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El videoactivismo en YouTube ha ganado popularidad en los movimientos sociales contemporáneos, crecimiento que Sierra (2015) atribuye a la audiovisualización de la cultura en la era digital, pero que también se vincula al incremento en el uso de los dispositivos móviles con cámara integrada, la apropiación tecnológica y la facilidad para producir contenidos aprovechando el Do-It-Yourself (Gooyong, 2011).

Como se mencionó anteriormente, el crecimiento del videoactivismo contrasta con la poca producción científica sobreYouTube (Gooyong, 2011) comparada con la de otras plataformas. Las investigaciones recientes sobre el tema, localizadas a través de la base de datos Web of Science (de 2011 al 2016), arrojan únicamente doce artículos, de los cuales solo los primeros tres están citados. Al realizar la misma búsqueda en la base de datos

Scopus se obtuvieron 26 artículos, de los cuáles únicamente se citan diez. En otras palabras, hay pocos artículos sobre el videoactivismo en YouTube y los que existen son poco

referenciados.

El contraste llama la atención, puesto que los trabajos académicos suelen reconocer la importancia de YouTube en el activismo contemporáneo, pero el tratamiento suele ser genérico. La falta de densidad puede reflejar la complejidad de la plataforma que se construye como un medio de medios donde múltiples usos se anidan, lo que dificulta la tarea científica y los estudios comparados “the mobilizations produced very different YouTube ecologies”24 (Vraga, Bode, Wells, et al., 2014, p. 136).

Esta complejidad se observa en las múltiples opciones que existen para delimitar el objeto de estudio en dicha plataforma; ya sea desde la Sociología y la Teoría de los

Movimientos Sociales, la Comunicación para el Cambio Social, las Humanidades Digitales (Thorson, Driscoll, Ecklade, et al, 2013; Vraga, Bode, Wells, et al., 2014), la Filosofía, la Antropológia (Peña, Rodríguez, y Sáez, 2016) y la Teoría Documental (Ortiz, Fidalgo, Zapata y Bula, 2017). Esta diversidad de aproximaciones explica por qué, al analizar la catalogación de los artículos sobre YouTubeen Scopus, se observa un menor porcentaje de estudios sociológicos. En este caso, el 49% de los artículos está relacionado con las artes y las humanidades

Algunos de los artículos más citados en dicha base de datos, tienen como objetivo analizar características generales de la cultura digital, más que profundizar en la

comprensión de la plataforma en sí. Un ejemplo es el texto de Youmans y York (2012) que explora la censura a partir de cuatro casos —uno de los cuáles proviene de YouTube. Otro ejemplo es el estudio realizado por Nanabhay y Farmanfarmaian (2011) quienes

reflexionan sobre los vínculos entre los espacios públicos, digitales y analógicos. Este caso selecciona el audiovisual por la evidente unificación de tales espacios, dado que en el video se pueden identificar las locaciones (los lugares físicos). Lo anterior facilita la comprensión del “ciberlugar”, categoría propuesta por Meek (2012) que se opone a la fragmentación entre lo off y online, proponiendo un continuum donde los cuerpos no desaparecen en la ambigüedad de lo “virtual”, idea relevante para la presente investigación doctoral, ya que permite la indagación fenomenológica y visual; además de comprender —de mejor forma— el uso recurrente del performance dentro de los videos realizados en favor de los desaparecidos.

Sobre las aportaciones diferenciadas que la red social YouTube aporta a los movimientos sociales, los científicos señalan que ayuda especialmente a hacer visibles las injusticias y dar voz a las víctimas de gobiernos autoritarios y minorías marginadas25

(Khamis y Vaughn, 2011; Vergani, 2011). En ese mismo tenor de ideas, existen investigaciones que vinculan la defensa de los derechos humanos con las narrativas audiovisuales, las cuales sirven no solo para generar representaciones más adecuadas de grupos mal representados sino para denunciar injusticias por medio del video (Gregory, 2006).

Algunos estudios comparados entre diferentes plataformas (Thorson, Driscoll, Eklade, et al., 2013) afirman que los videos que se comparten, por ejemplo en Twitter, funcionan más como movilizadores políticos; de ahí que los videos que se anexan a los tuits

se vinculen más con noticias, marchas, protestas, videos eyewitness y llamados a la acción a través de producciones originales. Mientras que en YouTubepermanecen videos que

recirculan, como viejas producciones, videos musicales, videos remixes, mash up y cut and paste. Lo anterior ratifica una vez más el poder de YouTube en la construcción de la memoria colectiva, ya que “es más arqueológico pues tiende a compartir antecedentes” (Thorson et al., 2013, p.18).

