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THE INTERNATIONAL CONTAINER SHIP SIZE REVOLUTION

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4.2 THE INTERNATIONAL CONTAINER SHIP SIZE REVOLUTION

El candidato a los misterios transfigurísticos, confrontado por primera vez a la gloria y a la majestad del nuevo campo de vida que es, como sabéis, la radiación magnética del sexto dominio cósmico, lo experimenta como una tempestad magnética, con todo lo que ella pueda tener de violento. En los torbellinos de esta tempestad cree que ha llegado su última hora, pues la sufre como un rompimiento.

Frecuentemente hemos hablado de estas cosas y conocemos la causa de esta profunda emoción. Llegado el apaciguamiento, el alumno, familiarizándose con este nuevo estado, llega insensiblemente a distinguir la estructura de este nuevo campo magnético. La luz de él es infinita, expandiendo rayos en abundancia. Estos rayos no se parecen entre ellos, son de naturaleza y vibración diferentes, pero sin embargo forman parte de uno solo, brotando juntos del mismo manantial.

Estas radiaciones se dividen en tres grupos. La Pistis Sophia constata su presencia, pero apoyada en el hecho de que provienen de una única y misma majestad:

"La Luz era de tres clases distintas: el primer grupo era con mucho la más resplandeciente, el segundo o el del medio era excepcional y el tercero, es decir el superior, excelente."

¡Resplandeciente! ¡Excepcional! ¡Excelente! -Superlativos que no tienen nada que envidiarse pero que sin embargo distinguen a un grupo de otro.

Esta triple luz es llamada el Vestido de Luz de Jesús el Señor para expresarnos de manera mística y cuando empleamos términos científicos, decimos que esta triple luz es la naturaleza, la esencia del campo gnóstico electromagnético. El alumno que se aniquila en Jesús el Señor recibe este vestido de luz. Este vestido tiene por símbolo un triángulo, es el "trígono ígneo", el triángulo de fuego de la Confessio Fraternitatis R.C.

Respondamos, para comenzar, a la pregunta: ¿Por qué este vestido de luz, está compuesto por tres grupos, por tres aspectos?. Un campo magnético está formado por un polo positivo y un polo negativo. Esto tiene por consecuencia el formar un tercer aspecto. Este tercer aspecto es el resultado o, dicho de otra manera, la luz que brota del reencuentro de lo positivo y de lo negativo. "Lo excepcional" y "lo excelente" se encuentran y el resultado es "lo resplandeciente". La antigua sabiduría hablaba del fuego, de la llama y de la luz; la Biblia los

indica como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y vosotros sabéis que el Espíritu Santo es conocido como una luz. Pensad en Pentecostés y en el descenso del Espíritu Santo. Este descenso vuelve el vestido perfecto.

Este triángulo de fuerzas es llamado "manto", "vestido". Este vestido de luz es pues un vehículo, un cuerpo. La lengua sagrada lo llama igualmente el vestido de bodas, el vestido de oro de las bodas, debido, a su resplandor extraordinario y maravilloso. Debido también al hecho de que este vestido permite al candidato entrar en la Vida liberada.

Este vestido de bodas es consecuentemente el vestido electromagnético por excelencia, el principio electromagnético del que vive el hombre gnóstico. Sin embargo no se le puede llamar a este vestido el cuerpo físico, el cuerpo-alma, sino el vestido, el principio, el triángulo con la ayuda del cual y por el cual puede realizarse el renacimiento. Este vestido de las bodas es pues indispensable para cada candidato.

Este principio electromagnético en tanto que vestido, en tanto que cuerpo, tiene diferentes propiedades. Hay un aspecto "conciencia", y un aspecto "deseo". Aquel que lo posee tiene una mentalidad totalmente nueva, un nuevo yo, un ser del deseo absolutamente nuevo y un nuevo cuerpo cuádruple.

