Chapter 3 Research Methodology
3.1 Theoretical Framework
DE TEORÍAS LINGÜÍSTICAS
A Quienquiera que provenga de las ciencias naturales, gran parte de la lingüística le parecerá una ocupación de gabinete, como lo fue la antro pología antes de nuestro siglo. En particular, le asombrará oír a un transformacíonalista discutir las hipótesis que hacen infantes hipotéticos cuan do sopesan los méritos relativos de gramáticas hipotéticas respecto de cuerpos de datos hipoté ticos. A menudo los supuestos datos que liguran en semejantes especulaciones no son sino anéc dotas, al igual que las historias de lejanas tierras que viajeros y misioneros solían narrar a los cré dulos antropólogos del siglo xix. Otras veces los datos son genuinos pero constituyen una muestra demasiado pequeña y arbitraria del corpas lin güístico total, lo que explica por qué tantas de las hipótesis que formulan los transformaciona- listas sucumben a contraejempfos no bien se las publica.
Por cierto, es preciso empezar por alguna par te, y un puñado de ejemplos bien elegidos es más sugestivo que una muestra al azar, (Dos ejemplos favoritos de Chomsky son las siguientes oracio nes, que se distinguen por su ambigüedad estruc-
tura].- John is certain to teave, y visiting relalives can be a nuisance. Pero es dudoso que semejantes ambigüedades se presenten con igual frecuencia en otras lenguas; en todo caso, no está probado que el inglés sea una lengua típica y, por esto, digna de concentrar casi toda la atención de los gramáticos.)
Sin embargo, una vez que se ha formulado una hipótesis a la luz de un puñado de ejemplos su gestivos, es preciso confrontarla con abundantes datos empíricos si se pretende justificar su eva luación como verdadera o falsa. En una palabra, mientras que es aconsejable seleccionar los datos en la etapa de la formulación de hipótesis, es obli gatorio someterlos a análisis estadístico en la eta pa de la puesta a prueba. A este respecto, no de bería haber diferencia alguna entre la lingüística y las demás ciencias. Sin embargo, la hay, y no sólo debido a la tendencia especulativa de los transformaeionalistas, sino también por razón de la naturaleza misma de los datos lingüísticos.
Sugiero que es posible agrupar los datos lin güísticos en dos clases bien diferentes: fácticos y füctico-normativos. El esquema del dalo «el hablante W, perteneciente a la comunidad lingüís tica .Y, pronunció la oración O estando en el estado Y y en la circunstancia Z» es del tipo fáctico. En cambio, el esquema «la oración O es gramatical fo aceptable) en la lengua h en el contexto X* es de tipo fác tico-normativo, por excluir muchos datos (áetieos, a saber, todas las expresiones gra maticalmente «incorrectas» en la lengua estándar en cuestión.
datos fác ticos y datos fáctico-normativos ayuda a comprender ta función de las excepciones y la naturaleza de la predicción en lingüistica. Como vimos en el cap. 3, en tanto que en las ciencias naturales el descubrimiento de excepciones a una generalización suele obligar a modificar esta úl tima, en la lingüística pura es posible descartar las excepciones. En efecto, es posible declararlas no gramaticales; los transforrnacionaiistas pue den decir que no están de acuerdó con la «intui ción lingüística» del «habíante-oyente ideal». Por ejemplo, la oración perfectamente lógica yo peiné yo es condenada como no gramatical y obligada —en virtud de ciertas reglas— a transformarse en yo me peiné. Está claro entonces que los datos fácticos tienen poder para confirmar o refutar, mientras qüe los fác tico-normativos carecen de él.
