4.2 Conceptual overview
4.2.2 Theoretical framework
La pobreza es un problema polít ico. Polít ico, básicament e en sus dos simples y “ vulgares” acepciones posibles, como “ art e” , es decir, como capacidad humana de int ervenir socialment e; y como “ asunt o común” de una “ polis” . Claro est á que cuando hablamos de pobreza posiblement e nos debamos cont ent ar con el caráct er met afórico que est a palabra cont iene. Una cruda y t rágica poét ica que condensa los alcances del lenguaj e baj o la pret ensión de ot orgar cert ezas donde abundan confusión, desamparo y muert e. Parafraseando a Marx, Merklen6 sugiere que, en
def init iva un “ pobre es un pobre” , es decir, adquiere sent ido la palabra cuando un suj et o en “ det erminadas condiciones” se t ransf orma en un pobre. ¿Qué condiciones? Desde su int eresant e línea de t rabaj o, Loic Wacquant concluye que: “ (…) lo que mej or explica el virt ual derrumbe del guet o en la década de 1980 y sus sombrías perspect ivas en lo que queda de est e siglo no es t ant o el f uncionamient o impersonal de f uerzas macroeconómicas y demográf icas generales como la volunt ad de las elit es urbanas, es decir, su decisión de abandonarlo a esas f uerzas t al como se (pre) est ruct uraron polít icament e. ”7
Est e enf oque es muy at ract ivo porque precisament e cent ra su at ención en los procesos polít icos de const it ución del espacio urbano, que int eresan aquí porque la 5 Masset t i, Ast or. De cort ar la rut a a t ransit ar la ciudad. Programa de Ant ropología Polít ica y Social, FLACSO, Document o de Trabaj o Nº2, 2003
6 Meklen, Denis. Un pobre es un pobre. Buenos Aires, Revist a de t rabaj o social. 7 Wacquant , Loic. Parias urbanos. Buenos Aires, Manat ial, 2001. Pag. 69
pregunt a pert inent e en est e t ext o sería: ¿Qué relación hay ent re el “ anclaj e t errit orial” de la pobreza y las experiencias colect ivas de organización? Tal vez est e aut or caiga en una simplif icación o recort e de uno de los múlt iples aspect os que podrían conj ugarse en la aproximación a la respuest a: aquí la volunt ad polít ica, o mej or, acción polít ica, est á en la órbit a de quienes “ det ent arían el poder” (elit es urbanas). “ Lo demás” , esas “ fuerzas” aparecerían casi como un algo “ nat ural” , en el cual, la int ervención negat iva de las elit es (abandonarlo a…) operaría solo como dej ar librado a su suert e a las capas populares. Una visión del conf lict o social posible que, sin embargo, no lo concebiría como relación, sino, en últ ima inst ancia como “ reacción” . De t odas maneras es t ambién int eresant e est e enf oque porque nos permit e simplificar el abordaj e de est a relación (t errit orio - pobreza - movilización) pensando en “ f uerzas” (o procesos) a conj ugar. Est a forma de encarar est a relación puede ser observada en la lit erat ura de las Ciencias Sociales. Por ej emplo, prologando un vast o est udio sobre la organización comunit aria en el part ido de Moreno, Forni ref lexiona:
“ Las diversas et nograf ías que hemos producido sobre est os barrios muest ran una realidad het erogénea muy act iva. Es como si hubiera en est a zona algún t ipo de f erment o (levadura, sic) que proviene del pasado de est as poblaciones y de la movilización de los 60 que f ue especialment e act iva en est as áreas. En est e sent ido se puede señalar que dent ro del conurbano debe ser el espacio más f ért il en movimient os sociales.”8
En donde ese “ f erment o” , esa “ conf lict ividad” , esa “ compet encia no es aquí ent re grupos ét nicos como plant eaba la escuela de Chicago, sino ent re usos del suelo”9.
