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Option  III:   BS/MD Honors Thesis: Case Study 13

XI. Thesis Rubrics 60

Desde una retrospectiva la experiencia del servicio se define como el

momento del encuentro. Uno de los primeros autores en acuñar este concepto

es Shostack (1985), el cual lo define como “el periodo de tiempo durante el cual

un consumidor interacciona directamente con una organización de servicios, incluyendo el entorno físico y sus empleados” (p. 243). Ese entorno físico, fue

definido previamente por Booms y Bitner (1981) como “servicescape”. Al fin y al

cabo, se trata del entorno físico en el que un servicio es prestado y donde el

vendedor y el consumidor interactúan, prestándose el servicio dentro de la

organización (Booms y Bitner, 1981; Rosenbaum y Massiah, 2011;

Theodorakis et al., 2014).

Frazer (1997), plantea una necesaria revisión de las dimensiones de lo

que denomina “encuentro del servicio” definiéndose como: “…un cambio

importante en la investigación al sumar a la tradicional funcionalidad de los productos, la posibilidad de dar cabida a múltiples experiencias de consumo: afectivas, funcionales, intelectuales, emocionales, simbólicas, estéticas, físicas o mentales” (p. 337).

Grove y Fisk (1997) consideran que se trata de aquellos factores que

organizaciones de servicios y los consumidores. Como bien se apunta, dicha

información puede ayudar a las organizaciones a una mejora en el diseño y la

implementación de dichos “momentos” (Grove y Fisk, 1997).

Algunas de las características propias de las experiencias del servicio

son: se pueden producir de forma discreta, separadas en el tiempo y

diferenciadas (Grove y Fisk, 1997). A su vez, resulta común el encuentro con

intercambios interpersonales entre consumidores y proveedores de servicios

(Grove y Fisk, 1997; Lovelock, 1996; Surprenant y Salomon, 1987). Otra

característica que se le atribuye a las experiencias de servicio es que se

focalizan sobre la respuesta afectiva individual de cada consumidor,

priorizando sobre las percepciones de los atributos funcionales/utilitarios del

servicio que se caracterizan por la calidad del rendimiento (Otto y Ritchie,

1995). También debe tenerse en cuenta factores como el diseño, la

planificación, la construcción y la propia gestión del espacio deportivo y no

deportivo, sobre todo en una tipología de instalaciones deportivas como son los

centros de fitness (Kim, Jung, Song, y, Chai y Lee, 2015).

Por su parte, Smith y Bolton (1998) resalta la necesidad de conocer cuál

ha sido la experiencia del servicio previa del consumidor y su duración con la

organización, ya que ésta podrá dar información acerca de la duración y el

nivel de satisfacción del cliente. De hecho, insiste en la importancia de conocer

si en anteriores procesos de prestación de un servicio la experiencia ha sido

positiva o negativa, asegurando una relación directa con la duración en la

relación consumidor-organización. Por ello, sugiere que los consumidores

valoran con mayor peso aquellas experiencias de servicio negativas respecto a

No obstante, pone de relieve una última consideración y es que

dependiendo del valor de la experiencia que le da el consumidor al servicio

puede provocar que el propio consumidor resulte más tolerante a experiencias

de servicio negativas.

Otro de los trabajos que podemos destacar, teniendo en cuenta la

necesidad de analizar este concepto, es el que han realizado autores como

Dhar y Wertenbroch (2000) y Chitturi, Raghunathan y Mahajan (2007) quiénes

plantean una clasificación de las necesidades de los clientes agrupadas en dos

tipos: a) hedónicas y b) utilitarias. Todos estos autores que se acaban de

reseñar conceptualizan a las necesidades hedónicas como aquellas

relacionadas con la experiencia del consumo del servicio (reflejándose en

placer, diversión, emoción, etc.) y las de tipo utilitarias como aquellas en las

cuales se consigue lo esperado realmente de un producto o un servicio.

Meyer y Schwager (2007) definen las experiencias de servicio como una

respuesta interna y subjetiva del consumidor hacia cualquier contacto directo o

indirecto con la empresa que provee el servicio.

Durante ese entorno pueden aparecer tres tipos diferentes de estímulos

que pueden ser: objetivos, físicos y medibles. De hecho, Rosenbaum y

Massiah (2011) plantean que, a pesar de que un usuario pueda acudir de

forma individual a un centro de fitness, el hecho de estar entre otras personas

durante la práctica puede resultar un aspecto positivo sobre su propia

experiencia como usuario, influyendo así el entorno sobre la satisfacción del

Por otro lado, Klaus y Maklan (2012) amplían el concepto ya que, por

definición, una buena experiencia del consumidor es un buen servicio para él

mismo. Por lo tanto, la experiencia del consumidor es el servicio.

Según Calabuig, Molina y Nuñez (2012) la experiencia de un servicio es

una reacción personal y un sentimiento subjetivo que ocurre en el consumidor y

se produce tras experimentar el servicio (véase también Otto y Richie, 2000).

Es decir, se podría decir que es una reacción como consecuencia de la

prestación del servicio, y por ello, se considera antecedente de variables como

el valor percibido y la satisfacción. En este sentido, Calabuig et al. (2012)

coinciden con Brady y Cronin (2001) a la hora de incluir las experiencias de

servicio dentro de una las dimensiones de la calidad del servicios denominada

calidad de interacción.

