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The Transition Problem

In document Crisis Resolution: Next Steps (Page 38-41)

La dinámica litoral y el turismo.

Las actividades económicas precisan, para un mejor funcionamiento, de unas determinadas características territoriales en su ubicación. Algunos sectores son insensibles al sustrato físico: la industria manufacturera, por ejemplo, necesita mano de obra e infraestructuras para su desarrollo, pero no suele necesitar recursos naturales específicos, lo que, por otro lado, la convierte en sumamente volátil al poder ser ubicada en cualquier otro espacio, si la situación –salarios, sindicatos, etc.- cambia.

Las actividades turísticas basadas en el modelo de sol y playa precisan, para su correcto funcionamiento, de las dos características básicas, que lleva en su nombre: sol y playa. Mientras que el primero está casi asegurado, y no parece que ello vaya a cambiar ni a corto, ni a medio, ni a largo plazo, el caso de las playas es muy distinto.

En numerosos países, la pérdida de playa se ha convertido en una de las mayores preocupaciones del sector turístico, ya que el mar por si solo no es suficiente para el buen desarrollo del modelo, sino que requiere la existencia de la playa. Por ello, el modelo no se denomina sol y mar, sino sol y playa, aunque ésta presupone mar, si exceptuamos las playas de los embalses y ríos, o las artificiales que crean los ayuntamientos en sus ríos urbanos, como ocurre en París.

En el caso del turismo de sol y playa, los recursos naturales son definitorios de la actividad, y su ubicación responde a los mismos. Así los mejores espacios para su desarrollo son los que más cerca se encuentran de los mismos –del sol, en el sentido de la insolación, de la playa y del mar.166

Las costas “útiles” para el desarrollo del turismo de sol y playa son, precisamente, las playas, por lo que solamente nos vamos a centrar en ellas. Dejaremos, pues, de lado los acantilados u otro tipo de costas, siendo conscientes, que desde un punto de vista geomorfológico –y de las clasificaciones de tramos costeros- ello puede resultar ser una excesiva limitación.167

166 Navarro Jurado, E. (2003): ¿Puede seguir creciendo la Costa del Sol? Indicadores de saturación de un

destino turístico. Servicio de Publicaciones, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, CEDMA,

Málaga, p. 135.

167

Para saber más acerca de las numerosas clasificaciones de costas, ver:

Gracia, F.J.; Benavente, J. y Anfuso, G. (2000): “Clasificación de costas y ambientes litorales” en Andrés, J.R. de y Gracia, F.J. (Eds., 2000): Geomorfología litoral. Procesos activos. Monografía no. 7 de la

Desde el inicio de la actividad turística, los centros turísticos de la costa se han convertido más en norma, que en excepción. Mientras que en un principio, el impacto de la actividad era más limitado, con el auge del turismo de masas, éste ha ido aumentando cada vez más.

Pero mientras se discuten las implicaciones sociales, culturales y medioambientales, las que se ciernen sobre la dinámica litoral, a pesar de formar parte del sistema natural, son ignorados o minimizados. Tal vez por ello, el repetir los errores de otros lugares se ha convertido en una realidad insoslayable.

El impacto no procede solamente de las construcciones turísticas, sino que su emplazamiento suele provocar la construcción de obras de exclusivo uso turístico, como paseos marítimos o puertos deportivos, que tienen una implicación directa sobre el territorio, pero también sobre la dinámica litoral, al situarse en la línea de costa e interferir en la corriente litoral y los aportes sedimentarios.

No obstante, su impacto no se limita a esta situación, sino que, al ubicarse en la franja límite entre tierra y mar, son afectados por el oleaje, los temporales, los embates del mar, etc. Esta realidad, a su vez, induce la necesaria construcción de nuevas obras de defensa, con la misma ubicación y, normalmente, incluso con una mayor proyección marina, que, de nuevo, impacta aún más sobre la dinámica natural. Así se forma un círculo vicioso que es difícil interrumpir.168

Las urbanizaciones turísticas y las obras asociadas, impactan directamente sobre la morfología natural de las playas, para adecuarlas a las necesidades del sector. De esta manera, se origina un cambio físico en la playa al producirse un aplanamiento de la misma para acomodarla a la construcción de paseos marítimos, de zonas de aparcamiento o de emplazamientos para chiringuitos. El mismo fenómeno se produce por el tráfico de personas y vehículos por la playa, que, además, levantan la arena que podrá ser removida por la acción eólica.

De forma habitual –además de la construcción en primera línea de playa, lo que provoca una eliminación de los aportes de arena por acción eólica-, el ser humano ha procedido a la eliminación de la vegetación de las dunas, lo que tiene como consecuencia, que éstas desaparecen por la falta de la acción sujetadora de las raíces.

