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Chapter 3 The RE(D) Conceptual Framework

3.1 The RE(D) framework

De esta combinación tan contradictoria de elementos resulta la complejidad de la crisis de nuestros países, que se puede resumir como la crisis del desarrollo capitalista dependiente. El concepto de dependencia nos sirve, pues, como guía para calificar los complejos elementos que componen esta situación. Detengámonos un poco en este concepto. Vimos que la dependencia es una característica intrínseca del sistema socioeconómico de los países subdesarrollados. La situación internacional se caracteriza por la existencia de una interdependencia creciente entre las economías nacionales a escala mundial bajo la hegemonía de uno o varios centros dominantes que transforman este desarrollo en acumulación de riqueza y poder para ellos en detrimento de las amplias mayorías mundiales. Esta situación tiene una cara interna en los países dominados. Esta cara interna no es, pues, una consecuencia de factores externos, sino que es su propia manera -el modo dependiente- de participar de este proceso de desarrollo de la economía mundial capitalista. La dependencia es, pues, el modo específico de la producción capitalista en nuestros países. Es, también, la forma en que se estructuran nuestras sociedades. La dependencia es la situación que condiciona nuestro desarrollo y le da una forma específica en el contexto mundial -la del desarrollo capitalista dependiente-. Este desarrollo sigue leyes propias, condicionadas por esta situación, que tenemos que descubrir para poder actuar conscientemente sobre nuestra realidad.

La no consideración de los límites del desarrollo dependiente hizo que la ciencia social latinoamericana aspirara para nuestros países un desarrollo que los conduciría a la misma situación de los países capitalistas avanzados. Pero la realidad se mostró muy diversa, lo que lleva hoy día a una autocrítica de este mismo pensamiento. La comprensión del desarrollo latinoamericano y de las leyes que lo rigen exige rebasar los límites de esta situación condicionante, es decir, exige rebasar los límites y los horizontes teóricos e ideológicos de la denominación. Exige, pues plantear la superación del sistema socioeconómico que genera la dependencia. El concepto de dependencia así comprendido es instrumento indispensable para encontrar las leyes que rigen el desarrollo de nuestras sociedades -su forma, su movimiento y las alternativas posibles de su desarrollo dentro de las cuales nos cabe actuar.

Al concebir el desarrollo latinoamericano como un modo particular del desarrollo del sistema capitalista mundial, tenemos que comprender en primer lugar este sistema para entender nuestra crisis. Desde la posguerra, el desarrollo del capitalismo comienza a presentar características particulares que son el producto de un conjunto de factores que se acumularon en el principio del siglo XX y explotaron con ocasión de la Segunda Guerra Mundial. A este sistema particular de relaciones mundiales intercapitalistas lo llamamos el proceso de integración monopólica mundial.

Sus características centrales son, en primer lugar, un proceso de integración de todas las potencias capitalistas bajo el control hegemónico de Estados Unidos, con base en la ideología de la unidad del mundo occidental cristiano frente al enemigo común: el campo socialista en expansión. En segundo lugar, este proceso de integración se presenta fundado en una infraestructura económica cuya célula está, como lo vimos, en la gran empresa monopólica multinacional y conglomerada. Estas empresas tienen como característica propia, a diferencia de la empresa monopólica de preguerra, el carácter de empresas cada vez más integradas en la economía mundial, de la cual depende gran parte de su funcionamiento, sobre todo a nivel de la estructura internacional de sus inversiones. Estas empresas operan cada vez más a nivel mundial, teniendo a Estados Unidos como su principal base de operaciones.

Ellas también disponen, al mismo tiempo de un flujo de capitales superior a sus posibilidades de inversión a nivel nacional y productivo. Esto las transforma en empresas casi financieras que invierten su excedente creciente de capital no con el criterio de reforzar su unidad tecnología (como ocurría en la etapa de la trustificación), sino con objetivos directamente financieros. El resultado es que se forman empresas que coordinan las más diversas actividades económicas formando los “conglomerados” modernos, empresas especuladoras que movilizan su capital en función de la monopolización de los sectores más dispares y por tanto de una maximización de lucros que las lleva a un exceso creciente de recursos. La acción de los conglomerados es acumulativa: lleva a una brecha creciente entre la disponibilidad de los capitales, recursos y el mercado.

Por esta razón, el problema central de estas empresas, y del sistema neocapitalista en el cual se desarrollan, es el de la organización de mercados masivos que permitan mantener en crecimiento las posibilidades de inversión de capital. El estado, particularmente la industria militar, con sus compras masivas a largo plazo permite estabilizar gran parte del mercado de esas empresas. Los sistemas de venta a plazo, la publicidad y la investigación de mercado, garantizan por otro lado la dinamización del consumo privado. Las mismas grandes empresas consumen, a su vez, gran parte de la producción de las otras empresas productoras de bienes de capitales, asegurando el equilibrio del sistema a corto plazo. Este equilibrio está, sin embargo, basado en la no consideración del desequilibrio básico dado por la contradicción entre la expansión acumulativa de la ganancia y la expansión restringida del mercado.

Los países subdesarrollados aparecen para estas empresas como un mercado importante de bienes de capital a través de la instalación de nuevas industrias, que consumen en general maquinaria y materia prima elaborada importadas de los países desarrollados. El progresivo control de estas oportunidades de inversión en los países subdesarrollados permite a los monopolios ganar una gran expansión y constituirse como empresas multinacionales y conglomeradas en búsqueda de constantes fuentes de inversiones.

