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The model with change-points in duration dependence

5. Empirical Results

5.2. The model with change-points in duration dependence

Gabriela Inés Maldonado1

1. Introducción

Históricamente los países latinoamericanos se han incorporado a la llamada División Internacional del Trabajo como proveedores de recursos naturales, con base en la teoría de las ventajas comparativas pregonada por economistas y políticos liberales. El contexto actual no ha cambiado mucho, nuestras economías se apoyan en la producción de commodities sin valor agregado, de importante demanda en el exterior y, por ende, con alta cotización en el mercado internacional. Los términos de intercambio siguen siendo desfavorables y la problemática ambiental se profundiza.

Conflictos sociales, ambientales, encuentro de voces con distintas opiniones, intereses contrastados y conflictivos en torno a la producción de numerosos recursos naturales nos obliga a discutir en relación a su definición, incorporación en el pensamiento económico, consecuencias y alternativas. El presente trabajo pretende ser un pequeño aporte a esta discusión. Por ello, el primer apartado está destinado a presentar la conceptualización de los llamados recursos naturales que orienta esta propuesta. Se enfatiza esencialmente en la definición social de un recurso por sobre su pretendida definición

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Docente-Investigadora del Departamento de Geografía, Facultad de

Ciencias Humanas, UNRC y del CONICET.

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natural. Luego, se realiza un breve repaso del pensamiento económico occidental para indagar sobre la forma de incorporación de los recursos naturales en la teoría económica. El camino se detiene en los pensamientos mercantilista, fisiocrático, liberal, marxista y neoliberal.

A la luz de lo analizado en las primeras páginas, el trabajo se detiene en la producción agropecuaria de la región pampeana en la actualidad como una forma de uso del recurso suelo. El apartado se divide en tres secciones: la primera referida a la racionalidad que orienta la forma de producción agropecuaria, la segunda vinculada a las transformaciones territoriales efectivamente materializadas y, por último, la tercera sección destinada a resumir ambas presentaciones. La totalidad de lo desarrollado en esta instancia se apoya fundamentalmente en la realización de trabajo de campo en el sur de la provincia de Córdoba, en el análisis de datos estadísticos y en documentos producidos previamente por el grupo de trabajo.

Por último, en el apartado destinado a la discusión y conclusiones, se advierte sobre la necesidad de repensar el rol de los recursos naturales en nuestras sociedades, de manera tal de que su producción efectiva se oriente por supuestos claramente distintos a los hegemónicos.

2. Acerca de los llamados recursos naturales

Mucho se ha escrito sobre los recursos naturales desde diferentes perspectivas: políticas, ambientales, económicas, geopolíticas, entre otras. En esta instancia no se pretende avanzar sobre la complejidad de dichos abordajes sino presentar y discutir brevemente el encuadre teórico al cual se adscribe el presente trabajo.

Provocativamente el Prof. José María Cóccaro, en sus clases dictadas en el marco de la materia Política y Economía de los

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Recursos Naturales2, iniciaba el día enfatizando en que “los recursos naturales no existen”. Luego del revuelo inicial creado

entre los alumnos expresaba que la adjetivación de “natural” cubre a la definición con un velo que termina por enmascarar el origen social de los mismos, puesto que lo natural remite a lo no- producido socialmente y, por lo tanto, el concepto pierde su carga de historicidad.

Nada más lejos que ello, el “recurso se define desde el sujeto pero no es un valor de uso, es sólo la posibilidad presente en las existencias (natural-sociales) que puede ser apropiado o no, y que para serlo debe ser definido. Es la posibilidad de definir un valor de uso, pero esta posibilidad depende de la lógica referencial social, es decir, de las relaciones de producción y el sistema de necesidades acorde a un modo de producción definido histórico y localmente para una formación económico- social particular” (Natenzon et al., 1988:197). La definición de un recurso es siempre social ya que se define desde quién recurre a él. Para ejercer la acción de recurrir deben conjugarse, en un lugar y momento histórico determinado, una serie de factores. Inicialmente se debe tener conocimiento específico sobre las características intrínsecas del recurso; luego la sociedad debe necesitar recurrir a él; el sistema científico-tecnológico debe desarrollar las técnicas, procedimientos y tecnologías necesarias para poder extraer o poner en producción el recurso; todo lo anterior debe estar acompañado de políticas, normativas y marcos institucionales que promuevan y habiliten el uso de los recursos; y, en el marco del sistema capitalista, su explotación debe ser económicamente rentable. Al respecto, Cóccaro (1996) sostiene que “la verdadera disponibilidad de recursos está en función de la convergencia de este conjunto de procesos que le otorgan especificidad y definen el paso de la potencialidad indeterminada a la objetivación de un valor de uso concreto” (Ibídem:7).

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Departamento de Geografía, Facultad de Ciencias Humanas. Universidad Nacional de Río Cuarto.

