le ha tenido y mantenido en vilo tantos meses, para después soltarlo.

Analizando con su psicóloga lo que siente al hacer esto, Yolanda dice que tiene una sensación de inmenso poder y control sobre la vida de los tíos que caen en ese juego, y que experimenta al mismo tiempo un enorme desprecio por ellos.

Al profundizar con su terapeuta en estas experiencias con los hombres a los que consigue tan fácilmente, Yolanda reconoce que ninguna de estas relaciones le ha producido nunca una verdadera felicidad. Todo lo más cierta satisfacción para su ego.

Dice que sabe cómo conseguir «cualquier fruta en ese mercado barato que son los tíos que ella sabe manipular». Añade que lograr a cualquier tío no depende más que de saber cómo administrar bien los tiempos y tocar las teclas adecuadas.

Le confiesa a la psicóloga su truco: «Mi método secreto es darles caña y que nunca sepan de mi interés por ellos. Todo lo demás es pan comido».

Sin embargo, a pesar de dominar la técnica de la seducción desde la manipulación, Yolanda dice que no se valora mucho a sí misma. Siente que verse obligada a recurrir a esos trucos y a manipular así a los hombres para que estén con ella es un síntoma indudable de su escaso valor real como mujer. Dice a su psicóloga que, con el tiempo, los innumerables éxitos que ha cosechado con los hombres, arrastrándolos en pos de sí le han sembrado la duda y que ya no aguanta más este tipo de vida. Desea lo que nunca ha tenido en verdad: una relación de amor auténtico pero siente que no sabe cómo conseguirla.

Al final, Yolanda también está experimentando en su vida la misma desesperación que las incautas víctimas de su capacidad de manipulación. Cuantos más éxitos consigue, menos tiende a valorar lo conseguido y a sí misma.

U

N CASO DE NARCISISMO EXTREMO

:

EL PSICÓPATA Y EL