En julio de 1997, el Directorio Ejecutivo aprobó una nota de orientación sobre la función del FMI en lo que respecta a la gestión de gobierno. En esta nota, preparada en reconocimiento de la importancia del buen gobierno para la eficiencia económica y el crecimiento, se reco- mienda que el FMI preste más atención a las cuestiones relacionadas con la gestión de gobierno, como la calidad de la administración de los recursos públicos y la transpa- rencia y estabilidad del marco económico y normativo.
En febrero de 2001, el Directorio Ejecutivo examinó la experiencia del FMI en cuestiones relacionadas con la gestión de gobierno y concluyó que las pautas esta- blecidas en 1997 siguen siendo, en general, adecuadas. Los directores manifestaron su satisfacción por las me- didas adoptadas por el FMI y el Banco Mundial con el objeto de prestar más atención a la gestión de go- bierno como elemento determinante de los resultados económicos. El consenso creciente de la comunidad internacional sobre la importancia del buen gobierno a escala nacional facilitó esta mayor participación de la institución en esta materia.
El Directorio Ejecutivo reafirmó que la participación del FMI en estas cuestiones se fundamenta en su función de fomentar la estabilidad macroeconómica y el creci- miento sostenido no inflacionista mediante la supervi- sión, los programas de respaldo financiero y la asistencia técnica. Los directores subrayaron que el FMI deberá actuar con discernimiento y cautela en este terreno, te- niendo presente la necesidad de que haya igualdad de trato y que los países asuman como propio el programa de mejoramiento de la gestión de gobierno. La partici- pación del FMI debería limitarse a los aspectos econó- micos de la gestión de gobierno que puedan tener efectos macroeconómicos importantes. A este respecto, muchos directores instaron a redoblar los esfuerzos para verificar de forma más explícita la relevancia ma- croeconómica y alentaron a los funcionarios de la insti- tución a profundizar sus análisis e investigaciones sobre la forma de aplicar esta verificación de manera general a todos los países miembros del FMI.
Los directores ejecutivos respaldaron las iniciativas del FMI para fomentar el buen gobierno en todos los países miembros y las medidas concretas adoptadas para resol- ver los problemas de corrupción y de gestión pública
deficiente. Los directores acordaron que la prevención debe ser el eje de la estrategia del FMI en este campo y se mostraron alentados por el progreso conseguido por el FMI en la preparación y aplicación de mecanismos que fomenten el buen gobierno, a saber, asesoramiento en materia de política económica, asistencia técnica y divul- gación de códigos y buenas prácticas orientados a forta- lecer los sistemas e instituciones y el funcionamiento de los mercados. Los directores convinieron en que el FMI debería seguir respetando el carácter voluntario de la par- ticipación de los países miembros en muchos componen- tes de esta estrategia, entre ellos los códigos y las normas. A este respecto, hicieron hincapié en la importancia vital de proporcionar asistencia técnica oportuna y adecuada- mente orientada que contribuya a paliar las limitaciones de la capacidad institucional.
Los directores ejecutivos acordaron que en algunos casos el FMI tendrá que recurrir a medidas correctoras específicas para lograr los objetivos macroeconómicos del programa de reforma de un país miembro y salva- guardar los recursos del FMI. Las cuestiones relaciona- das con la gestión de gobierno que tengan relevancia macroeconómica deberían seguir planteándose en el marco de la supervisión.
Muchos directores ejecutivos consideraron apropiado el enfoque actual, que deja al FMI un margen de apre- ciación relativamente amplio. Este enfoque permite al FMI intervenir de forma adecuada en casos en que quizá no fuera posible su intervención si los límites es- tuvieran definidos con más rigidez. Sin embargo, varios directores se manifestaron partidarios de establecer lí- mites más estrictos para la intervención en circunstan- cias específicas de una gestión de gobierno inadecuada, a fin de reducir el riesgo de que el FMI desborde su esfera de competencia, y de velar por que la participa- ción del FMI se centre en sus ámbitos de especializa-
ción. Los directores coincidieron en general en la ne- cesidad de mantener cierta flexibilidad y analizar cada caso con cautela, e hicieron hincapié en que las razones básicas de cada intervención deberán presentarse clara- mente al Directorio para su consideración.