La comunidad académica apunta también que las experiencias de

servicio disponen de tres componentes relacionados: el ambiente, el personal

que presta el servicio, y los beneficios que se obtienen del servicio (Grenwell,

Fink y Pastore, 2002; Langeard, Bateson, Lovelock, y Eiglier, 1981). En un

esfuerzo también por considerar un elemento como uno de los más relevantes

de las experiencias de servicio, existen estudios que sostienen que un buen

ambiente, un buen servicio prestado por el personal tienen la capacidad de

influir sobre la evaluación del servicio por parte de los consumidores, sin llegar

a valorar la prestación del servicio en sí (Bitner, 1992; Greenwell et al., 2002).

De ahí, la necesidad de conocer en qué medida los diferentes elementos que

componen las experiencias de servicio afectan sobre la evaluación del propio

el hecho de que cuanto más intangible sea el resultado de la experiencia de

servicio, más se apoyará el cliente en el momento del encuentro.

Dentro de las dimensiones en los servicios de fitness, académicos como

Chang y Chelladurai (2003) inciden en diferentes fases. Dentro de una de ellas

denominada fase de entrada, destacan como elemento clave el clima del

servicio desarrollado. Para ello, la organización tiene que crear una experiencia

que guíe y preste las actividades de servicios con el objetivo de mejorar la

calidad del servicio. Por todo ello, consideran fundamental cuidar el entorno

físico durante la experiencia del servicio teniendo en cuenta elementos como

las decisiones de gestión, el desempeño de los empleados y el uso que realiza

el cliente.

Otros autores que contemplan dicho término son Gil, Berenguer y

Cervera (2008) quienes siguen la estela de la aportación realizada previamente

por Bitner, Faranda, Hubbert y Zeithaml (1997). Dichos autores la definen como

el resultado entre las interacciones producidas entre las organizaciones, los

procesos y servicios prestados por los empleados, y los consumidores.

Considerando que la experiencia del servicio se produce durante el “encuentro

del servicio”, y desde el punto de vista del consumidor, estos autores sostienen

que es en ese instante cuando se origina la cadena de evaluación del resultado

del servicio (Gil et al., 2008, p. 922).

Dentro de ese entorno pueden producirse una serie de procesos en los

que un grupo de personas que, a la vez que están adquiriendo la experiencia

del servicio, son corresponsables del resultado del mismo, interviniendo

durante el proceso y consiguiendo participar en su contexto y en el contexto de

experiencia de servicio grupal (Kuppelwieser y Finsterwalder, 2011). Para ello,

Kuppelweiser y Finsterwalder (2011) acuñan un nuevo concepto como es

experiencia de servicio grupal, definiéndolo como “un esfuerzo colaborativo

intencionado de varios consumidores para co-crear una experiencia a través de la prestación de un servicio” (p. 620).

Ese concepto de co-creación plantea una visión holística de la

experiencia de servicio, dado que incluyen todas las interacciones entre el

consumidor y la organización proveedora en un orden secuencial (Klaus y

Maklan, 2012). Una de las limitaciones de la estructura de co-creación es la

insuficiente explicación del impacto que se produce en el contexto social de la

experiencia del consumidor como la interacciones entre iguales.

Las experiencias de servicios pertenecen al elenco de elementos que

conforman los aspectos más importantes en la prestación del servicio. Ostrom,

Birtner, Brown, Burkhard, Goul, Smith-Daniels, Demirkan y Rabinovich (2010)

plantean un esquema en el que reflejan las prioridades investigadoras en las

experiencias de servicio. Entre ellas, aluden a la mejora a través de la co-

creación (Kuppelwieser y Finsterwalder, 2011); formando ésta parte de las

prioridades propias del proceso de ejecución del servicio. De hecho, Ostrom et

al. (2010) establecen las experiencias de servicio como un término que “abarca

los aspectos propios como la producción, la entrega, la creación y el valor del servicio desde la perspectiva del consumidor” (p. 24), y amplían la definición

expresando que los consumidores perciben las experiencias de servicio de

forma holística interactuando con las organizaciones a través de diferentes

canales, y en ambientes complejos caracterizados por elementos físicos,

Dentro del entorno de las experiencias de servicio se encuentran

conceptos adyacentes al término estudiado. El mapa de las experiencias del

consumidor (Greenberg, 2010) es una herramienta que permite profundizar en

el conocimiento acerca de lo que piensa el consumidor. Realiza un recorrido

por todos los procesos y tomas de decisiones que realiza un usuario desde que

se inicia la experiencia del servicio, sus expectativas, los diferentes ambientes

en los que se produce la prestación, el resultado de la interacción, hasta la

finalización del proceso. En otras palabras, “lo que realimente el consumidor

piensa” (Greenberg, 2010 p. 416).

Tras la revisión conceptual de este término, no se puede más que

coincidir con autores como Holbrook (2006), y Klaus y Maklan (2012) al asumir

la compleja situación conceptual de las experiencias de servicio ya que no hay

una única definición de dicho concepto, y que son varias las diferentes

disciplinas que han abordado dicho constructo.

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