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THE HUMAN FACTORS ANALYSIS AND CLASSIFICATION

decíamos más arriba que nuestra investigación se convertía en un movimiento por la

pregunta por la ética río arriba, es decir de la moral de la obligación a la ética fundamental.

Ahora que hemos trazado el terreno desde la idea que nos ofrece la “Pequeña ética de los negocios” como estatuto epistemológico nos disponemos a hacer el camino inverso “corriente abajo”. La pregunta por la ética fundamental nos lleva a descansar entre los dominios dispersos de la aplicación de la ética empresarial vislumbrando sus caracte- rísticas fundamentales.

Veamos algunas caracterizaciones que nos llevarán a comprenderla de manera conjunta, ya río abajo, para descubrir qué clase de ética empresarial queremos componer a partir de distintas propuestas.

2.1. Ética empresarial como resolución moral de conflictos

de acción

Un primer modo de entender la reflexión moral de la empresa podría estar justificado en la necesidad de comprender distintos cursos de acción para llegar a decisiones fun- dadas dentro del universo de la empresa al amparo de una reflexión ética. desde esta proposición, M. t. Brown, afirma:

«[…] para quien aunque pueda resultar extraño, el propósito de la ética no es que la gente sea más ética sino que sea capaz de tomar mejores decisiones»98.

En su supuesto, esta clase de ética está focalizada en el universo de los cursos de acción

desde la decisión. Por eso distingue: (1) una ética negativa, que sería aquella que vela por

las éticas de las prohibiciones, y (2) una ética positiva, que aconseja lo que debemos de

hacer. de ahí que entienda, desde esta segunda distinción, que la ética de la empresa tenga que ser más propositiva, que prohibitiva. ¿En qué consistiría? En que la reflexión ética de la empresa se vertebre en la ayuda a la toma decisiones y no en hacer un catálogo de “prohibiciones manualísticas”.

«La ética es el proceso de decidir lo que debe de hacerse. Todas las decisiones podrían generar un código ético, pero en realidad la meta consiste en generar recursos para que las personas puedas tomar mejores decisiones»99.

según esta propuesta de Brown, sería importante poder contar con observaciones, pro- puestas, juicios de valor y supuestos que enfocarían la reflexión ética hacia un análisis que permita desarrollar una hoja de ruta para la toma de las mejores decisiones y jus- tificaciones en acuerdos comunes. Para ello, necesitaría de: (1) un proceso en la toma de decisiones, (2) un sistema de producción (estrategia) y (3) mantenimiento y cultura. respecto a esta última clave, Brown entiende que una organización es, por un lado, una comunidad moral donde su interacción y aquellas relaciones humanas que se ponen en juego posean una significación moral y, que en ellos, exista el ejercicio de la solidaridad. Y por otro lado, que la organización posea una cultura empresarial donde haya agentes morales, que consideran cursos de acción alternativos, que eligen uno u otro y que jus- tifican la decisión apelando a normas apropiadas de conducta.

sobre la cuestión sobre la cultura empresarial tendremos un apartado dedicado a ello en el siguiente capítulo para encontrar ese contexto propicio para la rsc.

2.2. Ética empresarial como implicada en las relaciones

externas e internas de la organización

octave Gélimier entiende por ética de los negocios como aquella que se implica en las

relaciones, tanto externas de la empresa o de los profesionales independientes (clientes,

proveedores, poderes públicos,…), como internas, es decir aquellas personas de la empresa

en las que está incluida los dirigentes y empleados.

98 cf. M. T. Brown, La ética en la empresa. Estrategias para las decisiones (Paidós, Barcelona 1992). (citado por, A. Cortina, ética de la empresa (trotta, Madrid 1998) 86.

¿En qué consiste esta propuesta? En destacar los valores positivos que permitan la crea- ción de optar por un modelo de cooperación frente al de conflicto. Para ello es necesaria

la presencia y valoración de “códigos de conducta100 para realizar juicios prácticos sobre

situaciones concretas que se presentan, fundamentalmente en el bien obrar. Esto exige, tanto para el dirigente como para el empleado, que no sólo conozca las normas y tengan presentes los valores desde su racionamiento práctico, sino que tenga una buena perso- nalidad, es decir, valores que se corresponden con las virtudes.

si de este modo ético se pudiera tomar partido en la ética de los negocios, el objetivo sería alcanzar buenas prácticas profesionales, insistir en la sensibilidad moral, ayudar a realizar juicios sobre la conducta ética, e inducir y promover las virtudes morales.