Sin embargo, algunos investigadores sostienen que YouTube promueve la banalización de las causas debido a su vínculo con el entretenimiento. No obstante,

25 En este tenor se inscribe el trabajo #RVP Realidades Video Políticas: activismo y emancipación de la imagen red de Ortiz, Fidalgo, Zapata y Bula (2017) editada por la Universidad Autónoma Metropolitana. Para mayor información revisar: http://culturasmetropolitanas.org/rvp-realidades-video-politicas-activismo-y- emancipacion-de-la-imagen-red/

Gooyong (2011) descubre que enYouTube el recurso humorístico ha sido también un medio de resistencia de grupos marginados que usan la ironía para hacer visibles sus causas. Por lo anterior, considera que es una plataforma que puede aprovecharse como medio de educación para el cambio social dentro de la vida cotidiana, idea que comparten Peña, Rodríguez y Sáez (2016).Mientras que para Uldman (2013) la ironía y la parodia no tienen demasiado valor, para Gooyong (2011) son parte de la creatividad pacífica que resiste la violencia cultural de los eventos que vulneran los derechos humanos.

Los científicos enfatizan que las plataformas sociales no se utilizan de forma aislada sino de manera convergente (Meneses y Castillo, 2018)26

, donde YouTube funciona como

fuente de noticias, de empoderamiento y documentación (Askanius, 2015).

Sobre el análisis de la dispersión, existe una tendencia metodológica de explorar los videos populares y virales equiparando dichos datos con el “engagement de la audiencia” (Castillo y Meneses, 2015; Meneses y Castillo 2016; Vraga, Bode, Wells, et al., 2014) para, a partir de ahí, realizar recomendaciones sobre las formas más adecuadas para representar los videos de protesta. Sin embargo, algunos científicos vinculados con la economía política consideran que la popularidad está vinculada con lógicas comerciales, y que los videos más vistos están asociados más a la espectacularidad que a la identidad colectiva (Thorson, et al., 2013; Sierra 2015).

En lo que respecta a la deliberación concluyen, a partir del análisis de los

comentarios, que existen más limitaciones que en otras plataformas, ya que las respuestas

26Este artículo también es parte de los estudios exploratorios realizados por la autora de la presente tesis doctoral.

suelen ser más emocionales (sean de adhesión o rechazo), violentas, superfluas y cortas (Hess, 2009; Nos y Farné, 2015; Uldman, 2013).

Sobre las formas de representación, varios de los artículos desarrollan

caracterizaciones sobre los recursos narrativos (textuales y visuales) y análisis del digital storytelling de las producciones culturales (Nos y Farné, 2015; Meneses y Castillo 2016; Peña, Rodríguez y Sáez, 2016; Vraga, Bode, Wells, et al., 2014). Para esto, algunos autores utilizan tipificaciones realizadas en estudios previos de videoactivismo (Arévalo, 2018, Askanius; Notley, Lowental y Gregory, 2015; Mateos y Gaona, 2015).

Por su parte en el estudio de las prácticas emergentes en la Red, diversas fuentes definen el videoactivismo27 como un repertorio de acción y actividad emergente

relacionada con los movimientos y organizaciones sociales no formales que luchan por un cambio social. Dichos autores tienden a realizar genealogías y categorizaciones desde la teoría de los movimientos sociales (Askanius, 2015; Roman, 2009; Notley, Lowenthal y Gregory, 2015; Mateos y Gaona, 2015).

En cuanto a las metodologías de investigación utilizadas para el estudio científico del videoactivismo en la Red, se encontraron trabajos de análisis discursivo y de contenido (Arévalo, 2013, 2014 y 2018), así como del digital storytelling (Meneses y Castillo, 2016 y 2018) con abordajes multi-método, también estudios de corte antropológico sobre el video participativo en tiempos de Internet (Ortiz, Fidalgo, Zapata y Bulos, 2017). De acuerdo con

Kunt (2008), una de las ventajas del estudio del digital storytelling es que puede ser un recurso sumamente llamativo en una sociedad-red saturada de información.

Este breve resumen sobre las investigaciones actuales del videoactivismo digital en YouTube ha pretendido resaltar las discusiones científicas predominantes, fortaleciendo la pertinencia de realizar una indagación desde un enfoque menos común, como es el de la Filosofía de la Comunicación, a través de una aproximación metodológica mixta.