Esta fase inicia con la llegada al país y así mismo, con el primer contacto con Chile.
Un contacto que en algunos casos de inmigrantes colombianos pasó desapercibido,
tal vez, porque el país del que procedía era Australia:
“Yo entre como turista, común y corriente, no tuve ningún inconveniente, y...
no nada, antes fue como lo mejor, como en el sentido, que no me pusieron
mucho problema, no me dijeron como nada, de... o sea como que nos dijeron
nada. Me atendieron bien. Como ah, vengo embarazada”. (Pilar, 29 años)
Por tanto, la recurrencia en los relatos de vida evidencia que la mayoría de los
participantes, al llegar percibieron un contacto social diferente al de su país de
origen:
“Pero eso sí, la primera impresión de la persona que nos atendió mala,
grosero, una atención diferente a los colombianos”. (Fanny, 27 años)
“La señorita que me atendió, como muy parca. Eran las 5 de la mañana, yo lo
entiendo, estaba como muy cansada, no sé, entonces no me pregunto nada,
me reviso los papeles y me puso el sello y ya”. (Sandra, 29 años)
Así mismo consideramos importante señalar que una de nuestras participantes,
concuerda con el discurso santiaguino de que las personas de región son más
receptivas hacía los inmigrantes:
“Y con esta señora que le digo viene
realmente acá, a Mulchén y allá yo
conocí a su familia. Me estuve un
mes, me trataron muy bien..., la gente
de provincia aquí es otra cosa, la
gente es linda, cariñosa, afectuosa,
se preocupan por el vecino”. (Rosa,
45 años)
En efecto la llegada es el inicio de un
proceso de inserción y adaptación, que se antepone al establecimiento, donde se
evidencia lo indispensable de las redes sociales, ya que es donde, conocidos,
amigos y familiares, cumplen un rol fundamental en la consecución de la
organización dentro de la ciudad:
“Por medio de mi amiga, me contacte con el muchacho que está aquí y él me
dijo dónde podría conseguir vivienda, y ahí llegue, y acá estoy”. (Hernán, 34
años)
“Tenía una amiga en Colombia que fue polola de otra chica acá, ellas eran
pareja. Y ella me… como que me hizo el contacto con ella. Ya habían
terminado, pero aparentemente tenían una buena relación... y ella le pidió que
si me podía recibir acá, entonces ella dijo que sí”. (Sandra, 29 años)
“Aquí me estaba esperando mi hermano, ahí al barrio San Pablo. En el Metro
de San Pablo... ahí mi hermano y estaba el cuñado (…) Ahí había puros
colombianos, había como 5 colombianos, habían otros dos... ex cuñados
míos. Había conocidos ahí. Ahí nos juntamos como 7 colombianos en esa
casa”. (David, 48 años)
“En el aeropuerto, me estaba esperando mi esposo y mi hermano, y de allá
nos vinimos para acá”. (Ana, 28 años)
Esta fase era considerada en la planeación de los participantes como la
consolidación del objetivo, o sea, el final del proceso migratorio: Sin embargo, es en
esta fase donde sus expectativas empiezan a ser confrontadas con la realidad,
logrando percibir que no es el final, sino que es un largo continuar:
5.4.1. Fue muy difícil
Me llamo Luz, tengo 34 años, y tengo un técnico de secretaria. Yo soy de un pueblito
chiquito al lado de Cali, Bugalagrande. Dure un año sin empleo y no encontraba, no
encontraba. Me quede desempleada, ¿imagínate?, tenía dos hijos y no es duro, muy
duro. Es como... pensar, mira, ¿con qué le vas a dar comida, pagar servicios? en fin
es todo. Entonces... fue por medio de una vecina mía, simplemente me di cuenta que
se había venido para acá, eh, hacía dos meses, y no sé, me entró como la locura, de
que... decían que todo el mundo se venía para Chile. Ella me hablo..., de lo que se
ganaba, ¿me entiendes? lo que se ganaba, las condiciones. Igual a mí no me
importaba venir a trabajar en una casa. Pero de eso, de trabajar en una casa, a no
tener nada en Colombia. A tener que ir trabajar, a tener que dar mi trabajo todo el día
por nada, porque si sacamos entre transporte, eh... comida, no me quedaba casi
nada, para el sustento. Entonces, ¿me entiende?, ella me hablo primero, de todo y
de la paga, Del sueldo acá, lo que, de pronto, para arrancar había que hacer,
¿cierto? trabajar como asesora de hogar, y ya... y me pareció. Entonces a ver,
empieza lo bueno, porque fue súper difícil, no fue fácil... yo no tenía ni un peso, me
toco recurrir a mi mamá. Yo soy una persona muy humilde, o sea en fin, la familia
muy humilde y nos toco hipotecar la casa... Hipotecar la casa de mi mamá para
poder hacer las diligencias, el pasaje, bueno, en fin, eh, los dólares que hay que
presentar en migración, eh,... todo, ¿me entiendes? y... dejar un poco ordenado los
muchachos allá en Colombia.
