3.8. E Optimal Monetary Policy
4.3.2 The General Case
Esta categoría se posiciona como segundo momento dentro del proceso penal y se refiere a la internación en la sección UEPI del Instituto Psiquiátrico. Está compuesta por dos propiedades que se representan de la siguiente manera:
Ilustración III: Internación Psiquiátrica
Fuente: elaboración propia
a) Actores
Dentro de este momento del proceso penal también emergen actores significativos dentro del contexto de internación psiquiátrica pero que se relacionan solamente durante su estadía en la UEPI del Instituto Psiquiátrico. Los médicos psiquiatras se visualizan como profesionales con los que se tiene buena relación, pero sin mayor cercanía, ya que son los encargados de
Internación Psiquiátrica Actores Médicos Trabajadores/as Sociales Gendarmería Protocolos Visitas Rutina Medicación
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establecer los castigos cuando hay problemas de disciplina o de aplicar las contenciones en caso de descompensación.
“Eeh, los castigos los ponían los médicos. […] Por ejemplo el aislamiento. El cambiar a una persona, si nosotras éramos 6 en una sala, y cambiaban a esa persona a una celda sola. Sola, sola, sola, sola. […] Todo el día. Ella ni siquiera salía a fumar. Sólo salía a comer. Desayuno, almuerzo y once.” (E2, pp.87). “O sea, claro, habían veces en que nos ponían medicamentos extra. […] Para que nos tranquilizáramos. […] Y ahí los médicos lo que si, era mucha amenaza. En el caso mío por ejemplo era: si no haces esto, te suspendemos la visita de tu hijo, si no haces esto, se suspende la visita de tu hijo, siempre fue como amenaza, amenaza, amenaza de la parte médica, que era una doctora la que nos veía.” (E2, pp.101).
“[…] Sí, me esposaron de la pata esa vez que pelié, te esposan. […] Tienes que estar todo el día acostado hasta cuando la doctora pase por ahí y las levante. […] Las vacunas son pa’ descansar el cuerpo y que no te ponguís’ muy rabioso, pa’ darte calma, pa’ gente calmaíta en el lugar” (E3, pp.140). “[…] Ahí me dieron una cantidad de remedios que yo me tambaleaba, caminaba así como curá’, pa’ allá, pa’ acá, me resultaba difícil mantener el equilibrio, carbomazepina una cosa así, una cosa espantosa. […] No, no, nunca me negué pero al principio yo los botaba. […] Sí, se dieron cuenta, entonces me dijeron que si no me los tomaba, mi estadía iba a ser más larga” (E5, pp. 66).
Con respecto a los relatos de las personas entrevistadas sobre este punto, es importante destacar que por parte del Instituto Psiquiátrico, y de los médicos como profesionales a cargo de la administración de medicamentos, se utilizan los fármacos casi como método exclusivo de contención y rehabilitación.
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En base a esto, “[…] como ha señalado el Comité y ACNUDH, el tratamiento forzado y otras prácticas como el aislamiento, el uso de contenciones físicas y farmacológicas y la sobremedicación no sólo violan el artículo 25 de la CRPD, sino que representan derechamente malos tratos y pueden llegar a constituir tortura […]” (Figueroa, 2017, p.115).
En cuanto al rol del trabajador social, se identifica como un profesional de confianza, preocupado y empático con las personas recluidas y las familias de las mismas.
“Tuvimos un excelente asistente social, Pedro se llama en el Horwitz, ¿lo conoce? […] Sí, tan amable él, él se hizo cargo de Tomás y bueno, él me decía: el Tomás luce diferente, es diferente me decía, a pesar de todas sus cosas, él es diferente” (E1, pp.273).
“A ver, con el trabajador social, un 7, era un hombre [Pedro] Sí, muy buena persona. De hecho mi hijo se operó cuando yo estaba internada y él me autorizó que llamara todos los días a mi hijo en la tarde, para saber de él. Emm no, y lo que uno le pidiera, lo que uno solicitara, estaba siempre allá” (E2, pp. 216).
