Chapter Three Conceptual Framework
3.2 Operational definition 1 Perception
3.2.2 The dependent Variables
El Capítulo 5 ya incluyó un extenso análisis de cuánto pensaban tener en común las personas encuestadas con otras personas de su misma identidad religiosa, así como de otras, incluidas entre ellas la de identidad irreligiosa o quienes se dicen “sin religión”. Pero las personas bien pueden tener percepciones positivas o negativas de toda una serie de otras categorías o grupos sociales, las que surgen en el fondo – y a veces inconscientemente – de su identidad religiosa y/o su religiosidad. Para captar estos posibles efectos recurrimos a una serie de modelos de regresión logística. Concretamente dicotomizamos las variables dependientes, dejando las opciones “mucho, algo, y poco” en una categoría de valor 1, y la opción “nada” con un valor 0. Los modelos incluyen las mismas variables independientes y
referencia. Los resultados son poco relevantes. Esto muestra que la religión no es una determinante de gran significación en la creación de prejuicios o distancias sociales.
Frente a la pregunta de si le “incomodaría” que “su hija o hijo se casara con alguien de una clase social más baja que la suya”, solamente las personas con un mayor nivel en el índice de religiosidad en México (p<0.001) y en Colombia (p<0.05) indicaron que sí. En México y en Perú las personas no católicas se mostraron más dispuestas a aceptar esta noción que las católicas. En Chile y en Argentina lo mismo ocurrió con las personas irreligiosas, pero estos resultados son de poca robustez (p<0.05), salvo el referido a Argentina que es de una significancia mediana (p<0.01). En Argentina, Chile, Colombia (p<0.05), Guatemala (p<0.01), y México (p<0.001), a mayor status socio-económico, mayor es la resistencia a aceptar la proposición hipotética indicada más arriba. Las personas de más edad en Brasil (p<0.001), Chile (p<0.01), y Perú (p<0.05), se manifiestan más dispuestas a aceptarla, al igual que los mestizos en Colombia (p<0.01) y Perú (p<0.05), y las personas de otras mezclas raciales (p<0.05) y las irreligiosas en Chile (p<0.05). En cambio, en Guatemala los mestizos reaccionan negativamente frente a la frase propuesta (p<0.001). En suma, hay otras variables, no las religiosas, que afectan algo más las actitudes frente a esta situación hipotética, sin que aparezca, en todo caso, algún patrón explicativo alternativo en forma consistente.
Al plantear la frase “tener un vecino de otra raza”, en el marco de la misma pregunta respecto a si “le incomodarían las siguientes situaciones...”, los resultados muestran que Brasil, el país con la mayor diversidad racial entre los siete donde se realizó EcosociAL-2007, se destaca de los demás. Allí, las personas de mayor status socio-económico dicen sentirse más bien incómodas con la proposición (p<0.001); los mestizos, en cambio, así como las personas de otras mezclas raciales y las personas de convicciones religiosas no católicas (resultados todos con p<0.001), señalan no tener inquietud alguna con tal situación hipotética. Este último efecto está seguramente asociado al hecho que en Brasil hay una proporción mayor de personas no blancas entre las minorías religiosas. Las personas mestizas en México (p<0.01), y las de otras razas en Argentina, Colombia y México (p<0.5) también señalan que esta noción no les incomoda, así como a las mujeres en Chile (p<0.05) y en Perú (p<0.001). Nuevamente, con la excepción indicada, las variables religiosas no tienen mayor impacto en estas actitudes.
Las variables religiosas tampoco tienen grandes efectos sobre las actitudes referidas a “tener como vecino a un trabajador inmigrante” o “tener a un vecino de una clase social más baja que la suya”. La primera frase sólo genera una reacción de incomodidad entre las personas de mayor religiosidad en Brasil (p<0.01) y en Colombia (p<0.05), en tanto que las personas de identidades religiosas no católicas en Brasil dicen que no les molestaría la idea (p<0.001). En cuanto a la segunda frase, las personas altamente religiosas en México dicen sentirse incómodas con la situación que plantea (p<0.001), mientras que las personas no católicas y las sin religión en Brasil indican lo contrario (p<0.01), junto con las irreligiosas de Argentina y las no católicas en Perú (p<0.05).