Los “ usos del suelo” son una “ f uerza” en est e sent ido, que at raviesa la relación t errit orio - pobreza - movilización en t ant os sent idos como los que se quieran compilar en la noción misma de “ usos del suelo” . Uno de los aspect os que se pueden t omar, sin ser excluyent e repit o, es la “ t errit orialización de la pobreza” , es decir, los procesos de “ expoliación urbana” en los cuales se “ conf igura” una dist ribución socio – espacial: La het erogeneidad de la sit uación de pobreza es apreciable cuando la inscribimos en el paisaj e urbano (sus det erminadas condiciones).
Un int eresant e análisis desarrollado por Denis Merklen nos sirve para apunt alar est a idea. Análisis que int eresa t ambién porque desarrolla el est udio de la experiencia del asent amient o “ clave” : en Isidro Casanova (La Mat anza), corazón del piquet erismo en Argent ina; y específ icament e en el Barrio “ El Tambo” donde surge el núcleo de lo que hoy es la FTV10. Así, para est e aut or la conf ormación de
dist int as experiencias de t errit orialización de la pobreza nos permit en dar cuent a no sólo de la f orma en la que la pobreza se ha ido desarrollando en los últ imos cincuent a años en nuest ro país, sino t ambién de las dist int as respuest as que t ant o act ores sociales y polít icas gubernament ales han llevado a cabo en est e sent ido. Est e aut or dist ingue t res f ormat os de t errit orialización de la pobreza: La villa de emergencia, los asent amient os y el “ lot eo” . Nos vamos a cent rar solo en los dos primeros.
8 Forni, Floreal. Pobreza y t errit orialidad. En: “ De la exclusión a la organización” , Floreal Forni comp. Buenos Aires, Ciccus, 2002. Pag. 20
9 Forni, Floreal. Pobreza y t errit orialidad. En: “ De la exclusión a la organización” , Floreal Forni comp. Buenos Aires, Ciccus, 2002. Pag. 15
10 Sigla de la “ f ederación de Tierra, Vivienda y Hábit at ” , “ sindicat o” piquet ero de la Cent ral de Trabaj adores Argent inos. Conducido por Luis D’ Elía.
El primer f ormat o, la villa de emergencia, t iene su raíz en las migraciones int ernas producidas a part ir de la década de 1930, en donde la población rural del int erior del país llegaba a las grandes ciudades en búsqueda de un puest o de t rabaj o en la incipient e indust ria nacional. La villa de emergencia surgirá así, como un modelo socio-habit acional, caract erizado por su carencia de planif icación y regulación. En la búsqueda del acceso al t rabaj o, los migrant es f ij arán rápidament e su morada en los “ espacios abandonados” cercanos a las f uent es de t rabaj o. Est a caract eríst ica, a pesar de las mut aciones que han operado en la est ruct ura product iva argent ina, se perciben aún hoy en esas conf iguraciones espaciales que present an las villas: los pasillos est rechos, la densidad y el hacinamient o.
