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The Decentralized Urban Freight Management (UFM) Problem

Chapter 4: Selection of Freight Regulatory Initiatives

5.2. Solution Approach

5.2.1. The Decentralized Urban Freight Management (UFM) Problem

Érase una vez, una muchacha de nombre Nadia cuya belleza atraía a todos los hombres que la conocían, sin embargo y aún a pesar de ello, se encontraba turbada y sola. Sucedía que Nadia tras los primeras alegrías del encuentro con sus encantadoras parejas, no tardaba en encontrarles defectos tan evidentes que decidía postergar la propia entrega definitiva que ella ansiaba. Y así pasaba el tiempo en el que Nadia, por una u otra razón, no lograba satisfacer su deseo más ferviente: crear una familia feliz y disfrutar de ella.

Tanto sus padres como sus propias amistades, habían celebrado grandes festejos para apoyar su amor con algunos pretendientes, pero ella, al poco tiempo de tratarlos, sentía como su amor se marchitaba para seguir anhelando su ideal de pareja perfecta.

Algunas personas le decían que ello no dependía tanto de las cualidades de sus parejas, sino que el problema estaba en ella. Sin embargo, Nadia no podía creerlo, ya que los defectos que acababa viendo en sus consecutivos compañeros eran tan evidentes que cualquier paso adelante significaría forzar demasiado las cosas.

Un día, oyó hablar de un sabio que, según se decía, a todos conmovía por el consejo y lucidez que encerraban sus palabras. Aquella noche, Nadia, sin poder dormir, decidió acudir a su presencia e interpelar acerca de su propio problema. “Tal vez”, -se decía-, “me pondrá en el camino de ese hombre ideal con el que sueño”.

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A la mañana siguiente, llegó hasta él y tras exponerle su mala suerte, le dijo: “Necesito encontrar la pareja perfecta, se dice que vuestras palabras son sabias, y yo tras muchos intentos frustrados, anhelo una solución ¿qué podéis decirme? Supongo que una persona de vuestra fama y cultura, sin duda habrá encontrado la pareja perfecta”.

Aquel anciano, mirando con un brillo intenso en sus ojos, le dijo.

“Bueno, te contaré mi historia: A decir verdad, pasé también mi juventud buscando a la mujer perfecta. En Egipto, a orillas del Nilo, encontré a una mujer bella e inteligente, con ojos verde jade, pero desgraciadamente pronto me di cuenta de que era muy inconstante y egoísta. A continuación, viví en Persia y allí conocí una mujer que tenía un alma buena y generosa, pero no teníamos aficiones en común. Y así, una mujer tras otra. Al principio de conocerlas me parecía haber logrado el “gran encuentro”, pero pasado un tiempo, descubría que faltaba algo que mi alma anhelaba”.

“Entre una y otra, fueron transcurriendo los años, hasta que, de pronto, un día...” dijo el anciano haciendo una emocionada pausa, “La vi resplandeciente y bella. Allí estaba la mujer que yo había buscado durante toda mi vida... Era inteligente, atractiva, generosa y amable. Lo teníamos todo en común”.

“Y ¿Qué pasó? ¿Te casaste con ella?” replicó entusiasmada la joven. “Bueno...” contestó el anciano, “es algo muy paradójico... La unión no pudo llevarse a cabo.”

“¿Por qué? ¿por qué?”, dijo incrédula la muchacha.

“Porque al parecer”, dijo el anciano con un gran brillo en sus ojos: “Ella buscaba la pareja perfecta”.

119 REFLEXIONES

¿Qué significa eso de una “pareja perfecta”?

¿Se trata acaso de alguien con quien experimentamos afinidad física, emocional, mental y espiritual?

Hace no muchos años, y todavía en ciertas culturas del mundo actual, la elección de la pareja era un asunto encomendado a los padres. Al parecer, los intereses globales de las familias, tanto económicos, como políticos y sociales, determinaban la unión de los futuros creadores de una familia.

Posteriormente, si tras la formidable individualización del ser humano, cada persona elige pareja en función de sus propias motivaciones personales, tratando de integrar la pasión y la conveniencia. El amor romántico, tal y como lo conocemos, brota a finales del siglo XIX y la “hormona primordial” de la especie se transforma en una poderosa idealización de los amantes que resbalando por la ola de la pasión, construyen una relación de amor estable y solidaria.

¿De qué depende que consideremos a nuestra pareja como la “perfecta”?

Cada día me interesa menos ser el juez de las cosas. Prefiero ser su amante.

Ortega y Gasset

Tal vez en gran medida, depende de los concretos intereses, tanto conocidos como desconocidos, que tengamos en ese particular momento de nuestra vida en el que estamos abiertos al encuentro de otro cuerpo y otra alma.

