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AFGANISTÁN, 1957

Diseñad

o p

como subraya Sakena, “una vez una mujer cuen- ta con educación, se asegurará de que sus hijos también la tengan”. Por otro lado, la prioridad de las mujeres en los programas de AIL es de justi- cia: “Desde la guerra, las mujeres afganas han sufrido abusos, sus derechos les han sido arreba- tados. Así que les damos a conocer sus derechos para que los defiendan. Algunas mujeres se han visto obligadas a casarse muy jóvenes porque no son conscientes de que pueden elegir con quién casarse”. Durante la época de los talibanes, esta labor de enseñar a las mujeres a escribir, leer y defender sus derechos hubo de realizarse en escuelas clandestinas que ofrecían todos los cursos de educación básica: “No era algo fácil, pero por la demanda de la gente acudíamos a las comunidades”. La líder de AIL sabe que su acti- vidad entraña graves riesgos, aunque nunca ha sido atacada: “Todos los días mi vida y mi progra- ma están amenazados, pero si tienes un objetivo y trabajas desde el corazón tu vida no significa mucho”. Eso sí, esta mujer luchadora responde a aquellos que consideran que AIL representa una amenaza al Islam que ella es musulmana y que esta religión es “democrática, reconoce los de- rechos de las mujeres, reconoce que han de ser tratadas con amabilidad y en igualdad”.

Sus programas no sólo se dirigen a chicas y muje- res. En 2002, miembros de AIL que se dirigían a una comunidad fueron detenidos por unos chicos armados que les espetaron: “Ofrecéis educación a las chicas y niñas, pero, ¿nosotros qué? Sólo te- nemos estas armas. Sólo matamos, no podemos hacer otra cosa”. Desde entonces, AIL también ofrece “programas de alfabetización y formación para la paz”, subraya Sakena, que han contribui- do a formar a “buenos ciudadanos”.

Frente a las afirmaciones de que en Afganistán hay una democracia, Sakena Yacoobi se muestra muy crítica: “¿Cómo puede ser una nación demo- crática si el pueblo de esta nación no sabe leer ni escribir? ¿Cómo puedes implementar una demo- En 1992, viajó a Peshawar (Pakistán) a trabajar

en los campos de refugiados afganos. Dirigió el programa de formación de profesorado para mu- jeres del International Rescue Committee (Comité Internacional de Rescate), para el que desarrolló una nueva metodología e innovadores manuales. Durante el año que estuvo frente a esta iniciativa, se multiplicó por cinco el número de refugiadas que acudían a las aulas (de 3.000 a 15.000). Pero una vez acabada la guerra con la URSS, la financiación del programa se redujo drásticamen- te y Sakena, resuelta a apostar por la educación de las mujeres como un camino seguro hacia el desarrollo del país, fundó en 1995 el Afghan Institute of Learning (AIL). Desde entonces, sus programas educativos, sanitarios y productivos llegan a unas 350.000 personas al año.

El centro de su apuesta es la formación de profe- sores. El éxito del método es tal que AIL, a peti- ción del Gobierno, capacita a los docentes de las escuelas públicas. Sakena explica: “En la escuela en Afganistán el aprendizaje se basa en la memo- rización y hay estudiantes que no saben ni leer ni escribir” y sostiene que “los sistemas educativos han fracasado porque no partían de las necesi- dades de los estudiantes”. En la formación a los profesores, Sakena apuesta por la enseñanza de métodos interactivos como “el debate, las piezas teatrales y el fomento de las preguntas”, además del estudio de casos de temas tabúes como la violación o el incesto. En los manuales destina- dos a los profesores, AIL los anima a enseñar estrategias de resolución de conflictos y habilida- des comunicativas, inculcar el respeto, fomentar la asertividad y explicar los derechos humanos recurriendo a casos o ejemplos prácticos.