De los múlt iples aspect os que se pueden desarrollar de est as “ hist orias” de la dist ribución socio-espacial de la pobreza, aquí solament e fij aré la at ención en unos pocos. Precisament e uno de est os aspect os, t ambién siguiendo a Merklen, que es import ant e remarcar, es que los “ f ormat os” villa y el lot eo, t ienen un “ f inal” . Uno de ellos, el lot eo, desaparece como t al (como est rat egia de desarrollo urbano gubernament al) y el ot ro, la villa, se t ransf orma considerablement e y suf re no sólo la est igmat ización social, sino la brut al represión del aparat o est at al. Las t ransf ormaciones que operan sobre ambos f ormat os comienzan a percibirse a part ir de la f inalización del "proyect o” social signado por la sust it ución de import aciones. El agot amient o del desarrollo del “ f ormat o” villa no t iene nada que ver con su desaparición, sino más bien, de la t ransf ormación de los suj et os sociales en est e proceso de cambios de la sociedad Argent ina. Para Merklen, la clave para ent ender el desarrollo de las villas de emergencia debe buscarse en la asociación ent re desarrollo est at al (est ado de bienest ar, polít icas de sust it ución de import aciones, empleo est at al, et c. ), la f ábrica y las migraciones int ernas. Est a asociación se va desplazando desde 1958 baj o el modelo desarrollist a, y se agudiza a part ir de la incorporación de las polít icas “ monet arist as” de Mart ínez de Hoz. La conf iguración espacial de la pobreza, en donde la villa surge como est rat egia de vida de los t rabaj adores f abriles o est at ales recién llegados a las grandes ciudades, se t ransf orma en un “ margen” , en un ya “ icono” , de lo que suele ser pensado como “ exclusión social” . A más de est o, a part ir de 1977, previo al mundial de f út bol, las polít icas gubernament ales adquieren un nuevo giro: pasan a reconf igurar el espacio urbano eliminando est os manchones de pobreza. El hist orial de est as “ expropiaciones” es sumament e violent o: cargaban a los villeros en un camión y los “ t iraban” en algún lugar del gran buenos aires; al t iempo que las t opadoras arrasaban las const rucciones precarias en donde habit aban. Est a nueva f orma de deshacerse de los “ enclaves” pobres t uvo su cont inuidad en la democracia. El est igma villero se t ransf ormaba finalment e en una concepción polít ica del “ merecer la ciudad”11. Durant e el gobierno de Alf onsín, por ej emplo, se levant aron
villas linderas a la panamericana; durant e el gobierno menemist a, la inmensa villa 21 suf rió un int ent o de desaloj o; o mismo, la demolición del Albergue Warnes, para cit ar algunos ej emplos.
En est e cont ext o es que debe pensarse la aparición de un nuevo “ f ormat o” de adscripción t errit orial de la pobreza: el asent amient o. Ya a principios de los 80’ s surgen en el sur del Gran Buenos Aires las primeras t omas colect ivas de t ierras. Según Merklen se pueden dist inguir las siguient es caract eríst icas de est e nuevo 11 Lacarrieu, Mónica. Nuevas polít icas de lugares: recorridos y f ront eras ent re la ut opía y la crisis. En “ Las t ransf ormaciones urbanas y su repercusión en la vida cot idiana” , Cát edra Walt er Gropius, Facult ad de Diseño y Urbanismo, Universidad de Buenos Aires, Sept iembre 2002
f ormat o: 1) Son ocupaciones colect ivas; 2) Se ubican siempre en el conurbano bonaerense; 3) Se originan en la zona sur; 4) La configuración espacial result ant e no solo es idént ica a la del “ lot eo popular”12 sino que es su copia; 5) est a
organización del t errit orio requiere de una organización social previa; 6) los t errenos a ocupar son elegidos en base a su escaso valor inmobiliario o product ivo, es decir, se procura no t omar t ierras que est én en la mira de algún grupo de int erés; 7) Se t rat a por lo general de población muy j oven que proviene de f amilias que habit aran en barrios de lot eo o planes de vivienda del Est ado; 8) Se persigue escapar a la est igmat ización social de la “ villa” ; 9) Se busca la propiedad f inal del t erreno; 10) Las organizaciones que organizan las t omas t ienen en principio gran independencia respect o a los part idos polít icos; y 11) Las organizaciones surgidas en los asent amient os han f inalment e decaído.