Esta es la clave de la actual crisis latinoamericana. La acción expansiva de esas empresas crea tres fenómenos interrelacionados que están en el centro de esta crisis. En primer lugar, el carácter expansivo y las grandes dimensiones de estas empresas entran en un choque cada vez mayor con las limitaciones de los mercados internos latinoamericanos y las estructuras exportadoras y de autoconsumo que precedieron a esta expansión. De ahí la necesidad de apoyar y estimular una política de reforma. En segundo lugar, la inversión de este capital se hace a través de la transferencia masiva de la tecnología recién superada y sustituida en los países desarrollados cuyo objetivo básico es el ahorro de mano de obra en relación al capital invertido. El resultado de este tipo de desarrollo es provocar un gran desequilibrio entre la producción acrecentada y las oportunidades de trabajo. Esto tiene dos efectos básicos en países en expansión poblacional y migratoria y en proceso de sustitución de técnicas primitivas con las cuales substituían vastas capas de la población: el crecimiento relativo de las oportunidades de trabajo es muy inferior al crecimiento de la población en su conjunto y al de la mano de obra desplazada por la introducción de nuevas tecnologías. El resultado de este proceso es la creciente marginalidad de amplios sectores de la población urbana y rural, que constituyen una especie de subproletariado.

El capitalismo dependiente es, pues, esencialmente excluyente en su crecimiento, lo que hace crecer la inestabilidad y el desequilibrio internos de la sociedad y consecuentemente el equilibrio político del régimen se ve amenazado por la creciente presión de consumo de las masas que no pueden ser absorbidas, además de la presión normal de los sectores ya absorbidos por el sistema.

Esto crea una situación estructural de inestabilidad política que exige, por parte de la clase dominante, recurrir a una política de fuerza para garantizar la sobrevivencia del sistema. Esta necesidad entra en contradicción con las exigencias de la política de reforma, que podría quizás disminuir estas presiones temporalmente, y hace acumularse los factores que impiden la reforma. La solución intentada en los últimos años ha sido la de realizar la política de reformas o modernización desde arriba, es decir, a partir de una minoría militar ilustrada por las escuelas superiores de guerra, pretendiéndose obtener el apoyo de las élites sindicales, políticas, estudiantiles, etc. Este esquema ha fallado básicamente por la imposibilidad estructural de combinar reforma y represión de forma eficaz. Las reformas se convierten en sus propias sombras -unas pequeñas medidas modernizadas- y la represión se hace ineficaz por su vacilación entre reprimir y buscar apoyo en los sectores afectados por la represión. En tercer lugar, el capital de las grandes empresas multinacionales se invierte dentro de la perspectiva de aumento de la tasa de ganancia a nivel mundial, y las condiciones de operación más adecuadas a su volumen e intereses son las monopólicas, donde se asegura

una alta tasa de ganancia a través del control del mercado. Esto limita relativamente la necesidad de ampliación del mercado de esas empresas y disminuye sus objetivos reformistas. El conglomerado como agente individual prefiere a corto plazo tomar las empresas más lucrativas de los más distintos sectores que ampliar el mercado nacional a través de una política reformista. La integración y el control sobre los mercados existentes se revela como una política más fácil y menos arriesgada. Así, en vez de profundizar una política reformista se prefiere hacer planes de desarrollo regional a través de estímulos artificiales a la inversión que profundizan la exclusión y marginalización de amplios sectores. O se prefiere las integraciones latinoamericanas o subregionales que permitan integrar los mercados ya existentes y someterlos al control de unos pocos grupos monopólicos.

Resultado: más monopolización, más utilización de tecnología ahorradora de mano de obra, más desempleo relativo, más aumento de la tasa y volumen de la ganancia, mas contradicción entre el crecimiento acumulativo de los recursos de capital y el crecimiento limitado del mercado. De esta manera, el crecimiento del capitalismo dependiente profundiza mucho más rápidamente las contradicciones del capitalismo en general y genera otras contradicciones específicas. La crisis latinoamericana es un producto combinado de la crisis de este desarrollo capitalista industrial dependiente con la crisis del sector subdesarrollado o precapitalista indus- trial, bajo su forma internacional o nacional. Estas otras dos dimensiones de la crisis son las que se ligan, por una parte, al problema del consumo y de las relaciones económicas externas y, por otra, al mercado interno y las estructuras anteriores al capitalismo industrial. Por último, el desarrollo del capitalismo dependiente no excluye las leyes de funcionamiento del capitalismo monopólico en general, y estas leyes asumen su forma particular en las condiciones de funcionamiento de las empresas monopólicas en los países dependientes. La acumulación de capital tiene sus exigencias internas, que someten la producción a formas cíclicas de crecimiento, de las cuales no escapa el capitalismo industrial ligado al mercado interno de los países dependientes. Nuestro análisis busca, después de haber caracterizado la situación de conjunto, analizar la especificidad de cada una de estas fases de la crisis general del desarrollo capitalista dependiente y enseguida combinarlas para recoger de allí las leyes de funcionamiento de estas realidades históricas concretas que son las sociedades latinoamericanas. En este capítulo introductorio pretendemos señalar las características generales de la crisis en cada uno de estos aspectos, que serán tratados más profundamente en el caso brasileño a partir de los próximos capítulos. Ya vimos ligeramente lo que se refiere a las características específicas del desarrollo dependiente en la fase de integración monopólica mundial. Vimos que ella conduce a una crisis económica general que se divide en tres aspectos específicos: la crisis del sector externo, la crisis del sector tradicional y la crisis del sector capitalista industrial.