El proyecto de vida nos confirma en la idea de que no somos una máquina producida en serie. Cada uno es un trabajo de artesanía pe- culiar, propio, único. En este sentido cada uno será lo que quiera ser, aunque no dependa enteramente de él.
Cada uno forja su propio proyecto de vida y lo saca adelante como quien esculpe una estatua, su más preciada obra de arte, no para con-
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templarla como algo distante, sino para sentirla, vivirla, encarnarla plenamente. Todo esto requiere esfuerzo y sacrificio.
Forjar una personalidad fuerte, serena y atrayente, tiene una exi- gencia muy grande: no contentarse con la medianía y aspirar a lo mejor. Y con ese proyecto se busca llegar a la anhelada felicidad, a la plenitud, a su vida lograda, a sentir que ha alcanzado la meta, al nivel de lo que se puede alcanzar en el tiempo de una vida, lo que he querido significa a lo largo de este libro con el término SER.
Somos felices en la medida en que alcanzamos aquello a lo que aspiramos. Para ser feliz hay que hacerse preguntas y responderse valientemente: ¿Para qué estoy en la vida?, ¿Qué quiero de mí mis- mo?, ¿Cuál es el contenido de la felicidad que busco?
No basta decir que buscamos la felicidad. Es más importante sa- ber en qué consiste esa felicidad. La condición humana responde a unas características esenciales, pero hay mucha distancia entre la vida biológica y la vida biográfica, o sea, entre lo que soy por natu- raleza y lo que alcanzo existencialmente.
El proyecto de vida es nuestro plan estratégico personal. El para qué es la visión, el “sueño” que construyo de mi mismo, lo que aspi- ro a conseguir, el horizonte grande, el proyecto de vida. La misión es el por qué existo, cuál es la razón de ser de mi vida, para qué estoy como persona en el mundo.
Si me propongo ser muy feliz, como horizonte general al que apunta mi vida, tengo que concretarlo mucho más, definiéndolo en el tiempo y en sus contenidos. No basta con una aspiración o con un sentimiento común a todos. Hay que llenar esa aspiración de conte- nidos más específicos: físicos, intelectuales, emocionales, profesio- nales, éticos, culturales y sociales. Claro que la visión de mi futuro madura, define sus contornos a medida que la vida avanza, y cuanto antes se tenga esa visión, habrá más tiempo de trabajar por ella.
La felicidad no llega si yo voy corriendo de un lado para otro, sometiéndome a todo tipo de experiencias, o leyendo o sabiendo mu- chas cosas. Hay gente que, sin moverse casi de su domicilio, madura enormemente, se ve que han logrado el objetivo porque centran sus esfuerzos en ser lo que quieren ser, lo cual no depende de coorde- nadas geográficas, sino de coordenadas vitales, de la mente y del corazón.
hacer por mí, nadie puede ser feliz por mi. Sólo yo soy el responsable y el autor de la respuesta, cualquiera que ella sea, aunque mejor que sea una que me lleve verdaderamente a sentirme realizado. No somos tan diferentes unos de otros como para no aprender de la vida ajena cuando la gente se siente lograda. Son pistas que nos pueden servir.
Por las calles de las ciudades hay mucha gente que busca ansiosa- mente la felicidad sin encontrarla, porque no saben qué es lo que están buscando. Su vida parece marcada por el “deseo sin esperanza” de que habla Dante en la Divina Comedia. Hoy en día podríamos decir que hay gente que ni siquiera llega al nivel del deseo o sólo llega al nivel biológi- co o material. Tal vez son arrastradas por el ideal del éxito económico o por dar gusto a sus sentidos sin negarles nada, por la filosofía del placer. El mundo se les viene abajo por una desgracia económica, por la falta de salud o por una contrariedad sentimental. Les puede el qué dirán o el ambiente que les rodea, lo que los demás son o tienen, lo que piensan de ellos, o cómo los ven, y no descansan hasta tener lo mismo.
Al pensar en el proyecto de vida, no se trata de devanarse los se- sos con esquemas y un listado de todo lo que podemos describir en un plan estratégico para la propia vida. Hay muchas páginas escritas sobre el tema que no voy a repetir aquí. A algunas personas puede servirles seguir aquellos autores o los lineamientos que doy aquí.
Lo que sí nos sirve a todas las personas es tener un plan básico de lo que queremos de nosotros mismos y plasmarlo en forma breve y clara, grabándolo en la mente, o poniéndolo sobre un papel que podamos mi- rar de vez en cuando, para no olvidar lo que nos hemos propuesto.
Siguiendo las ideas de Ferreiro y Alcázar, lo importante es tener muy claras cuáles son las necesidades humanas básicas: corporales o materiales, relacionadas con el tener; intelectuales o de conoci- miento, relacionadas con el saber-hacer y de la voluntad o afectivas, relacionadas con el ser.
Cuando tratamos el “aprender a ser” vimos el “aprender a querer” y el “aprender a amar”, siendo este último el aprendizaje que más da a la persona y el que más a fondo se graba en su ser. Todas las demás necesidades pueden concentrarse en esas tres, que son reales y comprobables en la vida de cada día. Eso facilita la configuración de cualquier proyecto.
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Tratemos de configurar las bases de un proyecto de vida teniendo en cuenta los “caminos para la superación personal”:
En el “aprender a ser” nos encontramos con que el aprender a pensar nos plantea las necesidades de conocimiento (saber) a través del proyecto intelectual o profesional y de carrera; el “aprender a querer” tiene que ver con la voluntad y la libertad que logran su ple- nitud en el “aprender a amar”. Ahí está de lleno todo lo relacionado con la afectividad, que no puede actuar sin la base del conocimiento, y que connota la capacidad de amar.
En el “aprender a hacer” nos encontramos con las necesidades cor- porales y materiales (salud, vivienda, comida, vestido, dinero, trans- portes, etc.) que están relacionadas con el tener. Son cosas que dan placer sensible, seguridad física y poder económico. En la medida en que son fruto de un “aprender a trabajar” (saber-hacer), que no se que- da en puro hacer o en el resultado externo del trabajo (los productos), conectan con el “aprender a obrar”, con esa capacidad humana de ac- ción y operación controlada por la persona, interiorizada, que lleva al crecimiento. Y se relacionan con el “aprender a lograr”, o sea, con la necesidad de obtener resultados satisfactorios para la persona, en la línea de la búsqueda de la madurez y de la calidad de vida
El “aprender a aprender” está relacionado también con la necesi- dad de fundamentos para la acción: conocer, crear y comunicar. Por lo tanto, se encuadran aquí todos los planes conectados con el pro- yecto intelectual y profesional. Lo mismo ocurre con el “aprender a emprender” en sus tres variantes: aprender a administrar, aprender a dirigir y aprender a liderar.
En el “aprender a trascender” caben planes para el proyecto de vida relacionados con los demás, con nuestro papel en la comunidad, y los de orden espiritual relacionados con la fe en Dios.