Desde lo planteado por Paredes (2014), el profesional del trabajo social realiza una labor fundamental dentro del servicio de psiquiatría forense, ya que realiza diversas labores que pueden ir desde lo administrativo hasta la atención directa con las personas, lo que incluye considerar las variables de carácter médico y el aspecto psicosocial.
Es por esto que la percepción de las personas entrevistas es positiva en cuanto al rol que desempeña el profesional dentro de la unidad, esto por comprender diversos aspectos que están influyendo en la vida del sujeto y por ser empático con su situación.
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Con respecto al trabajo que realiza Gendarmería, ninguno de los entrevistados refirió haber recibido algún tipo de mal trato por parte de ellos, pero sí se menciona que presenciaron este tipo de situaciones con otras personas. En general, según los relatos, son los encargados de colocar los grilletes cuando algún médico psiquiatra lo ordena y vigilan a las personas desde su puesto de cámaras.
“Y lo otro respecto al tratamiento de los jóvenes, o sea, Tomás menos mal que no tuvo ningún problema, pero… habían otros casos que tenían problemas y los guardias eran bastante, eh bastante duros por decirlo de alguna manera, mm? Inclusive con la gente que va allá, nosotros menos mal que tenemos estudios universitarios, entonces tenemos cierta, cierto alcance para ciertas personas […]. Pero hay otras personas que no tienen tanto y no son tratadas de la misma manera, sobre todo con los guardias” (F.1.2, pp.114).
“[…] Pero gendarmería en realidad no era mucho lo que interactuaba con nosotros, o sea, ellas mientras nosotras estuviéramos tranquilas, calmadas, no insultáramos a nadie, no agrediéramos a nadie, ellas no […] no, no” (E2, pp.97).
“No, no, jamás, no, gendarmería, en ese sentido un siete, súper bien, en ambas partes, en CPF y en la UEPI […] sí, y ya eran más, como más contenedoras porque te hablaban de cómo te sentís’, cómo estai’, ánimo ya vai’ a salir, eh eso” (E5, pp.94).
Resulta difícil definir cuáles son las funciones específicas que realiza Gendarmería en la UEPI del Instituto Psiquiátrico, ya que no está explicitado en ningún lado. Si bien se entiende que son los encargados de la seguridad de las personas que se encuentran ahí dentro, no se tiene información con respecto a los límites de sus funciones.
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b) Protocolos
Esta propiedad se construyó en base a sus dimensiones, desde las cuales se puede comprender el protocolo como un “conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes” (RAE, 2017).
Esta definición resulta apropiada porque desde el relato de las personas entrevistadas habían ciertos elementos que se repetían y que están regulados de manera administrativa.
En el caso de las visitas que podían recibir las personas que se encontraban en internación psiquiátrica, se explicita que éstas se realizaban una vez a la semana y se recibía a la gente en el comedor.
“Era todos los jueves. El día anterior nos afeitábamos y nos preparábamos para ver la visita del jueves, que era todos los jueves en mi caso. Que eran los martes y jueves las visitas, pero yo tenía los jueves […] En el…donde comíamos, donde almorzábamos, donde teníamos las comidas que eran cuatro comidas al día, ahí nos, que era como un comedor recibíamos a las visitas” (E1, pp.27).
“En la visita del sector uno tenía visitas todos los días, no me acuerdo si era de 2 a 5, pero eran varias horas. En el caso cuando yo empecé a tener visitas con mi hijo, tenía una sala especial para recibir visitas con los niños. Y en la UEPI no, en la UEPI había visita una vez a la semana, dos horas diarias” (E2, pp.27).
“[…] Nosotros teníamos visitas una vez a la semana, y todo lo que nos llevaban las visitas, nosotros teníamos que consumirlo ahí, en ese minuto. No podíamos guardar ni siquiera un chocolate […]” (E2, pp.268).
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“Teniai’ visitas los días miércoles y los días, perate’, domingo creo [ya], sí, miércoles y domingo, creo, creo. […] En el comedor, había un comedor dónde estaba la tele y ahí podíai’ recibir las visitas, ehh, hacer trabajos con la terapeuta ocupacional algunas veces, era como una sala multiuso, pero chiquitita [la de la UEPI], si claro, muy chiquitita” (E5, pp.20).