La suma del pensar, del querer, del sentir y del desear humano forma la conciencia. Esta suma es el principio electromagnético del cual y por el cual vive el hombre. Este principio electromagnético son juntos el corazón y la cabeza y la parte "forma" de la personalidad humana proviene de este principio. Este principio domina y atrae, reúne y divide a los cuatro éteres. Este principio lleva a los cuatro éteres a una cierta vibración y la personalidad humana, según su forma es como lo quiere este principio. Los cuatro éteres edifican la forma, el vestido de luz da la fuerza, el "trígono ígneo" es el arquitecto.

Así pues es evidente que el primer trabajo de cada alumno consiste en tejer el manto de luz. Este nuevo vestido de luz solo se vuelve real cuando el descenso del Espíritu Santo ha tenido lugar. Aquel que no posee aún los dos primeros lados del triángulo puede suplicar al Espíritu Santo que descienda, pero ello es una perfecta sin razón, para la persona en cuestión, cuando se trata del espíritu de la renovación absoluta.

Todo hombre posee un vestido de luz, todo hombre está en el centro de un triángulo y todo hombre construye sobre el cuadrado de las actividades etéricas. Todos partimos de una luz de la conciencia, de una mentalidad, de una voluntad, de un deseo, que hace que

existamos. Digámoslo pues una vez más: todos poseemos un triángulo, ¿pero este triángulo es el vestido de oro de las bodas, esa grandiosa luz cuya intensidad deslumbra a la Pistis Sophia?.

Poseemos, según la naturaleza, un vestido dialéctico tejido por el campo electromagnético de la impiedad. Este vestido no permite ir ante el Esposo. Nuestro principio electromagnético no nos permite tomar parte en otra vida distinta a la de este mundo.

Debemos, por consecuencia, práctica, corporal, orgánica y perceptiblemente vivir de un nuevo principio electromagnético. Si os es difícil creernos, sabed que todas las enseñanzas universales y todos los libros sagrados testimonian de esta exigencia. La Rosacruz habla de ello diciendo: que es necesario ser inflamado por el Espíritu de Dios- ex Deo nascimur; que es necesario morir en Jesús- in Jesu morimur; y que es necesario ser revivificado por el Espíritu Santo- per Spiritum Sanctum reviviscimus.

Éste es el verdadero "trígono ígneo", el triángulo de fuego. El trabajo inicial, el trabajo más importante es llegar a estar en posesión de este triángulo de fuego. Representa por sí solo el trabajo del alumno. Entonces ¿cómo llegaremos a tejer este indispensable manto de oro de las bodas?.

"Ser inflamado por el Espíritu de Dios" se refiere a la rosa que se abre en el santuario del corazón. Este nuevo estado de la rosa nos hace conocer nuestro propio estado, nuestro lamentable estado de caída, de sufrimientos y tristezas y nos permite considerar el camino en sus numerosos aspectos, en sus aspectos liberadores. Y la Escuela Espiritual esta allí para servirnos sin cesar de guía y sostén. Ella nos aporta una increíble riqueza de conocimientos divinos.

Sabiendo todo esto, habiéndole escuchado y probado, comprendemos que somos invitados a admitir, después de haberlo asimilado todo bien, la necesidad de un proceso, sabiendo que este proceso, solo estamos autorizados a llevarlo a buen termino, a ejercerlo. Aquel que no lo hace, aquel que, confinándose en la filosofía y la enseñanza teórica, las toma por objetivo, este no asistirá a la eclosión de la rosa, la verá marchitarse, la verá perder su belleza y su perfume. Pues lo importante no es saber sino hacer.

La Escuela de la Rosacruz que vosotros conocéis se encuentra enteramente bajo la característica del primer lado del triángulo de fuego y ella solo consigue su objetivo en el alumno cuando se declara dispuesto a pasar al período activo del proceso, es decir a trazar el segundo lado del triángulo.