Sociedad Española de Geomorfología. Universidad de Cádiz, Sociedad Española de Geomorfología e Instituto Tecnológico GeoMinero de España, Madrid, p. 14.

168

Andrés, J.R. de y Gracia, F.J. (2002): “La franja litoral: Riesgos y protección” en Ayala-Carcedo, F.J. y Olcina Cantos, J. (Coords., 2002): Riesgos naturales, Ed. Ariel Ciencia, Barcelona, p. 1051. Los siguientes ejemplos del impacto de la actividad turística sobre las playas proceden de la misma fuente.

Constructores, empresarios turísticos y propietarios de terrenos en la zona costera, en su anhelo de estar lo más cerca posible del mar, suelen ignorar –o pretenden hacerlo- que la morfología de la playa se encuentra en una dinámica de constante cambio en función de la erosión marina, de la dinámica litoral y, sobre todo, de las olas incidentes, como veremos a continuación.

El ser humano, para ubicar las instalaciones turísticas en primera línea de playa, ha modificado, y sigue modificando, sustancialmente al medio natural, quitando la vegetación y los manglares de la costa y ocupando las dunas, a pesar de que se ha manifestado, que los manglares no sólo retienen a los sedimentos finos, sino que funcionan como colectores de los mismos.169

Además, se ha demostrado, que la vegetación costera es un medio natural y eficaz para disminuir considerablemente los efectos negativos de las tormentas en su impacto sobre las playas, por lo que el mantenimiento de la misma se convierte en mitigación ante el riego.170

Adicionalmente, en numerosos tramos costeros, la urbanización provoca una canalización de las aguas pluviales a través de los accesos rodados perpendiculares a las playas, provocando una intensa erosión lineal en las playas.

El turismo de sol y playa siempre ha intentado estar lo más cerca posible de la playa y del mar, siendo ambos un recurso muy codiciado. En este afán de proximidad, la dinámica natural no se ha tenido debidamente en cuenta y los cambios morfológicos de la playa a lo largo del año –presenta una morfología diferente en verano, que en la época de las tormentas otoñales o invernales- tampoco han entrado en consideración al decidir el emplazamiento de las construcciones turísticas.

De esta forma, la erosión natural, o la inducida por las obras antrópicas, afecta directamente a estas construcciones, provocando daños en bienes y personas y necesitando de nuevas inversiones para proteger o reconstruirlas.171

169 Merino, M.; Moreno, O.; Martín, E. y Jordan, E. (1980): “El estudio del ambiente marino en las costas

de Quintana Roo” en VV.AA. (1980): Memorias del Simposio Quintana Roo: Problemática y

Perspectiva. Instituto de Geografía, Universidad Nacional Autónoma de México, México, D.F. y Centro

de Investigaciones de Quintana Roo, Puerto Morales, México, pp. 122.

170 Bautista Zúñiga, F.; Batllori Sampedro, E.; Ortiz Pérez, M.A.; Palacio Aponte, G. y Castillo González,

M. (2003): “Geoformas, agua y suelo en la Península de Yucatán” en Colunga García-Marín, P. y Larqué Saavedra, A. (Eds., 2003): Naturaleza y Sociedad en el área Maya. Pasado, Presente y Futuro. Academia Mexicana de Ciencias, México, D.F. y Centro de Investigación Científica de Yucatán, Mérida, México, pp. 26-27.

171

Molina, et. al., 1998, en Campos Cámara, B.L. (2004): Procesos de Urbanización y Turismo en Playa

del Carmen, Municipio de Solidaridad, Quintana Roo. Tesis inédita. Instituto de Geografía, Facultad de

Las playas son el recurso básico de la actividad turística, ya que la modalidad de sol y playa sigue siendo la modalidad turística mayoritaria. Sin embargo, y a pesar de los impactos evidentes que se han producido desde la implantación del turismo, la erosión inducida no se tiene en cuenta hasta que se produzca una pérdida significativa que muestra lo vulnerable que resulta ser este recurso básico y necesario. El problema es, que en la mayoría de los casos esta toma en consideración suele llegar tarde, habiéndose modificado profundamente la dinámica litoral y a partir de entonces solo caben soluciones paliativas.

Asimismo, la expansión urbano-turística se hace a espaldas de la realidad física del territorio y así se ignoran los ríos, se ocupan o desvían, sin tener en cuenta las relaciones existentes entre río, evacuación de aguas pluviales y, en este caso, aportación de sedimentos a las playas.

La ocupación turística del litoral a lo largo de las últimas décadas casi instantáneamente trajo consigo la construcción de obras defensivas ante un medio hostil; ante un mar, que no dejaba de reivindicar lo que era suyo, en vez de sojuzgarse a una nueva realidad territorial, una ocupación pacífica venida de la mano del ser humano. A lo largo del litoral, el ser humano, en vez de reconocer el territorio, adaptarse al mismo y ocupar los espacios adecuados para su actividad, conquistó el territorio, lo dominó y lo transformó según sus necesidades.