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Además de la conjugación de los elementos mencionados y siguiendo la propuesta de Morello (1987), es necesario advertir que el uso de un recurso para determinado fin, implica el no uso

de ese recurso, u otros que se encuentren afectados, para otros fines. Lo anterior se complejiza aún más cuando se avanza en la incorporación de los ecosistemas y sus funciones como fuente de recursos. Entonces el recurso no es sólo la madera de una especie determinada, sino la totalidad de los elementos y funciones que posee un bosque. Cuando se decide realizar un desmonte para destinar esa superficie a agricultura o ganadería, se decide usar el recurso suelo para una función determinada y no usar ni los recursos forestales ni todo lo que el bosque contenga y genere. “El patrón de desarrollo asumido por ciertos países en sus espacios de fronteras agrícolas, la institucionalidad social (quién es dueño de los recursos y qué puede hacer con ellos), y el estilo productivo (para quién voy a producir y qué voy a producir), han priorizado y valorizado un solo recurso: la tierra como productora de cultivos para exportación. Con ello han condenado a muerte al recurso forestal natural y al recurso fauna, a pesar de que la fuente de esos recursos en sí misma es superabundante en esas áreas” (Ibídem:23).

3. Acerca de la incorporación de los recursos naturales

al pensamiento económico.

En general, las teorías económicas han incorporado en sus esquemas teóricos a aquellos -llamados hoy en día- recursos naturales significativos para el contexto histórico del cual éstas emergían. Importantes aportes a este tema pueden encontrarse en los trabajos de Bifani (1980), Naredo (2002, 2004), Ramos Gorostiza y Cuerdo (2000), Ramos Gorostiza (2005), entre otros. Detenerse brevemente en esta revisión es fundamental, ya que tal como afirma Morello (1987) los “modos de uso de los recursos afectan inevitablemente las leyes que gobiernan su proceso de generación y de reproducción, por lo que su disponibilidad efectiva no depende del sistema de recursos en sí mismo, sino

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del sistema social y económico en cuanto a la forma de llevar a cabo sus actividades de uso de los mismos” (Ibídem:23).

Inicialmente, la corriente mercantilista3 -siglos XVI a XVIII- focaliza su atención en la construcción de instrumentos y marcos normativos que propendan a la acumulación de oro y plata en el interior de los territorios de una nación. La fuente de ingresos de dichos metales podían ser: directas, para el caso de las naciones que poseían tierras coloniales con importantes yacimientos en producción; o indirectas, ya sea vía el comercio o la industria. El objetivo final era lograr una balanza comercial favorable, lo que redundaba en la acumulación de oro y plata. La concepción básica radicaba en que, inexorablemente, el enriquecimiento de un país implicaba el empobrecimiento de otro. En este contexto, la explotación de los recursos naturales que revistió más impacto se puede diferenciar en: a) la explotación de yacimientos de oro y plata, como moneda para el comercio, a fin de incrementar las riquezas nacionales; b) el uso del recurso suelo, fundamentalmente en países coloniales, con productos orientados al comercio exterior y explotación de otros recursos minerales -fundamentalmente el guano- que propendieran a alcanzar una balanza comercial favorable en las naciones centrales.

En la primera mitad del siglo XVIII, en Francia y como respuesta a las medidas industrialistas y proteccionistas que se aplicaban en el marco de Mercantilismo, un sector agrario representado fundamentalmente por François Quesnay sistematiza la teoría que enmarca el pensamiento fisiócrata. Sostienen, esencialmente, que la generación de la riqueza está dada en la producción del suelo, ya que éste es el único que tiene la

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Existe un acuerdo general -Fernández López, 1975; Sunkel y Paz, 1988, entre otros- en afirmar que la corriente mercantilista no constituye un pensamiento o teoría económica sistematizada a priori. Ante el nuevo escenario de expansión colonial, se fueron elaborando algunos documentos y normas que regulaban el comercio, cuya compilación se sistematiza actualmente como parte de la corriente mercantilista.

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capacidad de crear algo nuevo. Luego, el resto de las actividades económicas sólo se dedican a transformar o circular lo inicialmente producido. La liberalización del sistema económico, en contraposición al proteccionismo mercantilista, es la base para el buen funcionamiento de éste. Dada la importancia asignada a la producción del suelo se ha denominado a esta corriente “economía de la naturaleza”, puesto que la “economía se afianzó como disciplina asumiendo la tarea de promover ese crecimiento de las riquezas generadas por la Madre-Tierra. Quesnay […] proponía como objetivo de la Economía “acrecentar las riquezas renacientes sin menoscabo de los bienes de fondo” (entre los que figuraba sobre todo la capacidad generadora de la Madre-Tierra” [negritas del autor] (Naredo, 2002:3).

La emergencia del pensamiento liberal, en la segunda mitad del siglo XVIII, tiene una doble vertiente de origen: por un lado, la etapa mercantilista había potenciado la emergencia de un sector social que adquirió especial relevancia en ese contexto y que luego Marx denominaría burguesía comercial. En el mismo sentido, la acumulación originaria del capital tiene como principal base la provisión de riquezas provenientes de las colonias. Por otro lado, la conformación del pensamiento fisiócrata sentaría las bases teóricas para la emergencia del pensamiento liberal. En el marco del liberalismo, los recursos naturales ingresarían al análisis económico siempre y cuando cumplieran las siguientes condiciones: fueran sujetos de apropiación, tuvieran valor de cambio y fueran escasos. Asimismo, la tendencia a los rendimientos decrecientes aparece como una preocupación clara en los pensadores clásicos, puesto que derivaría en un estado estacionario, es decir, en un estado en donde la acumulación de capital ya no es posible. Sostienen que al incrementarse el tamaño de la población, deben ponerse en producción tierras de menor calidad y más lejanas, lo que deriva en mayores costos de producción. El incremento del costo de los alimentos e insumos básicos para el sostenimiento del obrero explica que el salario mínimo de subsistencia tienda a subir. Como consecuencia, la

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