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Textile Machinery and High Performance Material Technology (Course of Study: Textile and Ready-Made

Introducción

Néstor C. Córdova La mujer gritó, su aullido de bestia redujo a polvo todos los sonidos del mundo. Supe entonces cudnto mds extraña es la juventud que la ficción, y supe que el hijo que velabi:r·imo"mne dentro de su madre

dormida había encontrado por fin a su padre.

A. Pauls, Wasabi

Los trabajos de investigación clínica sobre la incidencia de los procesos psíquicos familiares en la constitución psíquica de niños y adolescentes1, me condujeron a estu­ diar aquellos procesos que intervienen en la asunción de la paternidad y las vicisitudes .que enfrenta el sujeto, genitor o no, en su intento de encarnar al padre y ejercer sus funciones.

La idea de la declinación del padre aportada por Lacan (1987), en La familia, fue concomitante con su lectura de la teoría de Durkheim (Zafiropoulus, 2002) acerca del proceso de contracción familiar. Proceso de estrechamiento de la familia patriarcal que diera lugar al primado de la reducida familia conyugal. Esta familia, fundada en la alianza matrimonial a partir de la prohibición del incesto y las diferencias sexuales y generacionales, parece hoy eclipsada por la creación de múltiples y fragmentarios escenarios familiares que se configuran y des-configuran en corno a nuevos lazos parentales2, emergiendo en el horizonte de la compleja y delicuescente cultura actual.

En este nuevo orden cultural, en el seno de las transformaciones familiares y socia­ les, el sujeto intenta acceder a la paternidad en un incierto proceso de pasaje cuyo úni­ co soporte y garantía es el significante.

Lacan (1988) dirá que el significante ser padre es la carretera principal que orienta al sujeto hacia las relaciones sexuales con la mujer. En caso de no existir esa carretera

1. Jnvestigadón clínica realizada con el equipo de la Consultoría Psicológica perteneciente al i'rograma "Construcción de un modelo de intervención clínica para la atención de niños y adolescentes cuyos padres se encuentran en situación de divorcio controvertido". Secretaría de Extensión. Facultad de Psicología, UBA.

2. Desde la antigua familia patriarcal a la familia conyugal, que imperó como modelo norma­ tivo hasta el presente, y las múltiples variantes de las familias actuales incluidas las nuevas formas de parentalidad: monoparentalidad, coparentalidad, homoparentalidad, abuelopa­ rentalidad, multiparentalidad, etc.

76 Néstor C. Córdova principal nos encontraremos con ciertos hechos elementales como la copulación y el

embarazo de la mujer. Ser padre entonces, es impensable sin la categoría del signifi­ cante.

Cuando el significante de la paternidad está en menos, el sujeto se ve en proble­ mas, pierde su orientación errando3 el camino. En este errar del padre, el hijo, por su

parte, queda expuesto a toda suerte de respuestas fallidas y defraudaciones de parte de

un sujeto perdido en el laberinto de la paternidad. El genitor desprovisto de las ins­ cripciones corporales de la gestación y carente de las necesarias referencias simbólicas

intentará relacionarse con el hijo desde el inestable registro de las imágenes y sus enga­

ñosas apariencias.

Son diversas las dificultades que enfrenta el sujeto durante el proceso psíquico de asunción de la paternidad y ante la demanda de una plena realización de su función.

La escisión padre/genitor, las "declinaciones" del padre en el contexto social, sus manifestaciones en la escena familiar y las modalidades de presentación en el trabajo psicoanalítico e interdisciplinario con niños, adolescentes y familias. Estos son algu­ nos de los temas que nos convocan.

Alguien ha engendrado algo: de genitores a padres

Piera Aulagnier (1994) sostiene que la llegada de un hijo puede tener un efecto desorganizador para el psiquismo parental. El resultado podría ser un movimiento de desintricación pulsional en la psique de los padres, que libera la pulsión de muerte en el espacio psíquico que el infas ocupa.