Sin embargo, a lo largo del tiempo se ha visto, que el litoral no es un espacio inerte, listo para transformar, sino que el mar, parte intrínseca del mismo, no se deja esclavizar tan fácilmente y se enfrenta al antropizado frente litoral. Así surgen las obras de protección, para evitar los impactos del oleaje y de los temporales en las construcciones humanas, doble construcción, que podría haberse evitado, si no se hubiera construido en una parte de la playa que depende tanto del medio terrestre, como del marino.

La costa se encuentra invadida no solamente por las urbanizaciones, sino por los incontables muros, escolleras, rompeolas o espigones, construidos para proteger una playa que existe, porque antes había una dinámica natural que propició su formación; dinámica, que desapareció con la ocupación y modificación de la franja costera por parte del ser humano. Ahora partimos de la base, que las obras se implantan para proteger a la población y sus construcciones ante los embates del mar, si en realidad estas mismas obras son las que provocan un reequilibrio en una dinámica natural que intenta adaptarse a las nuevas condiciones.

Ante la situación actual de ocupación del espacio costero por parte del ser humano, la mayoría de las obras de protección se han convertido en necesarias, para asegurar el mantenimiento de las actividades que tienen lugar a lo largo del litoral, de las cuales la turística es un exponente especial. Sin embargo, cuando estas obras se construyen sin el necesario conocimiento de la dinámica natural del medio, el impacto negativo de las mismas puede llegar a ser, incluso, mayor que el positivo que se pretendía conseguir.

Así se ha visto, que muchas de las obras de protección de la Costa del Sol incidían directamente en el oleaje, transformando su dinámica, creando una reflexión del mismo con una dirección principal contraria a la natural, es decir, desde la playa hacia el mar. Esta modificación provoca cambios físicos en la dinámica del flujo, generando erosión en los extremos de la obra de protección y en la playa, cambiando, a su vez, el perfil morfológico de la misma, provocando nueva erosión y, en definitiva, la pérdida de lo que se pretendía proteger. Estas obras, realmente, sólo llegan a ser eficaces, si se tiene en cuenta a la dinámica natural de las playas y del oleaje incidente.172

Ante la irreversible pérdida de la arena de las playas, que las obras de protección no han podido o sabido evitar, el siguiente paso –para asegurar el mantenimiento de la actividad turística, que precisa de las playas para su desarrollo- es la regeneración de las playas de modo artificial, aportando arena de otras playas o de la plataforma continental, provocando, asimismo, disturbios en la dinámica natural de estos lugares.

La regeneración artificial de playas adolece, no obstante, de un problema básico, ya que, mientras no se eliminen o reduzcan las causas de la pérdida de arena de las playas, esta nueva arena artificial será, asimismo, erosionada. Introduce, además, un problema añadido, al modificar el perfil de la playa, que se verá retrabajado por la dinámica litoral, acondicionándolo conforme al equilibrio reinante en cada momento.

Estas obras de regeneración carecen de sentido desde un punto de vista de la dinámica natural, ya que solamente se pueden considerar paliativos temporales ante una situación cambiante y cambiada por el ser humano.

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Navarro Jurado, E. (2003): ¿Puede seguir creciendo la Costa del Sol? Indicadores de saturación de un

destino turístico. Servicio de Publicaciones, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, CEDMA,

No es la dinámica natural que impacta en las playas que el ser humano necesita para su esparcimiento, sino que la actividad del ser humano ha impactado en la dinámica natural que, adaptándose forzosamente, se vuelve contra el sistema antropizado.

La aportación periódica de arenas a las playas erosionadas –en un ciclo que dependerá de la calidad y cantidad de las arenas transferidas, además de la dinámica litoral, de la fuerza del oleaje y de la frecuencia de los temporales-, sólo llega a explicarse, en términos de rentabilidad económica, por los beneficios del sector turístico, teniendo la playa como recurso a proteger y recuperar, y para un sector inmobiliario, al revalorizar la regeneración de las playas los terrenos cercanos.173

No hay que olvidar que, desde un punto de vista turístico, la pérdida de arena en las playas supone una amenaza sobre la actividad, para la cual la playa es un verdadero recurso. Como siempre, la preocupación viene a posteriori; el turismo no se preocupó por la dinámica sedimentaria natural cuando se estableció, pero ahora, cuando por el impacto de la actividad antrópica la dinámica natural afecta a ésta, la preocupación es creciente y se preconizan soluciones de ingeniería paliativas para modificar una realidad de difícil solución.

El litoral como sistema.

