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The Proposed Biometric Authentication System

Los estudios desde este enfoque también han dado un especial énfasis a la forma como las personas resuelven los problemas que se les pre- sentan cotidianamente. Uno de los principales modelos teóricos que ha intentado dar cuenta de la forma como se solucionan los problemas es el modelo de cinco componentes, desarrollado por D’Zurilla y Nezu (Vera-Villarroel y Guerrero, 2003).

La solución de problemas sociales se entiende como “el proceso cognitivo-conductual autodirigido mediante el cual una persona in- tenta identificar o descubrir soluciones efectivas o adaptativas para situaciones problemáticas específicas encontradas en la vida diaria” (Vera-Villarroel y Guerrero, 2003, p. 22). El apelativo “social” en esta teoría responde al proceso de solución de problemas en un ambiente relacional, en el cual el sujeto trata con todos los tipos de problemas de la vida, de manera que este abordaje teórico incluye los problemas impersonales, personales/intrapersonales, interpersonales e incluso problemas societales o comunitarios.

La situación problema, a su vez, se entiende como

… aquellas situaciones específicas de la vida (presentes o anticipadas) que exigen determinadas respuestas, consideradas como adaptativas, pero que no reciben respuestas de afrontamiento eficaces provenien- tes de las personas que se enfrentan con las situaciones, debido a la presencia de distintos obstáculos. (Vera-Villarroel y Guerrero, 2003, p. 22)

Desde esta perspectiva, la solución eficaz de los problemas requiere de la implementación de los cinco componentes mencionados, los cuales se encuentran a su vez contenidos en dos procesos mayores que se pueden resumir así (Vera-Villarroel y Guerrero, 2003):

a) Un componente motivador general llamado orientación al pro- blema.

b) Un set de cuatro destrezas específicas de resolución de proble- mas: definición y formulación del problema, generación de al- ternativas de solución, toma de decisiones, y puesta en práctica de la solución y verificación.

Al parecer las personas aplican de manera complementaria estos com- ponentes, los cuales interactúan entre sí de múltiples formas.

estrAtegiAsdeAfrontAmiento

El afrontamiento hace referencia a las conductas generadas por las personas para protegerse de ser afectados psicológicamente por una experiencia problemática que suele denominarse “estresor”, de acuer- do con lo planteado por Pearlin y Schooler (1978). Este es cualquier demanda ambiental, social o interna que lleva al sujeto a adaptar sus patrones de conducta para hacerle frente (Holmes y Rahe, 1967). El afrontamiento envuelve los recursos y mecanismos biopsicosociales activados por la persona al encontrarse en un evento que le gene- ra incomodidad y tensión (Kirchner, 2003). Sin embargo, Pearlin y Schooler (1978) plantean que para entender el funcionamiento del afrontamiento hay que distinguir entre recursos psicológicos, recursos sociales y conductas de afrontamiento.

Los recursos psicológicos son aquellas características de personalidad que funcionan como barreras para manejar el estrés, tales como la autoestima y el dominio del entorno, entendido como la percepción de control sobre las situaciones que se presentan en la vida (Pearlin y Schooler, 1978). Por su parte, Palomar, Lanzagorta y Hernández (2005) plantean que las estrategias de afrontamiento se relacionan con variables psicológicas como la motivación al logro, el locus de control interno, entre otras.

Los recursos sociales, por su parte, dan cuenta de las redes de apo- yo que pueden ser soportes frente a las situaciones de la vida, tales como la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, etc. (Pearlin y Schooler, 1978).

La tercera dimensión se refiere a las conductas de afrontamiento pro- piamente, representan los esfuerzos concretos para hacer frente a la vida, si bien están relacionadas con las dos dimensiones anteriormen- te mencionadas (Pearlin y Schooler, 1978).

Al respecto Vaillant (2000) identifica tres tipos de mecanismos de defensa que se implementan al afrontar las situaciones, los cuales son muy semejantes a la propuesta de Pearlin y Schooler. En el primer gru- po de mecanismos de defensa ubica la búsqueda de apoyo social. En segundo lugar las estrategias cognitivas conscientes, que las personas utilizan intencionalmente ante las situaciones difíciles, tratando de ha- cer lo mejor posible. En tercer lugar, presenta los mecanismos menta- les involuntarios, que distorsionan la percepción de la realidad interna y externa, lo cual reduce la angustia subjetiva. Vaillant (2000) plantea que las dos primeras clases de mecanismos, al estar bajo control vo- luntario y poder influir sobre lo real, son superiores al tercero. Sin em- bargo, los mecanismos involuntarios pueden regular la percepción de la realidad cuando esta no se puede cambiar de manera que pueden ser agentes trasformadores del modo de vivirla (Vaillant, 2000). Así, cuando las soluciones cognitivas y el apoyo social están ausentes, los mecanismos mentales involuntarios permiten alcanzar la homeóstasis. Pearlin y Schooler (1978) identifican tres tipos distintos de estrategias de afrontamiento según la naturaleza de sus funciones:

- Las respuestas que intentan cambiar la situación cuando apare- ce.

- Las respuestas que controlan el significado de la experiencia después de que ocurre, pero antes de la aparición del estrés. - Las respuestas de control del estrés después de que ha surgido.

Por otra parte, Lazarus y Folkman (1984) proponen el llamado afron- tamiento transaccional, que consiste en los esfuerzos cognitivo-con- ductuales que se ponen en marcha para manejar las demandas in- ternas y/o externas que exceden sus recursos personales. Desde esta perspectiva, los autores distinguen dos estilos: el focalizado en la solu- ción del problema y el focalizado en el control de la emoción (Lazarus y Folkman, 1984). Las investigaciones han encontrado que las estra- tegias de afrontamiento basadas en el problema se asocian a mayor bienestar físico (Viñas, Caparrós y Massegú, 1999), mientras que las centradas en el control emocional se relacionan con mayor malestar físico (Scheier y Carver, 1988).

Asimismo, Headey y Wearing (s.f.) plantean que la implementación de estrategias instrumentales como el análisis lógico de las opciones, resolución de problemas, etc., funcionan bien para episodios en los que el problema se desarrolla especialmente en el plano cognitivo (ej. dificultades financieras), mientras que las estrategias afectivas funcio- nan mejor para afrontar problemas emocionales. De acuerdo con estos autores, cuando los problemas son muy complejos, se deberían em- plear estrategias de regulación afectivas para luego utilizar las estrate- gias instrumentales (Headey y Wearing, s.f.).