Durante el embarazo comienza la tarea parental de representación anticipatoria del niño. A medida que se tejen sus ropitas, primeros envoltorios corporales significantes aportados por el Otro, se tejen las representaciones mentales que constituirán las "in­ vestiduras libido-significantes" que envolverán y demarcarán el soma del infans acom­ pañando su nacimiento psíquico, o más precisamente, psicosomático. Para este tra­ bajo, por cierto, no cuenta el sujeto genitor inicialmente con el registro corporal que sí posee la mujer. Dicha carencia pcimite suponer que durante el período de gestación de la representación-hijo paterna será más precaria y evanescente que la materna. El padre no dispondrá de esa rica experiencia corpórea que da lugar a las primeras ins­ cripciones pictogramáticas resultantes del contacto con el vástago durante el emba­ razo. La ausencia de esas inscripciones en lo real del cuerpo dificulta el anclaje que le confiere consistencia a la articulación significante-imaginaria del fantasma. Esto favo-

3. Utilizo este significante por los diversos sentidos que de él se desprenden:

Errar (Del latín errare) significa: 1. No acertar. Errar en la respuesta. 2. Faltar, no cumplir con lo que se debe. 3. Andar vagando de una parte a otra. 4. Dicho del pensamiento, de la imaginación o de la atención: divagar. (Fuente consultada: Diccionario de la Real Acade­ mia Española).

rece la escisión padre/genitor, y por lo tanto, es un factor que incide en la inestabili­ dad del lazo paterno-filial.

Se infiere entonces que los trabajos paternos de representación del hijo y anuda­ miento del vínculo pueden interrumpirse y fracasar con cierta facilidad. El progeni­ tor, desprovisto de las inscripciones corporales de la gestación y carente de las referencias simbólicas de la paternidad, intentará relacionarse con el hijo desde el inestable registro de las imágenes y sus engañosas aparief1.(i�."l'

También este es el tiempo para el padre, del trabajo de actualización aprés-coup de

la escena originaria infantil (Aulagnier, 2001) en una nueva escena, que ahora lo incluya junto a su pareja y a su hijo en un movimiento de encuentro ligado al placer.

En

caso de fracasar este trabajo traductivo aprés-coup, uno y otro texto se sobreimpri­

mirán y coexistirán a la manera de una escritura en palimpsesto.

Ciertos sujetos son portadores de una escena originaria dañada y escindida en la infancia por situaciones como conflictos de la pareja parental y violencia familiar (Grassi, 2003) En estos casos, la interpretación de la escena actual será el resultado de una mera repetición de la escena originaria infantil, que emergerá a la superficie e impondrá su guión para dar lugar a una nueva puesta en acto del movimiento de rechazo y escisión primordial. El padre se representa a sí mismo en la escena siendo excluido/dañado por la pareja mujer-hijo y arremete entonces contra sus propios fan­ tasmas, sin saber que así instala un conflicto que desencadenará violencia, rupturas y abandonos.

El rechazo del hijo y de la mujer, resultará la puesta en acto de la repetición de un trauma infligido a su narcisismo infantil. La escena originaria ha sido desgarrada, escindida en tiempos constitutivos por diversas modalidades de violencia parental, (Grassi, 2003). El psiquismo de estos sujetos tiende a movimientos de desligadura y a actuar el odio liberado con maniobras de ataque o huida ante toda escena vincular que, aun siendo incluyente, placentera y benéfica los confronta con esa "otra escena infantil" que impone sus condiciones mortificantes.

Estos sujetos no admiten formar parte de una escena placentera, tampoco soportan (en los casos más severos) ser testigos de una escena de tal cualidad protagonizadas por otros. Atacan y negativizan toda escena propia o ajena, la infiltran y destruyen con la violencia instalada en su infancia; tal escena originaria estalla e irrumpe una y otra vez en sus psiquismos.