Yo me vine con mi hermana. Mi hermana la mayor, se entusiasmó a venirse
conmigo, y una amiga, se unieron. Cuando, antes de aterrizar el avión, y yo veo. O
sea, es que es muy distinto, es que yo vengo de un pueblo y es una ciudad muy
grande y el paso por migración fue muy fácil. Fue algo muy, o sea como muy
concreto. ¿Vienes a qué? de vacaciones le dije. Me dijeron que le diera los datos de
la persona donde iba. O sea, entre comillas, porque sí, era un... el hijo de una amiga
mía, pero no era amigo mío el señor. Pero yo tenía todo... todo ya, aprendido (risas).
Entonces me preguntaron su dirección, su teléfono, que si me estaba esperando. De
hecho el señor nos estaba esperando en el aeropuerto... y ya normal. No tuve
dificultad alguna, gracias a Dios.
Fue muy difícil el primer día, no olvídate, cuando ya estuvimos acá, ver toda esa
ciudad tan grande. ¿Entiendes? pero fue difícil al principio. Que conseguir dónde
instalarte, ¿me entiendes? porque no tenía donde llegar. Llegue a un hotel. El señor
nos dejó en un hotel. Prácticamente por decirlo así, por no decir, tiradas. Súper
costoso y ahí sólo pudimos estar dos noches, porque no podíamos pagar más.
Entonces salimos... salí. Yo he sido muy recursiva gracias a Dios. Y yo dije bueno, yo
no conozco esto pero, tenemos que salir, porque aquí no nos podemos quedar,
pagando esto tan caro y salimos... acá, por todo el centro. ¿Y sabes a dónde fuimos
a llegar? a Quinta Normal. Que o sea, fue muy lejos, fuimos allá y recorríamos,
caminábamos y caminábamos y me encontré una señora barriendo, fuera de un...
restaurante y ¡mi Dios es muy grande! Entonces le dije, “señora será qué usted es
tan amable, ¿usted me puede decir de un lugar por aquí dónde arrienden una pieza,
una habitación, algo así?” Me dijo, “en mi departamento” (risas). Así mirá, cayó del
cielo y ya, y nos arrendo su pieza. Pero olvídalo, no teníamos donde dormir... Ya
¿me entiendes?, mira, no teníamos donde dormir. Sólo era la habitación, claro que
nos podíamos quedar las tres, pero una habitación sin nada, pelada, sin colchón, sin
cobijas, sin nada. Dando gracias que nosotras habíamos traído... cobijas y con eso
medio pusimos cartón en el piso... Fue algo difícil.
Eh, mi amiga a los 3 días consiguió empleo, en una agencia que nos habían dicho y
yo nada, pegaba... pegaba. Eh, tuve... mejor dicho, por decirlo así, pase un rato
amargo, porque íbamos por la calle, cuando un perro... inmenso me mordió... ¡para
completar! Me tuvo en cama 8 días... mira, mi hermana cuidándome, ¿cómo te
parece? y eso. Pero ahí sí puedo decir, mira, que... agradezco mucho porque aunque
fue lenta la atención. O sea, me refiero para que me atendieran, que fue lenta. Eh...
fue muy buena, porque me sacaron radiografía y todo, y todo fue totalmente gratis,
gratuito.
Al mes mi hermana no aguanto y se regresó, yo me quede aquí prácticamente sola.
Y ahí, mi hermana se regresa a Colombia y empezó yo... a padecer, a buscar
empleo. Ya llevaba un mes, sin poder conseguir nada, y recorría y recorría. Yo tenía
que caminar todos los días, desde Quinta Normal, hasta Santa Lucia, a pie. Son... yo
puedo decir sin exagerar, decir que son 70 cuadras... o sea, todos los días, es
mucho, ¡es demasiado! Pero caminaba hasta allá, porque iba a una agencia de
nanas. A ver si me salía algo, porque era mucha gente, o sea, son muchas mujeres,
y mujeres con experiencia. Mujeres chilenas, bueno, en fin, habían de todas las
nacionales, chilenas, ecuatorianas, peruanas, ¿entiendes?