- Piqueterismo y anclaj e territorial
La figura del asent amient o es ampliament e relevant e porque cont iene un proceso de polit ización de la pobreza urbana; que a su vez incluye un proyect o ident it ario (escapar al “ est igma” del villero); una organización previa para llevar a cabo la t oma de t ierra y ciert a cont inuidad en el t iempo, que se plasma en la perduración de coordinaciones que logran crist alizarse en alguna experiencia asociat iva. Desde est as experiencias organizat ivas ligadas a la polit ización de los “ usos del suelo” Merklen va un paso más allá e hipot et iza:
“ El movimient o de los piquet eros es heredero, en ciert a medida, del movimient o de ocupación ilegal de t ierras y de organizaciones de barrios, desarrollado durant e veint e años en las zonas marginadas de las grandes ciudades (especialment e Buenos Aires). En efect o, es en los barrios pobres que se organizan las barricadas y es allí que los piquet eros movilizan su base social. ”13
Est a hipót esis es sumament e int eresant e, claro est á que det erminar “ en qué medida” es complej o. En principio, lo int eresant e de est a hipót esis es que nos permit e por un lado dar cuent a de ciert a especif icidad del piquet erismo en los ent ornos urbanos; alej ándonos (como sugería en ot ro lado14) de la linealidad no
problemat izada de un act or polít ico con “ manif est aciones” dif erent es. Si pudiésemos anclar el piquet erismo, al menos en el Gran Buenos Aires, en f enómenos sociales más complej os y de más larga dat a que los que revist en la “ present ación” del piquet erismo de las “ ciudades-f ábrica” del int erior del país, t endríamos la posibilidad de incluir en nuest ro análisis de conf ormación de act ores sociales ot ro t ipo de relaciones que excederían la mecánica t ransf ormaciones est ruct urales- polit ización. En segundo lugar, est a hipót esis es a mi ent ender la que t iene más chances de perdurar15 en la comprensión de est e t ipo de f enómenos; y
posiblement e a t ravés de ella, por lo que su sost enimient o implica, puede llegar a orient ar f ut uras invest igaciones y revalorizar ot ras más t empranas.
12 Asignación de lot es por f amilia.
13 Merklen, Denis. Le quart ier et la barricade. At elier Argent ine, CEPREMAP, Ecole Normal Superiore de Paris, 2002. Pag. 3
14 Masset t i Ast or, Del ot ro lado. Buenos Aires, Edit orial de las Ciencias, 2004.
15 El ampliament e dif undido y aquí cit ado t ext o de Svampa y Pereyra, que se apoya t ambién en los t rabaj os de Merklen, es una most ración de la vigencia de los est udios de est e aut or en lo que se ref iere a las polit izaciones en t orno a los asent amient os. También en esa línea se apunt an, aunque sin necesidad de at enerse a las mismas t radiciones analít icas, las nuevas et nograf ías sobre est os mismos act ores que est á realizando Virginia Manzano.
Avanzando en la sust ent ación de est a hipót esis nuevament e Merklen explicit a16, lo
que podrían ser dos grandes procesos que t ransf orman, por un lado los “ usos del suelo” ; y por ot ro, lo que podríamos llamar la t ransf ormación de la relación “ t radicional” est ado-sociedad. Est o lo t rabaj aremos enseguida. Lo que es import ant e ahora es dej ar sent ado la advert encia de la necesidad de t rascender la descripción de procesos sociales para luego const at ar que ef ect ivament e esos procesos at raviesan a las organizaciones piquet eras “ simplement e” porque “ allí est án” : que ef ect ivament e algunas organizaciones piquet eras (que evident ement e t ienen un import ant e rol en la piquet erización de la pobreza urbana) at raviesan “ algo” al menos de est as t rayect orias-procesos a describir. Precisament e porque si podemos est ablecer, como podemos, la import ancia de ciert os procesos sociales, aún nos quedaría por explicar: ¿por qué si esos procesos, que no son exclusivos de una zona (en est e caso La Mat anza), se “ resuelven” baj o el “ f ormat o” piquet erist a? - Inscripción territorial como refugio
Para adscribir el piquet erismo a un “ cont ext o” polít ico social que permit iera explicar una polit ización pot encial de amplios sect ores de la población urbana, es necesario dar cuent a de un amplio conj unt o de procesos que precisament e marcan un component e “ nuevo” en la cot idianidad y el “ sent ido” de la pobreza urbana. Básicament e nos podemos ref erir aquí a procesos descript os ext ensament e en la lit erat ura sociológica: la t ransf ormación de un f ormat o societ al en el que las capas populares se “ incluían” socialment e a t ravés del “ salario” (t ant o por las condiciones de cont rat ación como el ingreso) y “ derechos sociales” adquiridos (especialment e, la salud y la educación). El desmant elamient o de esa sociedad, (heredera de las luchas obreras de principios de siglo XX y f uert ement e anclada en la Argent ina baj o las presidencias de Perón), primero en forma lent a pero sangrient a (1976 – 88) y luego vert iginosament e (1989 – 2002), t endría un impact o social amplio y complej o del que quiero aquí rescat ar solo un aspect o: una crecient e “ het erogeneización de la pobreza” .