La transmisión de esta violencia suele enlazar a varias generaciones.

Políticas del padre

Las paradojas de la paternidad: escisión procreación/filiación

En el trabajo institucional con grupos de parejas en espera de un hijo, en el trabajo psicoanalítico con niños, adolescentes y familias, y aun en la clínica psicoanalítica con

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adultos, se registra con cierta frecuencia la figura de un padre declinante, quien pese a sus reiterados intentos no logra construir (sería más preciso expresar que no cesa de no construir) un vínculo paterno- filial. El genitor, dramáticamente, no logra comple­ tar el necesario trabajo de ensamblaje entre el acto de fecundación en lo real biológico y la asunción simbólica de la paternidad. El sujeto de la fecundación no logra impli­ carse subjetivamente como sujeto de la paternidad. Si el fracaso es irreversible, se invierte la deuda; recae sobre los hijos que deben sobrellevar esa falla y terminan asu­ miendo en muchos casos la misión sacrificial de compensar el déficit supliendo la carencia paterna al precio de una falsa madurez, de cargar con el destino de "ser padre de su propio padre".

La deuda de un hijo con el padre debe ser pagada con los propios hijos, y estos lo harán con la siguiente generación.

Esta inversión de la deuda implica un obstáculo en la cadena generacional. Entra­ mos en el complejo territorio conceptual del lazo padre-hijo, lazo que engendra el fruto simbólico de la filiación.

Ser padre es muy diferente que ser genitor, ambas funciones se entrelazan y des­ enlazan, se integran y escinden en movimientos paradojales que caracterizan la com­ plejidad e inestabilidad del lazo de filiación padre-hijo.

Ciertos sujetos, en un gesto que pone de manifiesto la escisión del par padre/geni­ tor, siembran hijos para no reconocerlos como tales o donan su semen en forma anó­ nima. Estos sujetos probablemente actúen sin mediar deseo de hijo, sin voluntad ninguna de asumir la función paterna o poniendo en juego una fantasía de rechazo del hijo, esparciendo su semilla por doquier. Otros temen en exceso y evitan obsesiva­ mente engendrar un hijo durante sus relaciones ocasionales, incluso con sus parejas estables, pero trabajan gustosos, como padres putativos4 en la filiación de niños engendrados por terceros.

La cuestión del padre y la filiación responde también desde los albores de la histo­ ria a la incertidumbre sobre el origen que el vástago implanta (o reactualiza) en todo sujeto. La madre fue siempre "certísimá'; el padre siempre incierto.

La clínica nos demuestra muy a menudo que la escisión padre/genitor puede tener también un origen defensivo (origt/n que no excluye otras causas). El progenitor se enfrentará con el nacimiento de un hijo a una paradoja: por la esencia de la reproduc­ ción sexuada, dar vida y asumir la paternidad requiere asumir la propia muerte, dado el corrimiento de lugar en el orden de las generaciones que todo nacimiento impone Esta paradoja representa una amenaza para el psiquismo del genitor. Sólo afiliará aquel genitor que la pueda resolver creativamente, que no encuentre en ella un factor des-estructurame. Los padres en tanto engendran un hijo, deben asumir su propia muerte. Kojeve (2006), siguiendo a Hegel, afirma que los padres, en el devenir de los hijos, ven anunciada la muerte como destino. En esa misma línea hegeliana, Lacan 4. Putativo: reputado o tenido por padre, hermano, etc., no siéndolo. Diccionario de la Real

(1988) dirá que, para que la procreación tenga sentido, es condición que haya una captación o aprehensión en el sujeto de la experiencia de la muerte, ya que es la muerte la que le otorga al término procreación su sentido pleno.

