1 Introduction
1.3 The 2011/12 sample profile
Introducción
Me parece importante tomar la teoría que Walter Benjamín desarrolla en su proyecto de los pasajes, ya que en ella este filosofo esta creando una noción de historia basada en un estudio de lo que es la modernidad, a partir de la sociedad de consumo y de la producción en masa. Todo esto contenido en el marco de lo que es la ciudad, y su construcción a partir de sus particularidades y las de las personas que transitan por ella. De este modo, Benjamín esta definiendo constantemente lo que es la ciudad moderna.
29 y como los objetos que allí se encuentran son huellas del pasado que nos hacen reflexionar sobre el presente.
El libro “Dialéctica de la mirada: Walter Benjamín y el proyecto de los pasajes” de
Susan Buck- Morss2 me ha ayudado mucho a entender la visión de este pensador. En él la autora hace un recorrido del proyecto de los Pasajes del filosofo abordando los temas que lo componen tratando de ser lo más fiel posible al proyecto, viéndolo como un gran aporte a nuestro tiempo. Así mismo incluye algunos de los diferentes puntos de vista que han surgido sobre el autor y hace un análisis del tiempo del pensador desde el punto de vista de este, para traer el proyecto hacia nuestro tiempo.
Me parece importante mencionar que mí proyecto no es tan ambicioso como el de Benjamín, digo esto porque este es un trabajo de mucho tiempo en el que él filosofo abordo una gran cantidad de temas a partir de los pasajes, haciendo un estudio profundo sobre la modernidad desde su mirada particular y desde las teorías de personajes como Marx y Freud entre otros, para crear una filosofía positivista hacia el futuro.
Al igual que Benjamín me interesan los pasajes porque en ellos hay una variedad de tiempos que conviven simultáneamente, pero a este pensador le interesaba mostrar, crear, a partir de estos tiempos una nueva visión de la historia mientras que a mí me interesa pensar en una noción temporal, basada en la simultaneidad de estos tiempos que se repiten constantemente: loop temporal del que hable en el concepto del tiempo. Al igual que para Benjamín, los objetos son muy importantes para mí como huellas del paso del tiempo que nos muestran diferentes temporalidades, gracias a esta cualidad, son elementos claves en el análisis de las relaciones que se producen en la cotidianidad de los pasajes bogotanos.
Creo que hay que resaltar que el proyecto de Benjamín se centra en un estudio de Paris del siglo XIX y principios del XX para desarrollar su teoría de la modernidad, y el mío se basa en la Bogotá actual, para hacer un estudio de la cotidianidad de los pasajes al igual que una mirada de la ciudad y los fenómenos que se dan en ella.
Paris: Ciudad Moderna
El llamado "proyecto de la modernidad" es un intento de renovación que nace desde la misma época de la ilustración; se trata de una postura que se basa y confía ciegamente en la razón como única respuesta al cómo vivir del hombre. Es tan fuerte esta postura que aún sigue vigente hasta nuestros días.
La modernidad vista desde el terreno de lo estético (tal vez el más apropiado para hablar de la ciudad en un proyecto como este) según autores como Xibille3, se configuraba como una manera de pensamiento en la que se busca imponer lo nuevo mediante una ruptura con las tradiciones, el olvido de lo existente como algo que se agota y la imposición de un discurso que mira hacia lo futuro.
“En el siglo XVIII la ilustración burguesa convocó a los seres humanos a usar su
propia razón, dotada por Dios, para crear la cuidad “aquí y ahora, un paraíso terrenal
cuya construcción requería de la felicidad material como componente básico. La revolución industrial pareció volver posible esta realización práctica del paraíso.”4
Los novedosos pasajes parisinos del Segundo Imperio fueron las primeras construcciones arquitectónicas escogidas para hacer realidad este paraíso material en la ciudad. Sus grandes vitrinas y escaparates contenían la fantasía urbana, exhibían la mercancía como las figuras religiosas en sus nichos. Al igual que en las iglesias o en la arquitectura de culto, todas las personas podían transitar libremente, y es en este recorrer estos altares que surge la actividad de soñar y desear, sin embrago la adquisición, la obtención de la felicidad por medio de esta fantasía solo era posible para aquellos que la podían pagar.
A mediados del siglo XIX, Paris estaba en el punto más alto de un desarrollo material sin precedentes, como consecuencia de este auge urbanístico los pasajes pasaron a ser unos espacios estrechos, oscuros y sofocantes que fueron abandonados, para ser remplazados por edificios monumentales con perspectivas panorámicas. Esta construcción masiva de espacios para la gente, va a ser la principal característica de la cultura de masas, que se construye sobre el entretenimiento.