En este punto se pueden visualizar dos elementos que surgen como sub dimensiones de la dimensión visita: comparación con el modelo carcelario y la infraestructura del instituto.
En el relato de la E2, se menciona que cuando estuvo recluida en el sector del Instituto Psiquiátrico, tenía más horas de visita y una sala especial para recibir a su hijo menor de edad.
Se entiende que la UEPI es una combinación de modelo hospitalario y carcelario, pero el tiempo y espacio para recibir a las visitas, no es el más adecuado si se está pensando en la rehabilitación de las personas, ya que el tiempo es muy limitado y los espacios no son acogedores, y lo que resulta importante de destacar, es que la entrevistada deseó en algún momento ir a la cárcel de San Miguel porque las condiciones eran mejores.
“[…] Era mucho mejor, y de hecho la mayoría de las personas pedía por favor ser trasladadas a San Miguel, pero nos decían que…les decían que no podían ser trasladadas a San Miguel porque estaban con una orden judicial de ir al Horwitz […] De repente me daban ganas de que me trasladaran po’ eem, tenían en la cárcel, eran más visitas, tienen dos veces a la semana y harto tiempo, entonces…Pero también le tenía temor a que me trasladaran, no le puedo mentir, porque primeriza, no tengo idea como es el funcionamiento adentro entonces…” (E2, pp.77).
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En la dimensión rutina, la cual consiste básicamente en delimitar los horarios de las comidas, la comparación con el recinto carcelario vuelve a salir a la luz en las entrevistas, donde también se puede hacer una relación con la infraestructura del lugar.
“Nos levantábamos como a las 6, nos bañábamos, nos bañábamos como a las 6 [ya] después dormíamos hasta como las 9, hasta las 8 más o menos, casi todos. Y después teníamos comida a las 9 […] El desayuno. Después hasta las una que comíamos de nuevo que ahí venia el almuerzo, después a las 4 [ya] y ¿después a las 7 parece? ¿O a las 8? […]” (E1, pp.79).
“Era demasiado restringido, teníamos un horario para bañarnos, para tomar desayuno, para almorzar, eem, para fumar eeem, y en cambio en la cárcel ellas me decían que la comida era mucho mejor, es mejor cantidad, que ahí tenía la libertad de fumar, de salir al patio. Nosotros en la UEPI no, en la UEPI nosotros nos manteníamos 24 horas al día encerradas. Y salíamos 5 minutos a fumar un cigarro que eran en la mañana después del desayuno, en la tarde después de almuerzo y después de la once” (E2, pp.73).
Cuando al E3 se le pregunta por su rutina, responde “Todo el día encerrado así […] Si, caminar, caminar todo el día, acostarme, ver tele, mirar pa’ fuera así por una ventana de éste porte, grande” (pp.104).
Al E4 se le preguntó por sus actividades en un día normal dentro de la UEPI y respondió “Ni una cuestión […] Los levantábamos como a las nueve, los bañábamos y después los dejaban jugar cartas, ver películas, a veces salíamos a jugar a la pelota […] (pp.205).
Con respecto a esto mismo, la E5 dice “…el encierro al que te someten […] es un encierro de esclavos, eeh, eso, eso yo como que arreglaría […] horrible
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estar encerrado, sí, es denigrante estar diez minutos en un patio y fumarte dos cigarros…” (E5, pp.160).
En base a los relatos anteriores, queda en evidencia que a las personas recluidas en la sección UEPI les afecta el hecho de pasar encerrados todo el día y no contar con infraestructura suficiente para tener un patio donde puedan realizar actividades recreativas. Si bien algunos entrevistados mencionan salir a jugar a la pelota, esto es ocasional y se da sólo en el caso de los hombres.
c) Medicación
Esta dimensión surge porque si bien las personas que se encuentra en la sección UEPI están en evaluación para determinar su inimputabilidad, todas las personas entrevistadas manifestaron estar bajo tratamiento médico mientras estuvieron privadas de libertad.