El método educativo diseñado por AIL, con el ob- jetivo principal de erradicar el analfabetismo y promover el pensamiento crítico, es interactivo y se desarrolla en función de las comunidades en las que se implanta. La puesta en marcha de sus programas ha de partir de la demanda de las

comunidades y la colaboración estrecha de los líderes locales para tener éxito. “A las comunida- des les pregunto qué pueden hacer dentro del proyecto y comentan que pueden poner el techo, o alguien puede ser el conserje o guarda de se- guridad. Puede parecer poco, pero es mucho por- que es la manera de que pongan su contribución y es muy importante porque, como les digo, éste es su programa, no es nuestro”. En el caso de los programas de salud, AIL dispone de clínicas que ofrecen “planificación familiar y educación sanitaria”.

La presidenta de AIL no oculta el orgullo que sien- te por el impacto de su trabajo: “Los pacientes de las clínicas gozan de mejor salud, de hábitos hi- giénicos, tienen menos hijos… Las comunidades en las que empezamos a trabajar nos piden un programa de alfabetización, porque han estado en otros pueblos y han visto que nuestro progra- ma ha cambiado la vida de las personas porque tienen más ingresos y los niños van a la escuela. Las mujeres que han participado en los progra- mas nos cuentan que sus maridos no les pegan más, porque las capacitamos en derechos de la mujer, es un tipo de educación para la paz”. El cambio en la vida de las mujeres es mayúsculo, especialmente porque, según Sakena, las muje- res “curan sus heridas después de haber sufrido la violencia y la guerra y, además, tienen esperan- za en el futuro”.

Precisamente la esperanza en un futuro mejor es lo que mueve a AIL a educar a las afganas. En uno de los países más inestables del mundo, Sakena no duda en considerar que “los terroris- tas suicidas, los secuestros, los abusos a muje- res, la muerte de inocentes, todo eso se debe a una falta de educación. Si tuvieran acceso a la educación, comida y salud, los afganos no recurri- rían a estas cosas. La educación tiene un vínculo estrecho con la pobreza y con la guerra”. Centrar el esfuerzo en las mujeres permite, a juicio de AIL, mayor garantía de trasformación social pues,

SAKENA YACOOBl

cracia si la gente no conoce sus derechos? No po- demos hablar sólo de democracia, tenemos que preparar a la gente para ella”.

Cuando se le pregunta cómo ve su país en 10 años, Sakena responde: “Si nos podemos librar de la ignorancia y de que los afganos y afganas sean borregos que hacen lo que dice un líder, se- ría maravilloso. Tengo el privilegio de ayudar al pueblo afgano para forjar un nuevo Afganistán. Trabajo para eso y espero estar viva para verlo”.

Ensayista y filósofa española. Discípula de Orte- ga y Gasset, Zubiri, García Morente y Besteiro, fue una de las figuras capitales del pensamiento español del siglo XX. Profesora en la Universidad Complutense de Madrid, se exilió al término de la Guerra Civil y ejerció su magisterio en universida- des de Cuba, México y Puerto Rico. Tras residir en Francia y Suiza, regresó a España en 1984. Fue galardonada con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981) y el Cer- vantes (1988).

María Zambrano es la más original y destacada entre los filósofos de los últimos tiempos en Es- paña. Pertenece a una generación de mujeres geniales que vinieron a trastocar el transcurrir de la historia de la Filosofía occidental, obra tradi-

MARlA

ZAMBRANO

ELENA LASHERAS PÉREZ

cionalmente de varones. Desde Hannah Arendt, Simone Weil, Rosa Luxemburgo, Edith Stein, Si- mone de Beauvoir, hasta María Zambrano es una sinfonía de pensadoras de diferentes tendencias, pero todas movidas por ese deseo de renovación de la Filosofía occidental y preocupadas en re- flexionar sobre la paz, hasta el punto de que tres de ellas —Simone Weil, Edith Stein y Rosa Luxem- burgo- murieron en esta reflexión o a causa de ella.

Y también algo más hondo une a estas tres filó- sofas con María Zambrano y es la coherencia de sus vidas: verdaderos testimonios de autentici- dad y entrega a sus ideales y a su vocación.

“La paz es mucho más que una toma de postura:

es una auténtica revolución, un modo de vivir,

un modo de habitar el planeta, un modo

de ser persona”

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