Nuestros objetivos, en cada ciclo de la existencia pueden ser muy distintos y los caminos de la satisfacción que cada persona recorre pueden asimismo cambiar. Al principio de nuestras relaciones, nos solemos sentir atraídos por una persona cuyas cualidades tienden a ser totalmente contrarias y polares, aspecto que

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convierte a ésta en “irresistible”. En estos casos, los seres humanos no saben por qué se sienten atraídos ya que los sentimientos y las oleadas de pasión que se desencadenan se mueven en la esfera de lo inconsciente. Es por ello que la persona ignora que casualmente las virtudes más representativas de su pareja son precisamente los aspectos menos desarrollados por el otro y viceversa.

El amor es una amistad con momentos eróticos. Antonio Gala

Tal vez, en los niveles más básicos del espectro evolutivo se trate de unir dos cuerpos sanos y aptos para una adecuada reproducción. La naturaleza en esos casos, busca la supervivencia de la especie y no tiene tanto en cuenta la afinidad de los proyectos internos de cada uno de los miembros. Más tarde, cuando la persona está algo más despierta, comienza a sentir que las casualidades no existen y, conforme se va conectando con la futura pareja, va también comprendiendo el plan de aprendizaje que tal unión conlleva.

La mejor manera de relacionarse con los demás es pensar en qué se les puede ayudar. Genom.

Para las personas de modalidad avanzada, la relación se basa en el crecimiento integral. Es por ello que mientras sienten que sus almas crecen y evolucionan, consideran a su pareja como perfecta. Sin embargo, si llega el momento en que tras múltiples síntomas, constatan estancamiento e incapacidad para hacer evolucionar sus vidas, muchas parejas terminan por comprender que cada cual debe seguir su camino, celebrando con gratitud y perdón el trecho compartido. Es evidente que en estos casos no se termina la relación por cuestiones psicológicas de inmadurez o por no haber aprendido suficientemente “la lección”, sino simplemente porque de la misma forma que acaba un libro o un viaje o bien una carrera, también puede acabar un proceso vital de “aprendizaje a dos”.

Y si en los primeros y juveniles pasos de la relación, lo que se busca es encontrar simplemente alguien atractivo y responsable para crear una familia. Tal vez, con el paso del tiempo, si la relación termina y la persona se abre a una nueva oportunidad, lo que entonces se desea con mayor madurez es aprender y desarrollarse. En este caso, la motivación de la futura unión ya no estará enfocada en las aptitudes idóneas para la creación del grupo familiar, sino en la recreación de un yo profundo consciente y evolucionado. La persona entonces buscará alguien con quien crecer integralmente, y casualmente se sentirá atraída por un ser con un nivel afín en la apertura de consciencia.

He descubierto un principio que puede evitar que cualquier situación difícil se convierta en desastre. La clave es ponerse en el lugar de la otra persona y buscar la verdad en lo que nos dice.

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Cuando a una persona le llega el momento de adentrarse en el camino de su interior y, cada día, siente que su vida tiene sentido porque progresa, se siente más feliz y compasiva. Son momentos en los que se busca un alma con quien compartir los descubrimientos profundos, con quien sintonizar lo inefable del Ser y el anhelo de reunión hacia esferas existenciales más amplias.

Lo “perfecto” es un concepto provisional que existe en el seno de un gran presente, tan solo mientras cubre nuestros objetivos. Con el devenir, el Universo, la sociedad y nosotros en ella, nos vemos sometidos a cambios constantes, tanto de nuestras propias jerarquías de valores como de facetas inusitadas de desarrollo que aparecen con el despliegue siempre misterioso y fascinante de la vida que se despliega.

El hecho de que una relación de pareja termine, incluso a pesar de la voluntad de alguno de los miembros de la misma, ¿significa algún tipo de fracaso?

Cuando pierdes, no pierdes la lección Anónimo

No hay fracaso, aunque los padres y amigos educados en los viejos modelos, así lo interpreten. Finalmente, el fracaso no deja de ser una interpretación.

En realidad, no hay fracasos, hay aprendizajes e incremento de la experiencia. Cada trecho del camino realizado en comunión con otro ser, es todo un luminoso capítulo en el que nuestro cuerpo y nuestra alma han creado y testificado toda una vida de luces y sombras. Hay personas que deciden renovar su energía renaciendo con otra pareja con la que seguir evolucionando hacia la conciencia despierta, mientras que otras, deciden permanecer en pareja y enfrentar todas las aperturas que el patrón requiere, adaptándolas a los nuevos anhelos y frecuencias. Ambas formas de crecer son legítimas y valiosas. Lo que tal vez importa es cómo realizamos los tránsitos y la calidad con que sabemos salir y entrar en las nuevas etapas.

Si hemos desarrollado la capacidad de amar y convivir, las virtudes y defectos de la persona con la que compartimos nuestra intimidad emocional, no serán tan importantes para inclinar la balanza. Todos los seres humanos tenemos luces y sombras, y si bien al principio de una relación se ven tan sólo las luces, más tarde enfrentamos las sombras, un proceso que madura en un sano equilibrio de ambas. Aprender a valorar lo que no es perfecto y disfrutar de ello es un signo de salud mental y madurez del alma.

Un corazón grande se llena con muy poco. Anónimo

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