La frase “que su hija o hijo tenga un amigo o amiga homosexual” concita más expresiones de incomodidad entre las personas de religiosidad más alta. Ello sucede en Argentina, Chile, y México con el máximo nivel de significancia estadística (p<0.001), y en Colombia con un nivel intermedio (p<0.01). Las personas de identidades religiosas no católicas en Brasil (p<0.01), Chile y Colombia (p<0.05), muestran mayor rechazo a esta posibilidad que las católicas. Sin embargo, la frase genera reacciones más o menos fuertes con otras variables también. Genera una reacción de rechazo entre las personas de mayor edad en todos los países (con p<0.001 en Argentina, Brasil, Colombia, México y Perú, y p<0.01 en Chile y Guatemala), y entre las personas mestizas (p<0.001) así como de otras razas (p<0.01) en Guatemala. En cambio, tiene el efecto opuesto entre las mujeres en Argentina, Brasil, Chile, Colombia y Perú (con p<0.001 en todos los resultados), entre gente de otras mezclas raciales en Brasil (p<0.01), Chile (p<0.01) y México (p<0.001), y entre los mestizos en Chile y México (p<0.01).
Las distancias sociales también quedan reflejadas en las preguntas de la encuesta que se refieren a si las personas han sentido discriminación por algún motivo. Ya vimos en el Capítulo anterior los efectos que se generan al preguntar por las percepciones de discriminación en base a las identidades religiosas y la religiosidad, pero estas variables también pueden intervenir en las percepciones que las personas tienen de si mismas por otras razones. Por ejemplo, si la mayoría de las personas mestizas que dicen ser discriminadas por ser mestizas resultasen ser evangélicas, cabría la posibilidad de que su
identidad religiosa, y no su auto percepción étnica, sea el factor que predomina en las señales de discriminación o de rechazo que perciben de parte de otros.
Sin embargo, este tipo de situaciones no se dan, en general, en los países donde se aplicó la encuesta. Nuevamente, recurrimos a modelos de regresión logística para analizar estas preguntas, con las respuestas dicotomizadas (siendo “muchas” y “algunas veces” igual a 1, y “nunca” igual a 0), y la misma batería ya mencionada de variables independientes y de control. Al preguntarle a las personas encuestadas si “se ha sentido rechazado, molestado, o mal mirado por su color de piel, raza o etnia”, las personas altamente religiosas y las irreligiosas en Chile (ambas con p<0.01) indican que sí. El mismo resultado se obtiene con los irreligiosos en México (p<0.01), y con las personas de otras religiones – no católica – en Brasil (p<0.05). En todo caso, como es de esperar, los resultados más consistentes derivan de las determinantes que reflejan las identidades étnico-raciales las que, nuevamente, contrastamos en la regresión con la experiencia de las personas que se dicen “blancas”. Quienes se identifican como mestizos sienten que han sido discriminados en Argentina (p<0.001), y en menor grado en México, Guatemala y Perú (p<0.05). Quienes tienen otras razas o mezclas raciales señalan haber sufrido este tipo de rechazo en todos los países donde se aplicó la encuesta, siendo su orden descendente en cuanto a la importancia de los coeficientes respectivos y su nivel de significación el siguiente: Argentina y Brasil (ambos con p<0.001); Colombia y Guatemala (con p<0.01); y México, Perú y Chile (con p<0.05). Los jóvenes informan más que las personas de mayor edad haber sentido discriminación en Argentina, Brasil, Colombia, Guatemala y Perú (p<0.05). Lo mismo ocurre con las personas de mayor status socio-económico en Chile, Guatemala, México y Perú (p<0.01) y Argentina (p<0.05), y con las mujeres en Perú (p<0.01) y Guatemala (p<0.05).