Recién llegada, iba para... justo para otra agencia de nanas, que me habían dicho, yo
llego al metro y como no me sabia ubicar, le pregunto a un señor, y todavía un
funcionario del metro, que es uno de los guardias que esta con su... vestido este,
fosforescente que llama mucho la atención. Le dije, “¿señor, usted me puede
informar dónde queda? Tal lugar”, y entonces, me dice... “¿usted está buscando
empleo?”, le digo, yo, “sí”. Me dice, “¿usted es colombiana?” le digo, “sí señor, yo
soy colombiana”. Entonces como yo no sabía, como yo estaba súper novata aquí,
digamos, eh, el habla de acá, tienen términos que nosotros no, o sea, yo no conocía.
Y me dijo, “es que yo tengo una amiga que tienen un café con piernas” y le digo yo,
“¡¿ay si?! qué bueno”. Y le dije, “sí, yo necesito trabajo, yo puedo trabajar en la
cafetería”. Yo... supuse que era una cafetería, ¿ya? Pero entonces le dije, “me puede
explicar, entonces que tendría que hacer”. Me dijo no, “pues es atender a hombres,
así y así”. Y le dije, “¿sabe qué?” Le dije, “yo no sé, si me le parecí, pero todas las
extranjeras, está súper equivocado, se montó en el bus que no era”. Le dije, “todas
las colombianas no venimos a prostituirnos aquí a este país”. Le dije, “¿sabe quién
puede ir a trabajar allá?, su aguelita” (risas). Y ahí quedo todo. Ahí lo deje (risas). Le
dije, “a su aguelita la puede mandar para allá” (risas), ¿Entiendes? Porque no, está
súper equivocado. Entonces ahí entro mi temor desde ese día, de que...
lastimosamente, sí. Que es terrible, es terrible, digamos... y ahora entiendo, porque
mucha gente se va a Colombia con la verdad... pensando lo peor, de la, de los
chilenos, ¿entiendes?, pero no todos, para qué, pero si son pocos. Pocos los buena
onda (risas) son pocos los buena onda. Sí.
Bueno, pero gracias a Dios... después de dos semanas logre conseguir empleo. Una
señora me eligió como entre... ¿15?... y empecé a trabajar en una casa... Yo
trabajaba en una casa puertas adentro. Yo me levantaba a las 6 de la mañana y me
acostaba a las 10 y media de la noche. La remuneración yo sentía que no
correspondía a todo lo que hacía, porque era multiusos. O sea, yo tenía que... limpiar
la casa, dos pisos... como... 4 baños. Todos los días, limpiarlos. Eh, cuidar el niño, a
parte cuidar él bebe, muy hermoso, ¿imagínate? Y hacer la comida. Todo eso por un
sueldo. Descansaba, los meros domingos. Solamente los domingos y ese día, como
no conocía a nadie y esto y lo otro. Y no..., no coincidía mi salida con la de mi amiga,
me iba para Plaza de Armas (risas). Ahí me sentaba en ese parque, todo el día. O
sea, aparte del tiempo que utilizaba comunicándome con mi familia, con mis hijos, mi
mamá. Pero de resto ahí. Me comía un helado, no tenía nada más que hacer, si no
conocía a nadie, no conocía nada. Súper difícil, pero bueno... muy buena, la señora
puedo decir, era un amor, muy linda, pero no pude... congeniar con su esposo.
Él era súper clasista, me decía "la negra". “Tú eres negra” y yo le dije, “yo no soy
negra, soy trigueña, no soy negra”. "¿No? pero mira tú color". Me corregía como
hablaba. Yo le decía, “pero no puedo, estoy muy nueva, yo no puedo hablar como
ustedes, porque yo soy colombiana, yo no soy chilena”, ¿ya? Siempre me vivía
reclamando, esto y lo otro, por el habla. A parte de eso... la comida. Muy difícil,
porque, nosotros los colombianos comemos muy bien y aquí la verdad es que... o
sea, la alimentación es totalmente distinta a la nuestra. Y ahí, puede durar... 9
meses, no aguante más, yo no sé, aguantaba, lloraba... eh, en fin, fue muy difícil, fue
súper difícil. No aguante más y renuncie...
