Chapter 5: Multi-zone Multi-trip Pickup and Delivery Problem with Time
5.6 Experiments
5.6.1 Test data generation
En esencia esos números capturaban lo que sería la guerra de Vietnam durante la Administración Johnson: el “problema de fácil solución” iría escalando imperceptiblemente en costos, soldados y bajas de tal modo que para fines del 67 –sin una sola victoria que destacar- Estados Unidos tenía medio millón de soldados en Vietnam, 16 mil muertos y un costo anual de 20 billones de dólares. A eso habría que añadir el costo político de la llamada “primera guerra televisada” del mundo.
Armada con las nuevas tecnologías de comunicación desde la época de Kennedy, la prensa televisiva había visto en la guerra una gran oportunidad para destacar sobre la prensa escrita y la radio. Bajo el argumento de llevar a los televidentes las “realidades de la guerra y encender el celo patriótico por nuestros muchachos”, las cadenas obtuvieron permiso de seguir de cerca las operaciones de combate. Algunas cadenas, como la CBS, utilizaron la oportunidad para generar documentales de alto impacto y transmitirlos dentro del programa noticioso del icono periodístico Walter Cronkite. Otras como la ABC optaron por mostrar el “lado humano de la guerra”.
Si Cronkite llevó al público americano imágenes de niños desnudos quemados por el Agente Naranja y los efectos ecológicos de las campañas de defoliación, un programa en especial capturó la imaginación de la joven generación americana: “La Compañía Charlie”, una filmación en vivo del día a día en la jungla vietnamita de un grupo de soldados americanos cuyo promedio de edad rondaba los 19 años (algo así como la serie “The Pacific” con la diferencia que los protagonistas no eran actores sino soldados reales en una guerra real). Muy pronto, al calor de las revelaciones periodísticas del costo de la guerra –para estas alturas EU invertía 6 dólares para causar un daño de 1 dólar en Vietnam-, de las atrocidades cometidas por los soldados americanos contra civiles vietnamitas (300 mil víctimas en medio año) y la influencia de la filosofía existencialista de Sartre, la opinión pública americana comenzó a expresar su descontento con la Administración Johnson.
Con las elecciones del 68 a la vuelta de la esquina LBJ necesitaba una victoria definitiva o una negociación de paz. Esta última no era posible pues, en su intento de mantenerse independiente, Ho rechazaba cualquier sugerencia de sus aliados chinos y soviéticos, al tiempo que se negaba a hablar con EU. LBJ decidió jugar la única carta que tenía: victoria definitiva. 540 mil soldados adicionales cruzaron el Pacífico y se redoblaron esfuerzos para obligar a Vietnam del Norte a pedir clemencia americana (entre 1964 y 1968 se calcula que Vietnam del Norte recibió un promedio de 136 kilos de explosivos per cápita causando la muerte de 50 mil civiles). La llegada de los refuerzos reactivó la arrogancia de Westmoreland que no dudó en declarar ante las cámaras de TV que “el enemigo estaba exhausto y la hora de la victoria final estaba muy próxima”. El público americano suspiró aliviado: los muchachos pronto estarían en casa. A fines del 67, cerca de 6 mil Marines fueron destacados en la zona de Khe Sanh para contrarrestar rumores de un intenso tráfico en el Sendero Ho Chi Minh. Sin embargo, el primer mes del año trascurrió en una extraña –y bienvenida- paz que parecía dar la razón a Westmoreland: el fin estaba próximo. Ambas partes en conflicto anunciaron un cese al fuego de dos días para permitir la celebración del Tet, el año nuevo lunar, la festividad más importante del calendario vietnamita. Los soldados americanos y la población del Sur se relajaron. A la medianoche, en cien ciudades sudvietnamitas los cuetes comenzaron a estallar, mezclándose con las balas y morteros pues el Vietcong había estado esperando el inicio de las
festividades para lanzar su más feroz ofensiva e intento de involucrar a la población sureña en una revuelta generalizada.
A lo ancho y largo del territorio sudvietnamita ciudades y pueblos fueron atacados simultáneamente por 80 mil soldados del Vietcong. En la zona fronteriza, rodeados en su base de Khe Sanh como los franceses en Dien Bien Phu más de una década atrás, los 6 mil Marines de Westmoreland poco pudieron hacer para proteger a una población pacífica que el Vietcong detestaba por colaborar con los americanos. Decenas de poblados fueron atacados en simultáneo y sólo en Hue, 3 mil civiles fueron asesinados en una noche y 116 mil quedaron sin hogar. Si bien tomadas por sorpresa, las fuerzas americanas se repusieron instantáneamente y salvo en Khe Sanh, Saigón y Hue el Vietcong fue repelido de forma casi inmediata con bajas desastrosas para la causa comunista (casi 30 mil muertes vs. mil americanas).
Para el 28 de Marzo la Ofensiva del Tet había fracasado y LBJ por fin tenía su primer gran victoria militar. Pero en el plano doméstico la “victoria del Tet” se convirtió en sinónimo del fracaso americano en Vietnam. Y es que la destrucción del Tet vista en vivo y a color convenció a los telespectadores americanos que las promesas de su gobierno acerca del próximo fin de la guerra eran cuentas alegres: Vietnam era un pantano capaz de tragarse enteros a las Fuerzas Armadas, el presupuesto nacional y el prestigio americano. Tres días después del Tet, Ho Chi Minh celebraba una grandiosa victoria política: aquejado por males cardíacos y muy probablemente convencido que no ganaría la nominación de su partido para las elecciones del 68, LBJ anunciaba su retiro de la contienda presidencial. Resolver el problema de Vietnam, después de todo, quizá si necesitara un doctorado, más análisis y menos acción.