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Durante los últimos años, alrededor de 40 labores tradicionales; por ejemplo: hojalateros, fabricantes de tejuelos, hierbarteros, lavanderas, aguateros, entre ellos

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importantes pintores como escultores importantes junto a sus talleres se han ido perdiendo en el paso del tiempo.

Juan Paz y Miño, indicó respecto a este tema que muchos de los oficios se han fundido con el proceso de desarrollo y modernidad experimentado por la urbe; y puso como ejemplo a los panaderos, que han existido siempre, pero que ahora se los puede reconocer como propietarios de negocios. Telégrafo (2014)

Las dinámicas de la nueva urbanidad ciudadana condujeron a que numerosas familias que habitaban en el Centro Histórico se movilizaran al norte de la ciudad desde inicios del siglo XX; semejante migración tuvo consecuencias en el sector, pues nuevos inquilinos llegaron a vivir a la zona, entre ellos cultores de oficios tradicionales.

Hoy, en las 308 manzanas que corresponden al Centro y es común observar negocios de diversos tipos: tiendas, panaderías, almacenes de ropa, restaurantes, farmacias, lugares de venta de artesanías, que de una u otra manera remplazaron o se fundieron con los oficios tradicionales de Quito.

Así mismo, otro factor que determina la convivencia y la pérdida de los oficios tradicionales en el Centro es el continuo retroceso de su uso con fines de habitación. En 20 años, unas 20 mil personas salieron de ese sector de la ciudad. “Los oficios también se ven afectados por el sistema capitalista, pues algunos no serán heredados porque resulta más fácil importar; por ejemplo, trompos de plástico; así se pierden los oficios”, apuntó Paz y Miño en Diario el Telégrafo (2014)

Sin embargo; no se han perdido en su totalidad los oficios, ejemplo de ello es La casa 989 del tradicional barrio La Ronda, existen artesanos que a pesar de una creciente

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despreocupación por parte de la comunidad en el arte tradicional, mantienen el legado de la 'Escuela Quiteña', los cuales continúan fabricando objetos caracterizados ser elaborados a mano y por el exceso de detalles únicos.

José Luis Jiménez, maneja el arte de la taracea2, ha hecho un sinnúmero de bargueños (mueble con cajones secretos), cofres, marcos de cuadros y figuras religiosas para las iglesias quiteñas y también para cientos de extranjeros que han comprado sus obras como piezas artísticas particulares de Ecuador

"Hacer esto es rescatar la herencia tradición quiteña artística y frenar que este arte desaparezca. Los saben apreciar este trabajo entienden que aquí hacemos obras únicas que requieren de tiempo para construirse por los detalles que tienen y que ese es su valor agregado. Los quiteños hoy en día valoran poco este tipo de trabajos, son los extranjeros quienes se llevan los objetos sin regatear precios", sostiene. Jose Luis Jiménez en una entrevista realizada.

José Salazar en cuestión de la forja artística es un especialista dentro de la casa 989. Su trabajo consiste en modelar el hierro frío o caliente con golpes de martillo o cinceles para dar forma a candados, rejas, faroles, candelabros, y portallaves.

“El trabajo que hacemos es sinigual porque hacemos todo a mano: diseñamos los objetos, trabajamos las formas y realizamos los mecanismo de forma manual. Eso es lo que hace especial a lo que hacemos”, afirma.

Salazar señala que lleva alrededor diez años realizando este oficio que lo aprendió en la escuela-taller Quito. Elabora objetos coloniales semejantes a los del siglo XVI. El

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artesano da detalle que la fabricación de candados es su especialidad, él mismo los diseña, con mecanismos de seguridad que a su criterio son más seguros que los que se comercializan actualmente en las ferreterías.

La ronda parece ser el “epicentro” de los oficios tradicionales en Quito debido a su popularidad que ha adquirido en los últimos años gracias a los proyectos del Fonsal, sin embargo en el proceso de investigación; se fue descubriendo que Santa Bárbara es un ejemplo que guarda escondidamente importantes talladores y pintores. Del mismo modo en San Marcos, donde muchos de sus protagonistas del arte al igual que muchos de los de la ronda, tuvieron una importante formación es escuelas taller que hoy en día lamentablemente ya no funcionan.

Marco Díaz, con su taller Sangurima ubicado en la parroquia de Santa Bárbara, es uno de los representantes vivos más fehacientes de en lo que a escultores con importante legado tradicional se refiere, él junto a otros artistas como Yolanda Cadena, Victor Rivas entre otros; fueron el fruto de esta escuela taller Quito, que gracias a tal formación, son representantes altivos además de la pintura, tallado, dorado, que

embelesan la vista y los sentidos.

A pocas cuadras al norte del taller Sangurima, está el de Roberto Betancourt; él hace réplicas de la Virgen de Quito con madera y aluminio. Tarda 15 días en elaborar una copia exacta de la obra de Bernardo de Legarda. Su padre falleció cuando era pequeño y su familia quiso que aprendiera un oficio. Está totalmente en contra del cierre de la Escuela. “Hay muchos jóvenes como yo, por ejemplo, que no tienen recursos para pagar una carrera universitaria. Cuando uno es joven no sabe qué hacer con su vida y

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la escuela abría sus puertas para que nos dedicáramos a aprender, a descubrir habilidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Afirma.

Hernán Jaramillo, es un herrero que toda su vida ha estado utilizado sus manos para forjar hermosas piezas de hierro con un despliegue de detalle alucinante. Su técnica la aprendió de su padre y durante años fue profesor en la Escuela Taller de Quito, centro educativo que fue manejado por el Municipio Metropolitano de Quito y el Instituto Nacional de Patrimonio en convenio con la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), que cerró sus puertas hace más de un año, luego de que la agencia decidió suspender el financiamiento del proyecto. Telégrafo, (2014)

Este importante proyecto ascendía a un aporte económico de 200.000 euros anuales entre 1997 a 2011, la Aecid apuesta a promover este tipo de proyectos, pero una vez que se consolidan, es preciso que las instituciones públicas junto a los organismos locales garanticen una fuerte sostenibilidad a largo plazo. Este tipo de cooperaciones no solo ayudaba a mantener la identidad cultural, si no a implantar a muchos jóvenes sin recursos en el campo laboral.

Leonardo Zaldumbide, de la Fundación Gescultura, comentó al respecto: “Nosotros no tenemos una posición nostálgica de rescatar los oficios tradicionales. Pensamos que políticamente se debe respetar la transformación social de los mismos; es decir, que hay que analizar la cotidianidad de las personas que trabajan en estos oficios, desde sus necesidades, evidenciarlas y no interferir en las transformaciones”.

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Recuperar y visibilizar los oficios tradicionales de la ciudad representa salvaguardar nuestra identidad. “En el Centro Histórico aún se puede visualizar varios y son parte de la cotidianidad de los quiteños; pero es necesario reconocerlos y valorizarlos”, comentó Doris Peñaherrera, encargada del proyecto Oficios tradicionales en la Ronda

2.8.2 Importantes actores de los oficios tradicionales como legado actual de la