Un problema relacionado con el anterior es la manera como la escuela de Chomsky suele hacer a un lado ciertos datos desfavorables a sus teorías. Por ejemplo, según la teoría estándar, «el signifi cado intrínseco de una oración y sus demás pro piedades gramaticales están determinados por reglas, no por condiciones de uso, contexto lin güístico, frecuencia de las partes, etc.» (Chomsky 1972, p, 150). Si alguien exhibiera contraejemplos que mostrasen que las propiedades semánticas (y fonológicas) de cierta oración son sensibles al contexto y al uso, un partidario fanático de la GGT sostendría que tales factores externos pueden afectar al desempeño (performance), no a la com petencia. La distinción entre competencia y de sempeño se usa así para bloquear toda disconfir mación posible, Botha (1973, 1978) ha dado nume
rosos ejemplos de esta táctica empleada a me nudo por los tra nsfo r macion al i stas. (Las llamo hipótesis ad hoc de mata fe para distinguirlas de las hipótesis ad hoc de buena fe, que pueden po nerse a prueba independientemente y se propo nen para representar grupos estrechos de hechos en lugar de servir exclusivamente para proteger a otra hipótesis: véase Bunge 1983.) Givón (1979) llama a esta maniobra «el destripamiento de la base de datos».
Los lingüistas, en particular los transíorma- cionalistas, sostienen a menudo que una teoría lingüística, como cualquier otra teoría facticia, debería ser capaz de predecir. Para tornar plausi ble esta afirmación, formulan algunas de sus ora ciones de manera que se parecen a predicciones auténticas. Por ejemplo, en lugar de decir «la exoresión X es aceptable», acaso digan «la expre sión X será aceptable». (Bótha 1981, cap. 8, trae una discusión detallada pero diferente de la pre dicción lingüística.) A los ojos de un metodólogo, este truco estilístico no convierte un enunciado fáctico-normativo, sea dato o hipótesis, en una predicción. Una razón de esto es que, como vimos hace un momento, un enunciado de ese tipo no dice lo que es, sino lo que debe ser. Otra es que las predicciones (y también las posdicciones) se refieren a hechos, en tanto que la afirmación de que cierta expresión pertenece a una gramática (o, incluso, a un corpus) no es un hecho. Expli quémonos.
En las ciencias, sólo los hechos son objeto de predicción o posdiccióii. Y los hechos son estados o cambios de estado (o sea, acontecimientos o pro
cesos) de cosas concretas, sean átomos, personas o sociedades. Por ejemplo, ei que una persona pronuncie una frase, y su interlocutor la oiga y entienda, son hechos; en principio, estos hechos serían predictibles con ayuda de una psicolin- güística muy avanzada. Igualmente, podemos pre decir que, si una palabra extranjera que contuvie se la sílaba va fuese incorporada al castellano, la sílaba se pronunciaría /b a /. Ésta, aunque posi blemente falsa, es una predicción auténtica por que se refiere a un hecho posible. En cambio, el que una frase dada sea gramatical o aceptable no es un hecho objetivó: no es un estado de una cosa concreta ni un cambio de estado de un ente material. Por lo tanto, no es predicable ni impre- dictible. Análogamente, el que una fórmula ma temática dada sea bien formada (o tenga un sen tido en una teoría dada, o sea verdadera para un objeto particular) no es predictible, porque no es un hecho. En general, la conformidad con un estándar más o menos convencional (y las gra máticas son en parte convencionales, como vimos en el cap. 3) es un dato pero no un hecho; por lo tanto, no es predictible. En resumen, la lingüisti ca pura no puede hacer predicciones. Dicho en forma negativa: las predicciones que dicen hacer los transformacionalistas son ilusorias.
La teoría lingüística pura, que se ocupa cen tralmente de gramáticas, no hace predicciones. Para hacer predicciones lingüisticas hacen falta teorías psicolingüísticas, neurolingüísticas y socio- lingüísticas. Así, por ejemplo, «la expresión H' es (o podrá ser) utilizada por los hablantes de la comunidad lingüística X cuando se hallan en
el t;stado Y en las circunstancias Z» es un esque ma predictivo genuino. En efecto, predice algo acerca de un acontecimiento posible. Por ejemplo, podemos predecir que la expresión ese coso es fenómeno es aceptable en los barrios populares de Buenos Aires pero inaceptable para los lecto res de la Revista de Occidente.