Retomando el problema de la escisión entre engendramiento y filiación, citamos a Lila Gómez (2004), quien señala que cuando la procreación se da en el matrimonio, la sangre y" el nombre se confunden. En cambio, en los casos 1e adopción, se separan

la sangre y el nombre. �� '

Consideramos que sangre y letra corresponden a dos dimensiones de la procrea­ ción separadas por la escisión de la naturaleza que introduce el lenguaje. En el caso del genitor, por su particular posición durante la gestación del hijo, sólo la asunción sim­ bólica de la paternidad y su puesta en acto en el trabajo de filiación, entre otras fun­ ciones, logra enlazar y re-unir estas dos territorialidades integrándolas. El sujeto de la paternidad, sea el genitor o no, encarna al padre, lo corporiza; en tanto la paternidad es una función simbólica. Tampoco es suficiente engendrar y otorgar un nombre para ser padre, se requiere un complejo proceso simbólico que puede enlazarse o no con la línea de la sangre.

Propongo, entonces, dos series que configuran distintos momentos lógicos de dos procesos separados por una barra que da cuenta de la escisión posible entre las opera­ ciones correspondientes al orden real-biológico de la procreación y los términos de la operación simbólica de la paternidad y filiació�:

Sangre genitor Letra padre ADN engendramiento Nombre filiación herencia genética historia, genealogía, transmisión

El padre en la clínica con niños y adolescentes

biológico simbólico

Arribamos en este trabajo al tema del padre como sujeto en la clínica con niños, adolescentes y familia, cuestión poco tratada en nuestra práctica. Nos interesa pensar ese sujeto adulto tal cual se presenta en las entrevistas a padres en el contexto del tra­ tamiento de niños y adolescentes, en las sesiones vinculares, en consultas por pedido judicial de re-vinculación y en el trabajo específico de re-vinculación padre-hijo, entre

'

otros espacios. También nos interrogamos en el marco de la clínica por el padre denunciado por abuso sexual, violencia, abandono de la función, incumplimiento del pago de alimentos, etc.

Es, efectivamente, la clínica, con su escucha y sus dispositivos, uno de los espacios en los que se hace posible analizar en profundidad los efectos desestabilizadores de la experiencia de la paternidad en algunos sujetos, para detectar las diversas modalida­ des, siempre fallidas, de encarnar la función de padre. Modalidades que se sostienen

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v"-'"'ª·''ª''ª'"'"'L'-en identificaciones imaginarias, en apariencias engañosas, que suponen

erróneamente un ideal a partir del cual encarnar esa función (Córdova, 2009). Nos encontramos en la clínica con una gran variedad de "máscaras del padre" que abarcan un espectro muy amplio de versiones paternas: desde las modalidades autori­ tarias y violentas a las excesivamente permisivas y carentes. La presencia paterna exce­ siva, controladora e intrusiva, o la vacilación claudicante y la ausencia definitiva (Córdova, 2009). La desmesurada pasión por el hijo, derivada de profundas mociones incestuosas (homosexuales en caso del hijo varón), o la violenta desinvestidura libidi­ nal.

El amor-pasión de características narcisistas aspira a la captura del otro, a su objeta­ lización; en tanto el "don activo del amor" (Lacan, 1990) se dirige al niño conside­ rando su alteridad. Allí donde debería anidar el amor al hijo como don activo de raigambre simbólica, prevalece la devastadora desmesura de la pasión imaginaria o reina la gélida y mortífera indiferencia parental.

El padre fallido se presenta en la clínica como la formación sintomática o restitu­ tiva de un sujeto que intenta responder a la acuciante pregunta sobre la paternidad que el hijo le suscita. Cuando la pregunta se instala, el sujeto vacila, allí donde no hay un soporte significante que sostenga la función, más allá de todo saber, siempre insu­ ficiente.

Podemos suponer que en algunos casos el ejercicio de la paternidad es el resultado de la puesta en juego de un proceso restitutivo, consecutivo a un derrumbe psíquico, desencadenado tanto por la llegada del hijo como por el acceso de la pareja a la mater­ nidad.