La het erogeneidad de la pobreza es múlt iple. Abarca no sólo f enómenos ya descript os del ámbit o del mercado de t rabaj o, sino t ambién cult urales. Frent e a la caída del ingreso o a la inest abilidad laboral primero, y luego f rent e al hiperdesempleo, el "barrio" comienza a convert irse en un component e f undament al en las “ est rat egias” f amiliares de los sect ores populares. Tant o sea a nivel simbólico (como espacio de reconocimient o mut uo, de sociabilización, de emergencia de “ ident idades alt ernat ivas” –“ re-afiliación” para cont inuar con el vocabulario de Cast ells) como mat erial. Comienza a percibirse un f enómeno de que podemos llamar el “ ingreso barrial”17; est o es, est rat egias comunit arias de
sat isf acción de necesidades. Que comienzan a generalizarse hacia f inales de los 80’ s con la hiperinf lación y los saqueos (ollas populares primero, y luego comedores comunit arios, “ roperos” , compras comunit arias, huert as comunit arias, et c. ).
El verdadero “ f erment o” como lo percibía Forni que rodea las t ransf ormaciones de lo popular se ref iere a una cont inua diversif icación y mult iplicación de f ormas asociat ivas de dist int a índole y t enor (ONG´ s, sociedades de foment o, iglesias 16 Merklen, Denis. Ent re le ciel et la t erre. Cahiers des Amériques Lat ines, N° 41, 2002/ 2003.
17 Merklen lo explica así: “ C´ est dans le quart ier que les f amilies arrondissent leur revenu. Sur cet t e base, elles peuvent plus ou mois part iciper a la vie polit ique en f onct ion de l’ ef f icacit é des organisat ions de quart ier a bénéf icier des nouvelles polit iques sociales. ” Merklen, Denis. Ent re le ciel et t erre. Cahier des ameriques lat ines. N° 41. 2002/ 2003. Pag. 42
pent ecost ales, comunidades eclesiást icas de base, cent ros de salud, equipos de f út bol, escuelit as, et c. ): una t rama social complej a que Merklen llama “ inscripción t errit orial”18 de la pobreza. En el caso de Cuart el V (en Moreno), est udiado por el
equipo de Forni, incluso la asociación comunit aria conlleva a f undar una línea de colect ivos, con el obj et o de abarat ar los cost os de t ransport e y suplir la desconexión ent re los barrios: la “ Mut ual El Colmenar” ; como t ambién, por ej emplo, una radio FM.
- Lo político inscripto en el territorio
Ot ro element o que nos permit e cont ext ualizar el piquet erismo en el marco de t ransf ormaciones más amplias se relaciona con las t ransf ormaciones de la relación más general Est ado-Sociedad; especialment e en su manif est ación más part icular: como polít icas públicas. Se analizará en breve est a t emát ica desde la ópt ica de la t ransf erencia de “ recursos” ; o si se prefiere, se inscribirá est a relación est ado-