Obsérvese que no estamos tratando de un deta lle sin importancia. En efecto, si las teorías lin güísticas son piedictivas, entonces debería po nérselas a prueba de la misma manera que las teorías físicas; pero, si no lo son, deberíamos ponerlas a prueba de una manera diferente. Su giero que se las pone a prueba contrastándolas con gramáticas, no con la realidad lingüística; y que, a su vez, las gramáticas se ponen a prueba sólo en parte por contraste con los hechos lingüís ticos, y esto por ser normativas tanto como des criptivas, como sostuvimos en el capítulo 3. El propio Chomsky ha insistido en que una gramá tica no sólo debería concordar con el corpus dis ponible, sino que debería ser capaz de analizar el discurso, asignando a cada oración su clara des cripción estructural (o marcador de frase).
En principio, diversas gramáticas pueden dar cuenta de un corpus lingüístico dado. ¿Cómo ele gir entre ellas? Según Chomsky (1957), la elección se funda en gran medida en la intuición y la sen cillez. Más precisamente, estipula que, sí las gra máticas Gi y Gj concuerdan igualmente bien con los datos, entonces G( es preferible a Ga si, y sólo si, a) Gi da mejor cuenta que G2 de las «intuicio nes lingüísticas» del hablante nativo de la lengua, y b) Gi es más simple que G1.
Desgraciadamente, Chomsky no dilucida estas nociones clave de intuición y de simplicidad. Sin embargo, sabemos que no es confiable recurrir a la intuición, porque lo que es intuitivo para una persona es paradójico para otra (Bunge 1964). Y recurrir a la simplicidad es engañarse, porque hay muchas clases de simplicidad lingüística (sin táctica, fonológica, semántica, pragmática) y al gunas de ellas son mutuamente incompatibles (Bunge 1963). Por consiguiente, el que Gi con- cuerde mejor que Gi con la intuición del lingüis ta no deberla contar como elemento de prueba; y el que G( sea más sencilla que G¡ (¿en qué respecto?) no debería contar como razón. Por supuesto, Chomsky podrá replicar que la evalua ción lingüística debe fundarse sobré la intuición y la percepción de simplicidad del hablante-oyen te ideal. Pero ésta no es una contrastación em pírica, porque no hay personas ideales. En resolu ción, la GGT carece de un procedimiento de eva luación comparable con el que se usa en las cien cias.
En lingüística, como en cualquier otra ciencia, debemos contar con elementos de prueba (o evi dencias empíricas) de dos tipos: intradisciplina- rio e interdisciplinario. (Un elemento de prueba e relevante a una hipótesis perteneciente a un campo de investigación C se llamará ' intradiscipti- nario si, sólo si, e pertenece exclusivamente a C; e interdisciplinario si, además, pertenece a algún otro campo de investigación.) Botha (Í973) habla de evidencia intema y externa respectivamente y observa que, en tanto que los datos sincrónicos acerca de una lengua constituyen elementos de
prueba internos en favor o en contra de una teoría lingüística, los diacrónicos, dialectales, neurolin- güísticos y psicoiingüísticos son externos. Los racionalistas hacen poco caso de unos y otros, y los etnpirista5 tienden a desdeñar los datos exter nos (ínterdisciplinarios).’ En cambio, los realistas deberían apreciar tanto a unos como a otros, ya que el conocimiento humano es uno, y las fronte ras disciplinarias son algo arbitrarias.
