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americanos contra el capital. Lo mismo se puede repetir de cada país. Demuestran claramente que:

1) Sólo hay una justicia de la clase en la guerra del capital contra el trabajo; no puede haber justicia para los trabajadores bajo el capitalismo;

2) La ley y el gobierno, lo mismo que todas las instituciones capitalistas (la prensa, la escuela, la Iglesia, la policía y los tribunales) están siempre al servicio del capital contra los trabajadores, sean cuales fueren las circunstancias en un caso determinado. El capital y el gobierno son gemelos con un interés común;

3) El capital y el gobierno usarán todos y cada uno de los medios para mantener sometido al proletariado; aterrorizarán a la clase trabajadora y asesinarán despiadadamente a sus miembros más inteligentes y abnegados.

No puede ser de otro modo, pues existe una lucha a vida o muerte entre el capital y el trabajo. Cada vez que el capital y su servidora, la ley, cuelgan a hombres tales como los anarquistas de Chicago o electrocutan a los Saccos y a los Vanzettis, proclaman que han «liberado a la sociedad de una amenaza». Quieren hacerte creer a ti que los ejecutados eran tus enemigos, enemigos de la sociedad. También desean que creas que su muerte a resultado el asunto, que la justicia capitalista ha sido vindicada y que han triunfado «la ley y el orden». Pero el asunto no está resuelto, y victoria de los amos es sólo temporal. La lucha prosigue, lo mismo que ha continuado toda la historia del hombre, durante toda la marcha del trabajo y de la libertad. Ningún asunto está resuelto a no ser que esté resuelto correctamente. No puedes suprimir el ansia natural del corazón humano por la libertad y el bienestar, por mucho que puedan recurrir los gobiernos al terror y al asesinato. No puedes sofocar la demanda de los trabajadores por mejores condiciones. La lucha prosigue y continuará ha pesar de todo lo que puedan hacer la ley, el gobierno y el capital. Pero para que los obreros no desgasten su energía y sus esfuerzos en la dirección equivocada, tienen que comprender claramente que no pueden esperar más la justicia de los tribunales, de la ley y del gobierno, de lo que ellos pudieran esperar que quede abolida la esclavitud asalariada por sus amos.

«¿Qué hay que hacer entonces?», preguntas. «¿Cómo obtendrían justicia los obreros?»

IX. ¿PUEDE AYUDARTE LA IGLESIA?

¿Qué hay que hacer?

¿Cómo abolir la pobreza, la opresión y la tiranía? ¿Cómo eliminar el mal y la injusticia, la mala hierba de la corrupción, y poner fin al crimen y al asesinato?

¿Cómo suprimir la esclavitud asalariada?

¿Cómo asegurar la libertad y el bienestar, el gozo y la alegría para todos?

«Vuélvete a Dios», manda la Iglesia. «Sólo una vida cristiana puede salvar al mundo». «Demos nuevas leyes», dice el reformador. «Hay que obligar a la gente a ser bueno»

50 «¡Vótame!», dice el político. «Yo cuidaré de tus intereses».

«Los sindicatos», aconseja tu compañero de trabajo. «Esa es tu esperanza».

«Sólo el socialismo puede abolir el capitalismo y suprimir la esclavitud asalariada», insiste el socialista.

«Soy un bolchevique», anuncia otro; «tan sólo la dictadura del proletariado liberará a los obreros».

«Permaneceremos esclavos mientras tengamos gobernantes y amos», dice el anarquista. «Sólo la libertad puede hacernos libres».

El proteccionismo y la libertad de comercio, el impuesto único y el fabiano, el partido de Tolstoi y el mutualista, y una legión de otros métodos sociales, todos ellos prescriben su medicina particular para curar los males de la sociedad, y tú te preguntas quién lleva la razón y cuál podría ser la verdadera solución.

No puedes cometer mayor error que aceptar ciegamente este o el otro consejo. Puedes estar seguro de que es un camino equivocado.

Sólo tu propia razón y experiencia pueden decidir dónde se encuentra el camino correcto. Examina las diversas propuestas y determina con tu propio sentido común cuál es la más razonable y la más práctica. Sólo entonces sabrás lo que es mejor para ti, para el trabajador, para la humanidad.

Consideremos los diferentes planes. ¿Puede ayudarte la Iglesia?

Tal ves tú eres un cristiano, o un miembro de alguna otra religión, judío, mormón, mahometano, budista, o cualquier otra cosa.

No constituye diferencia alguna. Un hombre debería ser libre para creer lo que le plazca. La cuestión está no en cuál es tu fe religiosa, sino en si la religión puede abolir los males que sufrimos.

Como dije antes, sólo tenemos una vida que vivir en esta tierra, y queremos hacerla lo mejor posible. No sabemos lo que nos ocurrirá después de muertos. Las posibilidades son que nunca lo sabremos y por ello no vale la pena preocuparse de eso.

La cuestión es aquí sobre la vida, no sobre la muerte. Nos estamos refiriendo a los vivos, a ti, a mí y a otros como nosotros. ¿Se puede hacer del mundo un ligar mejor donde podamos vivir? Esto es lo que deseamos saber. ¿Puede hacerlo la religión?

El cristianismo tiene aproximadamente dos mil años de antigüedad. ¿Ha abolido algún mal? ¿Ha suprimido el crimen y el asesinato? ¿Nos ha liberado de la pobreza y de la miseria, del despotismo y de la tiranía?

Sabes que no. sabes que la Iglesia cristiana, como todas las otras iglesias, ha estado siempre del lado de los amos, contra el pueblo. Más aún: la Iglesia ha causado peores contiendas y derramamientos de sangre que todas las guerras de los reyes y emperadores. La religión ha dividido a la humanidad en creencias opuestas, y han tenido lugar las guerras más sangrientas a causa de diferencias religiosas. La Iglesia ha perseguido a la gente por sus opiniones, los ha

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