2.3. los fines de la empresa y su dimensión

¿cuál es el sentido para hablar de la ética de la empresa? Y, ¿cuál es el ámbito de la ética empresarial (o dimensión ética de la empresa)? Para responder a estas preguntas deberíamos, por un lado, comenzar por el estudio de la realidad misma de la empresa; y por otro, identificar lo que existe de ético en ella. Por esa razón deberíamos de pararnos en el papel que desempeñan los fines de la empresa y su rol en la sociedad.

Para empezar en esta reflexión sobre los fines queremos partir de un texto de Milton Friedman para entender una forma de empresa al inicio de su conferencia:

«¿Qué significa decir que el ejecutivo de la empresa tiene “una responsabilidad social” en cuanto hombre de negocios? Si esa afirmación no es pura retórica, tal cosa significa que tiene que actuar de alguna manera que no corresponde a los intereses de sus patronos. Por ejemplo, que debe refrenar el aumento del precio del producto con el fin de contribuir al objetivo social de prevenir la inflación, aun cuando un incremento del precio favorecía los intereses de la empresa o de las exigidas por la ley, para contribuir al objetivo social de mejora del medio ambiente O que, a expensas de los beneficios de la empresa, debe contratar a desocupados sin oficio en vez de a trabajadores mejor cualificados, con la intención de contribuir al objetivo social de reducir la pobreza […].

En un sistema de libertad de empresa y propiedad privada un ejecutivo es un empleado de los propietarios del negocio. Es directamente responsable ante sus patronos. Esa responsabilidad consiste en dirigir el negocio de acuerdo con los deseos de aquellos, que generalmente se reducirán a ganar tanto dinero como sea posible siempre que se respeten las reglas básicas de la sociedad, tanto las prescritas por la ley como por la costumbre moral»101.

100 cf. O. Gélimier, Ética de los negocios (cdN-Limusa, ciudad de México 1991).

101 M. Friedman: “the social responsability of businnes is to increase its profits”, The New York Times Magazine

La preocupación ética de Friedman sostiene que la responsabilidad del ejecutivo sea la dirección de la empresa desde la voluntad de sus patronos a dispensas de su único fin: «maximización de beneficios».

dos preguntas que nos planteamos a partir de este texto: ¿debe ser de real importancia la voluntad de los propietarios de la empresa para que los beneficios sean maximiza- dos?, o ¿Es solo la voluntad del propietario del capital la que determina lo que debe ser la empresa? respondamos a cada una de ellas desde diferentes puntos de vista. En primer lugar, la respuesta de Friedman («los directivos y propietarios quieren siempre el máxi- mo beneficio») puede ser vista como simplista. como aproximación a la forma de entender la empresa se descubre un modelo insuficiente de descripción de la actividad cotidiana. Efectivamente, la empresa busca el beneficio económico, pero si partimos de la funda- mentación ética, descubrimos que lo importante no es tanto la búsqueda exclusiva por el bien del propietario, sino entender que el indicador más seguro para conseguir su productividad es en una relación abierta y comprometida con el ente social. Por tanto,

¿cómo debe ser esa búsqueda por el beneficio? En un horizonte a “largo plazo”, es decir

en una maximización del beneficio desde su presencia en el mercado y su garantía

de permanecer en el tiempo102. En definitiva, el propietario no sólo le debe importar el

máximo beneficio —como objetivo exclusivo— sino que el beneficio rápido y eficaz no le sirve sino para la supervivencia de su presente inmediato.

En segundo lugar, la empresa, ¿sólo debe estar al servicio de sus propietarios? Friedman

sostiene: «los ejecutivos solo han de responder ante los propietarios de la empresa». ¿significa

que solo existe el propietario como grupo de interés? El autor plantea que la empresa pertenece al propietario. Esta proposición posee algunas dificultades, puesto que si la empresa es una unidad de producción en ella un grupo de personas pasa a ser uso de medios, es decir como parte de la maquinaria financiada por el capital del propietario para la obtención y producción de bienes y servicios. Por tanto, la empresa no puede ser entendida unilateralmente como propiedad exclusiva del propietario, porque los traba- jadores aportan algo importante a la empresa.

recordemos que el personal laboral es imprescindible para la organización ya que sus vidas están condicionadas por la marcha de la empresa. Esta afirmación nos recuerda que la empresa no solo debe de estar sujeta a una concepción determinada, sino exigida a que los intereses de los individuos involucrados sean atendidos por el sector de recursos Humanos. Y hemos usado el concepto de “interés” porque se busca (1) un crecimiento

102 A saber: manteniéndose cómodamente, ganando cuota de mercado y actualizándose con la tecnología.

económico para la retribución de producción de su trabajo y beneficiarse, y (2) que en el trabajo existan condiciones que puedan ser humanas y humanizantes. Estos intereses exigen a que el ejecutivo (directivo) de la empresa armonice los intereses de cada parte.