Aunque Chomsky no niega el valor de tos datos interdisciplinaríos o externos para la teoría lin güística, no hace uso de ellos en sus trabajos cien tíficos. En particular, no utiliza datos neurolin- giiístieos o sociolingüís ticos, aun cuando éstos son indispensables para comprender el mecanis mo de la producción y comprensión de expresio nes lingüísticas (cap. 6). Igualmente, muchos otros lingüistas no se sienten inclinados a examinar hi pótesis lingüísticas para las cuales no hay datos intradisciplinarios, y esto no sólo por prudencia, sino también porque creen en la autonomía de la lingüística pura.
Considérese, por ejemplo, la hipótesis de que el hombre primitivo hablaba (una lengua primiti va). Dado que la escritura y la grabación son in venciones muy recientes, no puede haber prueba empírica directa en favor o en contra de esta hipó tesis. Pero tampoco hay prueba empírica directa en favor de las hipótesis de que el hombre primitivo dormía, pensaba o amaba. La poca evidencia em pírica disponible es circunstancial e interdiscipíi- naria, a saber, por la vía de principios generales de la biología, la psicología y la sociología. Por ejemplo, estamos seguros de que el hom-
bre primitivo tenía nuestras mismas necesidades (aunque no los mismos deseos), porque la bio logía nos dice que perteneció al mismo género que nosotros; estamos seguros de que pensaba, porque tenía un cráneo grande y porque la ma nufactura de herramientas —en particular, de herramientas para hacer herramientas— requie re imaginación, previsión, plarteación y comu nicación; y estamos razonablemente seguros de que hablaba, porque la lengua es un auxiliar del pensamiento, una herramienta de comunicación y una componente de la estructura social. En suma, hacemos uso de pruebas empíricas cir cunstanciales e interdisciplinarias en virtud de ciertos principios generales tomados de ciencias vecinas. El lingüista autónomo no puede per mitirse semejantes libertades. Volveremos a este asunto en ef capítulo siguiente.
La ligura 3 resume lo que precede. Botha (1981, página 437) trae un esquema diferente, más con forme con las ideas de Chomsky.
Fu;, 3. Rasgos sobresalientes tic la relación entre tas teorías en lingüística pura (grainalologia) y las teorías en psico- litígüisliea, y en tre esas lcorlas y los datos, así como hechos (¡os que constituyen un supereonjunto de tos datos). Obsér vese que solo un subconjunto de la totalidad de los datos (a saber, los datos lingüísticos propiam ente dichos) es direc
CAPITULO 8
CARACTER DE LA INVESTIGACION LINGÜÍSTICA
¿Cómo se investiga de hecho en lingüistica, y cómo debería investigarse? ¿Debería trabajarse de una manera puramente conceptual o a priori, como en matemática, o tanto empírica como con- ceptualmente, como en química? Y la lingüística ¿debería considerarse como una rama de ias hu manidades, a la par de la crítica literaria y la his toria de la literatura, o bien una ciencia tal como la antropología?
Los lingüistas debaten estas cuestiones, y otras relacionadas con ellas, porque aún no han alcan zado un consenso acerca del asunto a que se refie re su disciplina. Por cierto, todos los lingüistas concuerdán en que la lingüística se ocupa de len guajes, pero no están de acuerdo en qué sea el lenguaje ni, por lo tanto, en cuál sea la mejor manera de estudiarlo. Esto se debe en parte a la fragmentación de los estudios lingüísticos y en parte al hecho de que la cuestión de la natüraleza del lenguaje no es una estrecha cuestión técnica. En efecto, es un problema filosófico-científico del tipo de los problemas de la naturaleza de la mente o de la sociedad. Por consiguiente, no puede ser abordado con éxito por ningún especialista es trecho.
