3.2 Financial Duties of the Ministry for Foreign Affairs
3.2.2 The Development Cooperation Appropriation
A partir de mi experiencia clínica, puedo afirmar sin temor a equivocarme que el alivio de la carga tóxica marca una decisiva diferencia en lo que se refiere a la detención de la progresión de las dolencias autoinmunes, la inversión de sus manifestaciones y la prevención de que las personas incluidas en el espectro autoinmune evolucionen hacia el desarrollo de una autoinmunidad más profunda. El
mecanismo exacto a través del cual se establece esa diferencia no se conoce de
manera cierta, pero hay una serie de teorías al respecto.
Una hipótesis sostiene que los metales pesados alteran o dañan específicamente las células en diversos tejidos del cuerpo. El sistema inmunitario no reconoce el tejido alterado y lo ataca como si de un invasor extraño se tratara. Es como si los metales pesados «disfrazaran» a las células, haciendo que se parecieran de repente a las fotos de los agentes atacantes fijadas en la pared de la central de mando (para consultar más información sobre dónde pueden estar presentes los metales pesados, véanse los epígrafes al respecto incluidos más adelante, a partir de la página 166).
Otra teoría indica que los metales pesados estimulan las defensas inmunitarias, haciendo que se pongan en estado de alerta. Inicialmente estas no consiguen dilucidar la diferencia entre los propios tejidos y los agentes invasores externos, es decir que se pierde la «autotolerancia» (véase el capítulo 3 para consultar información más detallada a este respecto). Al ser incapaz de distinguir lo propio y lo ajeno, el sistema inmunitario marca los tejidos del propio cuerpo para que sean destruidos y comienza a desarrollarse la correspondiente enfermedad autoinmune. Volviendo de nuevo a la alegoría tantas veces evocada, es como si los metales pesados abrieran fuego contra la central de mando con una clase de armamento diferente y los miembros de la brigada de seguridad perdieran el control y reaccionaran atacando a todos los elementos que tuvieran a tiro, tanto los agentes lesivos como los tejidos del propio organismo.
Como hemos visto con anterioridad, en ambos casos el resultado de este proceso es la inflamación. Según la primera hipótesis, dado que los tejidos corporales en los que se han infundido metales pesados comienzan a asemejarse a invasores extraños, el sistema inmunitario emite una gran cantidad de compuestos químicos inflamatorios adicionales. Según la segunda de las hipótesis, la sobreestimulación del sistema inmunitario hace que se produzca un exceso de material inflamatorio. En cualquier caso, el nivel de inflamación aumenta. Y esa es la razón por la que los protocolos del método Myers están diseñados con la finalidad primera de hacer que ese nivel disminuya. En efecto, uno de los grandes objetivos que el método plantea es reducir la exposición a los metales pesados y las toxinas en general y ayudar a eliminarlos del organismo (ya hablaremos de eso más adelante), aunque también aboga por la mitigación de la inflamación que, inevitablemente, se produce cuando el sistema inmunitario y los metales pesados colisionan.
Hay una tercera teoría sobre el modo en el que las toxinas, no solo los metales pesados, desencadenan la autoinmunidad, que se refiere al modo en el que las células inmunitarias, o inmunocitos, son «educadas». Los linfocitos T comienzan su vida en la médula ósea, aunque pronto pasan al timo, un pequeño órgano situado levemente a la derecha de la parte central del esternón. El timo es el lugar en el que los linfocitos T «aprenden» a reconocer a los invasores externos, a fin de saber identificar a los virus, las toxinas y otros elementos peligrosos para el organismo, y a distinguirlos de las bacterias saludables y de los alimentos sanos que son bienvenidos por la fisiología corporal.
Algunos de estos linfocitos T reciben una educación aun más especializada. Se convierten en «linfocitos T reguladores», a los que les corresponde la importante misión de mantener a raya al resto de los inmunocitos, asegurándose de que no confunden los tejidos del propio cuerpo con invasores extraños. Su misión es, en definitiva, favorecer la autotolerancia. Así pues, cuando no se tienen suficientes linfocitos T reguladores, o cuando estos no han sido «instruidos» de forma correcta, los demás linfocitos T pierden el control y comienzan a atacar a los tejidos del propio organismo como si se tratara de elementos peligrosos para él.
¿Cuáles son las causas de que este proceso pierda el rumbo? Una de las más relevantes son las toxinas, que pueden hacer que el timo se contraiga o se atrofie, impidiendo así que se produzcan suficientes linfocitos T reguladores de la calidad necesaria. De esta manera es más fácil que las restantes células inmunitarias se descontrolen o comiencen a atacar a la glándula tiroides, la médula espinal o alguna otra parte esencial del organismo.
Después de todas estas explicaciones científicas conviene destacar y resumir dos puntos clave:
Como vimos en el capítulo 3, cuanto mayor sea el nivel de inflamación en el cuerpo, mayor es también la probabilidad de que el sistema inmunitario sea sobreestimulado, pierda sus mecanismos de regulación y empiece a atacar a los propios tejidos. Así pues, es importante mantener «el fuego apagado» en la mayor medida posible, de modo que sea más fácil contrarrestar, e incluso prevenir, al menos algunos de los efectos de las toxinas.
La exposición crónica a tóxicos de bajo nivel —como la que sufrimos al consumir alimentos con carga de pesticidas y productos de uso corporal con toxinas— es peor que una única exposición aguda prolongada, ya que la a carga total acumulada es mayor, al igual que lo es el estrés a largo plazo al que es sometido el sistema inmunitario.
Puedo comprobarlo en mi consulta a diario: los niveles de inflamación elevados hacen que los linfocitos T se insubordinen. El hecho de reducirlos los apacigua y aumenta la probabilidad de que se mantengan aplacados y centrados en su función real, es decir, en atacar solo a los elementos invasores extraños. Cuando se mantiene
el estado saludable del intestino por medio de la dieta y de la aportación de suplementos de alta calidad, los linfocitos T actúan del modo en el que se supone que tienen que hacerlo. Una vez aliviada la carga tóxica, las defensas tenderán a «hacer lo correcto», a arremeter contra los elementos extraños y no contra los propios tejidos.