Cuando al E1 se le pregunta por su tratamiento médico responde “Emm, recibía un tratamiento de clozapina que era para la esquizofrenia” (pp.65). Luego, se consulta por la existencia de algún consentimiento para la administración de este medicamento y no lo recuerda tan claramente, por lo que la F1.1 responde “Si hijo, te preguntaron y él dijo que si, que aceptaba, porque hubo gente que no aceptaba ciertos tratamientos. Pero él dijo que si al tiro, que aceptaba todo lo que fuera bueno para él, lo aceptaba […] Pero yo firmé todo, y estábamos completamente de acuerdo. Nos informaron todo antes, no fue una cosa de que ellos empezaron a tratar así” (pp.107).
“[…] Habían veces en que nos ponían medicamentos extra […] para que nos tranquilizáramos” (E2, pp.101). La E2 refiere no haber sido nunca informada acerca de los medicamentos que se le administraban ni tampoco firmó algún tipo de consentimiento, y agrega: “Es que en realidad uno no tenía mucho voz y voto en los medicamentos, o sea, yo, por ejemplo, yo tenía un medicamento
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antes de entrar. Y yo dije los medicamentos que yo tomaba, pero no siguieron con ese mismo tratamiento, me lo cambiaron al tiro” (pp.304).
Cuando al E3 se le pregunta si entendía por qué se encontraba recluido en el Instituto Psiquiátrico responde: “Si, ahí yo entendí que estaba en el Horwitz pa’ ponerme vacunas [ya], pa’ calmarme” (pp.52). “Yo tomaba pastillas a cada rato y vacunas […] No me acuerdo, son pastillas fuertes […] Si, tenía que aceptarlo porque tenía que tomar las pastillas” (pp.92).
A partir de los relatos anteriormente expuestos se puede establecer que en algunos casos se realiza un tratamiento forzado sin el ejercicio del derecho de la persona a un consentimiento libre e informado.
En el caso del E1, fueron los padres quienes firmaron el consentimiento para la administración de la clozapina, esto porque es un medicamento muy fuerte con diversos riesgos y molestias, por lo que en la página web del Instituto Psiquiátrico se puede encontrar el consentimiento (ver anexo 9).
En base a lo planteado por Figueroa (2017) desde lo expuesto por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), se debe instar a articular políticas que disminuyan el estigma y la discriminación que sufren las personas con afectaciones de salud mental, incluyendo a aquellas que se encuentran en prisiones u otros recintos de detención, y se debe prohibir toda forma de sustitución de su voluntad.
Las desigualdades estructurales, como el desequilibrio en las relaciones de poder entre médicos y pacientes, agravadas por el estigma y la discriminación, hacen que personas de determinados grupos se vean, de forma desproporcionada, en la tesitura de no poder ejercer su derecho al consentimiento informado (ACNUDH, 2013, p.7).
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Esto se puede relacionar con lo mencionado en el panorama conceptual, ya que desde Foucault (2003) en el modelo asilar el desequilibrio de poder está asegurado por el mismo sistema y su conjunto de vigilancia o por el poder ejercido por los psiquiatras, quienes funcionan bajo la violencia, el temor o la amenaza, tal como lo relatan la E2 y E5.
III. Libertad
Esta última categoría se refiere al momento en el que ya finaliza la internación psiquiátrica y se le otorga la libertad a la persona que estuvo recluida. Se compone de dos propiedades: la continuidad del tratamiento y las expectativas o proyectos a futuro.
Ilustración IV: Libertad
Fuente: elaboración propia
a) Continuidad del tratamiento
Esta propiedad se considera porque para otorgarle la libertad al sujeto en internación provisional, el tribunal solicita un informe médico al Instituto Psiquiátrico para saber si la persona tiene conciencia de enfermedad, adherencia al tratamiento y evolución médica. Y, una vez en libertad, en
Libertad
Continuidad del tratamiento
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muchos casos se les solicita asistir periódicamente donde el juez o jueza para constatar que se está siguiendo con un tratamiento médico.
