OEA, OIG regionales como Unasur principalmente, durante el período 2008-2019 trató de desplazar a la OEA como el organismo idóneo para la resolver los conflictos en Sudamérica: Bolivia 2008, Honduras 2009, Ecuador 2010, Paraguay 2012.
De este modo se aprecia que el multilateralismo en Latinoamérica está relacionado con procesos o intentos de integración regional, la cooperación, gobernanza regional y las OIG como instituciones internacionales han sido y son los medios empleados para ello.
Características del Multilateralismo en América Latina
Una de las características principales del sistema multilateral en América Latina se encuentra relacionada con la asimetría de las economías de los Estados que lo conforman y los procesos de integración regional a través de OIG. Dicha asimetría incide estrechamente en la creación de OIG en la región, debido a la afinidad y voluntad política de los Jefes de Estado y Gobierno que las impulsan y mantienen, y disponibilidad económica que las sostenga. En líneas generales dentro del período 2000-2014, la región Latinoamericana tuvo un incremento del 22% en sus exportaciones hacia China, lo que la convirtió en el segundo socio comercial de la región. Dicha bonanza económica contribuyó a mejorar los volúmenes de exportación y, por ende, a aumentar la recaudación fiscal en Latinoamérica; solvencia económica para crear OIG.
Además, es necesario indicar que, en el período 2008-2019, algunos proyectos de integración regional se sumaron a los ya existentes como: CAN y Mercosur. Las nuevas iniciativas como: La Unión de Naciones Sudamericanas Unasur, Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América ALBA y Alianza del Pacífico AP, tuvieron como finalidad ser bloques regionales para disminuir los índices de pobreza, mejorar la relación política, económica y comercial con el resto del mundo desde sus propias perspectivas políticas. En el ala derechista se encuentra Alianza del Pacífico AP integrada por México, Colombia, Perú y Chile, países que poseen cómodos y prometedores indicadores de desarrollo económico en la región. En la centro-izquierda se encontró Unasur integrada por todos los países sudamericanos más Guyana y Surinam. En Unasur hubo posiciones de libre mercado como las que lleva a cabo el gobierno chileno desde la dictadura militar de Augusto Pinochet y por otra, la conformación del regionalismo basado en el socialismo del siglo XXI impulsado por el régimen venezolano; lo cual dio cabida al debate de ambos programas de desarrollo para la
región. Finalmente, en el ala izquierda, se encuentra ALBA conformada principalmente por los gobiernos de La Habana, Caracas, La Paz, Managua y algunos países caribeños. Dicha OIG es la posición más radical que condena al sistema capitalista estadounidense desde una visión contra-hegemónica.
Sin embargo, de acuerdo a las teorías de las relaciones internacionales: realista y liberal- institucionalista y, sus amplios debates dan cuenta que ALBA y Unasur, contestatarias al orden y sistema internacional están predestinadas al fracaso, como así sucedió con Unasur por su excesivo presidencialismo, políticas de gobierno y no de Estado, la ralentización de la economía china y el descenso de las importaciones sudamericanas, conforme se ampliará en el capítulo dos, en lo atinente a su crisis y muerte. En el caso de ALBA, su evidente afán anti- sistema, contra-hegemónico, aislacionista y visión socialista no encaja en el sistema internacional controlado por el capitalismo y la globalización.
Regionalismo en América Latina
Abordar el regionalismo en América Latina, constituye de suma importancia, toda vez que a través del regionalismo las OIG se originan, desplazan o incrementan su influencia. Autoras como Riggirozzi y Tussie (2012) señalan que, el regionalismo “es una forma de coordinación transfronteriza a través y entre diferentes áreas de políticas y actores. La coordinación puede ser más o menos institucionalizada, formalizada y organizada en diferentes tipos de arquitecturas”. Desde la perspectiva de Hettne (2005: 545) el regionalismo se define como el “retorno de lo político, de lo social, y hasta de lo moral en un contexto histórico en donde la regionalización y la globalización hacen que las contestaciones al laissez-faire del mercado tengan respuestas variadas”; que “[e]l regionalismo se refiere a una tendencia y un compromiso político para organizar el mundo en términos de regiones […]”, por lo que afirma que, “el futuro sistema internacional sea organizado por regiones, es decir un orden que iría enfocado hacia las relaciones [intrarregionales], interregionales y transrregionales; y que, el regionalismo es un conjunto de contestaciones políticas y sociales espontáneas y/o planificadas que permite un balance institucionalizado entre la sociedad, el Estado, y el mercado frente a la expansión global de la utopía del mercado” (2002:15; 2005: 543). Finalmente, el citado autor, manifiesta que “en la actualidad existe una relación entre la globalización y la regionalización en un orden mundial “multipolar” (2006, 62), por lo que,
el regionalismo puede ser abordado como un proyecto político e institucional que ve a la región19 como una construcción social, y a la regionalización como un proceso de transformación social y económica”.
Así, el regionalismo es un proyecto político respaldado por la Teoría Liberal Institucionalista que responde a eventos coyunturales fruto de las dinámicas del sistema internacional. El regionalismo en Latinoamérica se ha convertido en un espacio para la pugna política en donde convergen intereses de actores estatales y no estatales; asimismo es un mecanismo político para favorecer la expansión del mercado regional. El regionalismo ya sea abierto o posliberal también puede ser abordado como una respuesta a la forma dominante de globalización -neoliberalismo- en la medida que obliga y favorece la integración de países a través de OIG -paradigma liberal institucionalista- hacia una economía política global20.
Para aclarar está temática, es necesario partir del estudio del regionalismo cerrado o viejo regionalismo en el que, por una parte, se encuentran altos niveles de protección arancelaria y no arancelaria que gozaban las industrias nacientes por el hecho de la planificación estatal y no por el mercado. Por su parte, el viejo regionalismo, guardaba rasgos proteccionistas con una alta prioridad a las agendas económicas y de seguridad durante el entonces orden mundial bipolar. Cabe precisar que el regionalismo cerrado tuvo plena vigencia hasta comienzos de la década de los ochenta, ya que, según Halperín y otros (2002: 393-6) “la ISI soportó factores exógenos que afectaron las economías nacionales en las que la región sufrió severas transformaciones en su estructura productiva primario-exportadora por su elevado nivel de endeudamiento, por lo que, en su historia económica se la conoce como la década perdida