6.4 Grid Technologies
6.5.3 The parallel implementation of the spatio-temporal segmentation algorithm
¿Qué puertas? Haciéndome eco de las palabras de B.
Boutros Ghali: "Hoy más que nunca, la causa de la mujer es la causa de toda la humanidad", pienso que la causa de la mujer debe ser una opción muy específica de la Familia Dominicana. ¿Por qué? Si en el centro de la predicación debe estar la defensa de la justicia, una víctima secular de la injusticia es la mujer. Así que vamos a transitar el nuevo milenio con un mayor y mejor in- tercambio, tomando en cuenta el paradigma feminista, comprar- tiendo las cualidades específicas de género y tratando de des- montar lo que cada género contiene de oprobio.
La Familia Dominicana, por vocación profética, está lla- mada a ver, con los ojos de Domingo de Guzmán, una sociedad de acelerados cambios, de intensas vivencias, en la cual emergen nuevos sujetos que se afanan no sólo por vivir, sino por vivir con sentido humano e imprimirlo en el mundo. El cambio nos exige vivir de manera diferente, aproximarnos más las unas(os) a las otras(os) y reconocer nuestra propia historia. En este horizonte multicultural, la diversidad, además de una riqueza, es un proble- ma. Los nuevos sujetos... no son idénticos, sus identidades son multicolores y provienen de historias y procesos particulares12.
Entre los nuevos sujetos está la mujer.
¿Abriremos una nueva puerta a la mujer? ¿De qué manera? Entre otras actitudes, relativizando el poder y la estruc-
tura jerárquica. Esto es válido tanto para la Familia Dominicana como para la Iglesia. Al respecto, afirma Urs Von Balthasar;
12 Marcela Lagarde, Op. cit. p. 6.
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"Para una justa respuesta de los problemas de la mujer en la Iglesia... habría que recordar a todos los católicos -comenzando por las mujeres- que en la Iglesia el principio mariano (esto es, el principio femenino) es más importante que el propio principio jerárquico, confiado al grupo masculino... María, en efecto, es el corazón de la Iglesia. Un corazón femenino, que debemos reva- lorar como se merece, en equilibrio con el servicio de Pedro... Esta es la teología de la gran tradición católica".
A través de los tiempos y en los diversos lugares, que se- pa yo, las relaciones entre mujeres y hombres de la Familia Do- minicana han sido, en general, fraternas. Pero eso no basta. Ade- más, al hablar de una opción por el feminismo, pienso no sólo en las mujeres de la Familia Dominicana sino en las mujeres de la gran Familia Humana, en especial en aquellas más desfavoreci- das a causa de su condición social, raza o color. Pienso que la Orden no se ha comprometido con la causa de la mujer, sobre to- do desde un ámbito social, político y jurídico. Hay que luchar para construir una democracia genérica que abarque a las mu- jeres:
Se trata de lograr el estatuto -social, jurídico, político, cultural e identitario- de personas humanas para las mujeres... Para empezar, es preciso reconocer que la opresión de las mu- jeres no sólo es externa a ellas, producto de las relaciones socia- les, sino que además la condición femenina como expresión his- tórica de la denominación patriarcal contiene en sí misma he- chos que atenían contra la condición humana de las mujeres, de las "humanas "'3. ¿Se abrirá la nueva puerta de la identidad de
género y a los Derechos Humanos? ¿Se abrirá la nueva puerta para construir a las "humanas "?
Dentro de la democracia dominicana tiene que haber un espacio de identificación y expresión de la mujer, desde su ser femenino. Desde una opción por la identidad de género y ejer- cicio de la ciudadanía, aceptar que en la democracia genérica cada mujer es convocada a individualizarse y a actuar descorpo-
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ralivizada, desde su propia especificidad, con sus propuestas. Es ahí donde las mujeres pueden dialogar para compartir una vi- sión del mundo radical como es el feminismo. Y, en todo caso, coincidir y disentir acerca de las visiones, las ideas, los valores, los conocimientos y la historia feminista14. ¿Abriremos la puerta
a una nueva alternativa de vida: la democracia genérica?
El estudio es un elemento constitutivo de la espirituali- dad dominicana. En Europa, Estados Unidos y América Latina contamos con hermanas teólogas. Las Casas de Formación fe- meninas, en el momento actual, privilegian los estudios teológi- cos, de cara a la pastoral y a la predicación. ¿Qué nueva puerta habrá que abrir aquí? Reestructurar las Facultades de Teología de la Orden de acuerdo a una cosmovisión femenino-masculina. In- corporar como elemento importantísimo la teología feminista, de nuestras hermanas y de otras mujeres. Asumirla por parte de los frailes e intercambiar mutuamente. ¿Abriremos una puerta
grande a la teología feminista?