A Walter Benjamín le interesa este fenómeno del espectáculo, y lo denomina fantasmagoría; Paris, la Ciudad Capital, es la precursora de esta nueva moda que consiste en la construcción y destrucción de espacios urbanos de ensueño, que se va a
31 existencia fantasmal en el presente. Es por esto que Benjamín se interesa en los pasajes parisinos, ya que estos son los primeros templos en ser olvidados, y es a partir de ellos que se va a desarrollar su proyecto en el cual implementa una visión de la modernidad en la que el pasado convive con el presente, haciéndonos reflexionar sobre este último, y así tener la posibilidad de ser actores activos en el futuro.
Dialéctica de la mirada
En todas las épocas, pero más en la nuestra, podemos afirmar que la imagen es la que nos ayuda en la construcción de la memoria, la cual a su vez nos ayuda a configurar la cultura.
De manera directa o indirecta, el momento y el espacio en el que se vive determinan algunas ideologías, ciertas preocupaciones y por ende lo que una cultura produce desde el punto de vista de sus imágenes. Por más que se trate de ser absolutamente universal, siempre estamos inmersos, determinados por las particularidades de nuestro espacio, de nuestro tiempo, pero también, de nuestra tradición, de unas creencias y maneras de ver el mundo que nos anteceden y nos determinan.
“El mundo es fundamentalmente imagen, está formado de imágenes múltiples que se
superponen, se tocan y se relacionan entre si”5. La existencia se da, por lo menos
para nosotros, en la medida en que pueda percibirse. Extrañamente percibimos la porción del mundo en que nos encontramos como una unidad. Las distintas percepciones nos arrojan una imagen que creemos completa, pero que al verla con calma, no es más que una suma de elementos.
Así pues, puede afirmarse que somos principalmente seres visuales, determinados en la fascinación por mirar que es producida por la sensación de placer que nos produce llenarnos de imágenes a cada paso. Me atrevería a decir que es desde la modernidad, desde el desarrollo acelerado de la tecnología y de maneras de comunicarnos que ha surgido una cultura que se construye en función de lo visual.
Benjamín es consciente de estos fenómenos y es por esto que va a desarrollar una teoría en torno al observar. En la dialéctica de la mirada los objetos de la temprana era industrial son los actores principales en la construcción de la memoria, ya que como fósiles cuentan una historia del tiempo al que pertenecieron en el presente, lo cual hace que tengan un tiempo y unas cualidades únicas.
“Allí donde la megalomanía de las proporciones monumentales, del “cuanto más grande, mejor” igualaba expresión capitalista e imperialista con el curso progresista
de la historia, Benjamín buscaba los objetos pequeños, descartados, los edificios
anticuados y las modas que, como “desechos” de la historia, evidenciaban una destrucción material sin precedentes”6.
Por medio de esta búsqueda, Benjamín hace evidente una fusión de lo viejo con lo nuevo, realiza un proceso de apropiación en torno a aquello que ha sido descartado para devolverle el aura, dándoles una nueva razón de ser.
Articula a partir de esta colección de sucesos una nueva historia que se desliga del concepto de la historia secuencial como progreso, una historia creada por él y por cualquiera que quiera acercarse a ella, puesto que parte de la concepción de que no hay una sola, sino que existen una gran cantidad de acontecimientos que no han sido contados, e innumerables maneras de mostrarlos ya que esta es una forma de remembranza.
Como todo coleccionista, Benjamín clasifica los fragmentos de datos históricos recogidos primariamente de fuentes de los siglos XIX y XX: los ordena cronológicamente en 36 archivos, cada uno encabezado por una palabra o frase clave, de las cuales se van a derivar y desarrollar una serie de conceptos como: el fetiche, el fósil, la imagen de deseo y la ruina.
Así mismo articula motivos: por ejemplo – aburrimiento, polvo, moda- con figuras históricas como Haussman y Napoleón y tipos sociales como: la prostituta, el coleccionista, etc., en aquello procedente de la cultura popular de masas: los pasajes y sus contenidos. Todo esto para poder construir una filosofía a partir de su noción de historia y desarrollar conceptos.
En su dialéctica de la mirada, Benjamín implementa una dimensión constructiva del montaje de imágenes conceptos o imágenes dialécticas, como elemento para la construcción de su filosofía moderna, en la cual la noción de progreso es descartada. En el proceso nos muestra una nueva manera de manejar las nuevas experiencias de la cuidad y la tecnología, creando una experiencia sensorial de la ciudad moderna.