Las variables religiosas intervienen algo en la percepción de haber sido discriminado por “la ciudad, región, o lugar de donde proviene” en Argentina (donde afecta a las personas más religiosas, p<0.05), en Brasil y Colombia (donde repercute en quienes adhieren a credos no católicos, con p<0.01 y p<0.05 respectivamente), y en México (donde afecta a los irreligiosos, p<0.01). Sin embargo, en Argentina el ser mestizo o de otra mezcla racial afecta más este tipo de percepción en las personas (p<0.001 en ambos casos), y en Brasil el
ser de otra mezcla racial (p<0.01) tiene casi el mismo efecto que el ser de otra identidad religiosa. En Argentina (p<0.01) y sobre todo en Chile (p<0.001), el ser joven disminuye las chances de haber sufrido este tipo de discriminación, teniendo este mismo efecto el ser de un status socio-económico más alto en Guatemala (p<0.05), México (p<0.05) y Perú (p<0.001).
Respondiendo a la posibilidad de haber sido discriminados por “ser pobres”, las variables referidas a la religión también tienen algún efecto. Llama la atención el hecho de que el resultado positivo más fuerte en esta pregunta, tanto por su coeficiente como su nivel de significancia estadística (p<0.001), venga de parte de los irreligiosos en México. Las personas de religiones no católicas tienden a informar que han sufrido este tipo de discriminación más que las católicas en Brasil (p<0.001) y, con menos robustez estadística, en Chile, Guatemala, y Perú (p<0.05). Pero quienes tienen mayor religiosidad perciben menos este tipo de discriminación en Brasil (p<0.05).
Pasando a las variables no religiosas, las personas mestizas en Argentina, Colombia, y México (p<0.05), pero sobre todo en Chile (p<0.001), declaran ser víctimas con mayor frecuencia que las blancas de este tipo de discriminación, al igual que las personas de otras mezclas raciales en Argentina (p<0.01) y Chile (p<0.05). Las mujeres en Brasil (p<0.001) sienten este problema más que los hombres, pero en México (p<0.01) y Perú (p<0.05) se da la situación inversa.
Sin embargo, la relación más consistente frente a esta pregunta es también la más obvia, que se da con la máxima robustez estadística en todos los países (salvo en Brasil, donde no hay relación alguna): las personas de un status socio-económico más elevado optan con mayor frecuencia por decir que “nunca” han sentido discriminación por ser pobres. En todo caso, vale recordar que – al ser estos resultados el producto de una regresión múltiple – los efectos anteriores relacionados a la identidad religiosa, la religiosidad, y las identidades étnicas y raciales se producen una vez controlado el impacto del status socio-económico.
La discriminación “por sus preferencias políticas” es percibida principalmente por las personas irreligiosas en Brasil, Chile y México. Ellas tienden a ser de izquierda. Nuevamente, llama la atención que el resultado más robusto tanto por su coeficiente como por su nivel de significancia estadística (con un valor z cinco veces mayor que el término de error)45, se da entre los irreligiosos mexicanos. En Brasil y en Chile los coeficientes tienen valores cercanos a algo más que la mitad de los mexicanos, siendo también robustos (p<0.001). En Brasil (p<0.01) y en Colombia (p<0.05) las personas de otros credos religiosos también perciben este tipo de discriminación. Lo mismo ocurre con los mestizos en Argentina (p<0.001) y en Guatemala (p<0.05), mientras las personas de otras mezclas raciales en Brasil (p<0.001) tienden a decir que “nunca” sufren algún acoso por este concepto. Las personas de un status socio-económico más elevado en Argentina (p<0.001), Chile (p<0.001), Colombia (p<0.01), y Guatemala (p<0.05) también dicen con mayor frecuencia sentir este tipo de discriminación.