A lo largo de los siglos son muchas las mujeres que han hecho grandes aportes a la humanidad. A pesar de las grandes restricciones al género, hemos contado con grandes humanistas y doctoras. Pero, en realidad, éste ha sido un pequeño número de privilegiadas, frente a una gran muchedumbre de mujeres conde- nadas al silencio. Recuperar la memoria histórica de las mujeres silenciadas sería otra puerta nueva para abrir. Al respecto, cito un fragmento de E. Galeano, de El libro de los abrazos:
Marcela estuvo en las nieves del Norte. En Oslo, una no- che, conoció a una mujer que canta y cuenta. Entre canción y canción, esa mujer cuenta buenas historias, y las cuenta vichan- do papelUtos como quien lee la suerte de soslayo.
Esa mujer en Oslo viste una falda inmensa, toda llena de bolsillos, de los bolsillos va sacando papelitos, uno por uno, y en cada papelito hay una historia para contar, una historia de fundación y fundamento, y en cada historia hay gente que quiere
volver a vivir por arte de brujería. Y así ella va resucitando a los 14 Marcela Lagarde, Op. cit. p. 85.
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olvidados y a los muertos, y de las profundidades de esa falda
van brotando los amores del vicho humano, que viviendo, que
diciendo va. i
Abrir la puerta a un nuevo lenguaje teológico-bíblico-an- tropológico, ya iniciado por las mujeres y que parece algo irre- versible. Potenciar los grupos y asociaciones cristianas que de- mandan la revisión y cambio de las lecturas bíblicas, y, en el caso de la Familia Dominicana, revisar la Liturgia de las Horas, ya que mantienen estereotipos masculinos o femeninos, según el sis- tema patriarcal jerárquico.
Siguiendo los pasos de Catalina de Siena al cuestionar, interpelar e incitar al cambio a la jerarquía eclesiástica de su tiempo, en el momento actual la Familia Dominicana debe traba- jar en favor de un ministerio ordenado para las mujeres. El De- creto Ad Gentes (N° 16), pone las bases. "El Colectivo de Reli- giosas en barrios obreros y ambientes marginados. Madrid", en una proclamación del JUBILEO DE LAS MUJERES, expresa al respecto:
Es, cuando menos, una falta de sensibilidad y de aten- ción a los "signos de los tiempos " para la acción evangelizado- ra; e igualmente una injusticia hacia las mujeres el que se hable y conceda sólo a los hombres, ¿por qué privarnos de recibir este fortalecimiento, ya que realizamos desde siempre estos mismos
servicios?. ¿Por qué unir este ministerio con el tema del "servi- cio al altar"? Parece sólo una coartada para seguir excluyén- donos de cualquier ministerio ordenado. La pregunta que nos hacemos nosotras es: ¿qué opina Jesús en los evangelios sobre el "servicio del altar"?. ¿Qué actitudes reclama Jesús a los apóstoles, hombres y mujeres que le siguieron desde el principio y fueron testigos de su muerte y resurrección?. ¿Es que todavía se pretenderá calificarnos de "impuras " para acercarnos al al- tar?'5.
Si a través de las diversas épocas de la historia las mu- jeres nos hemos unido a los hombres para luchar en contra de la
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esclavitud, el apartheid y la colonización, entre otras cosas que ahora los hombres se unan a las mujeres para abrir la puerta a un nuevo orden relacional, de reciprocidad/alteridad e igualdad. Te- nemos los ladrillos para construir nuevas estructuras, los lazos para establecer unas relaciones distintas, las palabras para crear un nuevo lenguaje... y, como lo han demostrado las muje- res de Hairou..., ¡podemos!16.
Pudiéramos seguir abriendo puertas a una legislación laboral no sexista, más igualitaria (el salario de la mujer es del 30 al 40 % menor que en el hombre. En países como Japón y Corea en algunos casos llega a ser un 50 % más bajo). A una imagen de Dios expresada también con símbolos femeninos, de la tierra, de la naturaleza, etc. Y, especialmente, abrir la puerta para estar al lado de las mujeres que sufren las consecuencias de la injusticia, de la pobreza y de la violencia, de múltiples maneras. Ser dignas y dignos sucesores de Catalina, Antón de Montesinos, Bartolomé de las Casas...
En conclusión, se trata de que la humanidad vuele "con dos alas". ¿Cuál es la premisa femenina? Integrar en la Familia Dominicana, en la Iglesia, en la Humanidad, a hombres y mujeres en convivencia fraterna. Humanidad incluyente, totalidad y di- versidad, que conduzcan a la concreción de una utopía universal
abarcadora.
Como dice Albert Camus, "necesitamos atrevernos a crear y a amar al hombre (a la mujer) que todavía no existe ".
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