En el caso del E1 el F1.1 relata que se continuó con un tratamiento de manera particular “No, no, nosotros saliendo del Horwitz ya después tomamos todo particular [ya] ¿Ah? La clínica y después el hospital de día. Estuvo 3 meses, de ahí lo dieron de alta del hospital de día, ahí hacían actividades, cocinan, lo insertan un poco más en todo este mundo normal, que fue bastante bueno para Tomás” (pp.211).
“Sí, tomo pastillas, me dan pastillas, voy al policlínico y me dan las pastillas y el médico legal me da todo lo que tiene que darme la broca” (E3, pp.16). Cuando a la E5 se le pregunta si le sirvió su paso por el Instituto Psiquiátrico manifiesta: “No, la verdad que a mi, pa’ lo que me sirvió fue pa’ salir en libertad […] Que era lo que me importaba finalmente, pero sí, haber estado en el Horwitz y decirte que yo sentí como que me mejoré o que me pasó, no [nada], no hueón’, ahí me sumí en la depresión misma” (pp.140). Y sobre la continuidad con un tratamiento farmacológico responde: “Si, si, pero para dormir nada más […] Sí, tengo un insomnio crónico hace muchos años” (pp.190).
En los casos anteriores, el hecho de que algunas personas sigan con tratamiento farmacológico una vez que salieron en libertad y otras no, es coherente con el relato sobre su propia experiencia dentro de una internación psiquiátrica. Los padres del E1 son personas muy sobre protectoras y se mostraron en todo momento agradecidos de la atención que recibieron en el Instituto porque su hijo se estaba rehabilitando. En cambio, en el caso de la E5, la privación de libertad fue experimentada como una tortura y que no tuvo relevancia con respecto a su salud mental.
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b) Expectativas/Proyectos
Este punto pretende mostrar qué actividades se encontraban realizando las personas al momento de ser entrevistadas o cuáles eran sus proyectos y/o expectativas a futuro.
“Soy estudiante […] Estudio francés y toco teclado también, tomo clases de teclado”(E1, pp.4).
“Yo soy de profesión paramédico […] Vivo con mi mamá porque tengo una orden de alejamiento hacia mi hijo y hasta mayo del próximo año. En mayo del próximo año vuelvo a mi casa” (E2, pp.6).
“Ahora camino todo el día como usted me ve, cochino, igual me baño, me echo una bañá’, me cambio de ropa […] En mi casa, gracias a Dios, me costó que me entregaran la casa y ahora tengo una casa súper linda” (E3, pp.172). “Este otro año quiero empezar a estudiar de nuevo” (E4, pp.10).
“Me dedico a…soy de oficio planificador social [ya], pero me dediqué cuando trabajé en el ministerio de economía algunos años, pero siempre me dediqué al turismo, fui auxiliar de vuelo y guía [ya], cóctel…en Estados Unidos, en San Francisco y eso […] Ahh, estudié teatro también con Gustavo Meza dos años y actualmente estoy con año sabático pero hago digitaciones a la radio María, en un programa que se llama nactum, soy catecúmena, camino San Pedro De Las Condes” (E5, pp.6).
Estos extractos de las entrevistas son relevantes para evidenciar que las personas en situación de discapacidad psicosocial son capaces de reinsertarse en la vida social incluso después de haber estado privadas de libertad en una internación psiquiátrica, pero la sociedad en su conjunto debe trabajar para que eso ocurra y respetar su autonomía. Por otro lado, en el caso
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específico del Instituto Psiquiátrico, debe cambiar su paradigma netamente medicalizador por un modelo más comunitario.
Si las personas con discapacidad son estigmatizadas y no acceden a oportunidades para concretar sus planes de vida, ello se acentúa en el caso de las personas con discapacidad mental –tanto de índole psíquica como intelectual–, pues son quienes experimentan con mayor fuerza la vulneración de su autonomía y se les tilda de “incapaces” para tomar decisiones. (INDH, 2014, p.111).
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CONCLUSIONES
En base al trabajo de investigación realizado, se pueden desprender distintas