33 Tiempos Contenidos
Comparto la idea de Benjamín de que el mundo es lenguaje, para mí todo aquello que me rodea es una imagen dialéctica; creo que el arte permite apropiarse de una gran cantidad de fenómenos y acontecimientos que son interiorizados para la creación y expresión de una idea.
Para construir su filosofía, este autor utiliza métodos y términos relacionados con las prácticas artísticas, es por esto que para la construcción de este proyecto sigo varias de sus técnicas.
Para mí cualquier objeto tiene un valor porque posee un aura, tiene una historia y un tiempo propio, en este trabajo miro los objetos que se encuentran en los pasajes bogotanos porque en ellos se hace evidente la convivencia de estilos y de épocas, la suma de diversas temporalidades, fenómeno que esta presente en toda Bogotá, y que hace que esta sea un espacio en el que no hay un orden establecido.
Me interesan los personajes que le dan vida a estos espacios porque es gracias a ellos que se mantienen. Me parece importante dejar un registro de estas personas y de sus acciones cotidianas porque son actores claves en la construcción de la memoria colectiva de la ciudad.
Con el montaje final de las imágenes que he obtenido a partir de la observación de los sucesos de los pasajes, busco evidenciar la presencia de diversos tiempos a partir de diferentes conceptos: como el habitar y el transitar, lo público y lo “privado y la noción de cotidianidad. El montaje final parte una clasificación de lo formal, en busca de la variedad de estéticas y temporalidades que se encuentran en los pasajes.
En este proceso me he encontrado con nuevas experiencias dentro de la ciudad, con espacios que creí inhóspitos pero resultaron ser todo lo contrario. Con la noción de memoria colectiva que puede definirse como “el reflejo de una cultura; lo material
que es transformado por la interacción con el hombre, y que es finalmente lo que nos sobrevive y se nos aparece como una suerte de mirada, las cosas que aún en nuestros
días parecen observarnos”7 y nosotros que podemos distinguir tal mirada por su
transformación, por su desgaste, por su olvido y hasta por su desaparición.
7 La mirada de las cosas (el que nos hablen de quiénes somos, de dónde venimos por ejemplo)
aparentemente desaparece cuando se borra de ellas la presencia humana, al aparecer la industrialización y con ella la modernidad en la que los objetos producidos con tecnología relacionada con la maquinaria, puros, sintéticos y racionales no tienen en sí mismos la huella humana o "el
Los Pasajes.
Son espacios comerciales que surgen en Paris a mediados del siglo XIX, son los primeros ejemplos de la arquitectura moderna que van a resaltar la idea de la construcción de las ciudades a partir de la noción de progreso, de la creación de espacios que integran a los ciudadanos.
“Estos pasajes, una nueva invención del lujo industrial, son senderos tapizados en mármol y techados en vidrio, que atraviesan manzanas enteras de edificios cuyos propietarios se han unido para llevar adelante tal empresa. Alineadas a ambos lados del sendero que recibe su luz desde arriba, se encuentran las tiendas más elegantes, de
modo tal que un pasaje es una ciudad, un mundo en miniatura.”8
Estas construcciones arquitectónicas implementaron a lo largo del planeta la idea de la construcción con nuevos materiales, se convirtieron en el signo de las metrópolis modernas, representaron el comienzo de una experiencia urbana vivida por una generación a escala mundial; es por esto que a finales del siglo XIX se encontraban pasajes en todas las grandes ciudades del mundo.
En su momento fueron los espacios más esplendorosos, pero gracias a la carrera que se inició en los cambios de la tecnología industrial, la cual decidió cambiar aceleradamente el paisaje urbano se convirtieron en ruinas, en espacios
“desvalorizados”. Se quedaron pequeños al lado de nuevas construcciones de proporciones cósmicas, solidez monumental y perspectivas panorámicas.
Me interesan porque creo, al igual que la guía ilustrada de Paris, que los pasajes son una ciudad, un mundo en miniatura; al ser una especie de museo, en ellos se pueden desarrollar un sin número de temas y reflexiones.
Para mí la naturaleza de estos espacios esta llena de dualidades: al ser construcciones modernas, van unidas a la idea de progreso, son espacios lineales, una “proyección
hacia el infinito”, pero su noción temporal no esta determinada por la línea, al tener divisiones, diferentes espacios y ambientes hay una interacción de tiempos que construyen una espiral.
