Part 6 Verifying Connectivity and Troubleshooting
6.3 The Most Frequently Encountered VMware Issues
En algunos aspectos significativos, la terapia grupal es similar a la terapia individual. En otros es netamente diferente. Las similitudes emergen de un propósito común y de una misma concepción de la naturaleza de la personalidad humana y de las maneras en que cambia. Las diferencias surgen de un hecho importante: en la terapia individual solamente dos personas están inmediatamente comprendidas, en tanto que en la terapia grupal cinco, seis o siete personas interactúan en el proceso terapéutico. Esta multiplicación del número de los participantes implica mucho más que la extensión de la terapia individual a varias personas simultáneamente; proporciona una experiencia cualitativamente diferente con potencialidades terapéuticas únicas.
Aunque en el presente examen se pondría de manifiesto el parentesco básico entre la terapia centrada en el cliente y la terapia centrada en el grupo, intentaremos transmitir el carácter peculiar de la terapia grupal, no meramente en un esquema amplio, sino con todos los detalles que puedan proporcionar al lector una íntima comprensión del proceso, y con transcripciones de sesiones terapéuticas y de diarios sobre la terapia, que le permitirán apreciar de cerca la experiencia. Siguiendo la tradición establecida en el desarrollo de la terapia centrada en el cliente, presentaremos datos de investigaciones para fundamentar nuestras generalizaciones. No utilizaremos el argumento de la mayor economía de la terapia grupal, aunque es una consideración que se impone cuando la necesidad de ayuda psicológica es muy urgente y las listas de espera de las clínicas muy extensas. Sólo mencionaremos al pasar la posibilidad de que la terapia grupal pueda ser realmente más eficaz que la terapia individual para algunas personas, puesto que carecemos de datos de investigación sobre este punto. Sin embargo, en el descuidado campo de la terapia para la persona normal que atraviesa por situaciones de conflicto que la debilitan, la terapia grupal parece ser más ventajosa que la terapia individual. Hay algunos problemas acerca de los cuales debemos pronunciarnos sólo a modo de ensayo. Sobre otras cuestiones se han hecho suficientes observaciones e investigaciones como para permitirnos escribir con cierta seguridad. No cabe ninguna duda de que las opiniones presentadas necesitarán modificarse a través de nuevos estudios. Hay muchas lagunas y muchos interrogantes sin responder. Pero aun en este estadio del desarrollo de la terapia centrada en el grupo, los que exploraron sus posibilidades y ponderaron sus resultados la hallaron valiosa, y desean conocer mejor este proceso.
Se ha trabajado con grupos de diferente composición y propósitos. La mayor parte de nuestra experiencia se ha realizado con una población seleccionada: estudiantes universitarios que se sentían perturbados e incapaces de obtener las satisfacciones que esperaban de la vida. Algunas personas padecían de una incapacidad temporaria para enfrentar una situación (como la mujer cuyo esposo había muerto en la guerra, y no había podido reestructurar su vida después de esa pérdida); otros estaban más gravemente imposibilitados (como el hombre que no
podía llevar a cabo sus planes de ser maestro a causa de la intensa ansiedad que le producía el contacto con la gente). Todos compartían una característica favorable: sentían agudamente la discrepancia entre lo que eran y lo que deseaban llegar a ser, y buscaban ayuda activamente. Además de un trabajo considerable con estos individuos normales pero perturbados, hemos trabajado con grupos integrados por personas con algún tipo específico de problema o de objetivo: veteranos de guerra con diagnóstico psiquiátrico de “reacción de angustia”; estudiantes universitarios que deseaban modificar sus prejuicios raciales o religiosos; madres cuyos hijos asistían a terapia de juego individual; niños desdichados cuyos padres los traían a terapia, y niños que no podían aprender a leer; chicos de una banda de Harlem, que vinieron a tratarse por invitación de un trabajador social que se había hecho amigo de ellos; veteranos con esclerosis múltiple, que buscaban modos de vida más agradables para sus personalidades en continuo cambio orgánico; individuos gravemente trastornados por dolores de cabeza crónicos y otros síntomas neuróticos permanentes; y pacientes clínicos externos con diagnóstico psiquiátrico de esquizofrenia. Sin embargo, nuestros esfuerzos se dirigieron principalmente a ayudar al hombre “medio”, que se presenta por cierto en una cantidad mucho mayor que la “media”. Uno de los principales objetivos ha sido el de descubrir maneras más eficaces de trabajar con el gran número de personas esencialmente normales que encuentran que la vida ha perdido aliciente, luchan calladamente con sus problemas, que gastan una gran cantidad de energía extra para sus actividades, y que tienen un potencial enorme para responder al tratamiento. El informe que presentamos a continuación está signado por nuestro interés en este amplio grupo de personas.
Actividades
• Realiza un cuadro de las etapas por las que atraviesa un grupo según Carl Rogers.
• De acuerdo a las fases del desarrollo grupal que ofrece Frew, explica las razones por las que este modelo se adecua a la fase de afiliación y porqué no conviene utilizarlo en alguna otra fase.
• Realiza un documento en el que describas las condiciones nucleares del modelo de Rogers en tu experiencia grupal.
El enfoque centrado en la persona (ECP) que propone Carl Rogers, ahora es aplicado armoniosamente en el grupo de encuentro, como lo define el mismo autor. La confianza que Rogers encuentra en el crecimiento y recursos del propio cliente, se ven reflejada en sus conceptos de autocompresión, actitudes básicas y conducta de autodirección. Por otro lado, las “condiciones nucleares” aplicadas al acompañamiento grupal: (1) genuinidad, autenticidad o congruencia del terapeuta, (2) aceptación positiva incondicional y (3) la compresión empática, son las que le dan la cualidad de calidez y humanismo al abordaje del trabajo terapéutico grupal con este sello tan distintivo que le da Rogers a los grupos de encuentro o grupos de crecimiento personal. La aceptación, punto central del trabajo de Rogers, abarca aceptar las diferentes dimensiones que en el grupo aparecen, la aceptación del grupo tal como es, la de los miembros del grupo y la de aceptación del mismo facilitador, sus sentimientos e intuición, con lo cual se permite intervenir de manera auténtica y espontánea.
IV. Terapia de grupo existencial