CHAPTER I: INTRODUCTION
1.4. Thesis Overview
Polylepis presentó componente característico de las estepas alto- andinas del Altiplano (Serra et al., 1986); ha sido definido como un grupo politópico, ya que presenta una distribución en parches, ubicándose en microhábitats especializados y que ha sufrido severas alteraciones antrópicas a lo largo del tiempo (Killeen et al., 1993); encontrándose que está de acuerdo a lo encontrado en la investigación donde se demuestra que es una especie ideal para zona alto-andinas.
Muestra decrecimiento en condiciones de microhábitat en la mayor densidad de individuos de queñua encontrado en el sector Collahuasi (I región) ocupando terrenos con pendientes fuertes, con mayor pedregosidad. De acuerdo a Ríos (1998) la pedregosidad es un factor muy relacionado a la ausencia o presencia de la especie.
El Polylepis tarapacana, árbol nativo asociado a los volcanes de la vertiente oeste de la cordillera de los Andes, desde Puno y Tacna en el sur de Perú, a Potosí en el suroeste de Bolivia y en Chile adyacente (Kessler, 1995, Schmidt-Lebuhn et al., 2006) donde habita en el piso altoandino de las provincias de Tarapacá (I Región) y del norte de Antofagasta (II Región) en laderas rocosas de la alta cordillera. Forma comunidades específicas denominadas “queñoales” (Teillier, 1999); esto concuerda con lo encontrado en la investigación donde esta especie se puede desarrollar en altitudes mayores a los 4 000 msnm.
En la identificación del mejor método para el cultivo inicial de P. tarapacana, se identifico el tipo invernadero, así como el cultivo con bioabono para enriquecer los
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nutrientes en la tierra de cultivo; esto concuerda con lo expuesto por Nuñez (1993) quien señala que el cultivo en invernadero permite el mejor crecimiento de los forestales en el altiplano en la etapa inicial.
Los parámetros físico-químicos del agua que se encontraron en la investigación están dentro de los estándares contemplados por la Ley General de Agua (2003); indicando que ninguno de los parámetros pasa los límites máximos permisibles y son aptos para el cultivo de forestales.
Vuille (1999) identificó que las lluvias de verano en el Altiplano son de carácter convectivo, localizadas espacialmente por ello, los registros de precipitación que en muchos casos están alejadas decenas de kilómetros, no son representativos de la precipitación en los sitios de muestreo. Por el contrario, los campos de temperatura son espacialmente mucho más uniformes; esto concuerda con lo encontrado para el área de sembrado donde la temperatura es más uniformes que la precipitación. Esta situación reduce la fuerza de las relaciones entre la precipitación y el crecimiento, y podría explicar la aparente mayor influencia de la temperatura que de la precipitación sobre el crecimiento radial de P. tarapacana.
El grupo dominante de suelos en el área de investigación correspondió a un páramo andosol-litosol andino detrítico. Estos suelos son de espesores poco profundos con horizontes superficiales conspicuos y ácidos, desarrollados a partir de materiales volcánicos que incluyen arcillas. En menor proporción, se presentan suelos paramosoles que se caracterizan por presentar escasa vegetación en terrenos elevados. Su clase de capacidad de uso es marginal (Clase VI), correspondiendo a tierras
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regulares o marginales, aparentes solo para pastoreo extensivo y forestales, no arables. Los suelos sin uso (Clase VII) corresponden a tierras no apropiadas para fines agropecuarios ni forestales; esto concuerda con lo mencionado por Oficina Nacional de Evaluación de Recursos Naturales (ONERN, 1982), en su inventario donde clasificó a las tierras de tipo VI y VII como no aptas para cultivo agrícola, así como tampoco para producción agrícola.
ONERN (1982) señala que el tipo de suelo “Pa” y “Pd” son del grupo dominante tipo andino districo y de fase climática sub húmeda a húmeda frígido; y con respecto al tipo de suelo “Pe” indica que perteneció al grupo dominante andino eutrico y de fase climática sub húmeda a húmeda frígido. Estos tipos de suelos pertenecieron a las zonas altoandinas, lo que afirma lo encontrado en la investigación para el área de estudio donde los suelos encontrados fueron “Pd Lad”, “Pa Lad” y “Pe Lae”.
El MINAG (2012) señala que en la zona alto Andina se encuentra ubicada entre los 4000 y 5000 msnm, cuyo relieve es suave debido a haber sido glacial. Predominan los “paramosoles”, que son suelos ácidos y ricos en materia orgánica. Los “páramo andosoles” son suelos similares, pero derivados de rocas volcánicas arcillosas. También existen los suelos con predominancia rocosa (litosoles), calcárea (rendzinas) y suelos neutros arcillosos oscuros (chernozems).. La agricultura es muy limitada en estas zonas por las bajas temperaturas, salvo para algunas especies como la Maca. Estas zonas tienen un buen potencial para pastos; confirmando lo
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encontrado en la investigación el área de estudio, indicando que es una zona altoandina.