El "padre restitutivo" es un padre precario, en fuga de la realidad y de la escena familiar. En esos sujetos, la demanda de revinculación y de reconocimiento de su autoridad paterna resulta vacía de contenido y de investidura que le otorgue consis­ tencia (Córdova, 2009).

En ciertas oportunidades se pone de manifiesto una paternidad precariamente asu­ mida y sobreadaptada, un "falso ser padre", dado que el acceso a la paternidad es la consecuencia de una falsa madurez (Córdova, 2009).

Los "padres como si" son apariÍhcias engañosas de una paternidad en los bordes cuya función inestable e inconsistente, se caracteriza como siempre propensa al desfa­ llecimiento o al acto impulsivo.

Nos interrogamos en este sobre ciertos casos en los que se desencadenan graves derrumbes psicosomáticos, que precipitan la muerte temprana del padre durante el embarazo o los primeros tiempos de crianza del hijo. En el territorio de la neurosis adulta, donde opera la represión y habitan las formaciones del inconsciente, nos encontramos, en cambio, con la paternidad como puesta en acto de una respuesta sin­ tomática, modalidad que precipita y cristaliza ante la pregunta que el hijo viene a implantar en el psiquismo paterno.

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El "padre sintomático" es el padre discordante de nuestros días, siempre en menos con respecto a la función ideal que se propone encarnar.

La escisión padre/genitor y la concomitante inestabilidad del lazo de filiación nos conducen a pensar en el ejercicio de la paternidad como el resultado de una forma­ ción sintomática que acude a suplir la inconsistencia estructural del sujeto desnudada

por el hijo. .,

Momento de concluir

El acceso a la paternidad requiere, como condición, una larga serie de procesos psí­ quicos que se ponen a prueba con la llegada de un hijo.

Asumir la paternidad supone un proceso de pasaje, incluido un momento liminal en el que la estructura permanecerá en estado de suspensión, de anonadamiento. En ese estado ínter-estructural ya no se es sólo hijo, pero tampoco aún se es padre. El sujeto genitor debe separarse de un estado anterior para disolverse simbólicamente, morir dando lugar al nacimiento del padre.

Durante este proceso, el sujeto pierde las referencias simbólicas, emprende un viaje incierto y sin retorno hacia la otra orilla de la paternidad, punto de llegada y al mismo tiempo lugar dond

...9 todo recién comienza. ¡.

La aceptación simbólica de la muerte por parte del sujeto dará como fruto el reco­ nocimiento de un hijo y el nacimiento de un padre. El padre no es sino aquel sujeto que asumiendo su finitud se dispone a encarnarlo en el ejercicio de la función.

La llegada de un niño interpela al genitor en tanto responsable de su acto de engendramiento. El sujeto es convocado a implicarse subjetivamente y responder al requerimiento con un acto de simbólico de reconocimiento del hijo, gesto que lo sitúa a su vez en el lugar de padre. El reconocimiento de ese niño como hijo y sucesor abre el camino a la nominación que lo inscribe en el orden sucesorio generacional y da lugar a la filiación simbólica.

La ética del padre se edifica en la responsabilidad5 sobre los hijos, ética cuya falla se pone en juego en toda su dimensión trágica en la pieza Medea de Eurípides (1997), obra ejemplarizadora con un núcleo argumental que cobra cuerpo a raíz de una sepa­ ración controvertida en la que la irresponsabil�dad de Jasón expone a los hijos al estrag� del odio materno. Medea los asesina consumando de este modo la venganza más atroz e impensable en una mujer ante la traición y el desaprensivo abandono de un hombre: privarlo de su descendencia, condenarlo a la extinción de su linaje. Esta trama nos advierte sobre la dimensión trágica de la violencia del vínculo parental y la irresponsabilidad del padre para con sus hijos y la madre de los mismos.

5. Responsabilidad proviene de responsum, forma latina del verbo respóndere, que significa: "la habilidad de responder". Consideramos que por su ética, el padre debe tener la habili­