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3.6 Case Study: The CARA System

3.6.1 The CARA Usage Model

La elección vocacional es un fenómeno multifactorial y de gran complejidad por lo que al llegar el momento en que el individuo debe realizar dicha elección es influenciado por motivos inconscientes, capacidades, actitudes, intereses, aptitudes, inteligencia y habilidades para tomar una de las decisiones más importantes de su vida: ¿a qué se dedicará el resto de su vida?, tomando en cuenta que, no sólo es un compromiso con uno mismo, sino también forma parte del vínculo de pertenencia a nuestro entorno sociocultural. Igualmente, implica la responsabilidad de regresar algo a la comunidad que nos rodea. (López, 2008, párr.5)

Bernal y Lauretti (2016), señalan que la satisfacción con la elección vocacional se considera fundamental para la consecución de los objetivos a los que se aspira en el proyecto profesional y de vida del estudiante. Es la vida misma de la persona la que está involucrada con el grado de satisfacción o insatisfacción. En consecuencia, parte de la orientación vocacional debe considerar la detección temprana de los estudiantes que no se encuentran satisfechos con su toma de decisiones académicas o formativas, de esta manera se puede reformular o fortalecer el itinerario formativo-profesional, que vaya de la mano con sus expectativas, motivaciones y demandas sociales, facilitando una inserción socio-laboral óptima y satisfactoria.

En la literatura se encuentra que la satisfacción del consumidor se refiere a la evaluación de vivencias y resultados que provienen de las experiencias de consumo, lo que influye directamente sobre la lealtad de los consumidores y el auge de las organizaciones o instituciones. Así, los alumnos acceden a la universidad con unos intereses profesionales específicos y en tanto clientes hacen a la institución unas demandas concretas sobre sus expectativas. Para ello, la universidad tiene que estar dispuesta a ampliar y diversificar la oferta educativa, de manera que se adapte mejor a las expectativas más diferenciadas de los alumnos y satisfaga sus necesidades. (Bullón, 2007)

Yi, citado por Bullón (2007), considera que existen dos tipos de definiciones de satisfacción del consumidor:

El primer tipo considera la satisfacción del consumidor como un resultado obtenido de la experiencia de consumir, y el segundo tipo de definición considera la satisfacción del consumidor como un proceso. La satisfacción del consumidor como resultado podría definirse como “el estado psicológico resultante en el que los sentimientos confirman o no, las expectativas percibidas sobre la experiencia que supuso consumir en base a las impresiones iniciales”. (Bullón, 2007, p.21)

Según Morales y Hernández (2004), se tiene dos tipos de definición sobre los consumidores y su grado de satisfacción: la primera, afirma que la satisfacción es una respuesta emocional realizada solo a partir de las experiencias, en este periodo los consumidores todavía no han realizado evaluación alguna de sus expectativas. El segundo tipo de definición considera la satisfacción del consumidor por medio de una evaluación de las expectativas y los resultados efectivos. Para efectos de la investigación, adoptaremos esta segunda definición, ya que se busca medir la satisfacción entendida como un proceso evaluativo.

Desde la postura cognoscitiva, se encuentra que la satisfacción del consumidor es definida como una evaluación emocional post-compra o post-uso como resultado de un procesamiento de información relevante. Este procesamiento consiste en la comparación entre las expectativas de los individuos y el rendimiento que perciben o en un balance de costo-beneficio, así como en los procesos de atribución que realizan los sujetos. En este caso, cuando las expectativas resultan mayores que la realidad, el individuo se encontrará insatisfecho, por el contrario, estará satisfecho si logra resultados que van más allá de sus expectativas.

Bullón (2007) señala que es importante que se tome en cuenta el tipo de expectativas que puede crear una institución educativa en sus estudiantes, teniendo cuidado de no generar expectativas demasiado altas y que después no pueda cumplir y que por tanto podrían producir insatisfacción con respecto a la formación brindada.

Olson y Dover, citado por Bullón (2007), definieron expectativa como la creencia acerca de los atributos o niveles de desempeño que un producto tendría en el futuro. Adicionalmente,

agregan que las expectativas generan una estructura de referencia con la cual uno hace un juicio comparativo. (p.23)

El concepto que un individuo tiene de sí mismo en el ámbito vocacional o autoestima vocacional, se configura, por un lado, como resultado de sus creencias sobre su autoeficacia hacia la percepción que tiene sobre en qué puede consistir una determinada actividad profesional; y por otro, hacia las consecuencias más probables que anticipa puede alcanzar en relación con su calidad de ejecución. Hernández (s.f)

Según Tintaya (2016), la realización vocacional se asocia a dos ideas: la primera la satisfacción consigo mismo y la segunda, al logro de los objetivos, a la consecución de las metas personales. Cuando una persona se siente realizada hace alusión a la sensación de felicidad que se siente por haber culminado un proceso o haber cumplido un deseo. En este aspecto, la autorrealización atañe a la satisfacción consigo mismo. Sin embargo, es preciso estudiar con más profundidad esta sensación para poder conocer con más detalle su participación y magnitud en el proceso de creación del proyecto de vida que experimenta una persona.

La realización vocacional, forma parte del desarrollo de la vocación de la persona e intervienen en ella dos aspectos muy relacionados entre sí: primero, la proyección de la vocación, que corresponde al momento de la visualización, planteamiento de objetivos de vida, en base a ello se realiza la articulación de las posibles actividades a realizar, la elaboración de un plan o proyecto de vida, y , segundo, la realización de la vocación, es decir, la puesta en práctica del proyecto de vida, la ejecución de las actividades en base a los objetivos trazados. La proyección y la realización vocacional dan cuenta de una contradicción que hay entre reflexión y acción, entre la teoría y la práctica, sin embargo, esta contradicción tiene un carácter cíclico y complementario donde uno genera al otro, uno de ellos logra afianzarse mediante la participación del otro. Por ello se dice que, en este proceso, la realización de la vocación es reflexionada y la proyección es efectivamente vivida. Como resultado de ello, la realización vocacional alude a la satisfacción consigo mismo, a la satisfacción que se tiene al momento de ejecutar el proyecto de vida y claro está en el momento en el que se vive la vocación proyectada. (Tintaya, 2016)