Con respecto a la capacidad del uso mayor de tierras según el cual el área, en donde se llevara a cabo el programa de reforestación presentó suelos caracterizados como tierras de protección “X”; es decir; agrupado en aquellas tierras que presentan limitaciones extremas para hacerlas apropiadas para la explotación silvo- agropecuaria. Dentro de estas tierras se incluyen suelos ácidos a extremadamente ácidos, poco profundos de origen residual, clima húmedo y frígido, con temperaturas que descienden bajo cero. Es importante mencionar que en alrededor de la zona donde se desarrolló el tipo de tierra es de X-P2e “P”, identificado como tierras de forestales; esto concuerda con lo encontrado en el decreto supremo N° 017-09-AG (MINAG, 2009) quien señala que estas tierras no reúnen las condiciones edáficas, climáticas ni de relieve mínimas requeridas para producción sostenible de cultivos en limpio, permanentes, pastos o producción forestal; considerándolas como tierras de protección (Símbolo X).
El ONERN (1982) y el MINAG (2012) señalan que las zonas altoandinas tienen un buen potencial para pastos, aprovechados con la actividad pecuaria de camélidos y ovinos; confirmando el tipo de uso de la tierra para el área de investigación que estuvo de acuerdo a las observaciones realizadas en campo donde se encontró de que el área de impacto del programa de forestación, comprendió la categoría 1: comprendido por las instalaciones propias de la empresa. En áreas próximas al desarrollo del proyecto se identificó la categoría 6: área de pradera
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natural (pastizales y césped de puna), aprovechado por la comunidad para el pastoreo de ganado de tipo lanar.
Entre las especies características que conforman comunidades densas de almohadillones está la llareta, que crece intercalada en colinas de suelos húmedos y las laderas rocosas sobresaliendo por su color verde intenso, formando cojines que serían utilizados por los pobladores de la zona como combustible. P. molle, es otra planta almohadillada registrada en la zona. La familia de las asteráceas se presentó con un 12% de abundancias; esto concuerda con lo expuesto por MINAM y MINAG (2012), quienes señalan que este tipo de flora es propia del altiplano y principalmente de la zona de la investigación.
El hacer las evaluaciones de mediciones de crecimiento y desarrollo, en octubre y noviembre, las plantas presenta un desarrollado significativo, dando lugar solo a procesos fotosintéticos de elaboración de sabia para su sobrevivencia es la posibilidad que se nota en dichas plantas, lo cual concuerda con lo expresado por Serra et al. (1986) y Kessler & Schmidt-Lebuhn, (2006) quienes manifiestan que el crecimiento de estos forestales como el Polylepis tarapacana es muy lento, se ha podido comprobar que en un mes crece ligeramente centímetros que no es fácil determinar, así en un mes algunas de las plantas evaluadas se comprobó que habían crecido entre 2,6 a 6,8 cm y en algunos casos otras plantas no presentaron crecimiento manteniéndose igual. Esto se evidencio después de nueve meses de estar en el invernadero.
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Las funciones de correlación indican que el crecimiento de P. tarapacana no está fuertemente regulado por las variaciones interanuales del clima en el Altiplano. En general, el crecimiento en talla no estuvo afectado por las condiciones climáticas. El crecimiento de P. tarapacana se ve favorecido por precipitaciones abundantes en los meses del verano, previo al crecimiento en talla. Las altas temperaturas aumentan el proceso de evapotranspiración de los árboles y la evaporación directa del suelo reduciendo, en consecuencia la cantidad de agua disponible para el crecimiento. Por otro lado, existe una fuerte relación negativa entre la precipitación y la temperatura del Altiplano; esto no concuerda con lo expuesto por Argollo et al. (2004) que señalaron correlación indican que el crecimiento de P. tarapacana está fuertemente regulado por las variaciones interanuales del clima en el Altiplano; así mismo concuerda con lo por estos autores que mencionan, el crecimiento de P. tarapacana se ve favorecido por precipitaciones abundantes en los meses del verano, previo al de formación del anillo de crecimiento.
Argollo et al. (2004) indicaron que en las funciones de respuesta el número de meses significativamente correlacionados con el tamaño es mayor para la temperatura que para la precipitación, aún cuando cabría esperarse, dada las condiciones de imperante aridez en la región, una influencia más marcada de la precipitación que de la temperatura sobre el crecimiento de P. tarapacana; esto no coincide con lo encontrado en la investigación donde se determinó que la precipitación guarda una estrecha relación con el talla promedio.
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Las funciones de correlación indican que el crecimiento de P. tarapacana está controlado por la disponibilidad hídrica durante los meses del verano previo. Las temperaturas en este período están positivamente correlacionadas con el crecimiento en respuesta al efecto de las altas temperaturas sobre el agua almacenada en los suelos. Las funciones de correlación también muestran que el crecimiento no estuvo correlacionado con la temperatura; esto no concuerda con lo encontrado por Argollo et al. (2004) quienes señalan que el crecimiento de P. tarapacana estuvo favorecido por temperaturas en algunos casos por debajo del valor medio y temperaturas por encima del valor medio (o viceversa). Resulta difícil explicar desde el punto de vista fisiológico este contradictorio aspecto en la respuesta de P. tarapacana al clima. La relación inversa del crecimiento con la temperatura entre dos estaciones sucesivas de crecimiento podría ser un artefacto debido al uso de cronologías residuales y la alternancia marcada de temperaturas frescas y cálidas en el Altiplano. Así mismo la eliminación total de la autocorrelación en las cronologías residuales a través de modelos autorregresivos puede intensificar la variabilidad interanual en las series de crecimiento por encima de los valores esperados (Cook 1985). Si este factor se combina con el hecho que existe una tendencia bastante marcada en el Altiplano, podrían incrementarse en forma artificial las relaciones inversas entre años sucesivos.
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