¿Cuál es el testimonio que da Jesús de sí mísmo sobre esta rea- lidad tan extraordinaria?
1. Jesús se asigna atributos y poderes divinos
Mt 12-42: «... ved que aquí hay algo más que Jonás [...] ved que aquí hay algo más que Salomón...»; Jonás y Salomón son las figu- ras de Jesús. Ese «algo más» en realidad es infinitamente más, pe- ro Jesús en este lugar prefiere suavizar esa diferencia entre Él y cualquier personaje, por muy importante que fuera, del Antiguo Testamento.
Mt 12, 6: «Os digo que aquí está el que es mayor que el Tem- plo...».
Mt 12, 1-3: «Porque el Hijo del Hombre es señor del sábado».
Jesús se atribuye una potestad legislativa superior a Moisés y los profetas:
Mt 5, 22 y ss: «Pero Yo os digo...»; Jesús expresa que su auto- ridad está por encima de la de Moisés y los profetas: Él tiene auto- ridad divina. Ningún hombre puede hablar con esa autoridad; Él es el supremo legislador como se ve en todo el sermón del monte.
2. Tiene poder para perdonar los pecados: en ningún momen- to dice que este poder sea delegado.
Mt 9, 6: «Pues para que veáis que el Hijo del hombre tiene po- der para perdonar los pecados —dijo al paralítico—: “Levántate
toma tu camilla...”»; Jesús al curar al paralítico con sólo su pala- bra, les hace ver a los judios que tiene la potestad para curar los efectos del pecado —según ellos creían—, y que tiene poder para curar la causa del pecado; por consiguiente, tiene potestad divina.
Lc 7, 48-50: «... Tus pecados quedan perdonados». En casa de Simón, el fariseo, nos muestra Jesús su divinidad al perdonar los pecados de la mujer pecadora ya que el poder de perdonar los pe- cados sólo le compete a Dios.
Jn 8, 11: «Dijo Jesús: “Tampoco Yo te condeno; vete y desde ahora no peques más”». En el pasaje joánico de la mujer adúltera se nos muestra la misericordia divina, característica en el Antiguo Testamento: Os 6, 6, Ex 22, 22, Dt 10, 18, Sal 9, 14, que se apro- pia a sí Nuestro Señor.
3. Comunica ese poder a los discípulos
Jn 20, 23: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les son perdonados...»; Jesús confiere ese poder por- que tiene la potestad para ello por ser igual al Padre: Jn 20, 21: «... Como el Padre me envió así os envío yo».
4. Tiene el poder de juzgar a los hombres
Mt 13, 41: «El Hijo del hombre enviará a sus ángeles y aparta- rán de su Reino...»; es la explicación de la parábola de la cizaña en que el Hijo del hombre, Jesucristo, constituido Juez de vivos y muertos separará los buenos de los malos en el Juicio Final.
5. Jesús exije para sí mismo el mayor amor del mundo: se constituye en centro del corazón del hombre
Mt 10, 37: «Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí...».
6. Nunca pone su filiación al Padre en igualdad con la filia-
ción de los demás hombres: así, por ejemplo, nunca utiliza la pala-
Jn 20, 17: «Jesús le dijo: “Suéltame, que aún no he subido a mi Padre; pero vete a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y a vues- tro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”»; es la conversación en la aparición a María Magdalena.
7. Es el único que conoce al Padre
Mt 11, 25-30: «... y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni na- die conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera re- velarlo». Es una acción de gracias de Jesús y revela la identidad de conocimiento del Padre y del Hijo; esta identidad de conocimiento implica la unidad de naturaleza, es decir, Jesús es Dios como el Pa- dre: a) el conocimiento del Hijo es tan misterioso como el conoci- miento del Padre; b) el conocimiento del Padre está reservado al Hijo: sólo Él penetra en la interioridad del Padre. El conocimiento del Padre y del Hijo necesita ser revelado porque trasciende todo conocimiento; c) el Hijo está en la intimidad del Padre: existe un plano de igualdad entre el Padre y el Hijo.
8. Jesús dice de sí mísmo que es Hijo de Dios
Jn 7, 17-25: «... llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios [...] el Hijo no puede hacer nada por sí mísmo sino lo que ve hacer al Padre; pues lo que Él hace, eso lo hace del mismo modo el Hijo».
9. Jesús afirma su preexistencia a la vida terrena
Jn 3, 13: «Pues nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre»; es la conversación con Nicodemo en que Jesús muestra su divinidad.
Jn 6, 32: «... no os dio Moisés el pan del cielo, sino que mi Pa- dre os da el verdadero pan del Cielo. Pues el pan de Dios es el que ha bajado del Cielo y da la vida al mundo»; es el discurso del Pan de Vida.
10. Jesús es el que ve al Padre
Jn 3, 11: «... damos testimonio de lo que hemos visto»; Jesús ratifica sus palabras, ante la perplejidad de Nicodemo, y explica que habla de las cosas del Cielo porque procede del Cielo.
Jn 6, 46: «... aquel que procede de Dios, ése ha visto al Padre»; Jesús es el que nos revela al Padre porque es el único que le ha vis- to y ha venido para revelárnoslo.
Jn 8, 38: «Yo hablo lo que he visto en mi Padre». 11. Jesús afirma su igualdad con Dios
Jn 17, 21: «... que todos sean uno; como Tú Padre en mí y yo en Ti»; es la oración sacerdotal de Jesús.