Dependiendo desde donde se mire los pasajes bogotanos son unos espacios olvidados, han perdido su gloria, algunos están en malas condiciones, deteriorados porque no se
35 estéticas de épocas pasadas que en su momento eran la ultima moda, lo más moderno; puede que en este sentido sean espacios “obsoletos”. Pero al mismo tiempo como
dice Walter Benjamín, estas características nos ofrecen la posibilidad de mirar el pasado y pensar el presente.
Creo que los pasajes bogotanos son lugares importantes puesto que brindan la sensación de pertenencia y convivencia., para algunas de las personas que trabajan en sus locales este espacio es su eje principal, su casa. Muchas de ellas llevan décadas trabajando en el mismo sitio, han realizado las mismas acciones diarias durante todo ese tiempo, lo cual se podría entender como un estar haciendo lo mismo una y otra vez.
Subsisten gracias a que se han acoplado a las necesidades de cada época, en especial a la vida actual y esto hace que siga habiendo personas que hacen uso de estos espacios y que mantienen las rutinas de las personas que los habitan. En cuanto arquitectura los pasajes son espacios que cambian muy de vez en cuando, por lo general desde sus inicios han sido construidos con la idea de ser un espacio comercial de transito, lo cual crea instantes con personas en continuo e “incontrolado movimiento”, pero al mismo tiempo permite la existencia de espacios de ocio, de encuentro en los cuales se crean lazos y relaciones.
Es evidente que las imágenes encontradas en los pasajes en muchos casos son clara muestra de una identidad cultural única, de rangos sociales, costumbres y maneras de vivir. Los pasajes son el reflejo de lo espontáneo en nuestra ciudad, que por diversas necesidades se niegan a desaparecer.
En los pasajes, dentro de sí, acercándose, deteniéndose para mirar más allá de la generalidad, es posible encontrar la multiplicidad de discursos, y también un alto grado de espontaneidad, de inmediatez, que en el caso de los pasajes se construye de manera colectiva y poco conciente.
A través de estos espacios arquitectónicos, se puede hacer una definición de lo que es Bogotá hoy, ya que se puede observar el ritmo en el que se construye la ciudad, las relaciones que existen entre lo público y lo privado, y como aquí la coexistencia del pasado con el presente ofrece la posibilidad de habitar y transformar. Es por todo esto que son el eje de esta tesis.
Pasaje Hernández
A mediados del siglo XIX, el barrio más importante a nivel político y social, era La Catedral, debido a que en él se concentraban las sedes judiciales, administrativas, legislativas y eclesiásticas; al igual que la mayoría de las viviendas de la alta sociedad capitalina. Era la zona mejor abastecida de agua y en ella se encontraban las casas de dos pisos existentes en la ciudad, en esta época la arquitectura bogotana era bastante modesta.
El pasaje fue construido en 1890 en este barrio por el arquitecto francés Gastón Lelarge, esta ubicado en las calles 12 y 13 con carreras Octava y Novena, es el primer pasaje comercial de Bogotá. En sus mejores épocas se conocía por las sastrerías que se encontraban en el segundo piso, en las cuales se hacían trajes a la medida. En el primer piso se encontraban almacenes y cigarrerías que vendían los mejores tragos importados. Fue el espacio escogido para albergar las oficinas de los doctores y abogados más reconocidos de la época.
“En 1918, cuando los hermanos Hernández terminaron el edificio que lleva su
nombre intervinieron el pasaje e inaguraron ambos con bombos y platillos. La revista
Cromos lo promociono con un articulo titulado “La Ciudad Futura”. “Sus
aposentamientos en admirable distribución armónica, reúnen al par que condiciones estéticas y de higiene las comodidades que han de menester el inquieto abogado, el grave médico, el adusto ingeniero. Los locales para oficina son aireados y llenos de luz. Primer edificio así, dotado, es el triunfo autentico de la cuidad, en su marcha al
porvenir””9
Como toda gran metrópolis Bogotá estaba inmersa en la noción de progreso y modernidad. Era una ciudad que estaba creciendo, ya existían oficinas de telégrafo y líneas telefónicas en gran parte de la ciudad, al igual que alumbrado público. Cabe decir que la población aumentaba por lo que la ciudad se estaba expandiendo, en los años 20 se estaba empezando a construir cerca de la calle 39; en los años treinta se da un crecimiento rápido y los limites de la ciudad llegan hasta la calle 70 aproximadamente .
En 1936 el pasaje todavía era un importante centro comercial y en la década de los