CHAPTER TWO: LITERATURE REVIEW
2.3 Theoretical Framework
2.3.3 The Change Perspective
La escuela, o mejor dicho, la cultura escolar asociada a ella, nos ha hecho creer que es la opción educacional por antonomasia. No es así. La escuela es solo una de las tantas modalidades educativas, quizás, la menos afortunada de todas. Sin embargo, es la que se ha instalado en nuestras vidas y sueños utópicos, proscribiendo toda otra expresión educacional y convirtiéndose en sinónimo de educación. Los sueños escolares son sueños utópicos, irrealizables, porque no tienen lugar ni tiempo donde
ser posibles10; no pasan de ser una intención, posiblemente,
buena, pero nada más. Para muchos, el sentido indiscutible de la escuela es el estudio, pero frecuentemente sucede que , citando a Catalán, “el estudio no deja estudiar”, así como “las leyes no dejan hacer justicia”, según Muñoz. Es mejor que nos movamos
hacia sueños eutópicos, aquellos que con nuestro trabajo los
transformaremos de meras posibilidades a probabilidades y, he de esperar, a realidades.
La escuela no solo ha proscrito a las otras modalidades educativas -educación informal y etnoeducación-, sino que a diario nos informamos de que cientos, si no miles o millones de personas no aprenden en la escuela. Las explicaciones11 van desde
aquellas que acusan razones personales –déficit atencional, desnutrición, preparación docente, exceso de trabajo, etc.- a las que dan cuenta de problemas estructurales del sistema escolar; pobreza, infraestructura inadecuada, doble dependencia del Mineduc y Municipalidad12, etc.
No podemos aceptar que el fracaso escolar se reduzca a ese tipo de razones, aunque los datos lo respalden, lo que no significa que las rechacemos. Son reales y muy graves, pero no apuntan al meollo del asunto. Creemos que las causas son más complejas y que requieren un cambio copernicano en la forma en que comprendemos qué es educación y qué es educarse.
Es importante resalta que, a pesar de lo dicho, existen buenos profesores que son capaces de realizar una docencia excelente y garantizar el aprendizaje de sus alumnos13. Entre las características
que se mencionan para un buen profesor, Silvia López de Maturana enumera las siguientes:
-Sus introspecciones muestran el ejercicio de una opción ética clara: cumplir bien su trabajo docente para que sus alumnos aprendan de manera significativa.
-Se consideran capaces para enseñar pero siempre “incompletos”; de allí su interés por buscar permanentemente nuevas estrategias para mejorar su enseñanza.
-Asumen sus responsabilidades como profesionales capaces de resolver con autonomía y colegiadamente los problemas pedagógicos, gracias a lo cual, favorecen la descentralización pedagógica.
-Trascienden lo técnico. Lo que implica la familiaridad con que asumen el proceso educativo, el modo como planifican sus actividades y la manera amistosa como se relacionan con los problemas, gracias a lo cual, se le quita el carácter confrontacional.
-Trabajan cooperativamente con sus alumnos dentro y fuera del aula, lo que favorece la transmisión activa y multidireccional de contenidos, el diálogo, el debate, la escucha y la reflexión de diferentes opiniones e interpretaciones, gracias
a lo cual, se abren oportunidades de libre expresión que posibilitan la atención a la diversidad.
-Afectan a la escuela y a la sociedad porque construyen relaciones de solidaridad con sus colegas; promueven la participación y el debate sobre las formas de mejorar las prácticas escolares ineficientes, para que respondan mejor a las necesidades de los alumnos y de la sociedad.
-Han aprendido a resolver las tensiones a lo largo de sus trayectorias vitales, lo que ha reforzado los rasgos identitarios que otorgan un sello personal a sus acciones cotidianas.
-Aprovechan e incorporan a su repertorio intelectual y emocional los conflictos cognitivos y el choque cultural a los que se ven expuestos durante su trayectoria vital.
-Se integran críticamente al sistema y rechazan la adaptación pasiva que limita y enajena a muchos profesores. -Son optimistas y luchan contra la adversidad, lo que se constituye en una enseñanza constante, fundamental y trascendente para los alumnos, ya que provoca resilencia y les enseña a no dejarse abatir por las dificultades.
-Son flexibles y conciben el proceso de enseñanza y aprendizaje como una posibilidad de desarrollo y no como una pesada carga con la que no se sabe qué hacer.
-Aceptan todas las contingencias y, a partir de ellas, sortean las diversas situaciones que pueden perjudicarlos.
-No recurren a la asepsia ni a la neutralidad.
-Preparan a conciencia las clases, pero no se ciñen fielmente a los patrones pre-establecidos, ya que de nada sirve hacer una buena clase si no les permite avanzar en la comprensión del mundo en que viven.
-Actúan mediando a sus colegas y a sus alumnos para ayudarles a descubrir la complejidad de la tarea educativa, pero al mismo tiempo, la simplicidad que conlleva, si se buscan los mecanismos para entenderla.
-Conversaron desde pequeños temas relevantes, gracias a lo cual construyeron su posición en el mundo.
-Compatibilizan la afectividad y la cientificidad para realizar su tarea pedagógica.
- Son afectivos con sus alumnos, lo que no disminuye ni minimiza el carácter político de su labor; al contrario, lo refuerza y anima a seguir alimentándolo.
bien es un rasgo del compromiso político de los profesores, lo que enriquece la complejidad de la labor docente.
-Buscan constantemente lo nuevo y lo complejo en la seguridad que el nuevo trabajo será tan bueno como el de ahora o mejor, pero no será igual.
-Debaten constantemente para favorecer el análisis y la síntesis de toda información.
-Conciben la enseñanza como la comprensión crítica y ética de los contenidos y del rol que cada uno desempeña en el medio.