Pero resulta de que justo cuando renuncie, me salió los papeles, o sea, yo tenía que
pagar el carnet... pero no valía la pena pagar el carnet, para volver otra vez a pagar
lo mismo, ¿ya? saliéndome. Entonces opté por... no pagarlo. Yo confiaba en que me
iba a salir otro empleo pronto. Pero me desespere porque, o sea, ya llevaba un mes
sin trabajo y yo, meta currículo aquí y allá, y no me recibían porque no tenía los
papeles, el carnet. Entonces la señora donde vivía, eh, se conocía con mi actual
empleador, ¿ya? Ella le trabajo y me recomendó, de verme así de desesperada. Y el
señor aquí, fue el que hizo todo el trámite, el cambio de empleador. Él me ayudo, me
guío y me dijo todo lo que tenía que hacer. Me afilio a Fonasa y todo. Y lleve mis
documentos a migración y todo en regla y ya gracias a Dios, ahora estoy esperando
mi definitiva.
Ah, y hay otro detalle, el arriendo. Tú no sabes cuánto me costó a mí, conseguir una
vivienda. Y sí, me costó conseguir vivienda y eso que la conseguí por una
recomendación de una amiga chilena, y si no, yo creo que estaría viviendo todavía
en una pieza. Fui muy difícil, cada día me tiraban el teléfono, “¿ah es colombiana?...
no, no le arrendamos a colombianos”. Eh, nos caracterizan por bullicioso, pero
lastimosamente no todos somos bullosos, ¿ya? O sea... yo te lo digo... yo soy una
persona muy alegre y lo que es día sábado, se nota que yo estoy en la casa. Sí,
porque yo,... no sé, diga usted tipo 11 de la mañana yo pongo mi equipo... y escucho
salsa, y escuche esto y lo otro, ¡y salsa colombiana!, ¿ya? pero no molesto a nadie.
O sea, hablo de no molestar, no me excedo en el... horario. Eh, yo te digo que a las 7
de la noche, todo está en calma, ¿sí? A veces dirán, “uy... descansamos”.
Ahora ya llevo más de 3 años en Chile y llevo más de dos años con este empleo.
Aquí trabajo de lunes a viernes, de las 8 de la mañana hasta las 9 de la noche. Son
prácticamente 12 horas y media, si porque salgo la media hora de colación. Y el
sueldo, la verdad… no es que sea desagradecida, pero digamos yo aquí estoy, por
decirlo así, relativamente bien. Pero... a ver, si me pongo a pensar, en todos los
gastos que tengo aquí. Porque obvio tú aquí, tienes que pensar, que hay que pagar
arriendo, que hay que comprar la comida, que es bien costosa. La comida, el
arriendo... eh, mis gastos personales, y sumándole lo que tengo que enviar a
Colombia para la alimentación de mis hijos, para el colegio, quedo un poco corta.
Entonces, sí, la verdad, a futuro, pienso buscar algo mejor. Por decirlo así, algo más
para mí, mejor pago.
Chile, a ver... mirándolo desde otro punto de vista de que pase ya por tantas cosas,
no ha sido una experiencia buena. Y la verdad es que... viendo que voy a tener que
estar unos cuantos más acá, ya... me acostumbre... y está bien, igual, la verdad...
Porque aquí, lastimosamente mi país es muy bello, es muy hermoso, pero no me
brinda la estabilidad económica que me brinda Chile, ¿me entiendes? Entonces aquí
por lo menos me quedan unos buenos años. Porque lo que pasa es que... a futuro yo
tengo que terminar, o sea, seguir ahorrando, para que los niños terminen su carrera,
porque la niña ya se me va a graduar y ya entra la universidad. Y en Colombia no
podría hacer eso, en Colombia no podría. Ella va ingresar allá, que ellos terminen
sus estudios allá. Y... no sé, mira, todo se lo dejo a Dios. Pero la verdad es que igual,
como te digo, yo aquí me acostumbre, pero obvio no a jubilarme acá, no (risas),
pero... sí, no me puedo quejar, me ha ido bien... En un futuro muy, muy lejano,
regresar a mi país. De hecho ahorrar y regresar a mi país... Lo que más anhelo,
pasar allá, como se dice, pasar allá mis últimos años.
In document
Government Spending and Economic Growth in Tanzania 1985-2015
(Page 46-50)