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6 THE ANALYSIS OF THE ROLE OF MARKETING

6.3 Theme 2: Developing the innovation

Resumamos. Tres explicaciones creo que dan cuen­ ta del «retomo de la moral»: primero, el paso .de una

generación a otra y la crisis de lo político que este paso expresa; luego, el desmoronamiento del bloque soviético y la pérdida, para el capitalismo, de la justi­ ficación negativa que su adversario le ofrecía en ban­ deja; finalmente, en tercer lugar, esta muerte social de Dios que enfrenta a cada uno de nosotros con la pre­ gunta «¿Qué debo hacer?» como con su pregunta. Si se disponen estas tres explicaciones una detrás de la otra, se ve fácilmente que este retomo de la moral no es sólo cuestión de modas. Es una cuestión de fondo, que nos ocupará durante los próximos decenios, y en la cual nuestra civilización se jugará al menos una par­ te de su destino.

Pues bien, no es sólo cuestión de modas. Pero sí es una cuestión a la moda. Puede suceder, y es una suer­ te, que la moda se apodere de verdaderas cuestiones. Y éste es el caso. Ahora bien, lo decía en mi introduc­ ción, cuando la moda se mezcla, eso se suele pagar con un cierto número de confusiones. Y esta moda de la moral no es una excepción. Es cierto especialmen­ te, y quizá sobre todo, en el mundo de la empresa. En efecto, hace varios años nos llegó del otro lado del Atlántico, como sucede a menudo, una moda que se puede llamar la moda de la ética de empresa, que no es más que la versión empresarial del «retorno de la mo­ ral» a que acabo de referirme.

¿De qué se trata? También aquí, de discurso más que de comportamientos. Oigo decir mucho, aquí o allá, leo en la prensa, tanto profesional como dirigida al gran público, observaciones como éstas: «La ética (se sobreentiende, en el contexto, la ética de empresa) mejora el clima interno de la empresa y, por tanto, la productividad»; «La ética mejora la imagen de la em­

presa y, por tanto, las ventas»; «La ética mejora la ca­ lidad del producto o del servicio y, por tanto, de nue­ vo,, las ventas»... En una palabra, ¡la ética es eficiente, la ética vende! Ethics,.pays, se dice al otro lado del Atlántico: la ética es rentable. Hay quienes llegaron a forjar el curioso neologismo de «markética» para de­ signar al hijo, asombrosamente engendrado, de los amores extraños entre el marketing y la ética...

Estos discursos no sólo florecen en Estados Uni­ dos. Hace unos años me enviaron la fotocopia de un anuncio del Essec-IMD (la rama de formación conti­ nua de esta prestigiosa escuela de economía y comer­ cio)., que nos informaba de que acababa de poner en marcha un ciclo de formación titulado «Gestión em­ presarial de la ética de los negocios». Ahora bien, el. lema esencial de esta formación era el siguiente (cito, quien habla es el Essec-IMD): «La ética es una fuente de beneficios». Mediante lo cual se proponía una for­ mación por la módica . suma —era antes del euro— de 98.000 francos sin impuestos... La ética tiene que ser una fuente de beneficios para alguien.

Confieso que este tema de la ética rentable, de la

markética o de la ética que es una fuente de beneficios

me deja algo perplejo, einduso, para decirlo todo, un poco reticente.

En primer lugar, primera razón de perplejidad, porque sería la primera ocasión en que la virtud, por sí sola, hiciera ganar dinero.

Luego, segunda razón de perplejidad, porque aun cuando no discuta (y evidentemente no discuto), que se pueda ganar a veces o frecuentemente dinero hon­ radamente,, aun cuando no discuta que la moral y la economía,, el deber y el interés, puedan orientarse a

veces o frecuentemente en la misma dirección, señala­ ré simplemente que, en todas las situaciones en que sucede, no existe por definición ningún problema, y especialmente ningún problema moral.

Pongamos un ejemplo. Uno puede elegir, en el marco de su trabajo, entre dos decisiones, A o B. Si elige A, es un tipo formidable, una mujer formidable, y gana mucho dinero. Si elige B, es un canalla y pier­ de mucho dinero. No tiene necesidad de devanarse los sesos, de consultar a un asesor o a un .filósofo, para saber lo que va a hacer... Escogerá A , evidente­ mente, porque le impulsan la moral y la economía, porque es a la vez su deber y su interés. En este caso no hay ningún problema, y especialmente ningún problema moral.

Me pregunto silo que normalmente se llama ética

de empresa, en nuestros diarios y seminarios, no es el

arte de resolver este tipo de problemas, quiero decir los problemas que no se plantean.

Finalmente, la tercera razón de perplejidad... Uno va a elegir A, por supuesto, porque le impulsan a la vez la moral y la economía, el deber y el interés. Sin embargo, falta saber si escogerá A por deber o por in­ terés, por razones morales o por razones económi­ cas. Puesto que, por hipótesis, los dos apuntan en la misma dirección, ¿cómo saber cuál de las dos moti­ vaciones resulta más determinante? A cada cual le corresponde interrogarse por su cuenta. Pero me pa­ rece que un poco de lucidez y de humildad, al mismo tiempo,, debe llevamos a pensar que, en este caso, he­ mos obrado por interés. . Y que nuestra acción, a par­ tir de ese momento, por conforme que sea con la mo­ ral, no tiene, sin embargo, como diría Kant, ningún

valor moral, ya que se realiza por interés y que lo pro­ pio del valor moral de una acción, como todo el mun­ do sabe, es el desinterés.5

Permítanme ilustrar este punto con-dos ejemplos, uno que me concierne personalmente y el otro que concierne más al mercado en general y a aquellos (to­ dos nosotros, directa o indirectamente) que viven de

5. Sobre la noción de desinterés, en Kant, véase la prime­