Cuando el alumno es serio y actúa concienzudamente, la Escuela está allí para servirle. El segundo lado del triángulo es, como sabéis, "morir en Jesús el Señor". Viviendo, trabajando, realizando conscientemente lo que se pide gracias a las fuerzas que sin interrupción tocan la rosa y la vivifican -cuando el candidato no repele el trabajo impuesto -cuando con constancia avanza -cuando con la rosa realiza su camino de cruz y une la rosa a la cruz -cuando comprende, al lado del polo positivo, el valor del polo negativo del nuevo campo de vida, el campo electromagnético de los nuevos poderes -cuando, finalmente, termina así su calvario -está claro que el Consolador, el Espíritu Santo, el Paráclito, vendrá hacia él, descenderá sobre él, demostrando la realización consumada.

Entonces es el momento de la fiesta de Pentecostés, es decir el tercer lado del triángulo de fuego. Terminado el camino de cruz, el alumno entra en la realización prometida y una luz es encendida, la del Espíritu Santo, ante el resplandor de la cual la luz dialéctica debe borrarse. Entonces, allí, la Escuela Espiritual acompaña al candidato en los aspectos superiores del Cuerpo Viviente. El vestido de oro de las bodas es tejido. La nueva conciencia está presente, la triplicidad de un nuevo pensar, querer y desear. Y la personalidad puede continuar transfigurando, según la forma, sobre la base de un nuevo cuadrado.

Pero, diréis vosotros, el triángulo y el cuadrado están englobados en un circulo por el yo superior. ¿Que le ocurre al yo superior cuando llega la manifestación del Vestido de Luz?.

Ya os hemos hablado muy frecuentemente de este tema bajo diferentes aspectos. Por un lado son unas palabras místicas y por otro un verdadero testimonio gnóstico. Sea el que sea, existe el peligro de quedarse ya en la palabra, ya en el testimonio, de revestirse de ello, de esconderse detrás de mucho dogmatismo sin haber vivido, en el fondo, el pasaje. Así pues se vuelve indispensable explicaros este pasaje de un estado a otro, de una manera diferente, demostrando así la inutilidad del dogmatismo cuando. no está en relación con la verdadera penetración de la luz.

Todo átomo posee un núcleo, un -¡nucleus!-. Tiene nueve aspectos. Este nónuple estado se divide en tres grupos de tres aspectos: la primera tríada es la parte del núcleo cargada positivamente, la segunda tríada es negativa y la tercera es neutra. Cuando un átomo es dividido o, dicho de otra manera, es roto por un proceso especial, una cantidad enorme de energía es liberada. Los sabios atómicos, hasta ahora, lo han hecho de una manera infantil, lo que hace que únicamente una parte de la energía del átomo sea liberada, porque de ninguna manera el átomo es dividido en nueve al ser la energía empleada insuficiente para la división total. Cuando se consiga dividir el átomo según una nónuple fórmula y se aplique este

rompimiento, se podrá decir que las horas de la humanidad estarán contadas. Una catástrofe final tendrá lugar, pues esta nónuple ruptura del átomo ocasionará una reacción en cadena, inflamará un inmenso fuego en el cosmos que sufrirá las consecuencias de ello.

Ahora bien, la Luz, la grandiosa Luz de la que habla el Evangelio Gnóstico de la Pistis Sophia, se refiere al mismo desencadenamiento nónuple, un desencadenamiento atómico de tres veces tres, pero referida a la Rosa del Corazón, al átomo primordial y al ser aural.

Aquel que en el sentido real de la palabra, recorre el camino del Juanista, es decir el camino del holocausto del yo, llama hacia él a una formidable energía, la energía de la gnosis. Esta energía ocasionará, en un momento dado, una resplandeciente reacción en cadena del átomo primordial. Esta reacción en cadena alcanzará muy rápidamente a todos los átomos de la personalidad en concordancia con la naturaleza del átomo primordial. Por consecuencia, se puede decir de aquel que efectúa un desencadenamiento parecido que ha unido la rosa a la cruz, la ardiente rosa púrpura abierta. Puede entonces decirse un verdadero Rosacruz.

Podéis hora comprender cuanto difiere un verdadero Rosacruz de un hombre dialéctico. Las diferencias atómicas son incomparables. Solo el verdadero Rosacruz es un verdadero portador del vestido del alma.