La intervención del FMI en cuestiones relacionadas con la gestión de gobierno en esferas ajenas a la compe- tencia básica de la institución es un tema complejo. En algunos casos, es esencial aplicar medidas complementa- rias relacionadas con la gestión de gobierno y, al respecto, los directores ejecutivos subrayaron la importancia de contar con la participación y colaboración estrecha de otros organismos internacionales que tengan la expe- riencia pertinente. Si el organismo multilateral especiali- zado en la materia no está en condiciones de brindar asesoramiento, conforme a los procedimientos vigentes el personal del FMI podrá intervenir a corto plazo. Sin embargo, varios directores señalaron que el FMI debería hacer lo posible para no extender su actuación a esos campos debido a la limitación de sus recursos y a la posibilidad de que carezca de la experiencia pertinente.
Los directores ejecutivos consideraron, en general, que el FMI debería analizar la forma de prestar más aten- ción a las dos caras de la corrupción; específicamente, en el marco de las consultas con los países debería evaluar los avances logrados en la aplicación de las iniciativas im- pulsadas por la OCDE para luchar contra el soborno de funcionarios públicos y otras iniciativas similares.
Los directores ejecutivos subrayaron que el enfoque aplicado a la condicionalidad en las esferas relacionadas con la gestión de gobierno debería ser compatible con el aplicado a la condicionalidad en general. También acordaron que, en exámenes futuros de la supervisión, la asistencia técnica y la condicionalidad, debería in- cluirse un análisis de la experiencia del FMI en cuestio- nes relacionadas con la gestión de gobierno.
U
no de los obstáculos más graves a los que se en- frenta la comunidad de las naciones es la incidencia ele- vada y persistente de la pobreza extrema en muchos lugares del planeta. Las metas para el desarrollo inter- nacional adoptadas por las Naciones Unidas a princi- pios de los años noventa1apuntan a reducir la pobrezaextrema a la mitad para el año 2015 y a lograr avances igualmente amplios en cuanto a la mortalidad infantil y materna, la educación, la salud reproductiva y el medio ambiente. En la Cumbre del Milenio que la ONU cele- bró el año 2000, los líderes mundiales hicieron hinca- pié en la necesidad de intensificar la lucha contra la pobreza, lograr que la globalización pase a ser una fuerza positiva para toda la población mundial y contribuir a que los países en desarrollo movilicen los recursos nece- sarios para financiar un desarrollo sostenido (véase el recuadro 5.1).
El objetivo de paliar la pobreza estará más allá de las posibilidades de los países de bajo ingreso sin un creci- miento económico sostenido que favorezca a los po- bres, y exigirá un esfuerzo concertado de los países mismos y de la comunidad internacional. Es responsa- bilidad del conjunto de las naciones abrir los mercados a las exportaciones de los países en desarrollo, intensifi- car las corrientes de ayuda y participar en el alivio de la carga de la deuda internacional de los países de bajo ingreso muy endeudados para que éstos puedan dedicar más recursos a la reducción de la pobreza.
Al FMI le corresponde una importante función en este ámbito, en colaboración con el Banco Mundial. En septiembre de 1999, el Comité Monetario y Financiero Internacional concedió su respaldo al refuerzo de la ini- ciativa para los países pobres muy endeudados (PPME). También aceptó propuestas destinadas a establecer un vínculo entre, por un lado, el alivio de la deuda y el crédito concesionario canalizado a través del nuevo ser- vicio para el crecimiento y la lucha contra la pobreza (SCLP) del FMI y la Asociación Internacional de Fomento (AIF) del Banco Mundial, y, por el otro,
estrategias integrales con las que puedan identificarse los distintos países y cuyas políticas quedarían enmarca- das en un documento de estrategia de lucha contra la pobreza (DELP). Los DELP encarnan los principios de autoría nacional, participación de la sociedad en general y de otras partes interesadas, y concentración en resul- tados concretos en materia de lucha contra la pobreza. En abril y septiembre de 2000 y abril de 2001, se preparon informes sobre el progreso logrado con la ini- ciativa reforzada para los PPME y el sistema de DELP, que luego fueron dados a conocer al público. Aunque queda mucho por hacer, durante el ejercicio 2001 se avanzó decididamente en este campo.