La línea de costa es un sistema complejo, en el cual cualquier modificación que se introduce en su morfología en una parte concreta, irá acompañada de cambios en otra parte de la misma, cuyo fin será la adaptación a unas nuevas condiciones en las cuales tiene que encontrar, de nuevo, su equilibrio equivalente.

Por lo tanto, cualquier intervención sobre este sistema, sensible a los cambios en su equilibrio natural, debe ir precedida por los respectivos estudios que tengan en cuenta la dinámica litoral a lo largo de toda la costa, y no solamente en el punto, en el cual se va a efectuar la intervención. Estos estudios deberán tener en cuenta a la evolución natural de la playa, pero también a la esperable, resultante de las obras que se van a acometer.

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Navarro Jurado, E. (2003): ¿Puede seguir creciendo la Costa del Sol? Indicadores de saturación de un

destino turístico. Servicio de Publicaciones, Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, CEDMA,

Ello puede resultar costoso a primera vista, pero, al tener en cuenta la tendencia natural y artificial de la dinámica costera, se reducirían los gastos necesarios a posteriori en obras que remedien los daños causados por la imprevisión.174

Como hemos mencionado, la costa, como sistema, tiende hacia un equilibrio dinámico, por lo que un cambio en un sector de la misma, afecta a toda la costa. Ello es especialmente crítico, cuando no se tienen en cuenta incompatibilidades entre una ocupación y otra. La necesaria construcción de puertos –no sólo deportivos-, para proteger los barcos de las olas marinas, implica, por su modificación de la dinámica litoral a través de espigones de protección, un cambio en otros sectores de la playa, afectados por una importante acreción del ancho de la playa en un lado, y en una intensa erosión en el otro.

Si estos sectores estaban siendo utilizados como playas recreativas por los propietarios de casas veraniegas o por turistas visitantes, se limita este uso a favor de otro. En muchas ocasiones, se da el impulso a un círculo vicioso, en los que los usuarios, para recuperar y proteger sus playas, también empiezan a construir escolleras por su cuenta, lo que da lugar a una playa troceada por numerosas escolleras, que construyen bahías limitadas al ancho que hay entre una escollera y otra. Además de un nefasto impacto sobre la dinámica litoral, el aspecto visual es enorme y ahuyenta a los propios turistas.175

Como venimos desarrollando, las actividades humanas han tenido, y siguen teniendo un impacto directo sobre la dinámica litoral. Para evitar volver a cometer los mismos errores, que venimos repitiendo en las últimas décadas, existen métodos, para conocer la dinámica en un lugar concreto y adaptar las obras antrópicas a la misma. Para tal fin se han utilizado diferentes metodologías, como trazadores fluorescentes y radiactivos, trampas sedimentarias y medidores de flujo, que consisten todos básicamente en marcar los sedimentos, para conocer sus trayectorias, además de calcular el transporte sólido efectivo.176

174 Dabrio, C.J. y Polo, M.D. (1981): “Dinámica litoral y evolución costera del puerto de Mazarrón

(Murcia)” en Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, Sección Geológica, no. 79, 1981, pp. 226.

175

Euán Ávila, J. (2003): “Erosión costera: ¿es necesario un manejo integral en la zona costera de Yucatán?” en Solís Pereira, S; Zamudio Maya, M.; Rivera Muñoz, G.; Toledo López, V.; Robledo Ramírez, D.; Ramón Ugalde, J.; Santamaría Fernández, J. y Cahue López, A. (Eds., 2003): Secuelas del

Huracán Isidoro: Oportunidades para la vinculación Academia-Estado-Industria. Sociedad Mexicana de

Biotecnología y Bioingeniería, A.C., Delegación Yucatán, Mérida (Yucatán, México), pp. 45-51.

176 Anfuso, G.; Sánchez, F. y Reyes, J.L. (2000): “Caracterización de la morfodinámica de la playa de

El oleaje.

Los ambientes litorales responden, como todos los medios naturales, a un equilibrio entre los diversos factores que los constituyen, equilibrio entre entradas y salidas de materia y de energía, como en cualquier otro sistema.

Las playas, como respuesta a una dinámica natural muy marcada, se ven afectadas por una multitud de procesos y factores; tanto marinos, como continentales, tanto naturales, como antrópicos. Estos factores controlan la morfología de las playas y determinan su dinámica y su evolución acorde con el equilibrio reinante en cada momento concreto.

En las playas arenosas, exceptuando casos aislados y puntuales, como, por ejemplo, tormentas o huracanes, la morfología depende fundamentalmente de un agente cuya acción moldea la fisonomía conforme a su propia dinámica natural: el oleaje. Incluso las mayores transformaciones, debidas a tsunamis o temporales fuertes, se deben a un oleaje, cuyas características se han modificado por vientos fuertes o por el movimiento de la corteza terrestre submarina.

En el caso de la costa y de la dinámica litoral, el equilibrio dinámico que moldea

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