No hay duda de que el fenómeno del habla es muy complejo. Las expresiones lingüísticas son producidas, entendidas (o mal entendidas) y utili zadas (para bien o para mal) por personas reales como parte de su vida mental y sus interacciones sociales. Por consiguiente, el habla es un fenóme no tanto mental (neural) como social, y por este motivo es estudiado no sólo por gramáticos, sitio también por neurocientíficos, psicólogos y cientf- ñcos sociales. Además de ser estudiada como pro ceso real en cerebros y Saciedades, es decir, cómo parole, el habla es estudiada en abstracto, o sea, como langue. En efecto, la lingüística teórica no se ocupa de hechos lingüísticos, sino de un mode lo del habla real, a saber, una lengua, o incluso del lenguaje en general (recuérdese el cap. 1). Este modelo descarta las circunstancias concretas, en particular fisiológicas y sociales, de los actos lin güísticos particulares. No hay nada que objetar a semejante estudio a condición de que no se olvide que trata de un constructo y a condición de que de vez en cuando se establezca algún con tacto con los hechos. Desgraciadamente, ninguna de estas precauciones se observa en todos los casos. En particular, los transformacionalistas tratan el lenguaje como una idea platónica desli gada de su uso (Harris 1981).
La lingüística es entonces un campo de inves tigación híbrido o mestizo, no homogéneo. (La geografía, la silvicultura y la ciencia espacial son otros tantos campos híbridos.) No es una ciencia puramente natural porque, aunque el habla es una función biológica, está fuertemente influida por la sociedad. Tampoco es la lingüística una
ciencia exclusivamente social, porque la forma ción y comprensión de expresiones lingüísticas son también fenómenos subjetivos, Además, la lingüistica también estudia la lengua como si fuese un objeto existente por sí mismo, desligado tanto de los cerebros como de las sociedades. Por consiguiente la lingüística actual se parece a un monstruo de tres cabezas (véase 6g. 4),
El carácter híbrido de ia lingüística, aunque evidente, no siempre es reconocido. Por ejemplo,
Fio. 4. El m onstruo de tres cabezas. «I.» designa la lingüistica, la psicoL se entiende unida a la neuroL, y la socioL compren de no sólo la sociotingüfstica propiam ente dicha, sino también las lingüisticas antropológica, geográfica e histórica. Las lineas quebradas simbolizan los vínculos (aún tenues 1 entre las tres
algunos lingüistas matemáticos creen que la lin güística es una rama de la matemática porque algunos conceptos y teorías lingüísticos han sido materna tizados (véase Thomason compil. 1974). En cambio, los es truel oral islas sostienen que la lin güistica es una ciencia autónoma. Y los trans- formacionalistas también se guían por esta creen cia tácita, aun cuando declaran que la lingüística es una rama de la psicología del conocimiento.
Por ser en parte una ciencia natural. Ja lingüís tica se ocupa de encontrar y usar leyes naturales. Y, por ser en parte una ciencia social, la lingüís tica se interesa también por descubrir algunas de las leyes hechas por los hombres, a saber, las reglas y convenciones. Por cierto, es posible ex plicar las convenciones en términos de leyes y circunstancias, como sucede cuando se descubre que ciertas convenciones son abandonadas por ha ber dejado de ser valiosas. Pero esto no cambia el hecho de que, en tanto que las leyes natura les son inherentes u cosas concretas y son inalte rables por la acción humana, las convenciones son obra humana: las inventamos nosotros, aunque no siempre tengamos conciencia de ello, y nos enseñamos a nosotros mismos a obedecerlas o vio larlas. Finalmente, cuando eí lingüista finge la existencia del lenguaje (o del hablante-oyente ideal) por encima del habla real (parole), se ubica más allá de lo natural y lo social.
Piénsese por ejemplo en el fenómeno de la in novación lingüística, que al parecer es tanto más frecuente cuanto mayor es la marginación del grupo social en que se da. Presumiblemente toda innovación se origina en un individuo que ha en
tendido mal una expresión de la lengua canónica, o bien la ha modificado por hacer una broma, o bien ha adaptado una palabra extranjera (el «gua- chímán» vene2olano proviene de «watch-man»), o bien ha inventado una expresión radicalmente nueva. El individuo emplea la nueva expresión en