Y en tercer lugar, la empresa se encuentra al servicio de la sociedad, como institución

social. Lo justificamos desde varias razones:

1. su actividad no se agota en sí misma, sino que se extiende en una relación de alteridad. su relación es de reciprocidad en el bien que aporta y que es aportado de los otros. si así la viéramos, ¿cómo la entenderíamos? como un nudo de vinculaciones (relación

gana-gana) de cooperación voluntaria que busca la riqueza, no sólo para el directivo/ propietario, sino para el personal, e indirectamente al conjunto de la sociedad. 2. La empresa es social por su propia naturaleza. debe ser entendida en un marco social

y de sus necesidades en un despliegue de relaciones. Para ello necesita ser legitimada como organización en la sociedad para servirse de la aceptación social.

3. La empresa se esmera en producir mejores condiciones de calidad y precios para que sus productos respondan de modo cualitativo a las necesidades de los ciudadanos. de ahí que podamos afirmar que el servicio que la empresa reporta a la sociedad sea muy valioso.

4. Joseph schumpeter, destaca la importancia de la innovación para el desarrollo eco- nómico de una sociedad en un marco de un sistema competitivo. de ahí, que el beneficio sea el pago de la sociedad al empresario dinámico e innovador. En definitiva,

hemos creado una ecuación donde beneficio empresarial y servicio a la sociedad quedan

emparentados103.

Planteamos así nuestro primer principio ético como regidor y patrón de las actividades sociales-empresariales: los intereses económicos privados, movidos por el juego del libre de la iniciativa empresarial, no pueden ser el criterio de la actividad económica. ¿Qué debe de hacer la sociedad? organizarse de tal manera para que las finalidades sociales de la empresa queden garantizadas y no perjudicadas por las prestaciones lucrativas de capital. Por tanto, una empresa tiene el derecho de avanzar y crecer económicamente si lo hace en la búsqueda del bien de la sociedad (bien común) donde desarrolla su actividad.

103 Asumiendo la idea de schumpeter afirmamos con él, que: «la atención no se acentúa tanto en la figura del

empresario, sino en la totalidad de la empresa porque lo que es de justicia es el beneficio de la empresa: su prestación de bienes y servicios a la sociedad». Por tanto, desde una visión ética: «la rentabilidad que logra la empresa debe ser planteada como el pago que recibe de la sociedad por el servicio que presta: producir bienes intentando, hacerlo en mejores condiciones y distribuir renta al servicio de la sociedad»: cf. I. Camacho – et alii, Ética y responsabilidad empresarial (desclée, Bilbao 2013) 31-33.

2.4. Ética y armonización de los fines de la empresa

La dimensión ética de la empresa se descubre en ciertas funciones de gran importancia, a partir de unos fines intrínsecos: (1) la producción de bienes y servicios y (2) la distribución de la renta económica generada. ¿Por qué distribución? Usamos este término porque su rentabilidad debe estar focalizada hacia sus propietarios para su permanencia en el tiempo. recordemos que la empresa es una instancia que no puede emanciparse de sus

propios fines: “búsqueda de un rendimiento económico, social y mediambiental”. Para su efec-

tuación no debe de realizarse a cualquier precio (por ejemplo, reducción del ciudadano a ente sumiso o consumidor o al trabajador como medio de producción). Y si así fuera no podrían ser criterios válidos, puesto que:

primero, se debe contar con la conciencia personal de los directivos y el personal de la empresa, donde debe existir una identificación con una serie de valores y principios;

segundo, porque existe un compromiso ético coherente con las partes que entran en contacto;

y tercero, porque se posee instrumentos legales para garantizar el respeto de unos principios éticos mínimos.

2.5. Ética de la dirección y la gestión

Existe una gran cuestión que se plantea y que es de gran ayuda para la reflexión sobre el universo de la ética de la empresa en el transcurso y desarrollo de esta investigación: “¿qué tipo de directivos hay que educar para qué tipo de organizaciones?”

recordemos que la ética de la empresa es parte de la ética como: primero, parte de la

reflexión filosófico-ética; segundo, quiere considerar como ética aplicada la acción moral

de los directivos de organizaciones como sujetos morales con obligaciones sociales, que

transcienden a sus funciones económicas. Y tercero, una fase clave para poseer una visión

más directica de responsabilidad social corporativa a la hora de encarnar aquellos fines. reconstruir estas tres piezas es proponerse la legitimidad de la organización. Para ello hace falta:

comprender a la organización como un proceso organizativo,

poner énfasis en los términos de la toma de decisión,

subrayar la interrelación de los distintos elementos que están presentes en el proceso

de la organización

Y volvemos a formular la pregunta: ¿Qué tipo de directivos hay que educar para qué tipo de organizaciones? Habría justamente que volver a la educación-formación y al desarrollo moral como parte del desarrollo organizativo, donde su núcleo de atención se centre en el sector de la empresa de los recursos humanos.

