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4. METHODOLOGY

4.6 The questionnaire:

Supongamos por un momento que lo que une principalmente a Estados Unidos y Europa son valo- res compartidos, es un ser-en-común que se remonta en el tiempo a antiguas instituciones que

u ple àelà olàdeàa tepasadosà o u esà pa aà ita àu aà ezà sàaàBush:à Losà ompromisos de la Carta Magna, las enseñanzas de Atenas, la creatividad de Paris, la conciencia inflexible de Lutero,

laàfeàge tilàdeà“a àF a is o 200). Supongamos, entonces, que admitimos una continuidad que to-

aàlaàfo aàdeàu aàide tidadào ide talà ueàseà osàp ese taà o oà elà ejo àdeàlosà u dosàposi-

les .à¿E à aseàaà u olvidos deberíamos plantear tal continuidad y tal autoridad moral? ¿Qué

de e ía osàol ida àdeàlaàhisto iaàdeà O ide te àpa aà ega àpo àsuàu i e saliza ió ?à¿Pode osà

afirmar, por ejemplo, que el nazismo y los fascismos italiano y español no son Occidente? Desde aquí hemos intentado plantear que la entidad llamada Occidente no es homogénea y mo- nolítica y, en este sentido, plantearla como identidad caracterizada por valores morales como la democracia, la libertad, los derechos humanos, etc., implica olvidar todo aquello que no encaja en

di haàdefi i ió ,àpe oà ueàta i àfo aàpa teàdeàlaàhisto iaà o ide tal .àLoà ueà ue e osàde i à

es que Occidente no siempre fue Occidente, que, como toda entidad particular e histórica, sufre transformaciones que configuran su emergencia (bajo distintas formas) y su ocultamiento. Duran- te la fase de la Guerra Global contra el Terror (aún en marcha) que lideró la administración que fue su mentora, por ejemplo, Occidente apareció opuesto al Islam. Es cierto que los portavoces de la administración Bush hicieron denodados esfuerzos en negar que lo que se estaba haciendo fuera actualizar la idea del choque de civilizaciones huntigniana -una idea definida, básicamente, sobre una visión racista y fundamentalmente anti-musulmana-. Sin embargo, la correlación estaba allí: Cada vez que el discurso occidental tomaba nuevos bríos, los islamistas radicales aparecían, ame- nazadores. Tratamos de plantear, de esta manera, que Occidente es presentada como una identi- dad sostenida sobre valores morales y que, como tal, es utilizada políticamente.

Ahora bien, si desde el propio discurso hegemónico se postula a la identidad occidental como sos- tenida en valores, ¿qué implicancias tiene el hecho de afirmar que Occidente ha perdido sus valo- res? Dicho de otra manera, si Occidente es definido fundamentalmente a través de sus valores,

200 ElàP eside teàBushàseà eú eà o àelàCa ille àale à“ h oede ,à / / ,àe àwww.whitehouse.gov, consultado

afirmar que los ha perdido, ¿no significa también afirmar que Occidente ha perdido su identidad? Esta es precisamente la lectura que tienen aquellos que plantean a la actual crisis de Occidente como una crisis identitaria (Derrida, 1998). Es por esta razón que hemos hecho tanto hincapié en poner en duda la identidad occidental. Si se plantea que lo que está en crisis es Occidente en tanto identidad, se postula el resquebrajamiento de una unidad y, de esta manera, se corre el riesgo de la búsqueda de su restauración a través de la eliminación de aquello que se reconoce como ame- naza existencial. Los sucesivos intentos de la administración Bush que hemos visto más arriba, van en este sentido verdaderamente schmittiano: buscar un enemigo común para restaurar una iden- tidad común.

Po àelà o t a io,àhe osài te tadoàpostula àa uíàu aàle tu aàalte ati a:àu aà isisàdeàu i ersaliza-

ió àdeàO ide te.àDesdeà uest oàpu toàdeà ista,àestaàlectura tiene como ventajas, por un lado, el hecho de que no apunta a la restauración de una identidad que olvida los procesos de identifica- ción y, por tanto, que se olvida a sí misma como construcción; por otro lado, el hecho de que per- mite problematizar las políticas exteriores de Occidente, buscando la causa de dicha crisis en las

políti asàseguidasàpo à O ide te àoà sà ie à-siendo éste una alianza- por sus sucesivos repre- sentantes (centros de la alianza): ¿Qué y cómo se intenta universalizar? Encontrar aquí los funda- mentos de la crisis permite, también, pensar a los procesos de identificación y a las capacidades de universalización en el marco de relaciones de poder (como hemos afirmado, la capacidad de uni- versalización es posibilitada por determinadas posiciones en las relaciones de poder).

¿Hay crisis de valores? No. Los valores están. Lo hemos visto, hemos enumerado cuáles son esos valores occidentales que los propios occidentales reconocen como tales (¿los repetiremos?: de- mocracia, derechos humanos, li e tad… .àLoà ueàe iste,àsí,àesàu aài posi ilidadàdeàu i e salizar- los, porque estos son particulares y los beneficios que traen aparejados también lo son, porque

O ide te àpe dióàlaà apa idadà a ia o àlasà ela io esàdeàpode àdeàu i ersalizar también be- neficios.

B

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La Construcción de la Identidad y la

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