2.6. Ética de las instituciones como contexto de la ética

de la empresa

Para poder ordenar lo anterior y seguir respondiendo a la pregunta que nos persigue (¿qué tipo de personas, para qué tipo de directivos?), antes debemos de contar con las

siguientes claves que nos propone la misma ética de la empresa104:

1. La empresa es un sistema de valores con potenciales que han de aflorar por medio de una cultura cooperativa.

2. Las instituciones han de reflexionarse desde sus finalidades y desde los valores que la identifican.

3. Lo ético es una exigencia de los sistemas abiertos. ¿Y por qué abiertos? Porque en los sistemas cerrados lo moral se identifica con la legitimidad. desde sistemas abiertos (o desregulados) comprenderíamos a un sujeto ético de la acción que necesitaría de la norma de comportamiento de la organización como una encarnación de los valo- res predicados por la institución. Esta exigencia nos llevaría a una comprensión real sobre la cultura empresarial.

4. Lo ético es rentable.

a) reduce los costes de coordinación tanto externos como internos en la misma. b) Posibilita identificarse con la institución y motivará al empleado a un buen uso

eficiente del trabajo.

5. La cultura de la empresa permite identificarla frente a los competidores.

6. Lo dicho anteriormente, requiere pues de una concepción del papel del directivo, como aquel que se identifica con la misma causa de la empresa y tiene capacidad para integrar hombres en ella.

104 cf. S. García Echevaría – Ch. Lathman, Management de los RRHH en la empresa (díaz de santos, Madrid

1992); o véase también, en: S. García Echevaría, La ética de las instituciones económicas y empresariales (idoE, Madrid 1993).

Estas seis pistas componen lo que llamaremos “cultura empresarial” y que desarrollaremos ampliamente en el siguiente capítulo para contextualizar la rsc.

2.7. la ética de la empresa como forma concreta de ética cívica

¿cuáles son las claves para entender lo ético en la ética de la empresa? dos son las

razones que nos llevan a desarrollar nuestra investigación. En primer lugar, la empresa

desmoralizada es aquella que, dándole la espalda a su propio fin (producción de riqueza para satisfacer necesidades humanas) como entidad empresarial no posee fundamentos para un proyecto en cooperación de emprendeduría. Esta clase de empresa desmorali- zada o encriptada en una especie de moralina no toma en consideración la calidad de sus productos como el valor más alto de su propia misión-visión. Por ello, descuidará de la naturaleza misma de la empresa como grupo humano (y al servicio de éstos) y poten- ciará sus vínculos de relación (internos-externos) desde un punto de vista instrumental.

Por el contrario, una empresa moralizada (“alta de moral”) es aquella que posee fuerzas

suficientes para “hacerse cargo” de los retos a lo que se enfrenta cada día. su estructura

cuenta con un serio y maduro proyecto compartido en el que forma parte: la producción de calidad, la generación de confianza y la comprensión de la realidad humana, no sólo como eficiente, sino comunicativa y cooperativa.

Y en segundo lugar, se necesita recurrir dentro del universo de la empresa de la “razón

instrumental”. de ella se pueden generar: (1) recursos para la toma de decisiones correctas y (2) nos enseña a actuar. tanto, la primera como la segunda razón son insuficientes para una ética de la empresa puesto que se inscriben en un impacto del comunitarismo

y porque necesita de un marco deontológico-postconvencional.

Por tanto, necesitamos que ese marco se inscriba en lo que llamaremos el Ideario comu-

nitario. desde ahí, podríamos descubrir un interesante contexto para orientar la acción económica de la empresa, en la medida en que,

a) sus miembros cobren identidad dentro de la instancia,

b) compartan el mismo objeto común a todos los implicados;

c) refuercen su sentido de pertenencia al mismo frente a la tentación del individualismo

salvaje;

d) produzcan unas virtudes básicas y comunes para el alcance de sus fines;

e) y compartan distributivamente entre sí funciones que atiendan a su mayor ideario: la excelencia.

sin embargo, este ideario comunitario, propio de las sociedades democrático-pluralistas de occidente, no queda del todo satisfecha con la sola racionalidad prudencial o comu- nitaria. cuenta con un marco deontológico-universalista donde ninguna actividad pueda renunciar sin adjurar de su moralidad y que viene caracterizada por un marco comuni- tario: los derechos humanos y el descubrimiento de que cada persona es un interlocutor válido. Éstas deberían ser los patrones que rijan una verdadera ética empresarial como forma concreta de ética cívica.

Y volviendo al inicio de este apartado, ¿qué entenderíamos por ética empresarial? reca-

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